🎧 Escucha un breve podcast basado en este devocional (5 min aprox.)
«Dios es nuestro amparo y fortaleza, Nuestro pronto auxilio en las tribulaciones.»
Salmos 46:1 (RV60)
Introducción
Salmos 46:1 responde a esa necesidad muy concreta: Dios es refugio, fortaleza y auxilio cercano en la dificultad. El versículo no promete que sus hijos vivirán sin tribulaciones. Afirma que pueden acudir a él cuando estas llegan. Si hoy buscas un refugio en medio de la dificultad, escucha primero lo que Dios dice de sí mismo, antes de dar por cierta la conclusión a la que te lleva el miedo.

Contexto
El Salmo 46 es un cántico de los hijos de Coré. Describe una tierra que se conmueve, montes que caen al mar y naciones que se agitan. Sus imágenes muestran circunstancias capaces de estremecer a cualquiera. En medio de ellas, el pueblo de Dios declara que él está presente y que por eso no tiene que rendirse al temor.
El primer versículo sostiene todo el salmo. Dios es “nuestro amparo”, podemos acudir a él. Es “fortaleza”, puede sostenernos cuando somos débiles. Es “pronto auxilio”, la tribulación no lo toma por sorpresa ni lo deja lejos de quienes le buscan. En Cristo vemos hasta dónde llegó el amor de Dios por los pecadores, su Hijo vino a nosotros, padeció, murió y resucitó.
Puedes ampliar esta enseñanza en el siguiente devocional:
Fortaleza en el día de la angustia

Tres razones para cambiar
I. Dejamos que el miedo decida dónde buscamos seguridad
Sentir miedo ante una dificultad no significa que debamos ocultarla o fingir que nada pasa. Pero el miedo puede llevarnos a tratar como salvación definitiva aquello que no puede salvarnos, nuestros recursos, la influencia de otras personas o nuestra capacidad de mantenerlo todo bajo control. Es bueno recibir ayuda humana, es peligroso esperar de ella lo que solo Dios puede dar.
«No confiéis en los príncipes, Ni en hijo de hombre, porque no hay en él salvación.»
Salmos 146:3 (RV60)
Este salmo descubre una confianza mal puesta. Cuando hacemos de una persona o de nuestros propios medios nuestro refugio último, la dificultad termina mostrando sus límites. Necesitamos volvernos a Dios.

II. Podemos acudir a Dios con nuestro temor
Confiar en el Señor no exige esperar a sentirnos fuertes. Podemos decirle la verdad sobre lo que nos preocupa, pedirle ayuda y dar el siguiente paso de obediencia que su Palabra nos muestra. La fe no niega la dificultad, lleva esa dificultad delante de Dios.
«En el día que temo, Yo en ti confío.»
Salmos 56:3 (RV60)
El salmista reconoce su temor y decide confiar. Haz lo mismo hoy, ora por aquello que te pesa, escucha la Palabra de Dios y no permitas que el miedo gobierne tus decisiones.

III. Cristo puede socorrernos mientras perseveramos
El auxilio de Dios no siempre llega en forma de una solución inmediata. Quien confía en Cristo puede seguir atravesando dolor, espera o incertidumbre. Su consuelo es más firme que la promesa de que todo se resolverá hoy, el Salvador vive y puede sostener a los suyos.
«Pues en cuanto él mismo padeció siendo tentado, es poderoso para socorrer a los que son tentados.»
Hebreos 2:18 (RV60)
Jesús conoce el padecimiento. También conoce la tentación de apartarse del camino de obediencia. Él no cedió, y ahora puede socorrer a quienes acuden a él. En medio de la dificultad, no tenemos que perseverar apoyados únicamente en nuestras fuerzas.

Cristo es el centro
La necesidad más profunda del ser humano va más allá de la dificultad que hoy le preocupa. Nuestro pecado nos separa de Dios, y no podemos reconciliarnos con él por nuestros propios esfuerzos. Jesucristo murió por los pecadores y resucitó. Por medio de él podemos acercarnos al Padre, recibir perdón y hallar ayuda.
Si todavía no has confiado en Cristo, no esperes a que tu vida esté en orden para acudir a él. Arrepiéntete y cree en el Salvador. Si ya le perteneces, cuéntale con sinceridad lo que temes. Pídele que te sostenga y obedece su Palabra hoy. Salmos 46:1 nos invita a buscar refugio en Dios precisamente cuando llega la dificultad.
Lectura completa del pasaje
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Si necesitas ayuda o consejo, puedes contactar con el pastor Jesús Morcillo, quien estará dispuesto a escucharte y orar contigo.
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