🎧 Escucha un breve podcast basado en este devocional (5 min aprox.)
“Esto es lo que está escrito —les explicó—: que el Cristo padecerá y resucitará al tercer día.”
Lucas 24:46 · NVI
Introducción
La cruz no fue un error que Dios tuvo que corregir con la resurrección. Jesús sabía que sufriría, moriría y resucitaría porque así estaba anunciado en la Palabra de Dios. En Lucas 24:46, Cristo se presentó vivo delante de sus discípulos y les explicó que todo cuanto había sucedido formaba parte del propósito de Dios para salvar a pecadores.
Los discípulos habían visto la muerte de Jesús, pero todavía les costaba creer que había resucitado. Tenían las Escrituras y habían escuchado sus enseñanzas, pero el temor y la confusión les impedían comprender. Lucas 24:46 enseña a confiar en la muerte y resurrección de Cristo cuando dudamos del plan de Dios. El sufrimiento del Hijo y su victoria sobre la muerte estaban escritos antes de que sucedieran.
Esto también responde a nuestras dudas. Cuando no entendemos lo que Dios está haciendo, podemos pensar que sus promesas han fallado. Sin embargo, la cruz y la tumba vacía demuestran que Dios cumple su Palabra, incluso cuando sus caminos parecen incomprensibles.

Contexto
Después de resucitar, Jesús se apareció a sus discípulos. Ellos estaban sorprendidos y atemorizados, incluso llegaron a pensar que estaban viendo un espíritu. Cristo les mostró las manos y los pies, comió delante de ellos y les confirmó que verdaderamente había resucitado corporalmente.
Entonces les abrió el entendimiento para que comprendieran las Escrituras. La Ley de Moisés, los Profetas y los Salmos anunciaban que el Mesías padecería y vencería la muerte. Jesús no estaba presentando una explicación improvisada. Les mostraba que toda la Palabra de Dios dirigía la mirada hacia Él.
La muerte de Cristo no significó que sus enemigos hubieran derrotado el propósito de Dios. En la cruz, Jesús llevó el pecado de su pueblo y en la resurrección, Dios confirmó que su sacrificio había sido aceptado. Cristo vive y ofrece perdón y vida eterna a quienes se arrepienten y creen en Él.
Puedes ampliar esta enseñanza en el siguiente devocional:

Tres razones para cambiar
I. Nos alejamos porque queremos seguir nuestro propio camino
“Todos andábamos perdidos, como ovejas; cada uno seguía su propio camino, pero el Señor hizo recaer sobre él la iniquidad de todos nosotros.”
Isaías 53:6 · NVI
Nuestro problema no consiste únicamente en que algunas veces nos confundamos. La Biblia afirma que somos pecadores y que nos hemos apartado de Dios. Queremos dirigir nuestra vida, establecer nuestras propias normas y decidir lo que está bien sin someternos a la Palabra de Dios.
Los discípulos tampoco entendieron lo sucedido porque interpretaban a Jesús según sus propias expectativas. Esperaban una victoria inmediata, pero no comprendían que el Mesías debía cargar primero con el pecado. Vieron la cruz como una derrota porque todavía no entendían lo que Dios había anunciado.
Isaías profetizó que el Siervo del Señor cargaría con nuestra culpa. En la cruz, Cristo recibió el castigo que merecían pecadores como nosotros. Su sufrimiento no fue inútil ni accidental, el Señor hizo recaer sobre Él nuestra maldad.
Necesitamos abandonar la idea de que podemos salvarnos siguiendo nuestro propio camino. Ninguna buena obra, religión o esfuerzo personal puede borrar nuestra culpa. Solamente Cristo puede reconciliarnos con Dios.

II. Debemos responder en la manera que Dios espera
“Arrepiéntase y bautícese cada uno de ustedes en el nombre de Jesucristo para perdón de sus pecados —les contestó Pedro—, y recibirán el don del Espíritu Santo.”
Hechos 2:38 · NVI
La muerte y resurrección de Cristo exigen una respuesta. No basta con conocer la historia, celebrar determinadas fechas o admirar las enseñanzas de Jesús. Dios manda a todas las personas que se arrepientan y crean en su Hijo.
Arrepentirse significa reconocer el pecado, abandonar la rebeldía y volvernos a Dios. La fe consiste en dejar de confiar en nosotros mismos y descansar en Cristo, quien murió y resucitó para salvar. El bautismo no compra el perdón, sino que confiesa públicamente que pertenecemos a Jesucristo.
Esta llamada también alcanza a quienes llevan años dentro de una iglesia. Podemos conocer muchos versículos y, sin embargo, resistirnos a obedecerlos. Los discípulos necesitaron que Jesús les abriera el entendimiento. Nosotros necesitamos que el Espíritu Santo ilumine nuestra mente, confronte nuestro pecado y nos lleve a confiar en la Palabra de Dios.
Cuando las circunstancias parezcan contradecir las promesas de Dios, no debemos construir nuestra esperanza sobre lo que vemos. Debemos volver a lo que está escrito y obedecer al Señor.

III. La resurrección de Cristo garantiza nuestra esperanza
“Lo cierto es que Cristo ha sido levantado de entre los muertos, como primicias de los que murieron.”
1 Corintios 15:20 · NVI
La esperanza cristiana no descansa en un recuerdo, sino en una persona viva. Jesucristo murió realmente, fue sepultado y resucitó corporalmente al tercer día. La tumba vacía anuncia que el pecado, la muerte y Satanás no tuvieron la última palabra.
Pablo llama a Cristo “primicias” porque su resurrección garantiza la resurrección futura de quienes le pertenecen. Así como las primeras espigas anunciaban la llegada de toda la cosecha, Cristo resucitado asegura que los creyentes también vivirán con Él.
Por eso podemos permanecer firmes cuando llegan el sufrimiento, la enfermedad, la pérdida o la proximidad de la muerte. No sabemos cómo se desarrollará cada etapa de nuestra vida, pero conocemos el final prometido por Dios. Cristo vive, su Palabra permanece y quienes confían en Él recibirán vida eterna.

Cristo es el centro
Toda la Biblia conduce a Cristo. Él es el Mesías anunciado, el Cordero que cargó con nuestra culpa y el Salvador que venció la muerte. En la cruz recibió voluntariamente el juicio que merecíamos, en la resurrección manifestó su victoria y abrió el camino hacia la vida eterna.
Si vives bajo el peso de la culpa, no intentes ocultarla ni compensarla mediante tus esfuerzos. Confiesa tu pecado y acércate a Cristo. Su sacrificio es suficiente para perdonar y limpiar al pecador arrepentido.
Si dudas porque no entiendes lo que Dios permite, mira nuevamente la cruz. Durante unas horas pareció que todo estaba perdido, pero Dios estaba cumpliendo su Palabra. Después llegó el tercer día y Cristo salió de la tumba.
Jesús llama al pecador a arrepentirse, creer y seguirle. También llama al creyente cansado a recordar lo que está escrito. Nuestra seguridad no descansa en emociones cambiantes, sino en Cristo crucificado y resucitado.
Lectura completa del pasaje
Leer Lucas 24 en Biblia TRC
Leer Lucas 24 completo en Biblia TRC
Compártelo
Si conoces a alguien que necesita esta palabra, compártela.
Si necesitas ayuda o consejo, puedes contactar con el pastor Jesús Morcillo, quien estará dispuesto a escucharte y orar contigo.
Ministerio
Tres razones para cambiar
DEVOCIONALES DEL MES
Selecciona un día para leer su devocional.Los días atenuados todavía no tienen devocional publicado.

