🎧 Escucha un breve podcast basado en este devocional (5 min aprox.)
“Y amaba Jesús a Marta, a su hermana y a Lázaro.”
Juan 11:5
Introducción
Marta y María enviaron un mensaje urgente a Jesús: “Señor, he aquí el que amas está enfermo”. Ellas sabían que Jesús amaba a Lázaro y esperaban que llegara rápidamente para sanarlo. Sin embargo, Jesús no fue cuando ellas esperaban. Permaneció dos días más en el lugar donde estaba y Lázaro murió.
Juan 11:5 afirma claramente que Jesús amaba a Marta, a María y a Lázaro. Por tanto, su demora no fue indiferencia, descuido ni falta de amor. El relato nos enseña cómo confiar en el amor de Jesús cuando no entendemos su manera de actuar. Cristo los amaba, aunque ellos no comprendían por qué no había llegado a tiempo.
Nosotros también podemos interpretar el amor de Dios según lo que sucede. Si recibimos pronto lo que pedimos, pensamos que Dios nos ama. Si la respuesta tarda, la situación empeora o llega aquello que queríamos evitar, comenzamos a preguntarnos dónde está el Señor. Pero Juan 11:5 nos recuerda que el amor de Cristo no desaparece cuando sus caminos resultan incomprensibles.

Contexto
Lázaro estaba gravemente enfermo. Sus hermanas no exigieron nada a Jesús, simplemente le comunicaron: “Señor, he aquí el que amas está enfermo”. Confiaban en que el amor de Jesús lo movería a intervenir inmediatamente.
La respuesta del Señor debió desconcertarlas. Jesús aseguró que aquella enfermedad serviría para la gloria de Dios, pero no salió enseguida hacia Betania. Juan presenta deliberadamente la tensión. Jesús los amaba y, precisamente por eso, permaneció dos días más donde estaba. Su demora formaba parte de su propósito de amor.
Cuando finalmente llegó, Lázaro llevaba cuatro días en el sepulcro. Marta le dijo: “Señor, si hubieses estado aquí, mi hermano no habría muerto”. María repitió las mismas palabras. Ambas creían en el poder de Jesús, pero no podían comprender su tardanza.
Cristo no había llegado tarde. Iba a revelar algo mayor que una sanidad. Él mismo es la resurrección y la vida. Lázaro saldría del sepulcro, las hermanas conocerían más profundamente al Señor y muchos creerían en Él.
Jesús no siempre nos muestra su amor evitando el sufrimiento. También nos ama sosteniéndonos en él, enseñándonos a confiar y utilizando aquello que no comprendemos para mostrarnos quién es Él.
Puedes ampliar esta enseñanza en el siguiente devocional:

Tres razones para cambiar
I. Porque confundimos el amor de Dios con recibir lo que deseamos
Queremos que el amor de Dios siga el camino que nosotros hemos trazado. Esperamos una respuesta determinada, en un momento concreto y de la manera que consideramos mejor. Cuando esto no sucede, aparece la duda: “Si Dios me ama, ¿por qué ha permitido esto?”.
Nuestro problema es que juzgamos la fidelidad del Señor desde una visión muy limitada. Marta y María solamente podían ver la enfermedad, la ausencia de Jesús y la muerte de su hermano. Cristo contemplaba el propósito completo y sabía lo que iba a hacer.
“Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová.”
Isaías 55:8
Dios no se equivoca cuando actúa de una manera distinta a la que esperábamos. Nosotros desconocemos muchas cosas, pero Él conoce el principio y el final. Nosotros vemos el dolor presente, Dios también ve el fruto que producirá, la fe que fortalecerá y la gloria de Cristo que será mostrada.
Esto no significa que el sufrimiento deje de doler. Jesús no reprendió a las hermanas por llorar. Él mismo lloró ante el sepulcro de Lázaro. El Señor no es indiferente a nuestras lágrimas, pero tampoco permite que nuestro dolor gobierne sus decisiones. Su amor es más sabio que nuestros deseos.

II. Porque debemos aprender a confiar mientras esperamos
Marta y María tuvieron que atravesar unos días en los que parecía que Jesús no respondía. No tenían ninguna explicación y la situación empeoraba. Aquella espera puso a prueba lo que creían acerca del Señor.
Esperar no significa quedarse sin hacer nada ni fingir que no duele. Significa seguir confiando en el carácter de Dios cuando todavía no entendemos sus obras. Podemos orar, llorar, pedir ayuda y expresar sinceramente nuestra tristeza, pero sin acusar al Señor de habernos abandonado.
“Aunque tardare, espéralo, porque sin duda vendrá, no tardará.”
Habacuc 2:3
La fe no exige conocer de antemano todo lo que Dios hará. Descansa en quién es Él. Juan 11:5 no dice que Marta, María y Lázaro entendieran a Jesús. Dice que Jesús los amaba. La seguridad no estaba en la comprensión de aquella familia, sino en el amor fiel de Cristo.
Cuando el Señor parece guardar silencio, vuelve a su Palabra. Recuerda lo que ha prometido.

III. Porque la cruz demuestra el amor de Dios cuando las circunstancias parecen negarlo
Jesús podía haber impedido la muerte de Lázaro, pero decidió revelar su gloria mediante una obra mayor. De manera semejante, el Padre podía haber librado a su Hijo de la cruz, pero entregó a Cristo para salvar a pecadores.
“En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados.”
1 Juan 4:10
La prueba definitiva del amor de Dios no está en que nuestra vida sea fácil, sino en que Cristo murió por nuestros pecados y resucitó para darnos vida. Cuando no comprendas lo que ocurre, mira a la cruz. Allí quedó demostrado que Dios no es indiferente, que el pecado es verdaderamente grave y que su amor por los pecadores es inmenso.
El mismo Jesús que lloró ante el sepulcro de Lázaro entregó su vida y venció a la muerte. Quienes confían en Él pueden atravesar pérdidas, enfermedades y esperas dolorosas con una esperanza que no depende de las circunstancias. Cristo tiene la última palabra, incluso delante de un sepulcro.

Cristo es el centro
Jesús no se limitó a explicar a Marta por qué había tardado. Se presentó ante ella y declaró: “Yo soy la resurrección y la vida”. La respuesta más profunda para aquella mujer no era conocer todos los detalles del plan, sino conocer mejor a Cristo.
Nosotros también queremos explicaciones. Algunas llegarán con el tiempo y otras quizá no las conoceremos en esta vida. Sin embargo, Dios nos ha dado algo mayor que una explicación, nos ha dado a su Hijo.
Cristo cargó en la cruz con el pecado de su pueblo, soportó el juicio que merecíamos y resucitó victorioso. Por eso podemos confiar en Él cuando su manera de actuar nos desconcierta. Su amor no es una emoción cambiante ni una promesa vacía. Es un amor demostrado mediante su entrega.
Si todavía no has confiado en Cristo, no necesitas entender cada circunstancia antes de acercarte a Él. Reconoce tu pecado, abandona la pretensión de dirigir tu vida sin Dios y cree en Jesucristo. Él llama a los pecadores al arrepentimiento y ofrece perdón y vida eterna.
Y si conoces al Señor, no midas su amor por la rapidez con la que responde a tus oraciones. Mídelo mirando a la cruz. Aunque no comprendas lo que está haciendo, puedes descansar en que Cristo no llega tarde, no comete errores y no deja de amar a los suyos.
Lectura completa del pasaje
Leer Juan 11 en Biblia TRC
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