Sobre Jesús García Morcillo

Pastor y ministro de culto en Albacete (España), graduado en Teología por la FTUEBE y miembro del Colegio de Pastores de la UEBE. Prepara, redacta y revisa personalmente los devocionales de Tres Razones para Cambiar para explicar la Biblia, presentar a Jesucristo y aplicar la Palabra de Dios a la vida diaria.

Cómo se elaboran los devocionales · Conoce el ministerio

Jesús García Morcillo, pastor y autor de los devocionales

Autor: Jesús Morcillo

  • Mejor un día en la casa de Dios

    Mejor un día en la casa de Dios

    🎧 Escucha un breve podcast basado en este devocional (5 min aprox.)

    “Un solo día en tus atrios es mejor que mil en cualquier otro lugar. Preferiría ser un portero en la casa de mi Dios que vivir la buena vida en las casas de los perversos.”

    Salmos 84:10 (NTV)

    Llegamos a tiempo al trabajo porque sabemos que hay una responsabilidad que atender. Organizamos horarios, hacemos esfuerzos y procuramos no fallar. Pero cuando se trata de reunirnos con la Iglesia para adorar a Dios, escuchar su Palabra y servir a los hermanos, fácilmente aparecen excusas que no aceptaríamos en otros asuntos.

    Salmos 84:10 nos muestra el corazón de un creyente que ama la presencia de Dios, un día en sus atrios vale más que mil días en cualquier otro lugar. No está diciendo que asistir a una reunión salva a nadie. Somos salvos solo por la gracia de Dios, mediante la fe en Jesucristo. Pero sí revela qué lugar ocupa Dios en nuestra vida. El problema de llegar tarde, faltar sin necesidad o vivir desconectados de la Iglesia no siempre está en el reloj, muchas veces está en el corazón.

    CONTEXTO

    Este salmo fue escrito por los hijos de Coré, servidores relacionados con la adoración en el templo. Ellos no hablaban de una obligación fría, sino del privilegio de acercarse al Señor junto al pueblo de Dios. Para nosotros, Cristo ha abierto el camino al Padre con su sangre. Por eso no nos reunimos para ganar su favor, sino porque ya hemos recibido misericordia en Él.

    La Iglesia no existe para adaptarse a nuestras preferencias. Cristo es su Señor, y cada creyente necesita a sus hermanos.

    Puedes ampliar esta enseñanza en el siguiente devocional:

    TRES RAZONES PARA CAMBIAR

    I. POR QUÉ OCURRE EL PROBLEMA

    “Esto es lo que dice el Señor de los Ejércitos Celestiales: «El pueblo afirma que no ha llegado el momento de reconstruir la casa del Señor».”

    Hageo 1:2 (NTV)

    El pueblo de Judá no decía que Dios no importaba. Simplemente aplazaba lo que correspondía a Dios mientras se ocupaba de sus propias casas y proyectos. Ese es un peligro real, podemos confesar que amamos al Señor y, al mismo tiempo, dejar siempre para después la obediencia, la comunión y la adoración.

    El corazón puede llenarse tanto de trabajo, descanso, compras, deporte o planes personales que la reunión de la Iglesia queda al final. Entonces no estamos administrando bien el tiempo, estamos mostrando qué ocupa el primer lugar.

    II. CÓMO ACTUAR

    “Pensemos en maneras de motivarnos unos a otros a realizar actos de amor y buenas acciones. Y no dejemos de congregarnos, como lo hacen algunos, sino animémonos unos a otros, especialmente ahora que el día de su regreso se acerca.”

    Hebreos 10:24-25 (NTV)

    La respuesta no es asistir por miedo ni medir la espiritualidad por una hora concreta. Debemos arrepentirnos de tratar como secundario lo que Cristo ama. Reunirnos con la Iglesia es recibir ánimo, exhortación, enseñanza y corrección; también es acudir para animar a otros.

    Prepárate para el día del Señor. Ora antes de salir, llega con disposición para escuchar y piensa en qué hermano necesita una palabra de aliento. La reunión cambia cuando dejamos de preguntar: “¿Qué voy a recibir?” y comenzamos a pensar: “¿Cómo puedo servir a Cristo y a su pueblo?”.

    III. QUÉ OCURRE CUANDO CONFIAMOS

    “Así que ahora ustedes, los gentiles, ya no son unos desconocidos ni extranjeros. Son ciudadanos junto con todo el pueblo santo de Dios. Son miembros de la familia de Dios.”

    Efesios 2:19 (NTV)

    En Cristo no somos espectadores aislados. Dios nos ha hecho miembros de su familia. Él usa la predicación de la Palabra, la oración, los cánticos y el cuidado de los hermanos para sostener nuestra fe.

    La Iglesia visible no es perfecta, porque está formada por pecadores que necesitan la gracia de Dios. Pero Cristo no abandonó a su Iglesia, dio su vida por ella. Cuando perseveramos junto a los hermanos, el Señor nos guarda, nos corrige y nos hace crecer en amor.

    CRISTO ES EL CENTRO

    Jesucristo no murió para que cada uno viviera una fe privada y cómoda. Por su cruz nos reconcilió con Dios y nos hizo un solo pueblo. Él es la piedra principal sobre la que la Iglesia permanece.

    Si has tratado la congregación como una carga, acude a Cristo con arrepentimiento. Él perdona al creyente que reconoce su pecado y transforma sus afectos. Pídele que te dé hambre por su Palabra, amor por sus hermanos y gozo al congregarte. Y si aún no has confiado en Cristo, no necesitas mejorar primero, ven a Él. Solo Él puede perdonar tus pecados y darte un lugar en la familia de Dios.

    LECTURA COMPLETA DEL PASAJE

    Leer Salmos 84 en Biblia TRC

    Leer Salmos 84 completo en Biblia TRC

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  • La Palabra de Dios debe habitar en tu corazón

    La Palabra de Dios debe habitar en tu corazón

    🎧 Escucha un breve podcast basado en este devocional (5 min aprox.)

    “Grábate en el corazón estas palabras que hoy te mando.”

    Deuteronomio 6:6, NVI

    Hay una diferencia entre tener una Biblia cerca y tener la Palabra de Dios guardada en el corazón. Podemos escuchar predicaciones, leer un versículo de vez en cuando, conocer expresiones cristianas e incluso saber responder correctamente a algunas preguntas bíblicas. Sin embargo, cuando llega la preocupación, la tentación, una discusión en casa o una decisión difícil, muchas veces sale lo que realmente nos llena, temor, enojo, orgullo o incredulidad.

    Deuteronomio 6:6 enseña que la Palabra de Dios no debe quedarse en la mente, en una costumbre religiosa ni en una conversación de domingo. Dios ordena a su pueblo: “Grábate en el corazón estas palabras que hoy te mando”. El problema de olvidar la Palabra de Dios no se resuelve con más actividad, sino con un corazón que vuelve a escuchar, creer y obedecer al Señor. Esta es la necesidad que aborda el texto: ¿qué está gobernando tu corazón cada día?

    Contexto

    Moisés pronunció estas palabras antes de que Israel entrara en la tierra prometida. El pueblo estaba a punto de recibir casas, cosechas y una vida que podía hacerle olvidar fácilmente al Dios que le había rescatado de Egipto. Por eso, antes de hablarles de lo que debían hacer, les recordó quién era el Señor. Deuteronomio 6 comienza declarando que el Señor es uno y llamando a Israel a amarle con todo su corazón, con toda su alma y con todas sus fuerzas.

    La obediencia no nacía de intentar ganar la aceptación de Dios. Israel debía obedecer porque Dios ya le había mostrado su misericordia y su poder. Del mismo modo, el creyente no guarda la Palabra para merecer la salvación. Guarda la Palabra porque ha sido alcanzado por la gracia de Dios en Jesucristo.

    Puedes ampliar esta enseñanza en el siguiente devocional:

    Vivir de toda palabra de Dios

    I. Porque el corazón siempre está siendo llenado por algo

    El corazón no queda vacío. Cada día recibe palabras, imágenes, temores, consejos y deseos que van dando forma a nuestra manera de vivir. Si la Palabra de Dios no habita en nosotros, otras voces terminarán ocupando su lugar. Entonces interpretaremos la vida según nuestras emociones, según lo que otros dicen o según lo que parece más cómodo.

    Jesús explicó que nuestras palabras y acciones revelan lo que ya está dentro. No pecamos solamente porque las circunstancias son difíciles; pecamos porque nuestro corazón necesita ser gobernado por Dios.

    “El que es bueno, de la bondad que atesora en el corazón produce el bien; pero el que es malo, de su maldad produce el mal, porque de lo que abunda en el corazón habla la boca.”

    Lucas 6:45, NVI

    Cuando respondemos con dureza, cuando cedemos al temor o cuando justificamos un pecado, no basta con lamentar el resultado. Debemos preguntar: “¿Qué estoy atesorando en mi corazón?”. Deuteronomio 6:6 nos confronta porque Dios no quiere ser una parte pequeña de nuestra vida. Él manda que sus palabras queden grabadas dentro de nosotros.

    No es suficiente repetir un versículo sin dejar que nos corrija. La Palabra de Dios debe mostrarnos dónde estamos confiando en nosotros mismos, dónde estamos amando más el dinero, la comodidad o la aprobación de las personas que al Señor. Dios habla para sacar a la luz aquello que nosotros preferimos esconder.

    II. Porque la Palabra debe recibirse y obedecerse

    “Grábate en el corazón” no describe una lectura rápida ni una práctica superficial. Habla de recibir la Palabra con seriedad, volver a ella, meditar en ella y dejar que dirija nuestras decisiones. Israel debía hablar de ella en casa, enseñarla a sus hijos y recordarla en cada parte de la vida. La fe no debía limitarse al lugar de culto; debía estar presente en la mesa, en el trabajo, en el camino y en el hogar.

    Esto también es necesario para la Iglesia hoy. No podemos vivir de recuerdos de lo que Dios nos mostró hace años. Necesitamos alimentarnos de su Palabra cada día. Necesitamos abrir la Biblia cuando estamos cansados, cuando no entendemos lo que sucede y también cuando las cosas parecen ir bien.

    “Que habite en ustedes la palabra de Cristo con toda su riqueza: instrúyanse y aconséjense unos a otros con toda sabiduría; canten salmos, himnos y canciones espirituales a Dios, con gratitud de corazón.”

    Colosenses 3:16, NVI

    Pablo no dice que la Palabra de Cristo visite de vez en cuando a la Iglesia. Dice que debe habitar en ella con toda su riqueza. Esto incluye leerla, escucharla predicada fielmente, cantarla, enseñarla a los hijos, aconsejarnos con ella y usarla para corregir con mansedumbre.

    Tal vez necesitas recuperar un tiempo concreto para leer la Biblia sin prisas. No se trata de cumplir una cuota para sentirte mejor. Se trata de escuchar al Dios que te creó, que conoce tu corazón y que ha hablado por medio de su Hijo. Lee un pasaje. Pregunta qué enseña acerca de Dios, qué revela de tu pecado y qué respuesta pide de ti. Después, ora y obedece.

    III. Porque Cristo sostiene a quienes permanecen en Él

    Guardar la Palabra en el corazón no es una carga fría. Es el camino por el que Cristo fortalece, guía y consuela a su pueblo. Hay días en los que no sabremos qué decisión tomar. Habrá momentos de dolor en los que nuestras fuerzas no alcancen. También habrá tentaciones que parezcan demasiado fuertes. En esos momentos, la Palabra de Dios nos recuerda que no caminamos solos.

    Jesús no llamó a sus discípulos a una vida de esfuerzo separado de Él. Les mandó permanecer en Él. Sus palabras no son información religiosa; son palabras del Salvador que dio su vida por pecadores y resucitó para darles esperanza.

    “Si permanecen en mí y mis palabras permanecen en ustedes, pidan lo que quieran, y se les concederá.”

    Juan 15:7, NVI

    Permanecer en Cristo significa depender de Él, confiar en lo que ha dicho y aprender a pedir conforme a su voluntad. Cuando sus palabras permanecen en nosotros, nuestras oraciones, deseos y decisiones empiezan a ser conformados por su verdad. No significa que recibiremos todo lo que nuestro corazón natural desea; significa que Cristo está formando en nosotros un corazón que aprende a desear lo que honra al Padre.

    La Palabra de Dios también nos sostiene cuando fallamos. Ella no minimiza el pecado, pero nos lleva al Salvador. Nos muestra que Cristo murió por nuestros pecados, que su sangre limpia al que se arrepiente y que su Espíritu Santo produce una obediencia nueva en sus hijos.

    Cristo es el centro

    Jesús obedeció al Padre perfectamente. Donde Israel olvidó y se rebeló, Cristo permaneció fiel. En el desierto, cuando fue tentado, respondió con la Escritura. En su vida entera amó al Padre con todo su corazón, con toda su alma y con todas sus fuerzas. Después llevó a la cruz la culpa de quienes no han amado ni obedecido a Dios como debían.

    Por eso hay esperanza para ti. Si has descuidado la Palabra de Dios, no respondas solamente con culpa. Ven a Cristo. Confiesa tu indiferencia, tu autosuficiencia y tu pecado. Pídele que perdone tu corazón distraído y que renueve en ti el deseo de escucharle. Él no rechaza al que viene a Él con arrepentimiento y fe.

    Y si perteneces a Cristo, recuerda que no estás llamado a sostenerte con tus propias fuerzas. El Espíritu Santo usa la Palabra para afirmar tu fe, corregir tus pasos y hacerte crecer en obediencia. Haz de la Palabra de Dios tu alimento diario. No porque ella sustituya a Cristo, sino porque en ella conoces más a Cristo, escuchas su voz y aprendes a seguirle.

    Lectura completa del pasaje

    Puedes leer el capítulo completo aquí:

    Leer Deuteronomio 6 en Biblia TRC

    Leer Deuteronomio 6 completo en Biblia TRC

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  • El Señor es mi luz cuando tengo miedo

    El Señor es mi luz cuando tengo miedo

    🎧 Escucha un breve podcast basado en este devocional (5 min aprox.)

    “El Señor es mi luz y mi salvación; ¿a quién temeré? El Señor es el baluarte de mi vida; ¿quién me asustará?”

    Salmos 27:1, NVI

    El significado de Salmos 27:1 está en quién es Dios para su pueblo. David no comienza examinando el tamaño de sus enemigos, sino recordando que el Señor es su luz, su salvación y el baluarte de su vida. El miedo y la confianza en el Señor no pueden gobernar el corazón al mismo tiempo. Cuando el temor ocupa el centro, olvidamos quién sostiene nuestra vida. Pero cuando miramos al Señor, el peligro no desaparece necesariamente; lo que cambia es dónde descansamos.

    Porque el miedo puede llegar sin avisar de mil maneras, una llamada, una noticia médica, un problema en casa, una decisión que no sabemos cómo afrontar o una amenaza que parece mayor que nuestras fuerzas. Salmos 27:1 no niega que existan peligros, pero nos lleva a una pregunta decisiva, si el Señor es nuestra luz y nuestra salvación, ¿por qué vivimos como si estuviéramos solos?

    Contexto

    David escribió este salmo en medio de oposición real. Había personas que querían hacerle daño y circunstancias que podían hacerle temblar. Sin embargo, no puso su seguridad en su experiencia, su posición ni sus recursos. El Señor era su refugio.

    La luz de Dios muestra el camino cuando no entendemos lo que está ocurriendo. Su salvación recuerda que Él libra a los suyos. Y el baluarte habla de una defensa firme que no se derrumba cuando llegan pruebas. Esta seguridad alcanza su plenitud en Cristo, quien venció el pecado y la muerte por nosotros.

    Puedes ampliar esta enseñanza en el siguiente devocional:

    I. Por qué ocurre el problema

    El miedo crece cuando nuestro corazón deposita su confianza en lo que puede controlar, una persona, un sueldo, una respuesta favorable o nuestra propia capacidad. Y cuando esas cosas fallan, sentimos que todo se viene abajo.

    “Así dice el Señor: «¡Maldito el hombre que confía en el hombre! ¡Maldito el que se apoya en su propia fuerza y aparta su corazón del Señor!»”

    Jeremías 17:5, NVI

    No todo temor es pecado; hay peligros reales y debemos actuar con prudencia. Pero el miedo se convierte en dueño de nosotros cuando aparta nuestros ojos del Señor y nos hace vivir sin fe. Reconocerlo es el comienzo de una respuesta honesta delante de Dios.

    II. Cómo actuar

    David no se limitó a repetir palabras de ánimo: llevó su temor a la presencia del Señor. También nosotros debemos hacerlo. Ora con sinceridad, abre la Palabra de Dios, pide ayuda cuando la necesites y decide obedecer al Señor aun cuando tus sentimientos no hayan cambiado todavía.

    “Al de carácter firme lo guardarás en perfecta paz, porque en ti confía.”

    Isaías 26:3, NVI

    La paz no nace de tener todas las respuestas, sino de confiar en Dios. El Señor no nos pide que controlemos el mañana; nos llama a permanecer firmes en Él hoy. Salmos 27:1 nos recuerda que la fe no consiste en negar el problema, sino en descansar en el Dios que está por encima de él.

    III. Qué ocurre cuando confiamos

    Confiar en el Señor no significa que jamás lloraremos o que nunca tendremos temor. Significa que el miedo ya no tendrá la última palabra. Cristo permanece con los suyos y nada puede arrancarlos de su amor.

    “Pues estoy convencido de que ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni los demonios, ni lo presente ni lo porvenir, ni los poderes, ni lo alto ni lo profundo, ni cosa alguna en toda la creación, podrá apartarnos del amor que Dios nos ha manifestado en Cristo Jesús nuestro Señor.”

    Romanos 8:38-39, NVI

    El creyente puede mirar adelante con esperanza porque su seguridad no depende de la fuerza de su fe, sino de la fidelidad de Cristo. Él es nuestra luz cuando el camino parece oscuro y nuestro Salvador cuando sentimos que no podemos sostenernos.

    Cristo es el centro

    Jesucristo no nos ofrece una seguridad superficial. Él cargó en la cruz con nuestro pecado, sufrió el juicio que merecíamos y resucitó victorioso. Por eso, quien se arrepiente y confía en Él no necesita vivir bajo la condenación ni bajo el dominio del miedo.

    Si aún no conoces a Cristo, no pongas tu esperanza en tus propias fuerzas. Ven a Él con fe. Y si ya eres suyo, recuerda que el Señor no ha cambiado: Él sigue siendo tu luz, tu salvación y el baluarte de tu vida.

    Lectura completa del pasaje

    Puedes leer el capítulo completo aquí:

    Leer Salmos 27 en Biblia TRC

    Leer Salmos 27 completo en Biblia TRC

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  • Permanecer en el amor de Cristo

    Permanecer en el amor de Cristo

    🎧 Escucha un breve podcast basado en este devocional (5 min aprox.)

    “Yo los he amado a ustedes tanto como el Padre me ha amado a mí. Permanezcan en mi amor.”

    Juan 15:9, NTV

    Juan 15:9 enseña cómo permanecer en el amor de Cristo cuando dudas de que Dios te ame. No se trata de producir sentimientos religiosos ni de demostrar que merecemos ser recibidos por Dios. Se trata de confiar en Cristo, obedecerle y descansar en la seguridad de que su amor sostiene a quienes son suyos.

    Contexto

    Estas palabras fueron pronunciadas la noche antes de la cruz. Jesús sabía que sus discípulos serían zarandeados por el temor, la culpa y la confusión. Sin embargo, no les dejó una lista de méritos para conservar su amor. Les habló de permanecer en Él, como las ramas permanecen unidas a la vid.

    El amor del Padre hacia el Hijo es eterno, perfecto y santo. Cristo afirma algo asombroso, con ese amor recibe a los suyos. No debemos mirar primero la fuerza de nuestra fe, sino a Cristo, que murió por pecadores y resucitó para darles vida.

    Puedes ampliar esta enseñanza en el siguiente devocional:

    AMOR POR EL CUAL SOMOS AMADOS EN 1 JUAN 4:19

    I. POR QUÉ OLVIDAMOS SU AMOR

    Nuestro corazón suele medir el amor de Dios según las circunstancias o nuestro propio rendimiento. Si todo parece ir bien, pensamos que Dios nos ama; si fallamos o sufrimos, dudamos de Él. Pero esa forma de pensar coloca nuestros ojos en nosotros mismos.

    “Ciertamente, yo soy la vid; ustedes son las ramas. Los que permanecen en mí y yo en ellos producirán mucho fruto porque, separados de mí, no pueden hacer nada.”

    Juan 15:5, NTV

    El problema no se resuelve esforzándonos separados de Cristo. Necesitamos volver a Él, reconocer nuestra debilidad y dejar de buscar vida en nuestras fuerzas. El creyente no permanece en Cristo porque sea fuerte, sino porque Cristo le sostiene.

    II. CÓMO PERMANECER EN SU AMOR

    Permanecer en el amor de Cristo no significa vivir pasivamente. Jesús nos llama a confiarle nuestra vida y a obedecer su Palabra. La obediencia no compra su amor; responde agradecida al amor que ya hemos recibido.

    “Cuando obedecen mis mandamientos, permanecen en mi amor, así como yo obedezco los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor.”

    Juan 15:10, NTV

    Cuando Cristo nos corrige, no nos está expulsando de su amor. Nos llama a dejar el pecado que nos daña y a caminar por el camino de vida. Obedecerle puede costarnos, pero nunca nos llevará lejos de su cuidado. Su voluntad no es una carga cruel, sino el camino del Buen Pastor para sus ovejas.

    III. QUÉ OCURRE CUANDO CONFIAMOS

    La seguridad del creyente no descansa en que siempre se siente firme, sino en el amor de Cristo. Ese amor no es superficial ni cambiante. Él nos lleva a echar raíces profundas en su gracia, incluso cuando no entendemos todo lo que ocurre.

    “Que sus raíces se profundicen en el amor de Dios y los mantengan fuertes. Y que tengan el poder para entender… cuán ancho, largo, alto y profundo es su amor.”

    Efesios 3:17–18, NTV

    El Espíritu Santo fortalece a la Iglesia para conocer cada vez más el amor de Cristo. No promete una vida sin luchas, pero sí la presencia de Cristo en medio de ellas. Quien permanece en Él puede seguir adelante con esperanza, porque el amor del Salvador no depende de un día bueno ni se rompe por una noche difícil.

    Cristo es el centro

    Jesús no nos pide permanecer en un amor que Él no haya demostrado. En la cruz, el Hijo de Dios cargó con el pecado de su pueblo y recibió el castigo que nosotros merecíamos. Allí vemos que su amor es santo, no ignora nuestro pecado, sino que lo vence mediante su sacrificio.

    Si has vivido lejos de Cristo, no intentes arreglarte primero para acercarte a Él. Ven con arrepentimiento y fe. Él recibe a los que acuden a Él. Y si eres creyente, cuando caigas no huyas de Cristo: vuelve a su Palabra, confiesa tu pecado y permanece en el amor que Él te ha dado.

    Lectura completa del pasaje

    Leer Juan 15 en Biblia TRC

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    2. Salvo y seguro en las manos de Cristo
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  • La armonía que Dios da a su Iglesia

    La armonía que Dios da a su Iglesia

    🎧 Escucha un breve podcast basado en este devocional (5 min aprox.)

    “Que Dios, quien da esa paciencia y ese ánimo, los ayude a vivir en completa armonía unos con otros, como corresponde a los seguidores de Cristo Jesús.”

    Romanos 15:5, NTV

    No siempre es fácil permanecer unidos. Una palabra que nos hirió, una diferencia que se hace grande o la costumbre de pensar primero en nosotros mismos pueden enfriar la relación con otros hermanos. Romanos 15:5 no nos llama a fingir que no existen diferencias, nos muestra que Dios da paciencia y ánimo para vivir en armonía como seguidores de Jesús.

    La pregunta de Romanos 15:5 es muy concreta, ¿cómo vivir en armonía con otros cuando las diferencias nos separan? La respuesta no está en imponer nuestro criterio ni en alejarnos cuando algo nos molesta. Dios forma a su Iglesia para que aprenda a amarse, soportarse y caminar unida bajo el señorío de Cristo.

    Contexto

    Pablo escribe estas palabras después de exhortar a los creyentes fuertes a recibir y llevar las debilidades de los más débiles. La unidad no nace cuando todos tienen el mismo carácter, los mismos gustos o la misma madurez. Nace cuando Cristo es más importante que nuestro orgullo y cuando buscamos el bien espiritual del hermano.

    Puedes ampliar esta enseñanza en el siguiente devocional:

    I. Por qué ocurre el problema

    Muchas divisiones comienzan cuando dejamos de mirar al otro como un hermano al que Cristo ama. El egoísmo quiere tener razón, recibir consideración y proteger su propia comodidad. Entonces interpretamos cada gesto desde nuestra herida y respondemos sin paciencia.

    “No sean egoístas; no traten de impresionar a nadie. Sean humildes, es decir, considerando a los demás como mejores que ustedes. No se ocupen solo de sus propios intereses, sino también procuren interesarse en los demás.”

    Filipenses 2:3-4, NTV

    El problema no está solamente en lo que el otro hizo. También está en nuestro corazón cuando exigimos, acumulamos resentimiento o creemos que nuestra manera es la única válida. Dios nos llama a examinarnos antes de señalar.

    II. Cómo actuar

    La armonía no se produce sola. Requiere humildad, amabilidad, paciencia y una decisión real de conservar la unidad que el Espíritu Santo ha dado a la Iglesia. No se trata de tolerar el pecado, sino de hablar la verdad con amor, perdonar y procurar la paz.

    “Sean siempre humildes y amables. Sean pacientes unos con otros y tolérense las faltas por amor. Hagan todo lo posible por mantenerse unidos en el Espíritu y enlazados mediante la paz.”

    Efesios 4:2-3, NTV

    Tal vez necesites pedir perdón. Tal vez debas dejar de alimentar una ofensa o buscar una conversación que has evitado. Obedecer a Cristo no siempre elimina de inmediato la dificultad, pero sí cambia la manera en que la enfrentamos.

    III. Qué ocurre cuando confiamos

    Dios no nos deja buscar esta armonía con nuestras propias fuerzas. Él ha hecho de su pueblo una familia por medio de Cristo. Cuando recordamos cuánto nos ha perdonado el Señor, aprendemos a tratar al hermano con la misma misericordia.

    “Dado que Dios los eligió para que sean su pueblo santo y amado por él, ustedes tienen que vestirse de tierna compasión, bondad, humildad, gentileza y paciencia. Sean comprensivos con las faltas de los demás y perdonen a todo el que los ofenda. Recuerden que el Señor los perdonó a ustedes, así que ustedes deben perdonar a otros.”

    Colosenses 3:12-13, NTV

    La paz que Cristo da no depende de que todo resulte como queremos. Él nos sostiene para amar, perdonar y perseverar. Así, la Iglesia puede alabar a Dios con una sola voz aun en medio de sus diferencias.

    Cristo es el centro

    Jesús no vino a reunir personas perfectas, sino a salvar pecadores por medio de su cruz. Él perdonó nuestra rebelión contra Dios, llevó nuestro pecado y nos hizo parte de un mismo pueblo. Por eso no podemos tratar con desprecio a quien Cristo recibió.

    Si estás guardando distancia, rencor o dureza contra un hermano, acércate al Señor con arrepentimiento. Pídele que te dé la paciencia y el ánimo de Romanos 15:5. Cristo puede darte un corazón humilde para buscar la paz, hablar con verdad y perdonar como tú has sido perdonado.

    Lectura completa del pasaje

    Leer Romanos 15 en Biblia TRC

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