🎧 Escucha un breve podcast basado en este devocional (5 min aprox.)
«¿Y por qué se preocupan por la ropa? Observen cómo crecen los lirios del campo. No trabajan ni hilan».
San Mateo 6:28, NVI.
Introducción
El armario puede estar lleno y, aun así seguir inquieto. Nos preocupa llegar a fin de mes, tener lo necesario, causar buena impresión o no saber qué ocurrirá mañana. Jesús conoce esa carga y por eso pregunta: «¿Y por qué se preocupan por la ropa?». Mateo 6:28 no es una invitación a despreocuparnos de nuestras responsabilidades, es un llamamiento a dejar de vivir bajo el peso de una ansiedad que quiere ocupar el lugar de Dios.
El Señor dirige nuestros ojos a los lirios. No se sostienen por su esfuerzo ni por su previsión, pero el Padre los viste con una hermosura que supera la gloria de Salomón. Si Dios cuida de una flor que hoy está y mañana se seca, ¿cómo no cuidará de quienes ha creado y conoce? El problema no es trabajar, ahorrar o planificar. El problema aparece cuando el temor gobierna el corazón y olvidamos que nuestro Padre sabe lo que necesitamos.

Contexto
Jesús pronunció estas palabras dentro de su enseñanza sobre el Reino de Dios. Antes había dicho que no podemos servir a Dios y a las riquezas. Después afirmará que el Padre celestial sabe que necesitamos alimento, bebida y vestido. Cristo no niega las necesidades reales; nos enseña a enfrentarlas con fe. Puedes ampliar esta enseñanza en el siguiente devocional:

TRES RAZONES PARA CAMBIAR
I. Porque el afán consume fuerzas que no puede devolvernos
«Por demás es que os levantéis de madrugada, y vayáis tarde a reposar, y que comáis pan de dolores; pues que a su amado dará Dios el sueño».
Salmos 127:2, RV60
El afán promete control, pero solo multiplica pensamientos y fatiga. Podemos pasar horas imaginando escenarios, haciendo cuentas una y otra vez y preguntándonos qué será de nosotros. Sin embargo, ninguna preocupación añade un día a nuestra vida ni resuelve por sí misma la necesidad que tememos.
Dios no nos llama a la pereza, sino a reconocer nuestros límites. Trabajamos con intención, tomamos decisiones responsables y atendemos lo que está en nuestras manos. Pero no llevamos solos el peso del futuro. El Padre no nos ha pedido ocupar su trono. Cuando el miedo nos domina, necesitamos confesar que hemos querido controlar lo que solo Dios gobierna.

II. Porque Dios nos manda llevar nuestras necesidades a Él
«No se inquieten por nada; más bien, en toda ocasión, con oración y ruego, presenten sus peticiones a Dios y denle gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, cuidará sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús».
Filipenses 4:6-7, NVI
La respuesta a las preocupaciones no es fingir que no tenemos problemas. Es presentarlos delante de Dios. Pablo no dice que solo oremos cuando ya no podamos más, sino «en toda ocasión». Lo que te preocupa por la mañana, lo que no sabes cómo resolver y lo que temes perder puede ser llevado al Padre en oración.
Ora con claridad. Dile al Señor qué necesitas, qué te asusta y qué decisión debes tomar. Dale gracias por su fidelidad pasada. Después, obedece en lo que Él ya ha mostrado en su Palabra. La paz de Dios no depende de que todas las circunstancias cambien de inmediato, guarda el corazón mientras caminamos confiando en Cristo.

III. Porque Cristo sostiene nuestro corazón
«No se angustien. Confíen en Dios, y confíen también en mí».
Juan 14:1, NVI
Jesús habló estas palabras a sus discípulos cuando sus corazones estaban turbados. No les prometió un camino sin dificultades, sino que les ordenó confiar en Él. El mismo Jesús que conoce nuestra debilidad tiene autoridad sobre el mañana y permanece fiel cuando nosotros no sabemos qué hacer.
La preocupación nos hace mirar una y otra vez lo que nos falta. Jesús nos llama a mirar quién es Él. Murió por nuestros pecados, resucitó y prepara un lugar para los suyos. Por eso, incluso cuando no vemos la solución, podemos descansar en sus manos. Él no abandona a quienes han puesto su fe en Él.

CRISTO ES EL CENTRO
Jesús no solo nos da un consejo para vivir más tranquilos. Él nos conduce al Padre. Nuestro mayor problema no es la falta de recursos, sino el pecado que nos apartó de Dios y nos hizo vivir como si todo dependiera de nosotros. Cristo murió para perdonar ese pecado y resucitó para darnos una esperanza firme.
Si has vivido confiando en tu dinero, tus fuerzas o tus planes, mira a Cristo. Arrepiéntete de querer vivir sin Dios y cree en el Salvador. Y si ya perteneces a Cristo, recuerda que el mismo Señor que te salvó no deja de cuidarte. Puedes trabajar y planificar, pero hazlo descansando en las manos de tu Padre.
LECTURA COMPLETA DEL PASAJE
Leer Mateo 6 en Biblia TRC
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