🎧 Escucha un breve podcast basado en este devocional (5 min aprox.)
“Sean agradecidos en toda circunstancia, pues esta es la voluntad de Dios para ustedes, los que pertenecen a Cristo Jesús.”
1 Tesalonicenses 5:18 (NTV)
Introducción
A veces la Escritura nos pide algo que nos parece de locos: dar gracias en toda circunstancia. ¿Y si estoy enfermo? ¿Y si no tengo trabajo? ¿Y si estoy inmerso en un problema grave al que no encuentro solución? ¿También entonces tengo que dar gracias? ¿Gracias por qué?
1 Tesalonicenses 5:18 habla precisamente de esas circunstancias. No estamos llamados a fingir alegría ni llamar bueno a lo que nos hace sufrir. Dice que quienes pertenecen a Cristo Jesús pueden dar gracias a Dios en medio de lo que están viviendo. Pero si hoy apenas tienes fuerzas para levantarte, necesitas algo más que la orden de ser agradecido. Necesitas saber a quién puedes acudir y qué permanece firme cuando todo lo demás se desmorona.

Contexto
Pablo escribió a una iglesia que conocía la aflicción. Cerca del final de su carta les pide que estén alegres, que oren y que den gracias. No son instrucciones reservadas para los días fáciles, forman parte de la vida de quienes pertenecen a Cristo Jesús.
Por eso conviene leer con cuidado sus palabras. Dar gracias en toda circunstancia no obliga a agradecer una enfermedad por ser enfermedad, ni a celebrar la pérdida del trabajo. Podemos lamentar lo que ocurre, pedir al Señor que intervenga y, al mismo tiempo, darle gracias porque nos recibe por medio de su Hijo. La gratitud empieza por mirar a Dios con sinceridad.
Puedes ampliar esta enseñanza en el siguiente devocional:

Tres razones para cambiar
I. No olvides a quien te sostiene
El sufrimiento puede ocupar tanto espacio en nuestros pensamientos que apenas vemos otra cosa. Eso es comprensible. Pero también debemos examinar nuestro corazón, podemos recibir la ayuda de Dios y seguir adelante sin volvernos a él. Jesús hizo una pregunta después de sanar a diez hombres:
“Jesús preguntó: «¿No sané a diez hombres? ¿Dónde están los otros nueve? ¿Ninguno volvió para darle gloria a Dios excepto este extranjero?».”
Lucas 17:17–18 (NTV)
Los diez necesitaban ayuda, solo uno regresó para dar gloria a Dios. La pregunta para nosotros no es si nuestro problema es pequeño. Quizá sea muy grave. La pregunta es si, mientras buscamos una respuesta, hemos dejado de hablar con el Señor y de reconocer lo que ya nos ha dado. Si es así, podemos decírselo sin excusas y volver a él.

II. Reconoce con sinceridad y da gracias
No necesitas preparar una lista de cosas buenas para ocultar tu dolor. Puedes orar así: “Padre, tengo miedo. No sé cómo se resolverá esto. Ayúdame”. Y puedes añadir: “Gracias porque puedo venir a ti por medio de Jesucristo”. Pablo nos recuerda a quién dirigimos nuestra gratitud:
“Y den gracias por todo a Dios el Padre en el nombre de nuestro Señor Jesucristo.”
Efesios 5:20 (NTV)
Da gracias por lo que sabes que es verdad, aunque todavía no sepas qué sucederá mañana. El Padre escucha a los que acuden a él por Cristo. Su Palabra sigue siendo digna de confianza. Agradecer estas cosas no resuelve de inmediato tu problema, pero te ayuda a llevarlo delante de Dios en vez de cargar con él a solas.

III. Aférrate al regalo que permanece
Hay respuestas que tardan y pérdidas que dejan rastro. Ser agradecido no significa que nunca volverás a llorar. Significa que, incluso allí, puedes recordar el regalo de Dios que ninguna circunstancia te puede quitar. Pablo expresa su gratitud con estas palabras:
“¡Gracias a Dios por este don que es tan maravilloso que no puede describirse con palabras!”
2 Corintios 9:15 (NTV)
Dios ha mostrado su gracia de forma decisiva al darnos a su Hijo. Jesucristo murió por pecadores y resucitó. En él hay perdón y una esperanza que no depende de conseguir hoy el trabajo, la curación o la solución que deseas. Puedes seguir pidiendo esas cosas al Padre y descansar en Cristo mientras esperas.

Cristo es el centro
Jesús no miró el sufrimiento desde lejos. Conoció el dolor y obedeció al Padre hasta la muerte. Resucitó para que quienes confían en él tengan vida. Por eso, cuando Pablo llama a dar gracias, se dirige a quienes pertenecen a Cristo Jesús. Nuestra gratitud no nace de pensar que somos capaces de soportarlo todo, sino de saber a quién pertenecemos.
Si todavía no confías en Cristo, acude a él, arrepiéntete y pídele perdón. Si ya eres suyo, cuéntale lo que hoy te pesa. Pide la ayuda que necesitas y dale gracias por lo que el Padre te ha concedido en su Hijo. Puedes hacerlo con lágrimas. Dios no te pide una apariencia de fortaleza, te llama a confiar en él.
Lectura completa del pasaje
Puedes leer el capítulo completo aquí:
Leer 1 Tesalonicenses 5 en Biblia TRC
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Si necesitas ayuda o consejo, puedes contactar con el pastor Jesús Morcillo, quien estará dispuesto a escucharte y orar contigo.
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