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“Jesús recorría todos los pueblos y aldeas enseñando en las sinagogas, anunciando las buenas noticias del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia.”
Mateo 9:35, NVI
El significado de Mateo 9:35 es claro: Jesucristo vino con autoridad y compasión para buscar a personas necesitadas. Él no ofrece una mejora superficial; llama al pecador a volver a Dios y trae vida nueva a quienes creen en Él. Cuando el corazón está seco, confundido o herido, Cristo sigue siendo nuestra esperanza.
Pero siempre habrá quienes aparentan estar bien, pero llevan por dentro una necesidad que no se atreven a expresar. Mateo 9:35 nos muestra a Jesús recorriendo pueblos y aldeas, no se quedó lejos de la gente ni pasó de largo ante su dolor. Enseñaba la Palabra de Dios, anunciaba las buenas noticias del Reino y sanaba toda enfermedad y dolencia.

Contexto
Mateo presenta a Jesús como el Rey prometido. Sus palabras y obras muestran que el Reino de Dios ha llegado en su persona. Después de enseñar y sanar, Jesús mira a las multitudes con compasión, porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas sin pastor.
Cristo no recorría aquellos lugares para hacerse conocido, sino para revelar al Padre y rescatar a pecadores. Hoy sigue obrando mediante la predicación fiel del evangelio, la Palabra de Dios y el testimonio de los que son suyos. No debemos llevar a las personas hacia nuestras opiniones, sino hacia Cristo.
Puedes ampliar esta enseñanza en el siguiente devocional:
Lo que Cristo te ha confiado no debes cambiarlo

Tres razones para cambiar
I. Porque el problema no está solo fuera de nosotros
El dolor del mundo es real, pero la insatisfacción y el error también habita en el corazón humano. No basta con cambiar de ambiente, mejorar algunas costumbres o esconder lo que hacemos. Necesitamos que Dios nos muestre nuestra verdadera condición.
“Como está escrito: «No hay un solo justo, ni siquiera uno; no hay nadie que entienda, nadie que busque a Dios. Todos se han descarriado, a una se han corrompido. No hay nadie que haga lo bueno; ¡no hay uno solo!»”
Romanos 3:10-12, NVI
El orgullo nos convence de que podemos salvarnos solos. Pero Jesús recorrió pueblos y aldeas porque sabía que los corazones necesitaban algo más profundo que alivio temporal, necesitaban reconciliación con Dios.

II. Porque Cristo nos llama a volver a Dios
La respuesta a nuestro pecado no es desesperarnos ni intentar compensar a Dios con obras religiosas. Cristo murió y resucitó para que los pecadores puedan ser reconciliados con el Padre. Por eso, el evangelio no solo informa, llama.
“Por tanto, somos embajadores de Cristo, como si Dios los exhortara a ustedes por medio de nosotros: «En nombre de Cristo les rogamos que se reconcilien con Dios».”
2 Corintios 5:20, NVI
Si el Señor ha puesto delante de ti la verdad de su Palabra, no endurezcas tu corazón. Arrepiéntete, confiesa tu pecado y confía en Jesucristo. Y si ya le perteneces, habla de Él con humildad y fidelidad a quienes Dios ha puesto cerca de ti.

III. Porque sus ovejas oyen su voz
Cristo no abandona a quienes vienen a Él. El que escucha su voz por la fe descubre que su salvación no descansa en sus propias fuerzas, sino en las manos seguras del Buen Pastor.
“Mis ovejas oyen mi voz; yo las conozco y ellas me siguen. Yo les doy vida eterna, y nunca perecerán, ni nadie podrá arrebatármelas de la mano.”
Juan 10:27-28, NVI
Jesús sigue recorriendo los corazones por medio de su Palabra y su Palabra. Él conoce al cansado, al culpable, al enfermo y al que se siente lejos. Su misericordia no es una excusa para seguir en pecado, es el llamado santo y amoroso a seguirle.

Cristo es el centro
Jesús no solo anunció las buenas noticias del Reino, Él es la buena noticia. En la cruz llevó el castigo que merecían nuestros pecados, en su resurrección venció la muerte. Por eso puede perdonar de verdad, transformar el corazón y sostener al creyente cada día.
No esperes a estar mejor para acercarte a Cristo. Ven a Él tal como estás, con arrepentimiento. Él recibe a todo aquel que confía en su obra perfecta. Y si eres suyo, pide al Señor que te dé compasión por los corazones que aún necesitan escuchar su voz.
Lectura completa del pasaje
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