🎧 Escucha un breve podcast basado en este devocional (5 min aprox.)
“De oídas te había oído;
Mas ahora mis ojos te ven.”
Job 42:5
Job conocía muchas verdades acerca de Dios. Había hablado de su poder, defendido su justicia y permanecido firme durante un sufrimiento difícil de comprender. Sin embargo, después de escuchar al Señor, reconoció que todavía necesitaba conocerlo mejor. Por eso declaró: «De oídas te había oído; mas ahora mis ojos te ven».
Job 42:5 muestra cómo pasar de conocer a Dios solo de oídas a rendirnos ante Él y confiar verdaderamente en su Palabra. El conocimiento verdadero no nos hace orgullosos ni autosuficientes, nos conduce a la humildad, el arrepentimiento y la adoración.
Job no vio a Dios físicamente. Sus ojos fueron abiertos para reconocer quién era el Señor y cuán limitado había sido su propio entendimiento. Dios no respondió todas sus preguntas, pero se dio a conocer. Y cuando Job contempló la grandeza de Dios, dejó de exigir explicaciones y se rindió ante Él.

Contexto
Job había perdido sus bienes, sus hijos y su salud. Sus amigos insistían en que aquel sufrimiento debía ser consecuencia de algún pecado oculto, mientras Job defendía su integridad y pedía una explicación. El problema no estaba en que Job fuera un hipócrita, sino en que había comenzado a hablar de asuntos que superaban su conocimiento.
En los capítulos 38 al 41, Dios respondió mostrando su poder, sabiduría y gobierno sobre toda la creación. El Señor no entregó a Job una lista de razones, le mostró que podía confiar en Él aun cuando no comprendiera sus caminos.
Job 42:5 no desprecia el conocimiento recibido por medio de la enseñanza. La fe viene por el oír la Palabra de Dios. Sin embargo, esa verdad escuchada debe llevarnos a reconocer personalmente al Señor, confiar en Él y someternos a su voluntad.
Puedes ampliar esta enseñanza en el siguiente devocional:

Tres razones para cambiar
I. Podemos hablar de Dios mientras nuestro corazón permanece lejos
“Dice, pues, el Señor: Porque este pueblo se acerca a mí con su boca, y con sus labios me honra, pero su corazón está lejos de mí.”
Isaías 29:13
Es posible aprender expresiones “evangélicamente correctas”, conocer las doctrinas e incluso enseñar a otros, mientras mantenemos nuestro corazón lejos de Dios. Podemos hablar mucho del Señor y, al mismo tiempo, resistirnos a obedecerlo cuando su voluntad contradice nuestros deseos.
El conocimiento bíblico es bueno y necesario, pero no debe convertirse en un refugio para el orgullo. Si lo que sabemos no nos lleva a reconocer nuestro pecado, confiar en Dios y obedecer su Palabra, algo está fallando. No basta con haber oído hablar de Dios, necesitamos que la verdad recibida gobierne nuestra vida.
Job tuvo que reconocer que había hablado sin comprender plenamente. Nosotros también necesitamos examinar si nuestra relación con Dios consiste solamente en información recibida o en una fe que produce arrepentimiento, obediencia y adoración.

II. Debemos perseverar en conocer al Señor
“Y conoceremos, y proseguiremos en conocer a al Señor; como el alba está dispuesta su salida, y vendrá a nosotros como la lluvia, como la lluvia tardía y temprana a la tierra.”
Oseas 6:3
Nunca llegamos a un punto en el que ya no necesitemos conocer mejor a Dios. No podemos abarcarlo con nuestra mente, pero Él se ha dado a conocer verdaderamente mediante su Palabra y, de manera plena, en su Hijo.
Proseguir en conocer al Señor significa escuchar humildemente lo que ha dicho, abandonar nuestras ideas equivocadas y aceptar su corrección. También significa buscarlo en oración, obedecer aquello que ya entendemos y confiar en su carácter cuando todavía quedan preguntas sin respuesta.
Job dejó de discutir y comenzó a escuchar. Ese es también nuestro camino, abrir la Biblia con un corazón dispuesto a ser corregido, consolado y dirigido por Dios. No buscamos solamente una respuesta para nuestros problemas, buscamos conocer al Señor en medio de ellos.

III. En Cristo conocemos verdaderamente a Dios
“A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer.”
Juan 1:18
Dios no ha permanecido escondido. Envió a su Hijo para mostrarnos quién es y para salvarnos de nuestro pecado. Quien quiere conocer al Padre debe mirar a Jesucristo, escuchar sus palabras y creer en su obra.
Cristo muestra la justicia de Dios al cargar en la cruz el castigo que nosotros merecíamos. También muestra su amor al entregar voluntariamente su vida por pecadores. Su resurrección confirma que su sacrificio fue aceptado y que quienes confían en Él reciben perdón y vida eterna.
Job pudo decir: «Ahora mis ojos te ven». Nosotros contemplamos con mayor claridad el carácter de Dios cuando miramos a Cristo. En Él encontramos una respuesta más grande que la explicación de nuestro sufrimiento, encontramos al Salvador que sufrió por nosotros y venció la muerte.

Cristo es el centro
Jesús no vino solamente para aumentar nuestros conocimientos acerca de Dios. Vino para reconciliarnos con el Padre. Nuestro pecado nos separa de Dios y oscurece nuestro entendimiento, pero Cristo murió y resucitó para conducir hasta Él a quienes se arrepienten y creen.
Cuando sufrimos, queremos saber por qué ocurre lo que estamos viviendo. En ocasiones, Dios permite que conozcamos algunas razones, en otras, no las revela. Sin embargo, la cruz nos asegura que Dios no es indiferente a nuestro dolor. El Hijo de Dios padeció injustamente, llevó nuestros pecados y abrió para nosotros el camino hacia el Padre.
Conocer verdaderamente a Dios no significa comprender todos sus caminos. Significa confiar en quién es Él, descansar en lo que Cristo ha hecho y someternos a su Palabra. Quien todavía vive lejos del Señor está llamado a abandonar su pecado y acudir a Jesucristo. Quien ya cree necesita seguir conociéndolo, porque ninguno de nosotros ha aprendido todavía todo lo que Dios quiere enseñarnos.
Lectura completa del pasaje
Leer Job 42 en Biblia TRC
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