Portada coral «Recibir su perdón», con letras gruesas y cursivas, la promesa «él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados» y 1 Juan 1:9.

Devocional diario en la Palabra de Dios


Recibir su perdón

🎧 Escucha un breve podcast basado en este devocional (5 min aprox.)

Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.

1 Juan 1:9 — RV60

Introducción

Confesar un pecado es reconocer delante de Dios lo que hemos hecho. Recibir su perdón requiere también creer lo que Él ha prometido. Podemos admitir nuestra falta y seguir preguntándonos si Dios nos recibirá, si nuestras palabras han sido suficientes o si debemos sufrir durante más tiempo antes de acercarnos a Él con confianza.

1 Juan 1:9 nos enseña que Dios perdona nuestros pecados y nos limpia de toda maldad cuando los confesamos. La seguridad de esta promesa descansa en que Él es fiel y justo. El contexto nos lleva a Jesucristo, cuya sangre nos limpia del pecado. Por eso podemos reconocer nuestra culpa con sinceridad y confiar en el perdón que Dios concede por medio de su Hijo.

Portada vertical «Recibir su perdón», con la promesa de 1 Juan 1:9, textura coral y logo TRC.

Contexto

Juan escribe acerca de la comunión con el Padre y con su Hijo Jesucristo. En 1 Juan 1:5 afirma que Dios es luz y que no hay tinieblas en Él. Tener comunión con Dios implica vivir conforme a esa verdad. Decir que le conocemos mientras defendemos una vida de pecado contradice lo que afirmamos.

Pero andar en la luz tampoco significa haber alcanzado una vida sin pecado. En los versículos 8 y 10, Juan advierte contra la pretensión de no tener pecado o de no haber pecado. Entre ambas advertencias aparece la promesa del versículo 9. El creyente vive delante de Dios reconociendo su necesidad de perdón, sin esconderse tras una supuesta perfección.

El comienzo del capítulo 2 mantiene juntas dos enseñanzas: Juan escribe para que sus lectores no pequen y, si alguno peca, les recuerda que tienen a Jesucristo como abogado ante el Padre. Cristo es justo y su sacrificio trata realmente con nuestros pecados. La confesión pertenece a la vida de quienes dependen de Él; cada falta no los obliga a conseguir otra vez la salvación.

Puedes ampliar la enseñanza sobre la vida que Dios nos da en su Hijo en este devocional:

Contexto: «Cristo es justo y su sacrificio trata realmente con nuestros pecados», sobre fondo coral. 1 Juan 1:9.

Tres razones para cambiar

I. Confiesa tus pecados

¿Qué significa confesar nuestros pecados según 1 Juan 1:9?

El versículo comienza con una respuesta concreta: confesar nuestros pecados. Confesar es reconocer que hemos pecado contra Dios y admitir como verdadero lo que su Palabra dice sobre nuestra conducta. Dios ya conoce lo ocurrido. Al confesar, dejamos de negarlo y nos presentamos ante Él con sinceridad.

Si has mentido, reconoce la mentira. Si has tratado a alguien con desprecio, admite ese desprecio. Una confesión puede ser sencilla y concreta, sin explicaciones que conviertan a los demás en responsables de lo que tú hiciste. También puedes reconocer las circunstancias difíciles que atravesabas, pero esas circunstancias no hacen buena una conducta que Dios llama pecado.

La confesión sincera va acompañada de disposición a abandonar lo que desagrada al Señor. Si hemos dañado a otra persona, corresponde pedirle perdón y reparar lo que esté en nuestra mano. Esto no compra el perdón de Dios, expresa que estamos tomando en serio el pecado que hemos reconocido.

Tampoco necesitas recordar cada falta de toda tu vida para encontrar descanso. Juan nos llama a reconocer nuestros pecados, no a confiar en una memoria perfecta. Confiesa aquello que su Palabra te muestra y mantén una disposición humilde para recibir corrección. Puedes hablar con el Padre sin ocultar tu necesidad.

Razón 1: «Confiesa tus pecados», en tipografía grande sobre fondo coral. 1 Juan 1:9.

II. Dios es fiel y justo

¿Por qué Dios es fiel y justo para perdonar nuestros pecados?

Después de mencionar la confesión, Juan dirige nuestra atención hacia Dios, Él es fiel y justo. Su fidelidad significa que cumple su palabra. Cuando promete perdonar, podemos confiar en Él. La sinceridad de nuestra confesión importa, pero la intensidad de nuestras lágrimas no determina si Dios cumplirá lo que ha dicho.

Juan añade que Dios es justo. El contexto explica cómo puede perdonar sin tratar el pecado como algo insignificante, la sangre de Jesús nos limpia, y el Hijo se presenta como nuestro abogado y como el sacrificio por nuestros pecados. En la cruz, Cristo llevó el castigo que merecía su pueblo. El perdón tiene un fundamento real en su obra.

Cuando confiesas, no estás convenciendo al Padre de que ignore su justicia. Acudes a Él por medio del Salvador que se entregó por ti. Tampoco estás añadiendo con tus palabras un pago que faltaba al sacrificio de Jesús. La confesión reconoce tu necesidad, Cristo es quien ha provisto el perdón.

Si perteneces a Cristo y has reconocido tu pecado, puedes dar gracias al Padre por su promesa aunque todavía sientas tristeza por lo ocurrido. Los sentimientos pueden tardar en cambiar. La fidelidad de Dios permanece. Recibir su perdón implica aprender a confiar en su palabra también mientras afrontas con responsabilidad las consecuencias de tus actos.

Razón 2: «Dios es fiel y justo», con letras gruesas y cursivas sobre fondo coral. 1 Juan 1:9.

III. Él limpia toda maldad

La promesa incluye perdón y limpieza. Dios perdona nuestros pecados y nos limpia de toda maldad. Juan está hablando del pecado que contamina nuestra relación con Dios y de la limpieza que recibimos por medio de Jesucristo. El versículo nos permite acercarnos al Padre confiando en que la obra de su Hijo es suficiente.

La expresión “toda maldad” impide que reservemos una falta como si estuviera fuera del alcance de esa limpieza. Puede haber pecados que nos avergüencen especialmente o daños que lamentemos durante mucho tiempo. Debemos reconocer su gravedad y atender a lo que podamos reparar, confiando a la vez en que Cristo puede limpiarnos de ellos.

Esta limpieza no significa que, después de confesar, nunca volveremos a luchar contra el pecado. Juan acaba de rechazar la pretensión de no tenerlo. Tampoco garantiza que desaparezcan los recuerdos o que una relación dañada se recupere inmediatamente. La promesa habla de lo que Dios hace con nuestros pecados, no elimina todas sus consecuencias humanas.

Recibe esa promesa con agradecimiento y continúa andando en la luz. Si has reconocido una falta, puedes volver a orar, escuchar la Palabra y buscar ayuda en la Iglesia. Si vuelves a caer, confiesa de nuevo y busca la ayuda necesaria para abandonar ese pecado. La fidelidad de Dios sostiene una vida de arrepentimiento y obediencia.

Razón 3: «Él limpia toda maldad», en letras grandes sobre fondo coral. 1 Juan 1:9.

Cristo es el centro

La promesa de 1 Juan 1:9 está unida a Jesucristo. Juan habla de su sangre que limpia y de su defensa ante el Padre. Jesús, el Hijo de Dios, murió por los pecados de su pueblo y resucitó. Podemos confesar porque tenemos un Salvador que ha tratado con nuestra culpa y vive para nosotros.

Si todavía no has confiado en Cristo, reconoce tu necesidad y acude a Él arrepentido. Esta promesa no es una fórmula que funcione al margen del Hijo. Y si ya le perteneces, presenta al Padre la falta que necesitas confesar y recibe su perdón con gratitud. Puedes reconocer la verdad sobre tu pecado y descansar en la verdad de lo que Dios ha prometido.

Lectura completa del pasaje

Leer 1 Juan 1 en Biblia TRC

Leer 1 Juan 1 completo en Biblia TRC

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