Devocional diario en la Palabra de Dios


Seamos humildes

🎧 Escucha un breve podcast basado en este devocional (5 min aprox.)

Oh hombre, él te ha declarado lo que es bueno, y qué pide Jehová de ti: solamente hacer justicia, y amar misericordia, y humillarte ante tu Dios.

Miqueas 6:8 — RV60

Introducción

¿Qué podemos ofrecerle a Dios? Esa pregunta aparece en el contexto de Miqueas 6:8. La respuesta dirige nuestra atención a lo que él ya ha declarado, hacer justicia, amar misericordia y humillarnos ante nuestro Dios. Si queremos aprender a vivir con humildad, necesitamos escuchar estas tres exigencias juntas. Nuestra relación con Dios alcanza la forma en que tratamos a las personas, respondemos a sus necesidades y recibimos su enseñanza.

Podemos entenderlo con una situación sencilla, si debemos algo a una persona, una ofrenda generosa no elimina nuestra obligación de devolverlo. Dios merece que le honremos también en ese asunto pendiente. Ser humildes comienza por aceptar que él tiene autoridad para decirnos qué es bueno, incluso cuando hacer lo correcto nos cuesta.

Contexto

En Miqueas 6:1-5, el Señor presenta su causa contra su pueblo y le recuerda cómo lo sacó de Egipto y lo cuidó. Antes de señalar lo que pide, recuerda lo que ha hecho. Después, en los versículos 6 y 7, aparecen preguntas sobre cómo presentarse ante él, holocaustos, miles de carneros, abundancia de aceite e incluso la entrega del primogénito. Esa última pregunta forma parte de la escalada de propuestas, el texto no la presenta como un sacrificio que Dios esté ordenando.

El versículo 8 responde recordando lo que Dios ya ha declarado. El pueblo necesita atender a su voluntad. Ninguna ofrenda permite dejar de lado la justicia, la misericordia o la humildad. Las tres exigencias van juntas, la relación con Dios y el trato con el prójimo forman parte de una misma vida de obediencia.

Puedes ampliar esta enseñanza en el siguiente devocional:

El bien que Dios busca en su pueblo

Tres razones para cambiar

I. Haz justicia

El Señor pide “hacer justicia”. La palabra alcanza nuestras acciones, pagar lo que debemos, cumplir un acuerdo, decir la verdad y reconocer lo que corresponde a otra persona. También nos llama a tratar con imparcialidad a quien tiene menos influencia o no puede favorecernos después.

La humildad tiene mucho que ver con esto. Cuando dejamos que Dios nos enseñe qué es justo, aceptamos que nuestros intereses deben someterse a su voluntad. Tener una necesidad o desear algo intensamente no nos concede permiso para conseguirlo perjudicando a otro. Si hemos actuado injustamente, reconocerlo incluye corregir lo que podamos corregir.

Piensa en una responsabilidad pendiente. Quizá debas devolver algo, aclarar una información equivocada o reconocer el trabajo que hizo otra persona. Atiende ese asunto con honradez. Así toma forma la justicia que Dios pide.

II. Ama la misericordia

Miqueas añade “amar misericordia”. Dios reclama una disposición que valore el bien del otro y se alegre de poder ayudar. Podemos cumplir una obligación mientras tratamos con desprecio a quien necesita atención. Amar la misericordia nos lleva a mirar a esa persona con compasión y a considerar cómo podemos servirle.

Una ayuda sencilla puede expresar esa disposición, dedicar tiempo a alguien que está solo, facilitar una tarea a quien atraviesa una dificultad o compartir algo necesario. La persona que recibe nuestra ayuda conserva su dignidad. Su necesidad no nos sitúa por encima de ella ni nos da derecho a exponerla para obtener reconocimiento.

La misericordia y la justicia aparecen juntas en el versículo. Ayudar a alguien no exige aprobar lo que esté mal, hacer lo correcto tampoco nos autoriza a ser crueles. Podemos actuar con verdad y cuidar a la persona al mismo tiempo. Mira qué necesidad tienes cerca y considera qué ayuda concreta puedes ofrecer con respeto.

III. Humíllate ante Dios

El versículo termina con “humillarte ante tu Dios”. La humildad incluye reconocer quién es él y recibir lo que ha dicho. En este contexto, el Señor ya ha mostrado el bien, corresponde escucharlo y obedecer. La relación con Dios no puede organizarse únicamente alrededor de lo que nosotros preferimos ofrecerle.

Esta humildad se aprende cuando permitimos que su Palabra corrija una decisión, una costumbre o una manera de tratar a alguien. Quizá descubramos una obligación que habíamos ignorado. Podemos reconocerla ante el Señor y cambiar de rumbo. Depender de él incluye pedir ayuda para obedecer lo que entendemos.

La expresión “tu Dios” recuerda que este llamado se dirige al pueblo al que el Señor había librado y cuidado. Su obediencia debía responder a esa relación. Para quienes creemos en Cristo, también la obediencia nace de la gracia recibida, el Padre nos recibe por medio de su Hijo, y el Espíritu Santo obra en nosotros para que aprendamos a vivir conforme a su Palabra.

Cristo es el centro

Miqueas 6:8 declara lo que Dios pide, no enseña que podamos comprar el perdón cumpliendo tres requisitos. Al leerlo a la luz del evangelio, reconocemos nuestra necesidad de Jesucristo. El Hijo obedeció al Padre, trató con misericordia a los necesitados y se humilló hasta entregar su vida por nuestros pecados. Su muerte y resurrección son el fundamento de nuestra reconciliación con Dios.

Acude a Cristo reconociendo tu pecado y confiando en él. Si ya le perteneces, recibe esta enseñanza como alguien que ha sido alcanzado por su gracia. Puedes reconocer una injusticia sin encubrirla, ayudar sin buscar superioridad y dejar que Dios te corrija. La humildad aprende a agradecer el perdón y a obedecer al Señor que lo concede.

Lectura completa del pasaje

Leer Miqueas 6 en Biblia TRC

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