Devocional diario en la Palabra de Dios


Un corazón examinado por Dios

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Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón;
Pruébame y conoce mis pensamientos;
Y ve si hay en mí camino de perversidad,
Y guíame en el camino eterno.

Salmos 139:23-24 — RV60

Introducción

David termina el Salmo 139 poniéndose a sí mismo delante de Dios. Acaba de expresar su rechazo hacia quienes se oponen al Señor, pero su oración no concluye señalando a los demás. Le pide a Dios que examine también su corazón. Quien reconoce la maldad fuera de sí necesita estar dispuesto a recibir la verdad sobre su propia vida.

Salmos 139:23-24 nos enseña a pedir que Dios examine nuestros pensamientos, descubra cualquier camino de perversidad y nos guíe. Esta petición expresa confianza en el Señor que nos conoce y humildad para recibir su corrección. Hacerla nuestra significa estar dispuestos a escuchar lo que su Palabra muestra, incluso cuando afecta a una actitud que habíamos considerado justificada.

Contexto

El encabezado del Salmo 139 lo presenta como un salmo de David. Desde el comienzo reconoce que Dios lo ha examinado y conocido. El Señor sabe cuándo se sienta y se levanta, entiende sus pensamientos y conoce sus caminos. Después, David describe la presencia de Dios, de la que no puede huir, y su cuidado al formarlo en el vientre de su madre.

En los versículos 19-22, la oración habla de los malvados y de quienes se levantan contra Dios. Son palabras fuertes que expresan el rechazo de David hacia esa oposición. Ese contexto hace especialmente significativo el final, después de hablar de ellos, dice “Examíname”. Su rechazo del mal ajeno va acompañado de una petición para que Dios examine si también hay mal en él.

David no está informando a Dios de algo que el Señor desconoce. Todo el salmo afirma que Dios ya lo conoce. Le está pidiendo que lo pruebe y lo guíe conforme a ese conocimiento verdadero. Reconocer que Dios lo ve todo conduce aquí a dirigirse a él con sinceridad.

Puedes ampliar la enseñanza del comienzo de este salmo en “Dios conoce lo que escondes”.

Tres razones para cambiar

I. Pide ser examinado

“Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón”. David dirige la petición al Señor porque su conocimiento alcanza lo que una persona no puede ver desde fuera. El corazón incluye nuestros deseos, pensamientos e intenciones. Podemos explicar una decisión con palabras correctas y necesitar todavía que Dios examine lo que nos ha movido a tomarla.

La petición se repite con otra expresión: “Pruébame y conoce mis pensamientos”. David pone delante de Dios tanto lo que sucede en su interior como aquello que ocupa su mente. No reserva una parte de su vida fuera del examen. Confía en que el Señor conoce la verdad y tiene autoridad para mostrarle lo que necesita reconocer.

Podemos hacer nuestra esta oración después de una conversación difícil. Quizá lo que hemos señalado sea cierto, pero conviene presentar también a Dios cómo hemos hablado y qué deseábamos conseguir. ¿Queríamos ayudar a aclarar una falta? ¿Buscábamos avergonzar a la otra persona? Reconocer una equivocación ajena no responde por sí solo a esas preguntas.

Pide al Señor que te ayude a recibir su Palabra con esa disposición. Cuando una enseñanza alcance tu propia conducta, detente a escucharla antes de pensar a quién más le vendría bien. La oración de David nos incluye entre quienes necesitan ser examinados.

II. Acepta la corrección

“Y ve si hay en mí camino de perversidad”. David pide que el examen alcance una posibilidad seria, que en su propia vida exista un camino que desagrade a Dios. Su rechazo del mal no le lleva a declararse incapaz de cometerlo. Se pone bajo el juicio del Señor y pide que la verdad sea descubierta.

La palabra “camino” nos ayuda a considerar la dirección de nuestra conducta. Una respuesta cruel que seguimos defendiendo, una mentira que repetimos o una injusticia que justificamos pueden mostrar algo que necesita corrección. La oración requiere disposición a reconocerlo cuando la Palabra de Dios lo hace evidente.

Esto no exige llamar pecado a todo sentimiento doloroso ni sospechar continuamente de cada pensamiento. Estar cansado, sufrir una pérdida o necesitar ayuda no demuestra por sí mismo que estés andando en perversidad. El examen debe atender a lo que Dios enseña, para distinguir una culpa real de un sufrimiento que necesita consuelo y cuidado.

Si has contado algo falso sobre una persona, la respuesta puede comenzar reconociéndolo ante Dios y corrigiendo lo que dijiste. Si has empleado una verdad para humillar, corresponde admitir también esa falta. Pedir que Dios examine el corazón implica dejar de proteger una conducta cuando sabemos que contradice su Palabra.

Recibir corrección puede doler, pero permite abandonar un camino que estaba haciendo daño. La oración de David nos enseña a valorar la verdad que necesitamos escuchar, incluso cuando obliga a reconocer que estábamos equivocados.

III. Busca su guía

La oración termina con una petición: “Y guíame en el camino eterno”. David necesita que Dios lo conduzca. El examen del corazón tiene una finalidad, vivir en el camino que corresponde al Señor. Por eso, después de pedir que sea descubierto cualquier camino de perversidad, pide la dirección de Dios para sus pasos.

El “camino eterno” se presenta frente al camino de perversidad. Es el camino duradero de una vida orientada hacia Dios. Estas palabras no convierten la obediencia en un precio con el que comprar la vida eterna, expresan la dependencia de David del Señor para andar como corresponde.

Podemos pedir esa guía mientras atendemos a una instrucción que ya conocemos. Si debemos rectificar una mentira, no hace falta esperar una señal extraordinaria para hacerlo. Podemos orar pidiendo humildad, reconocer la falsedad y decir la verdad. La guía de Dios debe recibirse con disposición a obedecer su Palabra.

También necesitamos su ayuda para perseverar después de reconocer una falta. Pedir perdón puede ser el comienzo de un cambio que deba continuar en nuestras conversaciones y decisiones. Quien ha hablado con desprecio necesita aprender a escuchar y responder con respeto. El creyente puede pedir al Espíritu Santo que le ayude a vivir esa obediencia, dependiendo del Señor cada día.

Haz tuya la petición de David teniendo presente un asunto concreto. Pide a Dios que te guíe y recibe la enseñanza que corresponde a ese asunto. La oración termina mirando hacia el camino por el que el Señor ha de conducirnos.

Cristo es el centro

Salmos 139:23-24 no menciona expresamente a Jesús. Al leer esta oración a la luz del evangelio, comprendemos cómo podemos acercarnos a Dios cuando su examen descubre nuestro pecado. Jesucristo, el Hijo, obedeció al Padre sin pecado y entregó su vida por pecadores. Resucitó, y quienes confían en él reciben el perdón que no pueden conseguir justificando su conducta.

Si perteneces a Cristo, puedes reconocer una falta delante del Padre confiando en la obra de tu Salvador. La seguridad de su perdón te permite confesar con sinceridad y recibir corrección. El Espíritu Santo obra en los creyentes para que aprendan a obedecer, por eso puedes pedir ayuda para abandonar el pecado que has reconocido.

Si todavía no has confiado en Jesús, acude a él reconociendo tu necesidad. Necesitas al Salvador que perdona y da vida nueva. Y al hacer tuya esta oración, recuerda cómo termina, pídele al Dios que te conoce que también te guíe. “Examíname” y “guíame” pueden formar parte de una misma oración sincera.

Lectura completa del pasaje

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