Devocional diario en la Palabra de Dios


Mirando al lugar correcto

🎧 Escucha un breve podcast basado en este devocional (5 min aprox.)

Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios.

Hebreos 12:1-2 — RV60

Introducción

Un corredor necesita saber hacia dónde corre. Si vuelve continuamente la cabeza para observar a los demás, pierde la atención que exige su propia carrera. Hebreos 12:1-2 utiliza esa imagen para enseñarnos a perseverar en la fe, dejar lo que estorba, correr con paciencia y poner los ojos en Jesús.

Mirar a Jesús significa considerar quién es, lo que hizo y dónde está ahora. El pasaje dirige nuestra atención a su cruz y a su lugar junto al Padre. Cuando seguir a Cristo cuesta, necesitamos recordar al Salvador que soportó el sufrimiento y llegó al cumplimiento de su obra. Esa mirada nos ayuda a continuar obedeciendo, aunque el camino siga siendo difícil.

Contexto

Hebreos se dirige a una comunidad que había conocido el sufrimiento por su fe y necesitaba perseverar. En el capítulo 10 se recuerda que algunos habían soportado afrentas y pérdidas, y se les exhorta a mantener su confianza. El capítulo 11 presenta a hombres y mujeres que creyeron a Dios en circunstancias muy distintas. Algunos vieron liberaciones, otros padecieron persecución y murieron sin recibir en esta vida todo lo prometido.

Esa es la “nube de testigos” que aparece al comenzar el capítulo 12. Sus vidas dan testimonio de que Dios merece nuestra confianza. La imagen no exige pensar que los creyentes fallecidos observan cada uno de nuestros actos. El argumento se apoya en el testimonio de su fe y conduce nuestra atención hacia Jesús.

El versículo 3 continúa la exhortación: considerar a quien soportó la oposición de los pecadores para no desmayar. Por eso, poner los ojos en Jesús tiene un contenido concreto. Recordamos su perseverancia, su entrega y su victoria. Si necesitas acudir a Dios en medio de tu debilidad, puedes ampliar esta enseñanza en “Acércate con confianza a Dios”.

Tres razones para cambiar

I. Deja lo que estorba

El texto nos llama a despojarnos “de todo peso y del pecado que nos asedia”. Hay cosas que debemos abandonar porque son pecado. Si estamos justificando una mentira, alimentando el rencor o manteniendo una conducta que Dios condena, necesitamos reconocerlo. Perseverar en la fe incluye dejar aquello que contradice la enseñanza de Jesús.

También aparece la palabra “peso”. La imagen permite reconocer impedimentos que dificultan la carrera, aunque no todo lo que estorba sea malo en sí mismo. Una actividad legítima puede ocupar un lugar desmedido y desplazar la atención a la Palabra. La aplicación requiere examinar qué lugar ocupa realmente, sin convertir cada afición o responsabilidad en motivo de culpa.

Piensa en algo concreto que está dificultando tu relación con la voluntad de Dios. Si es pecado, confiésalo y abandónalo. Si necesitas ordenar el tiempo que dedicas a una actividad, establece un límite que te permita atender lo que has descuidado. Y si no sabes cómo hacerlo, pide ayuda. El mandato está en plural, esta carrera también requiere que nos acompañemos.

II. Corre con paciencia

La carrera cristiana requiere perseverancia. La palabra “paciencia” habla aquí de continuar firmes bajo la dificultad. Hebreos 11 ya ha mostrado que confiar en Dios puede incluir años de espera, oposición y sufrimiento. La fe sigue siendo necesaria cuando la obediencia no trae una mejora inmediata de las circunstancias.

Tenemos “por delante” una carrera que debemos recorrer. No conocemos todo lo que encontraremos, pero conocemos al Señor al que seguimos. Podemos obedecerle en la responsabilidad de hoy sin exigir que nos muestre primero cómo terminará cada situación. Permanecer en la fe puede expresarse en mantener una conducta correcta cuando resulta costosa o continuar confiando en Cristo durante una enfermedad.

El cansancio no demuestra por sí solo falta de fe. Un creyente puede necesitar descanso, compañía y ayuda mientras persevera.

III. Pon los ojos en Jesús

La exhortación alcanza su centro, Jesús es “el autor y consumador de la fe”. Él va delante y lleva la fe a su cumplimiento. Los testigos del capítulo anterior nos animan con sus vidas, pero nuestra confianza se dirige al Hijo. En él encontramos al Salvador cuya obediencia fue completa y cuya obra ha abierto el camino para acercarnos a Dios.

El pasaje dice que soportó la cruz “por el gozo puesto delante de él”. Jesús conoció la vergüenza y el sufrimiento de aquella muerte. Al menospreciar el oprobio, no permitió que la humillación le apartara de cumplir la voluntad del Padre. Miraba al gozo que tenía por delante y perseveró hasta completar su obra.

Después, “se sentó a la diestra del trono de Dios”. Aquel que fue rechazado está exaltado. Su sufrimiento no fue el final de su historia. Nuestra fe se apoya en el Salvador que murió por nuestros pecados, resucitó y reina junto al Padre. Su lugar en el trono nos recuerda quién tiene la autoridad definitiva, aun cuando la oposición parezca dominarlo todo.

Poner los ojos en Jesús se aprende escuchando lo que la Escritura dice de él. Al leer este pasaje, detente en su cruz y en su exaltación. Habla con el Padre sobre lo que te está costando obedecer y pídele ayuda para seguir a su Hijo. Tu ánimo puede variar de un día a otro, la obra de Cristo permanece como fundamento de tu confianza.

Cristo es el centro

Esta carrera no compra el perdón de Dios. Jesús soportó la cruz para salvar a pecadores, nuestra obediencia responde a la gracia recibida. Necesitas el perdón que él ofrece.

Si perteneces a Cristo, vuelve a considerar al que soportó la cruz y está sentado a la diestra de Dios. Deja lo que estorba y continúa la carrera. Puedes pedir al Espíritu Santo que fortalezca tu fe mientras mantienes la mirada en Jesús.

Lectura completa del pasaje

Leer Hebreos 12 en Biblia TRC

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