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«Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor».
Hebreos 12:14 — RV60
Introducción
Ayer se celebró el Día de Todos los Santos, una fecha que lleva a muchas personas a recordar a quienes murieron o son reconocidos por su vida de fe. Pero la Biblia también llama santos a los creyentes que viven y pertenecen a Dios. Por eso, la pregunta «¿Eres santo?» no se refiere solo a cómo serás recordado después de morir. Hebreos 12:14 nos pregunta cómo estás viviendo ahora delante del Señor.
El autor de Hebreos manda a sus lectores que sigan la paz con todos y la santidad. No enseña que podamos ganarnos el cielo con una conducta impecable. Enseña que quienes han recibido la salvación por medio de Cristo son llamados a vivir apartados para Dios. La santidad no es una medalla que se concede después de la muerte, es una vida que Dios forma en los suyos mientras siguen a Cristo.

Contexto
Hebreos 12 anima a los creyentes a perseverar. Les invita a correr con paciencia, mirando a Jesús, y les recuerda que Dios trata a sus hijos con amor, incluso cuando los corrige. En ese contexto aparece el llamado a buscar la paz y la santidad.
“Seguid” expresa una acción continua, no basta con admirar la santidad en otros o hablar de ella. Dios llama a su pueblo a procurar una vida que le agrade. Y el versículo une la santidad con la paz, debemos buscar el bien de los demás, pero nunca hacer las paces con el pecado ni desobedecer a Dios para evitar el rechazo de las personas.
La advertencia “sin la cual nadie verá al Señor” es seria. No significa que alcancemos la salvación por nuestros méritos. Significa que no podemos aferrarnos deliberadamente al pecado y, al mismo tiempo, afirmar que seguimos a Cristo. La santidad no es perfecta en esta vida, pero sí debe ser una dirección real en la vida del creyente.
Si quieres profundizar en cómo Dios usa su Palabra para santificar a su pueblo, puedes leer:

Tres razones para cambiar
I. La santidad se vive ahora
La muerte no es el comienzo de la santidad. Hebreos 12:14 habla a personas que todavía caminaban, luchaban y necesitaban perseverar. Dios las llama a seguir la santidad en su vida diaria.
Ser santo no significa haber alcanzado la perfección ni ser mejor que los demás. Significa pertenecer a Dios y vivir para él. Quien confía en Cristo no usa la gracia como excusa para seguir practicando el pecado, aprende a apartarse de lo que desagrada a Dios y a obedecerle, aun cuando ese cambio sea lento y cueste.
Pregúntate: ¿estoy siguiendo a Cristo en mis decisiones de hoy? Si ves pecado en tu vida, no lo escondas ni lo llames algo sin importancia. Confiésalo al Señor y busca ayuda para abandonarlo.

II. La paz no exige desobedecer a Dios
El pasaje nos manda procurar la paz “con todos”. El creyente no debe alimentar pleitos por orgullo, responder con maldad ni aferrarse al resentimiento. Debe pedir perdón cuando ha pecado y procurar la reconciliación cuando sea posible.
Pero la paz no se consigue aprobando lo que Dios llama pecado. No podemos traicionar la verdad de Dios para que nadie se moleste con nosotros. La santidad enseña a tratar al prójimo con paciencia y amor, mientras permanecemos fieles a Cristo.
Si una relación está rota, puedes dar un paso concreto, reconocer tu parte, pedir perdón si corresponde o acercarte con humildad. El resultado no siempre dependerá de ti, pero sí puedes procurar la paz sin abandonar la obediencia al Señor.

III. Nadie verá al Señor sin santidad
La última parte del versículo no permite tomar la santidad a la ligera. Ver al Señor es la esperanza de quienes pertenecen a Cristo, por eso, Hebreos advierte contra una vida que pretende conservar el pecado sin arrepentimiento.
Esta advertencia no enseña que las buenas obras compren la aceptación de Dios. La salvación es por gracia y se recibe por la fe en Jesucristo. Pero la fe que descansa en Cristo no quiere vivir para siempre bajo el dominio del pecado. Dios perdona al pecador que se vuelve a Cristo y también comienza a transformarlo.
No midas tu vida preguntando si ya eres perfecto. Examina si estás dispuesto a escuchar la Palabra de Dios y seguir a Cristo. Si has caído, no huyas del Señor, vuelve a él. Pero no uses su misericordia para justificar aquello de lo que él te llama a apartarte.

Cristo es el centro
Hebreos 12 nos dirige a Jesús, quien soportó la cruz y abrió el camino para que pecadores se acerquen a Dios. No vemos al Señor porque hayamos reunido méritos suficientes, sino porque Cristo salva y limpia a quienes confían en él.
El mismo Cristo que perdona también transforma. Por eso podemos buscar la santidad sin presumir de nuestros logros y sin desesperar cuando aún luchamos. La pregunta no es solo cómo te recordarán después de morir. La pregunta es si hoy perteneces a Cristo y estás siguiendo al Señor que te llama a una vida santa.
Lectura completa del pasaje
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