🎧 Escucha un breve podcast basado en este devocional (5 min aprox.)
Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia;
Colosenses 3:12 — RV60
Introducción
Cada mañana elegimos qué ropa ponernos. Pablo emplea esa imagen para hablar de la vida cristiana: quienes han recibido una nueva vida en Cristo deben revestirse de virtudes que se vean en su trato con los demás. Colosenses 3:12 no enseña que podemos ganarnos el amor de Dios mediante una conducta amable. Primero afirma quiénes son los creyentes: escogidos, santos y amados por Dios. Después muestra cómo debe reflejarse esa identidad en la vida diaria.
Contexto
En Colosenses 3, Pablo llama a los creyentes a vivir de acuerdo con la nueva vida que tienen en Cristo. Les exhorta a abandonar las prácticas propias de la antigua manera de vivir y a revestirse del nuevo hombre, que Dios va renovando. El versículo 12 presenta la razón y la respuesta: porque Dios los ha escogido, apartado para sí y amado, deben mostrar compasión, bondad, humildad, mansedumbre y paciencia.
Estas cualidades no son un disfraz para aparentar. Tampoco son una escalera para llegar a Dios. Son señales de una vida que Cristo ha hecho nueva. En los versículos que siguen, Pablo explica cómo se expresan en la comunidad: soportándose y perdonándose unos a otros, y viviendo en amor.
La enseñanza continúa en el versículo siguiente, donde Pablo habla de la paz de Cristo y de la vida en un solo cuerpo. Puedes leer esa explicación aquí:
Pablo no comienza con una lista de exigencias, sino con lo que Dios ha hecho: los creyentes son escogidos, santos y amados. «Santos» significa que pertenecen a Dios y han sido apartados para él; no significa que ya sean perfectos o que no necesiten crecer.
Esta identidad es un regalo de la gracia de Dios. No somos aceptados porque hayamos alcanzado una humildad impecable o porque nunca perdamos la paciencia. Dios recibe a pecadores por medio de Jesucristo. Por eso la obediencia cristiana no busca comprar su amor: responde al amor que ya ha mostrado en Cristo.
Pregúntate si estás tratando de vestir tu vida para recibir la aprobación de Dios o si estás aprendiendo a vivir desde la gracia que recibes por la fe en Cristo. Quien aún no confía en Jesús necesita acudir a él, reconocer su pecado y confiar en su muerte y resurrección; no puede salvarse fabricando virtudes por sí mismo.
II. Muestra misericordia y bondad
Pablo menciona primero la compasión profunda y la bondad. La misericordia nos mueve a mirar con ternura a quien necesita ayuda; la bondad se expresa en acciones que buscan su bien. No basta con pensar que debemos tratar bien a los demás: estas virtudes han de manifestarse en palabras, decisiones y hechos.
Eso puede significar escuchar con atención a un hermano que atraviesa una carga, hablar con cuidado a quien ha cometido un error o prestar ayuda concreta cuando está a nuestro alcance. La bondad cristiana no llama bueno a lo que Dios llama pecado ni evita corregir cuando la corrección es necesaria. Busca el bien verdadero del otro y procura hacerlo con compasión.
El propio contexto dirige estas virtudes a la vida compartida: Pablo habla de soportarse y perdonarse. La misericordia no es una idea que guardamos para nosotros; se hace visible en la manera en que tratamos a las personas que Dios ha puesto cerca.
III. Practica humildad, mansedumbre y paciencia
La humildad nos libra de ponernos siempre en el centro y de actuar como si nuestros deseos fueran los únicos importantes. La mansedumbre no es cobardía ni silencio ante la injusticia; es fuerza bajo el dominio de Dios, que nos ayuda a responder sin arrogancia ni agresividad. La paciencia nos enseña a perseverar con otros, especialmente cuando sus debilidades nos incomodan.
Estas virtudes no aparecen de golpe ni sin lucha. El creyente todavía peca y necesita arrepentirse. Por eso, cuando hemos respondido con dureza o impaciencia, debemos reconocerlo ante Dios, pedir perdón a quien hemos herido y procurar reparar el daño. La ropa nueva de la que habla Pablo no es motivo para presumir, sino un llamado a depender de Cristo y crecer en obediencia.
Cristo es el centro
Jesús no nos salva porque nos hayamos revestido de estas virtudes. Él murió por pecadores y resucitó, y Dios recibe por gracia a quienes se arrepienten y confían en él. En Cristo encontramos el perdón que necesitamos y la vida nueva que nos llama a dejar la antigua manera de vivir.
Por eso, la pregunta no es solo qué imagen presentamos ante los demás. Es si estamos confiando en Cristo y si su obra se va haciendo visible en nuestro trato. Quienes han sido amados por Dios pueden aprender a mostrar misericordia, bondad, humildad, mansedumbre y paciencia.
Un recurso para aprender y reflexionar; la puntuación no mide tu fe. Tus respuestas no se envían ni se guardan.
Compártelo
Si conoces a alguien que necesita esta palabra, compártela. Si necesitas ayuda o consejo, puedes contactar con el pastor Jesús Morcillo, quien estará dispuesto a escucharte y orar contigo.