Sobre Jesús García Morcillo

Pastor y ministro de culto en Albacete (España), graduado en Teología por la FTUEBE y miembro del Colegio de Pastores de la UEBE. Prepara, redacta y revisa personalmente los devocionales de Tres Razones para Cambiar para explicar la Biblia, presentar a Jesucristo y aplicar la Palabra de Dios a la vida diaria.

Cómo se elaboran los devocionales · Conoce el ministerio

Jesús García Morcillo, pastor y autor de los devocionales

Autor: Jesús Morcillo

  • ¿Quieres ser testigo?

    ¿Quieres ser testigo?

    🎧 Escucha un breve podcast basado en este devocional (5 min aprox.)

    «Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra».

    Hechos 1:8 — RV60

    Introducción

    ¿Qué significa ser testigo de Cristo? En Hechos 1:8, Jesús resucitado respondió a sus discípulos prometiéndoles el poder del Espíritu Santo para dar testimonio de Él. No los envió a hablar de sus propias ideas, sino a anunciar quién es Jesús y lo que Dios había hecho por medio de su muerte y resurrección.

    La promesa señaló también el alcance de esa misión, empezaría en Jerusalén y llegaría hasta lo último de la tierra. Así avanzaría el evangelio, por el testimonio de los apóstoles, capacitados por el Espíritu Santo, y por la obra de la Iglesia que anuncia a Cristo.

    Portada vertical del devocional ¿Quieres ser testigo? basado en Hechos 1:8.

    Contexto

    Después de resucitar, Jesús estuvo con sus discípulos y les habló del reino de Dios. Ellos le preguntaron si restauraría entonces el reino a Israel. Jesús les respondió que los tiempos pertenecen a la autoridad del Padre. En lugar de darles una fecha, les habló de la tarea que tenían por delante, esperar la venida del Espíritu Santo y ser sus testigos.

    Los apóstoles habían visto al Señor resucitado. Su testimonio tenía un lugar único, anunciaban lo que habían visto y oído de Jesús. A partir de Jerusalén, el libro de Hechos muestra cómo el evangelio cruza fronteras y llega a pueblos distintos. La Iglesia sigue proclamando el mismo Cristo, apoyada en el testimonio apostólico que Dios nos ha dado en las Escrituras.

    La historia de Pablo nos ayuda a ver cómo Cristo llamó a un antiguo perseguidor para anunciar su nombre:

    El Espíritu Santo capacita a la Iglesia para ser testigo de Cristo, Hechos 1:8.

    Tres razones para cambiar

    I. El Espíritu Santo capacita

    ¿Qué significa recibir poder en Hechos 1:8?

    Jesús no les dijo a sus discípulos que dependieran de su valentía, preparación o fuerza de carácter. Les prometió poder cuando viniera sobre ellos el Espíritu Santo. El testimonio de los que siguen a Jesús no nace de la confianza en uno mismo, sino de la obra de Dios.

    Esta promesa se cumplió cuando el Espíritu Santo vino sobre los discípulos. Ellos comenzaron a anunciar con claridad que Jesús, crucificado y resucitado, es el Señor y el Cristo. El Espíritu no hizo que el mensaje dependiera de experiencias personales ni de palabras llamativas, dio testimonio de Cristo por medio de la predicación de los apóstoles.

    Hoy tampoco debemos confundir ser testigo con tener una personalidad atrevida o saber responder a cualquier pregunta. Podemos pedir ayuda, aprender de la Palabra y hablar con sencillez. El poder pertenece al Espíritu Santo, nuestro llamado es ser fieles al mensaje de Cristo.

    El poder para testificar pertenece al Espíritu Santo, no a nuestras fuerzas.

    II. ¿Qué significa ser testigo de Cristo hoy?

    Jesús dijo: «me seréis testigos». El centro no es nuestra historia, nuestra iglesia ni una promesa de que todo irá bien. El centro es Cristo, el Hijo de Dios, que murió por los pecadores y resucitó.

    Los apóstoles dieron testimonio de lo que habían visto. Nosotros no afirmamos haber visto a Jesús resucitado como ellos, recibimos su testimonio en la Escritura y anunciamos al mismo Salvador. Ser testigo de Cristo incluye hablar de su persona y su obra, y vivir de manera coherente con el evangelio. Una vida recta puede confirmar lo que decimos, pero no reemplaza la necesidad de anunciarlo.

    ¿Quieres ser testigo? Entonces no ocultes quién es Cristo ni cambies su mensaje para hacerlo más cómodo. Habla con verdad y amor, Jesús salva a pecadores, llama al arrepentimiento y recibe a quienes confían en Él.

    El testimonio cristiano tiene a Jesucristo como centro.

    III. ¿Tiene que viajar lejos todo creyente para cumplir Hechos 1:8?

    Jesús nombró Jerusalén, Judea, Samaria y “hasta lo último de la tierra”. La misión comenzaba cerca de ellos y no se detenía en sus fronteras. El evangelio debía alcanzar también a personas de otros pueblos.

    Esto no significa que cada creyente tenga que viajar lejos o cumplir la misma función. Significa que la Iglesia entera participa en la misión de dar a conocer a Cristo, algunos salen, otros sostienen, enseñan, oran y sirven y todos están llamados a no avergonzarse del evangelio. En el lugar donde Dios nos ha puesto, podemos hablar de Cristo a familiares, amigos y vecinos, y apoyar la obra de la Iglesia para que otros también lo conozcan.

    No tenemos que inventar un mensaje nuevo. Anunciamos que Jesús murió por nuestros pecados y resucitó, y llamamos a las personas a arrepentirse y creer en Él. El mismo Señor que envió a sus discípulos gobierna la misión de su Iglesia.

    El evangelio de Cristo se anuncia hasta lo último de la tierra.

    Cristo es el centro

    Jesús no solo envió a sus discípulos, Él mismo es el Salvador que ellos anunciaron. Murió en la cruz por pecadores y resucitó al tercer día. La Iglesia no ofrece una esperanza basada en su capacidad, sino en la obra terminada de Cristo.

    Si todavía no has confiado en Jesús, no te conformes con admirar a sus testigos. Ven a Cristo, reconoce tu pecado y cree que Dios levantó a Jesús de entre los muertos. Quien confía en Él recibe perdón y vida eterna. Y quienes ya le pertenecen pueden seguir dando testimonio, sostenidos por el Espíritu Santo y fieles a la Palabra.

    Lectura completa del pasaje

    Leer Hechos 1 en Biblia TRC

    Leer Hechos 1 completo en Biblia TRC

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  • Portada coral «Recibir su perdón», con letras gruesas y cursivas, la promesa «él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados» y 1 Juan 1:9.

    Recibir su perdón

    🎧 Escucha un breve podcast basado en este devocional (5 min aprox.)

    Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.

    1 Juan 1:9 — RV60

    Introducción

    Confesar un pecado es reconocer delante de Dios lo que hemos hecho. Recibir su perdón requiere también creer lo que Él ha prometido. Podemos admitir nuestra falta y seguir preguntándonos si Dios nos recibirá, si nuestras palabras han sido suficientes o si debemos sufrir durante más tiempo antes de acercarnos a Él con confianza.

    1 Juan 1:9 nos enseña que Dios perdona nuestros pecados y nos limpia de toda maldad cuando los confesamos. La seguridad de esta promesa descansa en que Él es fiel y justo. El contexto nos lleva a Jesucristo, cuya sangre nos limpia del pecado. Por eso podemos reconocer nuestra culpa con sinceridad y confiar en el perdón que Dios concede por medio de su Hijo.

    Portada vertical «Recibir su perdón», con la promesa de 1 Juan 1:9, textura coral y logo TRC.

    Contexto

    Juan escribe acerca de la comunión con el Padre y con su Hijo Jesucristo. En 1 Juan 1:5 afirma que Dios es luz y que no hay tinieblas en Él. Tener comunión con Dios implica vivir conforme a esa verdad. Decir que le conocemos mientras defendemos una vida de pecado contradice lo que afirmamos.

    Pero andar en la luz tampoco significa haber alcanzado una vida sin pecado. En los versículos 8 y 10, Juan advierte contra la pretensión de no tener pecado o de no haber pecado. Entre ambas advertencias aparece la promesa del versículo 9. El creyente vive delante de Dios reconociendo su necesidad de perdón, sin esconderse tras una supuesta perfección.

    El comienzo del capítulo 2 mantiene juntas dos enseñanzas: Juan escribe para que sus lectores no pequen y, si alguno peca, les recuerda que tienen a Jesucristo como abogado ante el Padre. Cristo es justo y su sacrificio trata realmente con nuestros pecados. La confesión pertenece a la vida de quienes dependen de Él; cada falta no los obliga a conseguir otra vez la salvación.

    Puedes ampliar la enseñanza sobre la vida que Dios nos da en su Hijo en este devocional:

    Contexto: «Cristo es justo y su sacrificio trata realmente con nuestros pecados», sobre fondo coral. 1 Juan 1:9.

    Tres razones para cambiar

    I. ¿Cómo confesar un pecado con sinceridad?

    ¿Qué significa confesar nuestros pecados según 1 Juan 1:9?

    El versículo comienza con una respuesta concreta: confesar nuestros pecados. Confesar es reconocer que hemos pecado contra Dios y admitir como verdadero lo que su Palabra dice sobre nuestra conducta. Dios ya conoce lo ocurrido. Al confesar, dejamos de negarlo y nos presentamos ante Él con sinceridad.

    Si has mentido, reconoce la mentira. Si has tratado a alguien con desprecio, admite ese desprecio. Una confesión puede ser sencilla y concreta, sin explicaciones que conviertan a los demás en responsables de lo que tú hiciste. También puedes reconocer las circunstancias difíciles que atravesabas, pero esas circunstancias no hacen buena una conducta que Dios llama pecado.

    La confesión sincera va acompañada de disposición a abandonar lo que desagrada al Señor. Si hemos dañado a otra persona, corresponde pedirle perdón y reparar lo que esté en nuestra mano. Esto no compra el perdón de Dios, expresa que estamos tomando en serio el pecado que hemos reconocido.

    Tampoco necesitas recordar cada falta de toda tu vida para encontrar descanso. Juan nos llama a reconocer nuestros pecados, no a confiar en una memoria perfecta. Confiesa aquello que su Palabra te muestra y mantén una disposición humilde para recibir corrección. Puedes hablar con el Padre sin ocultar tu necesidad.

    Razón 1: «Confiesa tus pecados», en tipografía grande sobre fondo coral. 1 Juan 1:9.

    II. ¿Por qué Dios es fiel y justo para perdonar?

    Después de mencionar la confesión, Juan dirige nuestra atención hacia Dios, Él es fiel y justo. Su fidelidad significa que cumple su palabra. Cuando promete perdonar, podemos confiar en Él. La sinceridad de nuestra confesión importa, pero la intensidad de nuestras lágrimas no determina si Dios cumplirá lo que ha dicho.

    ¿Cómo puede Dios perdonar sin pasar por alto su justicia?

    Juan añade que Dios es justo. El contexto explica cómo puede perdonar sin tratar el pecado como algo insignificante, la sangre de Jesús nos limpia, y el Hijo se presenta como nuestro abogado y como el sacrificio por nuestros pecados. En la cruz, Cristo llevó el castigo que merecía su pueblo. El perdón tiene un fundamento real en su obra.

    Cuando confiesas, no estás convenciendo al Padre de que ignore su justicia. Acudes a Él por medio del Salvador que se entregó por ti. Tampoco estás añadiendo con tus palabras un pago que faltaba al sacrificio de Jesús. La confesión reconoce tu necesidad, Cristo es quien ha provisto el perdón.

    Si perteneces a Cristo y has reconocido tu pecado, puedes dar gracias al Padre por su promesa aunque todavía sientas tristeza por lo ocurrido. Los sentimientos pueden tardar en cambiar. La fidelidad de Dios permanece. Recibir su perdón implica aprender a confiar en su palabra también mientras afrontas con responsabilidad las consecuencias de tus actos.

    Razón 2: «Dios es fiel y justo», con letras gruesas y cursivas sobre fondo coral. 1 Juan 1:9.

    III. ¿Qué incluye la promesa de limpiarnos de toda maldad?

    La promesa incluye perdón y limpieza. Dios perdona nuestros pecados y nos limpia de toda maldad. Juan está hablando del pecado que contamina nuestra relación con Dios y de la limpieza que recibimos por medio de Jesucristo. El versículo nos permite acercarnos al Padre confiando en que la obra de su Hijo es suficiente.

    La expresión “toda maldad” impide que reservemos una falta como si estuviera fuera del alcance de esa limpieza. Puede haber pecados que nos avergüencen especialmente o daños que lamentemos durante mucho tiempo. Debemos reconocer su gravedad y atender a lo que podamos reparar, confiando a la vez en que Cristo puede limpiarnos de ellos.

    Esta limpieza no significa que, después de confesar, nunca volveremos a luchar contra el pecado. Juan acaba de rechazar la pretensión de no tenerlo. Tampoco garantiza que desaparezcan los recuerdos o que una relación dañada se recupere inmediatamente. La promesa habla de lo que Dios hace con nuestros pecados, no elimina todas sus consecuencias humanas.

    Recibe esa promesa con agradecimiento y continúa andando en la luz. Si has reconocido una falta, puedes volver a orar, escuchar la Palabra y buscar ayuda en la Iglesia. Si vuelves a caer, confiesa de nuevo y busca la ayuda necesaria para abandonar ese pecado. La fidelidad de Dios sostiene una vida de arrepentimiento y obediencia.

    Razón 3: «Él limpia toda maldad», en letras grandes sobre fondo coral. 1 Juan 1:9.

    Cristo es el centro

    La promesa de 1 Juan 1:9 está unida a Jesucristo. Juan habla de su sangre que limpia y de su defensa ante el Padre. Jesús, el Hijo de Dios, murió por los pecados de su pueblo y resucitó. Podemos confesar porque tenemos un Salvador que ha tratado con nuestra culpa y vive para nosotros.

    Si todavía no has confiado en Cristo, reconoce tu necesidad y acude a Él arrepentido. Esta promesa no es una fórmula que funcione al margen del Hijo. Y si ya le perteneces, presenta al Padre la falta que necesitas confesar y recibe su perdón con gratitud. Puedes reconocer la verdad sobre tu pecado y descansar en la verdad de lo que Dios ha prometido.

    Lectura completa del pasaje

    Leer 1 Juan 1 en Biblia TRC

    Leer 1 Juan 1 completo en Biblia TRC

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    Devocionales relacionados

  • Dios está presente. No temas, porque yo estoy contigo. Isaías 41:10, en letras crema sobre fondo burdeos, con logo TRC.

    Dios está presente

    🎧 Escucha un breve podcast basado en este devocional (5 min aprox.)

    No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia.

    Isaías 41:10 — RV60

    Introducción

    Estar acompañado cambia la manera de afrontar una dificultad. La presencia de alguien que nos quiere puede ayudarnos a atravesar una conversación difícil, una noticia dolorosa o una responsabilidad que nos supera. En Isaías 41:10, Dios habla a su pueblo y le da una razón para no quedar vencido por el temor, él está con ellos y se compromete a fortalecerlos, ayudarlos y sostenerlos.

    La explicación de Isaías 41:10 nos permite conocer mejor al Señor. Dios está presente y cuida de quienes le pertenecen, incluso cuando ellos se sienten débiles. Al leer el versículo, nuestra atención se dirige hacia quien dice “yo estoy contigo” y “yo soy tu Dios”. Su fidelidad es el fundamento del consuelo que ofrece.

    Portada vertical: Dios está presente. No temas, porque yo estoy contigo. Isaías 41:10, sobre fondo burdeos.

    Contexto

    ¿A quién se dirige la promesa de Isaías 41:10?

    Isaías 41:10 enseña que Dios está con su pueblo y se compromete a fortalecerlo, ayudarlo y sostenerlo. En Isaías 41:8-9, Dios identifica a los destinatarios de estas palabras, Israel, su siervo; Jacob, a quien escogió, la descendencia de Abraham. Les recuerda que los ha llamado y que no los ha desechado. El versículo 10 continúa esa declaración de su compromiso con ellos.

    Por tanto, estamos escuchando una promesa dirigida al pueblo con el que Dios había establecido su pacto. Los versículos siguientes hablan de oposición y vuelven a presentar al Señor como quien toma a su pueblo de la mano y lo ayuda. La amenaza es real, y también lo es el cuidado de Dios.

    Para aplicarlo hoy, debemos conservar ese contexto y escuchar lo que el Nuevo Testamento enseña sobre quienes pertenecen a Cristo. La presencia de Dios con su pueblo alcanza nuestra vida por medio del Salvador. El creyente puede recibir este consuelo mientras atraviesa dificultades, sin deducir que cada problema desaparecerá de inmediato.

    Puedes ampliar la enseñanza sobre el auxilio del Señor en «Mi socorro».

    Contexto: La amenaza es real, y también lo es el cuidado de Dios. Isaías 41:10, en letras grandes color crema.

    Tres razones para cambiar

    I. ¿Por qué Dios dice «no temas, porque yo estoy contigo»?

    “No temas, porque yo estoy contigo”. Dios acompaña su mandato con una razón. El pueblo puede afrontar lo que tiene delante porque el Señor está con él. Antes de describir lo que hará, Dios les asegura su presencia.

    Puede resultar difícil recordar esta verdad cuando sentimos miedo. Una noticia puede ocupar nuestros pensamientos durante todo el día, y una preocupación puede acompañarnos incluso cuando estamos rodeados de personas. El Señor conoce esa fragilidad y habla a su pueblo para que escuche quién está con él.

    Si perteneces a Cristo, puedes llevarle a Dios tu temor con sinceridad. Sentirte asustado no demuestra por sí mismo que él te haya abandonado. Tampoco necesitas ocultar tus lágrimas para acudir al Padre. Su palabra te invita a reconocer su presencia en medio de lo que estás viviendo.

    Detente en esa primera promesa. Cuando vuelvas a pensar en aquello que te preocupa, recuerda también al Señor al que perteneces. Puedes explicarle tu necesidad y descansar en que te escucha, aunque todavía no sepas cómo continuará tu situación.

    Razón 1: Dios está contigo. Isaías 41:10, en letras crema sobre fondo burdeos, con logo TRC.

    II. ¿Qué significa «yo soy tu Dios que te esfuerzo»?

    “Yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré”. La expresión “te esfuerzo” significa que Dios da fuerzas a su pueblo. El Señor conoce la debilidad de aquellos a quienes habla y promete ayudarlos.

    Esta ayuda nos permite reconocer nuestros límites sin vergüenza. Quizá tienes que acompañar a un familiar enfermo, afrontar una responsabilidad difícil o continuar afrontando una responsabilidad mientras estás cansado. Puedes pedir a Dios las fuerzas que necesitas para lo que tienes delante, sin exigirte una capacidad que no posees.

    El versículo no describe todos los medios por los que llegará esa ayuda. Al aplicarlo a nuestra vida, podemos recibir con gratitud el consejo, la compañía y el cuidado que Dios nos concede a través de otras personas. Aceptar apoyo es coherente con reconocer que dependemos de él.

    También necesitamos dejar en sus manos la forma de ayudarnos. Podemos pedir una solución concreta y confiar en su sabiduría mientras esperamos. El Señor promete cuidar a los que son suyos, esa confianza nos permite afrontar el día presente sin tener que resolver de antemano todo el futuro.

    Razón 2: Dios te fortalece. Isaías 41:10, en tipografía grande sobre fondo burdeos.

    III. Dios te sostiene

    ¿Qué significa «siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia»?

    “Siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia”. Sustentar es sostener, dar apoyo. La referencia a la mano derecha expresa el poder con el que Dios actúa. Quien promete sostener a su pueblo tiene autoridad y capacidad para cumplir su palabra.

    La seguridad de estas palabras está en el compromiso del Señor. Israel había oído que Dios lo había escogido y no lo había desechado. Ahora escucha que él lo sostendrá. Su cuidado permanece porque Dios es fiel a lo que ha dicho.

    El Nuevo Testamento nos muestra también a Jesús resucitado asegurando su presencia a los discípulos que envía a hacer discípulos de todas las naciones:

    Y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.

    Mateo 28:20 — RV60, fragmento final

    Jesús vincula esa promesa con la misión que les encomienda. Sus discípulos tendrán que enseñar, obedecer y llevar el evangelio a otros, y contarán con la presencia de su Señor. La Iglesia puede continuar esa tarea confiando en Cristo, también cuando encuentra oposición o reconoce su debilidad.

    Si eres suyo, recibe con gratitud este cuidado. Puedes necesitar compañía y seguir sintiendo temor mientras aprendes a confiar. El Señor sostiene a personas que necesitan ayuda, y su fidelidad te permite acudir a él una vez más.

    Razón 3: Dios te sostiene. Mateo 28:20, en letras crema sobre fondo burdeos, con logo TRC.

    Cristo es el centro

    Isaías 41:10 fue dirigido a Israel. Para comprender cómo podemos disfrutar hoy de una relación con Dios, necesitamos mirar a Jesucristo. El Hijo vino a nosotros, murió por nuestros pecados y resucitó. Por medio de él somos reconciliados con el Padre y recibidos por gracia.

    Si todavía no confías en Jesús, acércate a él. La invitación es a conocer al Salvador y recibir su perdón. En él encontramos el camino para acercarnos a Dios como hijos.

    Y si ya perteneces a Cristo, escucha este consuelo sin exigirte sentirlo todo con la misma intensidad cada día. Puedes acudir al Padre con tu miedo y tu cansancio. El Señor resucitado cuida de su Iglesia y ha prometido acompañarla. Su presencia te permite continuar confiando hoy.

    Lectura completa del pasaje

    Leer Isaías 41 en Biblia TRC

    Leer Isaias 41 completo en Biblia TRC

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  • ¿Quieres ser hecho nuevo? — 2 Corintios 5:17, en letras amarillas sobre hojas verde azulado; portada horizontal TRC.

    ¿Quieres ser hecho nuevo?

    🎧 Escucha un breve podcast basado en este devocional (5 min aprox.)

    “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.”

    2 Corintios 5:17 — RV60

    Introducción

    Puedes cambiar de casa, de trabajo o de costumbres y seguir llevando contigo el mismo orgullo, la misma culpa y la misma manera de tratar a los demás. Quizá has prometido muchas veces empezar de nuevo. Pero cuando vuelven las dificultades, descubres que necesitas algo más profundo que otra oportunidad para intentarlo.

    En 2 Corintios 5:17, Pablo afirma que quien está en Cristo es una nueva criatura. No dice que toda persona que desea cambiar ya haya sido hecha nueva, ni que baste con proponérselo. Habla de lo que Dios hace en quienes pertenecen a su Hijo. Si estás cansado de repetir el mismo error, 2 Corintios 5:17 te dirige a la vida nueva en Cristo. Él puede perdonarte y transformar tu corazón. Y si ya eres creyente, este texto te llama a vivir conforme a lo que dices ser, porque ya no te perteneces a ti mismo, perteneces al Señor que murió y resucitó por ti.

    Portada: ¿Quieres ser hecho nuevo? — 2 Corintios 5:17, sobre hojas verde azulado con el logo TRC.

    Contexto

    Pablo escribe a la iglesia de Corinto y explica cómo el amor de Cristo cambia la manera de vivir. En los versículos anteriores enseña que Cristo murió por los suyos para que dejen de vivir para sí mismos y vivan para Él. Después de afirmar que quien está en Cristo es una nueva criatura, explica que esta obra procede de Dios, quien nos reconcilió consigo por medio de su Hijo.

    ¿Qué significa ser una nueva criatura en Cristo?

    Por tanto, ser hecho nuevo no consiste simplemente en sentirse mejor ni en dejar atrás una mala etapa. Significa haber recibido de Dios una vida que tiene a Cristo como Señor. Cambia nuestra relación con Dios y comienza a cambiar lo que amamos, lo que buscamos y cómo respondemos a su Palabra.

    Esto no significa que desaparezcan todos los recuerdos, las consecuencias de las malas decisiones o la lucha contra el pecado. El creyente sigue necesitando arrepentirse y crecer. Pero ya no está en la misma situación, ha sido reconciliado con Dios y el Espíritu Santo obra en él para que obedezca a Cristo.

    Puedes ampliar esta enseñanza en el siguiente devocional:

    No por obras de justicia sino por su misericordia en Tito 3:5

    Contexto: el amor de Cristo cambia la manera de vivir — 2 Corintios 5:17, en amarillo sobre hojas oscuras.

    Tres razones para cambiar

    1. ¿Por qué cambiar hábitos no equivale a ser una nueva criatura?

    “Porque nosotros también éramos en otro tiempo insensatos, rebeldes, extraviados, esclavos de concupiscencias y deleites diversos, viviendo en malicia y envidia, aborrecibles, y aborreciéndonos unos a otros.”

    Tito 3:3 — RV60

    Pablo se incluye en esta descripción. No habla como alguien que siempre fue mejor que los demás, sino como un pecador al que Dios mostró misericordia. El problema del ser humano alcanza sus deseos, sus decisiones y sus relaciones. Por eso, cambiar únicamente lo que otros ven puede dejar intacto lo que gobierna el corazón.

    Quizá quieres dejar de discutir, pero sigues decidido a tener siempre la razón. Quieres recuperar la confianza de alguien, pero todavía justificas tus mentiras. Quieres tranquilidad, pero no abandonar el pecado que te inquieta. Necesitas reconocer ante Dios tanto lo que haces como aquello que deseas y defiendes.

    No uses “yo soy así” para excusar lo que Cristo te llama a abandonar. Acércate a Dios con sinceridad. Él conoce tu pecado, y su misericordia te permite confesarlo sin fingir que eres mejor de lo que eres.

    Razón 1: Reconoce lo que gobierna tu corazón — Tito 3:3, en letras amarillas sobre hojas verde azulado.

    2. Arrepiéntete y cree en Cristo

    “diciendo: El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en el evangelio.”

    Marcos 1:15 — RV60

    ¿Qué significa arrepentirse y creer en el evangelio?

    Jesús llama al arrepentimiento y a la fe. Arrepentirse implica reconocer el pecado y volverse a Dios; creer en el evangelio es confiar en Cristo y en lo que Él ha hecho para salvarnos. Esa respuesta no compra una vida nueva: depende de la gracia de Dios.

    La pregunta “¿Quieres ser hecho nuevo?” debe llevarte a algo más que desear que desaparezcan las consecuencias de tus actos. ¿Estás dispuesto a reconocer tu pecado y acudir a Cristo? No esperes a conseguir una vida limpia para acercarte a Él. Ven reconociendo que necesitas su perdón y su ayuda.

    Si ya estás en Cristo, responde con obediencia concreta. Confiesa la mentira que has mantenido, pide perdón a quien has herido o abandona aquello que alimenta tu pecado. Hazlo confiando en el Señor y buscando ayuda cuando la necesites. La vida nueva que Dios da comienza a verse en decisiones reales, aunque el crecimiento sea gradual.

    Razón 2: Arrepiéntete y cree en Cristo — Marcos 1:15, en amarillo sobre hojas verde azulado.

    3. ¿Qué pasa con mi pasado cuando pertenezco a Cristo?

    “Cuando Cristo, vuestra vida, se manifieste, entonces vosotros también seréis manifestados con él en gloria.”

    Colosenses 3:4 — RV60

    La esperanza del creyente descansa en Cristo. Pablo lo llama “vuestra vida” y anuncia que los suyos participarán de su gloria cuando Él se manifieste. Lo que Dios ha comenzado no termina en una mejora pasajera, nos conduce a estar con nuestro Salvador.

    Si perteneces a Cristo, tu pasado no es la última palabra sobre ti. Puede haber daños que debas reparar y consecuencias que tengas que afrontar, pero no necesitas vivir creyendo que el perdón de Dios es insuficiente. Tampoco debes concluir, por cada caída, que volver a obedecer carece de sentido. Confiesa tu pecado y vuelve al Señor.

    La esperanza en Cristo sostiene la perseverancia. Puedes seguir luchando contra el pecado porque tu Salvador vive y porque el futuro de los suyos está unido a Él. Esa seguridad te anima a obedecer hoy y a esperar el día en que estarás libre de pecado en su presencia.

    Razón 3: Descansa en la vida que tienes en Él — Colosenses 3:4, en amarillo sobre hojas oscuras.

    Cristo es el centro

    La vida nueva tiene su fundamento en la muerte y la resurrección de Jesús. Él cargó con el pecado de su pueblo y resucitó. Dios nos reconcilia consigo por medio de su Hijo, y el Espíritu Santo nos da vida y obra en nosotros. Por eso, ser hecho nuevo no depende de demostrar que puedes arreglarte solo.

    Si todavía no has confiado en Cristo, arrepiéntete y cree en Él. Si ya le perteneces, no te conformes con conservar hábitos que contradicen su Palabra. Su gracia te recibe, te corrige y te enseña a vivir para Él. ¿Quieres ser hecho nuevo? Acude a Cristo, en Él hay perdón, vida y una razón firme para seguir cambiando.

    Lectura completa del pasaje

    Leer 2 Corintios 5 en Biblia TRC

    Leer 2 Corintios 5 completo en Biblia TRC

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    Devocionales relacionados

    1. El pecado que no pesa
    1. Cuando el evangelio revela el corazón
    1. Dios te guarda en Cristo

  • Comodidad en la iglesia, Juan 6:60, en letras azul marino sobre fondo lavanda con figuras geométricas de colores.

    Comodidad en la iglesia

    🎧 Escucha un breve podcast basado en este devocional (5 min aprox.)

    “Al oírlas, muchos de sus discípulos dijeron: Dura es esta palabra; ¿quién la puede oír?”

    Juan 6:60 — RV60

    Introducción

    Un domingo escuchas que todo irá bien. El siguiente, que vas a alcanzar tus sueños. Después, que debes creer más en ti y no dejar que nadie apague tus promesas. Los mensajes cambian de título, pero siempre producen lo mismo, todos salen animados y dicen amén a todo, pero nadie escucha una llamada clara al arrepentimiento. Conviene preguntarse qué está ofreciendo esa predicación y qué partes de la Biblia está dejando fuera.

    Juan 6:60 presenta una reacción muy diferente ante las palabras de Jesús, muchos de sus discípulos dijeron que su enseñanza era dura. El peligro de una predicación motivacional que no confronta el pecado se hace evidente al considerar Juan 6:60. Jesús anunciaba la verdad acerca de sí mismo y de nuestra necesidad de recibir vida de Él, aunque sus palabras provocaran rechazo. Una iglesia debe tener cuidado cuando agradar a todos se convierte en el criterio que decide qué se predica y qué se calla.

    Portada: Comodidad en la iglesia. Juan 6:60, con tipografía azul marino y figuras geométricas sobre fondo lavanda.

    Contexto

    ¿Por qué los discípulos dijeron «Dura es esta palabra»?

    En Juan 6, Jesús alimenta a una multitud y después se presenta como el pan de vida. Los que habían recibido alimento necesitaban comprender que su mayor necesidad era la vida eterna que solo el Hijo podía dar. Jesús anuncia su entrega por la vida del mundo y enseña que venir a Él depende de la acción del Padre. Su mensaje confrontaba las expectativas de quienes buscaban sus beneficios sin creer verdaderamente en Él.

    Muchos de sus discípulos consideraron difícil de aceptar aquella enseñanza. El relato muestra su murmuración, la incredulidad de algunos y, finalmente, el abandono de muchos. Jesús conocía esa reacción y mantuvo la verdad de lo que enseñaba. Su fidelidad al Padre tenía prioridad sobre la aprobación de la multitud.

    Este pasaje no es un sermón genérico sobre comportarse mejor, su centro es la persona de Jesús y la necesidad de creer en Él. Precisamente por eso ofrece un contraste importante. Una predicación que sigue a Cristo debe explicar fielmente lo que Él enseña, incluso cuando contradice las expectativas de sus oyentes. El problema aparece cuando se selecciona el contenido para que la congregación siempre se sienta bien y nunca tenga que enfrentarse a la verdad acerca de su pecado.

    Puedes ampliar esta enseñanza en el siguiente devocional:

    Nos ha acercado

    Contexto: Su fidelidad al Padre tenía prioridad sobre la aprobación de la multitud. Juan 6:60.

    Tres razones para cambiar

    I. El ánimo puede ocultar el pecado

    Una enseñanza puede hablar de esperanza, oportunidades y superación mientras guarda silencio sobre la culpa delante de Dios. Puede utilizar versículos y mencionar a Jesús, pero presentar al Señor únicamente como quien ayuda a lograr nuestros deseos. Cuando eso ocurre de manera habitual, la congregación recibe una tranquilidad que la enseñanza bíblica no ha justificado.

    “Y curan la herida de mi pueblo con liviandad, diciendo: Paz, paz; y no hay paz.”

    Jeremías 6:14 — RV60

    Jeremías denuncia a quienes anunciaban paz mientras el pueblo permanecía en una situación que requería arrepentimiento. Trataban superficialmente una herida grave. Esa advertencia nos ayuda a reconocer el peligro de asegurar bienestar sin explicar el pecado, el juicio de Dios y la necesidad de reconciliación con Él.

    Si desde el púlpito nunca se llama pecado a lo que Dios llama pecado, si nunca se anuncia la necesidad de arrepentirse y si toda aplicación termina en una promesa de éxito y de bien, hay razones para examinar esa enseñanza. Una persona puede salir muy animada y seguir sin comprender que necesita a Cristo como Salvador. La impresión agradable que deja un mensaje no demuestra que haya anunciado fielmente el evangelio.

    Razón 1: El ánimo puede ocultar el pecado. Jeremías 6:14.

    II. La iglesia necesita toda la Palabra

    ¿Cómo reconocer una predicación fiel a la Biblia?

    Los pastores tienen la responsabilidad de explicar la Escritura con fidelidad. Eso incluye enseñar el amor de Dios, su santidad, su juicio, el perdón en Cristo y la vida de obediencia a la que llama a su pueblo. Cuando se omiten continuamente las verdades que podrían incomodar, la congregación recibe una enseñanza incompleta y una imagen deformada de Dios.

    “porque no he rehuido anunciaros todo el consejo de Dios.”

    Hechos 20:27 — RV60

    Pablo podía decir esto a los ancianos de Éfeso porque su ministerio había anunciado lo que necesitaban conocer. La tarea pastoral exige valor para tratar los asuntos que el texto presenta y amor para hacerlo buscando el bien de las personas. El predicador debe dejar que la Escritura gobierne su mensaje, en lugar de recortarla para asegurar una respuesta favorable.

    Una iglesia necesita examinar lo que se enseña de manera habitual. ¿Se explica el pasaje en su contexto? ¿Se anuncia quién es Cristo y qué hizo para salvarnos? ¿Se habla del arrepentimiento, la fe y la santidad? ¿Se corrigen ideas y conductas que contradicen la Biblia? Estas preguntas ayudan a distinguir una predicación fiel de una sucesión de discursos agradables con referencias bíblicas por aquí y por allá.

    El tono también debe corresponder al cuidado pastoral. Confrontar bíblicamente exige claridad, paciencia y amor. La fidelidad se reconoce por lo que se enseña y por su correspondencia con la Escritura, no por los gritos, las humillaciones o la capacidad de provocar malestar.

    Razón 2: La iglesia necesita toda la Palabra. Hechos 20:27.

    III. La gracia ofrece salvación verdadera

    La iglesia no tiene que elegir entre predicar con fidelidad y ofrecer esperanza. El evangelio contiene un consuelo mucho mayor que una promesa de que las circunstancias mejorarán. Anuncia que Jesucristo salva a pecadores, perdona su culpa y les concede una nueva vida. Para comprender la grandeza de esa gracia, necesitamos conocer la necesidad de la que nos rescata.

    “Porque la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres,”

    Tito 2:11 — RV60

    En los versículos siguientes, Pablo explica que esa misma gracia nos enseña a renunciar a la impiedad y a vivir para Dios. El perdón y la santidad pertenecen al mismo mensaje. La gracia alcanza a personas de toda condición y las llama a confiar en Cristo y a vivir bajo su gobierno.

    Una predicación fiel puede llevarnos a reconocer con dolor nuestro pecado y, en el mismo mensaje, mostrarnos la suficiencia del Salvador. Puede advertir al que está endurecido y consolar al que viene arrepentido. Su fruto se ve cuando Cristo es conocido, el evangelio es creído y la congregación aprende a obedecer al Señor.

    Razón 3: La gracia ofrece salvación verdadera. Tito 2:11.

    Cristo es el centro

    Jesús vino a salvar a pecadores. En Juan 6 se presenta como el pan de vida y anuncia su entrega por el mundo. En la cruz llevó el juicio que nuestro pecado merece, resucitó y ofrece vida eterna a quienes creen en Él. Una predicación que reduce su obra a ayudarnos a sentirnos mejor deja fuera nuestra necesidad de perdón y la grandeza de su salvación.

    La cruz nos permite hablar con claridad del pecado y con esperanza del perdón. Allí vemos cuánto costó nuestra reconciliación con Dios. Cristo recibe al pecador arrepentido, y el Espíritu Santo obra para que crea la Palabra y aprenda a vivir conforme a ella. Esta es la esperanza que la iglesia necesita escuchar y anunciar.

    Ten cuidado con una predicación que, domingo tras domingo, solo promete bienestar y evita cualquier verdad que pueda incomodar. Examina su contenido a la luz de la Escritura. Busca que Cristo sea anunciado fielmente, que el pecado sea tratado con seriedad y que la gracia de Dios se presente en toda su riqueza. La iglesia necesita una predicación que la ayude a conocer al Señor, confiar en Él y vivir para su gloria.

    Lectura completa del pasaje

    Puedes leer el capítulo completo aquí:

    Leer Juan 6 en Biblia TRC

    Leer Juan 6 completo en Biblia TRC

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    Si necesitas ayuda o consejo, puedes contactar con el pastor Jesús Morcillo, quien estará dispuesto a escucharte y orar contigo.

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