Sobre Jesús García Morcillo

Pastor y ministro de culto en Albacete (España), graduado en Teología por la FTUEBE y miembro del Colegio de Pastores de la UEBE. Prepara, redacta y revisa personalmente los devocionales de Tres Razones para Cambiar para explicar la Biblia, presentar a Jesucristo y aplicar la Palabra de Dios a la vida diaria.

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Jesús García Morcillo, pastor y autor de los devocionales

Autor: Jesús Morcillo

  • No te alejes sin hablar

    No te alejes sin hablar

    🎧 Escucha un breve podcast basado en este devocional (5 min aprox.)

    “Por tanto, si tu hermano peca contra ti, ve y repréndele estando tú y él solos; si te oyere, has ganado a tu hermano.”

    Mateo 18:15

    INTRODUCCIÓN

    Hay heridas que no se resuelven con una discusión. La persona ofendida deja de explicar, se distancia y continúa tratando bien al otro, pero ya ha decidido que no habrá vuelta atrás. Parece más fácil desaparecer que hablar otra vez; sin embargo, Jesús nos muestra un camino distinto.

    Mateo 18:15 enseña cómo afrontar una ofensa sin alejarse en silencio, habla con tu hermano en amor y busca restaurarlo por la gracia de Cristo y su perdón. El Señor no nos manda negar el daño, justificar el pecado ni sostener una relación falsa. Nos llama a buscar la verdad con el deseo de ganar al hermano, no de vencerlo.

    CONTEXTO

    Jesús pronunció estas palabras mientras enseñaba a sus discípulos cómo debían vivir unos con otros. En Mateo 18 habla de la humildad, del cuidado de quien tropieza y del amor del pastor que busca a la oveja perdida. Por eso, cuando un hermano peca contra nosotros, el primer paso no es comentarlo con otros ni guardar resentimiento: es ir a hablar con él.

    El propósito de esa conversación es precioso: “si te oyere, has ganado a tu hermano”. Cristo no quiere que el pecado destruya la comunión ni que el orgullo cierre la puerta a la reconciliación. Este mandato se refiere a las ofensas entre hermanos; nunca obliga a una persona a exponerse de nuevo a violencia, amenazas o abuso. En esos casos, la protección y la búsqueda de ayuda son necesarias.

    Puedes ampliar esta enseñanza en el siguiente devocional:

    Restaurar al que ha caído

    TRES RAZONES PARA CAMBIAR

    I. Porque el silencio también puede esconder orgullo

    “¿De dónde vienen las guerras y los pleitos entre vosotros? ¿No es de vuestras pasiones, las cuales combaten en vuestros miembros?”

    Santiago 4:1

    Cuando alguien nos falla, podemos sufrir de verdad. Pero también debemos preguntarnos qué está ocurriendo en nuestro propio corazón. A veces no hablamos porque queremos que la otra persona adivine nuestro dolor; otras veces, porque no queremos escuchar una explicación ni reconocer nuestra parte.

    Santiago nos recuerda que los conflictos revelan deseos que luchan dentro de nosotros. Queremos tener razón, controlar la situación o proteger nuestro orgullo. El pecado del otro no nos autoriza a responder con frialdad. Cristo nos llama a llevar la herida delante de Dios y a no usar el silencio como una forma de castigo.

    II. Porque la verdad debe decirse con amor

    “Sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo.”

    Efesios 4:15

    Jesús dice: “Ve”. No dice: “Haz como si nada hubiera pasado”. Tampoco dice: “Cuéntalo a todos”. Hablar con la persona es difícil, pero es el camino de la obediencia. Debemos hacerlo con palabras claras, sin exagerar, sin humillar y sin buscar una pelea.

    Decir la verdad en amor significa explicar la falta con respeto y escuchar con humildad. Puede que descubramos un malentendido; puede que el otro reconozca su pecado; puede que nosotros mismos necesitemos pedir perdón. El propósito no es ganar una discusión, sino que Cristo gobierne de nuevo la relación.

    III. Porque Cristo nos perdonó para que vivamos de otra manera

    “Quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados.”

    1 Pedro 2:24

    En la cruz vemos que el pecado es serio. Cristo tuvo que cargar con nuestra culpa para salvarnos. Pero también vemos que su misericordia es mayor que nuestro pecado. Él no se alejó de nosotros cuando vivíamos rebeldes contra Dios; vino a buscarnos y dio su vida para perdonarnos.

    Esto no significa que toda relación será restaurada de inmediato. Puede que la otra persona no escuche, no se arrepienta o no quiera cambiar. Pero quien ha sido perdonado por Cristo puede obedecer sin guardar rencor. Puede hablar con verdad, poner límites cuando sea necesario y dejar el resultado en las manos del Señor.

    CRISTO ES EL CENTRO

    Jesús vino a buscar a pecadores que no podían volver por sí mismos a Dios. Él nos mostró nuestro pecado, llevó nuestra culpa en la cruz y resucitó para darnos una vida nueva. Su perdón no nos hace débiles; nos libera del orgullo, de la venganza y de la necesidad de hacer pagar al otro.

    LECTURA COMPLETA DEL PASAJE

    Leer Mateo 18 en Biblia TRC

    Leer Mateo 18 completo en Biblia TRC

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    Tres razones para cambiar

    DEVOCIONALES RELACIONADOS

  • No a mi manera

    No a mi manera

    🎧 Escucha un breve podcast basado en este devocional (5 min aprox.)

    “Mi Padre me ha confiado todo. Nadie conoce verdaderamente al Hijo excepto el Padre, y nadie conoce verdaderamente al Padre excepto el Hijo y aquellos a quienes el Hijo decide revelarlo”.

    Mateo 11:27

    Decir «yo creo en Dios a mi manera» puede parecer una declaración sincera de libertad, pero también puede ocultar el deseo de creer sin rendirnos ante el Señor. Queremos un dios que nos consuele, pero que no confronte nuestros pecados, que escuche nuestras peticiones, pero que no gobierne nuestras decisiones. Así terminamos imaginando a Dios como deseamos que sea, en lugar de conocerlo como Él se ha revelado.

    Mateo 11:27 responde a esta confusión espiritual: no conocemos verdaderamente a Dios a nuestra manera, sino por medio de Cristo. Jesús afirma que solamente el Hijo conoce al Padre y puede revelarlo. El conocimiento de Dios no comienza con nuestras emociones, opiniones o esfuerzos religiosos, sino con la gracia del Padre que nos muestra quién es su Hijo. El problema que aborda este pasaje es nuestra autonomía, queremos encontrar paz sin reconocer que estamos perdidos y necesitamos que Cristo nos abra los ojos. La respuesta bíblica a la confusión espiritual es abandonar nuestras propias ideas, escuchar la Palabra de Dios y venir con fe a Jesucristo.

    Contexto

    Mateo 11 muestra una reacción sorprendente ante el ministerio de Jesús. Las ciudades habían contemplado sus milagros y escuchado su enseñanza, pero muchas no se arrepintieron. Al mismo tiempo, quienes se consideraban sabios y entendidos rechazaban aquello que el Padre estaba revelando por medio de su Hijo.

    Jesús alaba al Padre porque ha escondido estas cosas de quienes confían orgullosamente en su propio entendimiento y las ha revelado a quienes se acercan con la dependencia de un niño. No se trata de despreciar el conocimiento, sino de confrontar la autosuficiencia del corazón. Nadie alcanza el conocimiento de Dios ascendiendo mediante su inteligencia, religiosidad o sensibilidad. Es Dios quien toma la iniciativa y se da a conocer.

    Mateo 11:27 enseña además que Cristo no es solamente un guía dentro de nuestra búsqueda. Él es el Hijo eterno, el único que conoce plenamente al Padre y puede revelarlo. Por eso, no todas las maneras de creer conducen a Dios. La fe verdadera recibe a Jesucristo como el Padre lo ha presentado y se somete a su Palabra.

    Puedes ampliar esta enseñanza en el siguiente devocional:

    Tres razones para cambiar

    I. Porque el corazón cambia la verdad de Dios por una mentira

    “Cambiaron la verdad acerca de Dios por una mentira. Y así rindieron culto y sirvieron a las cosas que Dios creó pero no al Creador mismo, ¡quien es digno de eterna alabanza! Amén”.

    Romanos 1:25

    La idolatría no consiste únicamente en arrodillarnos delante de una imagen. También aparece cuando conservamos el nombre de Dios, pero cambiamos su carácter, su voluntad o el camino que Él ha establecido para acercarnos a su presencia.

    El corazón afectado por el pecado quiere recibir las bendiciones de Dios sin someterse a su gobierno. Quiere consuelo sin arrepentimiento, esperanza sin obediencia y salvación sin la cruz. Por eso, creer «a mi manera» no es una forma inocente de espiritualidad. Es colocar nuestro criterio por encima de la Palabra de Dios.

    Nuestras emociones tampoco pueden determinar quién es Dios. Si creemos que Dios solamente está cerca cuando lo sentimos, convertimos la fe en una experiencia que intentamos controlar. Sin embargo, Dios continúa siendo fiel cuando nuestro ánimo cambia, cuando no entendemos lo que sucede o cuando atravesamos un tiempo de silencio.

    II. Porque Dios nos llama a arrepentirnos y volvernos a Él

    “En la antigüedad Dios pasó por alto la ignorancia de la gente acerca de estas cosas, pero ahora él manda que todo el mundo en todas partes se arrepienta de sus pecados y vuelva a él”.

    Hechos 17:30

    Dios no está escondido esperando que inventemos la manera correcta de encontrarlo. Somos nosotros quienes, como Adán después de pecar, nos hemos alejado de nuestro Creador. Por eso, buscar al Señor significa abandonar nuestra rebelión, volvernos a Él y recibir lo que nos ha revelado.

    El arrepentimiento comienza cuando dejamos de defender nuestra manera de vivir y reconocemos que Dios tiene razón. No consiste únicamente en sentir pesar, sino en cambiar de dirección. Es abandonar las ideas falsas que hemos construido sobre Dios y someternos a lo que Él dice en su Palabra.

    Esta vuelta al Señor no se realiza mediante nuestros méritos. El Espíritu Santo abre nuestros ojos, nos muestra nuestro pecado y nos lleva a confiar en Cristo. La fe deja de decir «Dios debe adaptarse a mí» y comienza a orar: «Señor, enséñame a vivir conforme a tu voluntad».

    III. Porque Cristo nos da acceso verdadero al Padre

    “Ahora todos podemos tener acceso al Padre por medio del mismo Espíritu Santo gracias a lo que Cristo hizo por nosotros”.

    Efesios 2:18

    El evangelio no anuncia que nosotros hemos conseguido encontrar a Dios. Anuncia que Dios vino a buscarnos. El Hijo eterno se hizo hombre, vivió en perfecta obediencia, recibió en la cruz el castigo de su pueblo y resucitó venciendo al pecado y a la muerte.

    Gracias a lo que Cristo hizo, quienes confían en Él tienen acceso al Padre por medio del Espíritu Santo. Ya no necesitan fabricar una espiritualidad propia ni vivir dependiendo de sus emociones. Su comunión con Dios descansa sobre una obra terminada y una promesa firme.

    Jesús no solamente revela quién es el Padre; también reconcilia con el Padre a quienes estaban lejos. En Él encontramos perdón, adopción y descanso. Esta seguridad no depende de cómo amanecemos ni de la intensidad de nuestra fe, sino de la fidelidad del Salvador en quien hemos creído.

    Cristo es el centro

    Nuestro problema no se resuelve añadiendo a Jesús a una espiritualidad construida a nuestra medida. Necesitamos abandonar el trono desde el que pretendemos decidir quién es Dios y rendirnos ante Cristo como Señor.

    Jesús conoce perfectamente al Padre porque es el Hijo eterno. Él no vino simplemente para ofrecernos consejos sobre cómo vivir mejor. Vino a buscarnos cuando estábamos perdidos, a cargar con nuestros pecados y a reconciliarnos con Dios. En la cruz vemos tanto la gravedad de nuestra rebelión como la grandeza del amor de Dios. Allí Cristo recibió la condenación que merecíamos para llevarnos al Padre.

    El mismo Señor que reclama el gobierno de nuestra vida es quien entregó su vida por nosotros. Su yugo no nos destruye, sino que pone en orden aquello que el pecado había desordenado. Él llama a quienes están cansados de sostener apariencias, controlar su vida y buscar descanso lejos de Dios.

    Venir a Cristo significa presentarnos como somos, culpables, cansados y necesitados. Significa creer que su sacrificio es suficiente, recibir su perdón y aprender a vivir bajo su Palabra. Ya no se trata de decir «creo en Dios a mi manera», sino de confesar: «Señor Jesús, quiero conocerte como te has revelado y vivir bajo tu voluntad».

    Lectura completa del pasaje

    Leer Mateo 11 en Biblia TRC

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  • Restaurar al que ha caído

    Restaurar al que ha caído

    🎧 Escucha un breve podcast basado en este devocional (5 min aprox.)

    “Hermanos, si alguno fuere sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restauradle con espíritu de mansedumbre, considerándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado.”

    Gálatas 6:1

    Cuando alguien cae en pecado, la Iglesia no recibe permiso para comentarlo, agrandarlo ni convertir su dolor en una lección para los demás. Recibe una responsabilidad, buscar su restauración. Gálatas 6:1 nos recuerda que el pecado es serio, también el pecado sexual, no debe cubrirse con excusas ni justificarse. Pero la respuesta de quienes aman al Señor tampoco puede ser la dureza que exige más allá al hermano que se arrepiente.

    La pregunta de Gálatas 6:1, cómo restaurar al hermano que ha pecado con mansedumbre, nos lleva a mirar a Cristo y a examinar nuestro propio corazón. El arrepentido necesita verdad, acompañamiento, límites sabios y oración. Y quienes le ayudan necesitan humildad, porque ninguno se sostiene a sí mismo delante de Dios.

    Contexto

    Gálatas 6 continúa la enseñanza de Pablo acerca de andar en el Espíritu. Después de hablar de las obras de la carne y del fruto del Espíritu, el apóstol muestra cómo debe actuar la Iglesia cuando un hermano cae. No dice que el pecado no importa, dice que el creyente maduro debe restaurar.

    Restaurar significa procurar que aquello que se ha dañado vuelva a estar en el lugar correcto. No es ocultar el pecado ni fingir que no ocurrió. Es confrontar con verdad, llamar al arrepentimiento y acompañar para que vuelva a andar en obediencia a Cristo. La mansedumbre no rebaja la santidad de Dios, expresa el carácter de Cristo al tratar con un pecador que confiesa su pecado.

    Puedes ampliar la seriedad del pecado y la necesidad de no acostumbrarse a él en este devocional:

    El pecado que no pesa

    Tres razones para cambiar

    I. Porque quien corrige también debe vigilar su propio corazón

    Es fácil pensar que la caída de otro nos coloca por encima de él. Podemos hablar con indignación, exigir una reacción inmediata o creer que jamás caeríamos en lo mismo. Pero Pablo ordena: “considerándote a ti mismo”. El pecado ajeno debe producir dolor, no orgullo, compasión, no superioridad.

    “Así que, el que piensa estar firme, mire que no caiga.”

    1 Corintios 10:12

    El creyente que restaura no mira desde lejos. Recuerda que depende cada día de la gracia de Dios, que su corazón también puede ser engañado y que Cristo es quien le sostiene. Esta humildad no debilita la corrección, la hace más fiel, más limpia y más semejante a la manera en que el Señor trata a los suyos.

    II. Porque la corrección bíblica busca ganar al hermano

    La Iglesia no debe guardar silencio ante el pecado, pero tampoco debe empezar por la exposición innecesaria. Cristo enseña un camino de amor, verdad y cuidado. Cuando es posible, el asunto debe tratarse directamente con la persona, buscando que escuche, confiese y se aparte de su error.

    “Por tanto, si tu hermano peca contra ti, ve y repréndele estando tú y él solos; si te oyere, has ganado a tu hermano.”

    Mateo 18:15

    Puede haber situaciones que requieran la intervención de los ancianos y una disciplina conforme a la Palabra de Dios. La Iglesia no protege el pecado ni elimina las consecuencias necesarias. Pero nunca debe confundir la disciplina bíblica con el deseo de avergonzar. El objetivo es ganar al hermano, no mostrar el poder de quienes corrigen.

    III. Porque Cristo abre camino de perdón y restauración

    El hermano que se arrepiente no necesita que la Iglesia le recuerde constantemente su caída como si Cristo no hubiera muerto por ese pecado. Necesita aprender a caminar en santidad, reparar lo que deba reparar y recibir el cuidado de hermanos maduros. Cuando el arrepentimiento es verdadero, la Iglesia debe acompañar ese proceso sin alimentar la desesperación.

    “Así que, al contrario, vosotros más bien debéis perdonarle y consolarle, para que no sea consumido de demasiada tristeza. Por lo cual os ruego que confirméis el amor para con él.”

    2 Corintios 2:7-8

    Perdonar y consolar no significa negar la gravedad de lo ocurrido. Significa reconocer que Cristo es suficiente para perdonar al pecador que viene a Él. La restauración puede requerir tiempo, consejo y frutos visibles de arrepentimiento, pero el hermano no debe ser abandonado cuando más necesita que la Iglesia le recuerde el evangelio.

    Cristo es el centro

    Jesucristo no trató el pecado como algo pequeño. Él murió en la cruz porque nuestro pecado merece el juicio santo de Dios. Allí llevó la culpa de su pueblo y derramó su sangre para perdonar, limpiar y santificar a quienes creen en Él. Por eso, el creyente no tiene libertad para continuar en pecado; Cristo le llama a confesarlo, apartarse y obedecerle.

    Pero Cristo tampoco quebranta al que viene a Él arrepentido. Él recibe al pecador, lo perdona y le da una nueva vida. La Iglesia debe sostener esa misma verdad, firme contra el pecado, humilde al corregir y llena de esperanza para quien se vuelve al Señor. Nadie es restaurado por la presión de los hombres, sino por la gracia de Cristo obrando mediante su Palabra y el cuidado fiel de su Iglesia.

    Lectura completa del pasaje

    Leer Gálatas 6 en Biblia TRC

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    1. ¿Pretendes arrancar lo sembrado?
    2. Lucha con el pecado, cómo mantener limpio el camino según Salmo 119:9
    3. Culpa y pecado, cómo recibir perdón según Hechos 10:43
  • Deja de esconder tu pecado y recibe misericordia

    Deja de esconder tu pecado y recibe misericordia

    🎧 Escucha un breve podcast basado en este devocional (5 min aprox.)

    “El que encubre sus pecados no prosperará;
    Mas el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia.”

    Proverbios 28:13

    Introducción

    Hay manchas que intentamos ocultar deprisa antes de que alguien las vea, pero el pecado no desaparece porque lo cubramos con excusas, silencio o buenas apariencias. Podemos justificar una palabra dura, minimizar una falta repetida o señalar los errores ajenos para no reconocer los nuestros; sin embargo, Dios conoce el corazón por completo.

    Proverbios 28:13 nos muestra cómo dejar de ocultar el pecado, debemos confesarlo y apartarnos de él para recibir misericordia. El problema no es solamente haber fallado, sino pretender seguir adelante sin acudir al Señor con verdad. Dios no llama al pecador arrepentido a comprar su perdón ni a castigarse para merecerlo. Cristo aseguró esa misericordia con su muerte en la cruz; por eso podemos dejar de escondernos y volver a Dios.

    Contexto

    El libro de Proverbios presenta la sabiduría que procede del temor del Señor y que se ve en una vida recta. Este versículo expone dos caminos. Uno es encubrir el pecado, negarlo, disfrazarlo, culpar a otros o vivir como si no tuviera importancia. Ese camino no prosperará, porque nadie puede ocultar su pecado delante de Dios.

    El otro camino comienza con una confesión sincera y continúa con apartarse del mal. Confesar no es pronunciar unas palabras sin cambio alguno; es reconocer delante de Dios que hemos pecado contra Él y abandonar aquello que le ofende. La promesa es maravillosa: “alcanzará misericordia”. No porque el arrepentimiento gane el favor de Dios, sino porque el Señor recibe al que viene a Él con un corazón humillado y confiado en Cristo.

    Puedes ampliar esta enseñanza en el siguiente devocional:

    Lucha con el pecado, cómo mantener limpio el camino según Salmo 119:9

    Tres razones para cambiar

    I. Porque el pecado nace en el corazón

    Muchas veces tratamos el pecado como si fuera solo un problema de circunstancias, una reacción causada por el cansancio, una mentira provocada por el miedo o una decisión impura que atribuimos a la presión del momento. Las circunstancias pueden revelar nuestra debilidad, pero no son la raíz de nuestro pecado. Jesús enseñó que el mal sale del corazón.

    “Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen los malos pensamientos, los adulterios, las fornicaciones, los homicidios, los hurtos, las avaricias, las maldades, el engaño, la lascivia, la envidia, la maledicencia, la soberbia, la insensatez. Todas estas maldades de dentro salen, y contaminan al hombre.”

    Marcos 7:21-23

    El pecado se fortalece cuando lo encubrimos. Mientras nos defendemos, no buscamos ayuda; mientras culpamos, no nos arrepentimos. Dios no descubre nuestro pecado para humillarnos sin esperanza, sino para llevarnos a la verdad y a la necesidad de Cristo.

    II. Porque Dios manda arrepentirnos y volver a Él

    Proverbios 28:13 no enseña una tristeza superficial, sino una vuelta real al Señor. Confesar implica dejar de llamar bueno a lo que Dios llama malo. Apartarse implica tomar decisiones concretas, pedir perdón, cortar con aquello que alimenta la caída, buscar consejo y obedecer la Palabra de Dios.

    “Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio.”

    Hechos 3:19

    El arrepentimiento no es esconderse de Dios, sino regresar a Él. No esperes a sentirte suficientemente digno para orar. Ve al Señor tal como estás, reconoce tu pecado sin reservas y pídele que te ayude a abandonar aquello que le desagrada.

    III. Porque Cristo recibe a pecadores arrepentidos

    La misericordia prometida en Proverbios no es una idea vaga ni un alivio momentáneo para la conciencia. Tiene un nombre: Jesucristo. Él vino al mundo para salvar a pecadores. En Él hay perdón verdadero, limpieza de la culpa y una vida nueva para quienes creen.

    “Palabra fiel y digna de ser recibida por todos: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero.”

    1 Timoteo 1:15

    El creyente no se apoya en la calidad de su confesión, sino en la obra perfecta de Cristo. Y quien ha recibido misericordia no usa la gracia como excusa para continuar en el pecado. La gracia de Dios le mueve a luchar, a obedecer y a levantarse de nuevo cuando ha caído.

    Cristo es el centro

    Jesús no vino a encubrir el pecado, sino a cargar con él en la cruz. Allí recibió el castigo que merecían nuestros pecados para que todo aquel que cree en Él pueda ser perdonado y reconciliado con Dios. Él conoce incluso aquello que nadie más conoce de nosotros y, aun así, llama al pecador a venir a Él.

    Si has estado ocultando un pecado, no sigas huyendo. Confiesa la verdad al Señor. Si has caído repetidamente, no concluyas que no hay esperanza para ti. Cristo es poderoso para perdonar, restaurar y sostener a los que acuden a Él con fe. Su misericordia no hace pequeño el pecado, muestra cuán grande es su amor y cuán suficiente es su sacrificio.

    Lectura completa del pasaje

    Leer Proverbios 28 en Biblia TRC

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    2. Lágrimas de cocodrilo
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  • El bien que Dios busca en su pueblo

    El bien que Dios busca en su pueblo

    🎧 Escucha un breve podcast basado en este devocional (5 min aprox.)

    “¡Hagan lo bueno y no lo malo, para que vivan! Entonces el Señor Dios de los Ejércitos Celestiales será su ayudador, así como ustedes han afirmado.”

    Amós 5:14

    Es posible indignarnos ante la injusticia cuando nos afecta directamente y, al mismo tiempo, mirar hacia otro lado cuando perjudica a otro. Una palabra injusta en la familia, una necesidad ignorada, una ventaja obtenida a costa de alguien más débil o una verdad que no defendemos por no complicarnos revelan algo importante, el bien que Dios manda buscar no es una idea bonita, sino una manera concreta de vivir.

    Amós 5:14 llama a un pueblo religioso a buscar el bien y rechazar el mal. Israel afirmaba que el Señor estaba con ellos, pero sus decisiones desmentían sus palabras. Esta es la cuestión que plantea el texto: ¿se nota nuestra fe en la forma en que tratamos a las personas, usamos lo que tenemos y respondemos ante el mal? Dios no busca una religión de reuniones y palabras correctas, sino un pueblo que le honre también cuando nadie le aplaude.

    Contexto

    Amós predicó en un tiempo de abundancia para Israel. Había actividad religiosa, celebraciones y sacrificios, pero también había abuso, corrupción y desprecio por los pobres. Más adelante, en este mismo capítulo, Dios rechaza una adoración que no va acompañada de justicia. El Señor no estaba pidiendo a Israel una emoción religiosa más intensa, sino una vida que correspondiera a lo que decía creer.

    Por eso Amós 5:14 une dos cosas que no pueden separarse: buscar a Dios y buscar el bien. Quien conoce al Señor no puede usar su nombre para justificar su indiferencia. La fe verdadera llega a la casa, al trabajo, a la conversación, y a la manera en que tratamos al que no puede devolvernos nada.

    Puedes ampliar esta enseñanza en el siguiente devocional:
    https://tresrazonesparacambiar.com/darlo-todo-sin-amar-de-verdad/

    I. Una fe que no ve al prójimo tiene un problema

    Podemos hablar de Dios con seguridad y, sin embargo, pasar de largo ante una necesidad evidente. No siempre es falta de recursos; muchas veces es falta de amor. Nos resulta más cómodo ofrecer palabras rápidas que implicarnos, escuchar que atender o prometer que actuar.

    “Supongamos que ven a un hermano o una hermana que no tiene qué comer ni con qué vestirse, y ustedes le dicen: «Adiós, que tengas un buen día; abrígate mucho y aliméntate bien», pero no le dan ni alimento ni ropa. ¿Para qué les sirve?”

    Santiago 2:15-16

    Amós no permite que usemos nuestra confesión de fe como refugio frente a esta pregunta. Si afirmamos que Dios está con nosotros, debemos preguntarnos si su carácter se ve en nuestras decisiones. No se trata de ganar prestigio ayudando a otros, sino de dejar de vivir centrados en nosotros mismos.

    II. Buscar el bien exige decisiones humildes

    El bien no lo definimos nosotros según nuestras preferencias. Dios ya ha hablado. Buscar el bien implica actuar rectamente, amar la misericordia y caminar humildemente con Él. A veces será defender al que no tiene voz, otras veces, reconocer que hemos tratado mal a alguien y pedir perdón. También puede significar compartir, escuchar con paciencia o renunciar a una ventaja que perjudica a otro.

    “No, oh pueblo, el Señor te ha dicho lo que es bueno, y lo que él exige de ti: que hagas lo que es correcto, que ames la misericordia y que camines humildemente con tu Dios.”

    Miqueas 6:8

    No podemos arreglar todos los males del mundo, pero sí podemos obedecer a Dios en el lugar donde Él nos ha puesto. El Señor no nos llama a discursos vacíos sobre la justicia, sino a una obediencia humilde y visible.

    III. Cristo forma un pueblo dispuesto a hacer el bien

    La esperanza del creyente no descansa en su capacidad de ser siempre justo, generoso o valiente. Descansa en Cristo. Él murió para perdonar nuestro pecado, incluso nuestra dureza e indiferencia, y resucitó para hacernos nuevas criaturas. La salvación no se compra con buenas obras, pero la gracia que salva siempre produce una vida nueva.

    “Pues somos la obra maestra de Dios. Él nos creó de nuevo en Cristo Jesús, a fin de que hagamos las cosas buenas que preparó para nosotros tiempo atrás.”

    Efesios 2:10

    Dios no solo nos muestra lo que está mal, en Cristo nos da una nueva identidad y un nuevo propósito. La Iglesia no debe limitarse a decir que Dios está con ella. Debe mostrar, con humildad y verdad, que pertenece a Aquel que vino a servir y a dar su vida por muchos.

    Cristo es el centro

    Jesús no miró hacia otro lado ante nuestra necesidad. Vio nuestra culpa, nuestra ruina y nuestra incapacidad para salvarnos, y vino a buscarnos. En la cruz llevó el castigo que merecían nuestros pecados. Su amor no fue una frase religiosa, sino una entrega real.

    Por eso, cuando Amós nos llama a buscar el bien, no nos deja bajo una carga imposible. Nos lleva a Cristo. Él perdona nuestra falta de amor, corrige nuestra indiferencia y, por su Espíritu Santo, nos enseña a vivir como su pueblo.

    Lectura completa del pasaje


    https://tresrazonesparacambiar.com/biblia/amos/5/

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