Sobre Jesús García Morcillo

Pastor y ministro de culto en Albacete (España), graduado en Teología por la FTUEBE y miembro del Colegio de Pastores de la UEBE. Prepara, redacta y revisa personalmente los devocionales de Tres Razones para Cambiar para explicar la Biblia, presentar a Jesucristo y aplicar la Palabra de Dios a la vida diaria.

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Jesús García Morcillo, pastor y autor de los devocionales

Autor: Jesús Morcillo

  • ¿Das fruto?

    ¿Das fruto?

    🎧 Escucha un breve podcast basado en este devocional (5 min aprox.)

    «Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer».

    Juan 15:5 — RV60

    Jesús compara su relación con sus discípulos con una vid y sus ramas. La rama no tiene vida independiente de la planta, recibe de ella lo necesario para dar fruto. Así enseña Juan 15:5 que el creyente solo puede llevar fruto espiritual permaneciendo unido a Cristo. La pregunta ¿Das fruto? no nos llama a presumir de nuestros logros ni a medirnos por una vida sin fallos. Nos invita a considerar si nuestra vida depende de Jesús y muestra el resultado de esa relación.

    La imagen aparece en las palabras de despedida de Jesús a sus discípulos, antes de su muerte. Él es la vid verdadera, el Padre cuida la viña, y los discípulos son las ramas. Para comprender mejor la enseñanza de Jesús sobre permanecer en Él, puedes leer también:

    Tres razones para cambiar

    I. ¿Qué significa permanecer en Cristo para dar fruto?

    Jesús no dice que la rama produce fruto gracias a su propio esfuerzo. Dice que lo lleva cuando permanece en la vid. La vida cristiana no consiste en intentar agradar a Dios separados de Cristo, sino en confiar en Él, recibir su Palabra y obedecerle. Jesús lo afirma con claridad: “separados de mí nada podéis hacer”.

    Esto no significa que el creyente no tenga que actuar. En los versículos siguientes, Jesús habla de permanecer en sus palabras, pedir conforme a su voluntad y guardar sus mandamientos. Pero obedecer no compra la salvación. Es fruto de la vida que Cristo da. Por eso, cuando examinamos nuestro carácter, nuestras decisiones y nuestro trato a los demás, no buscamos motivos para sentirnos superiores, necesitamos acudir de nuevo a Cristo y depender de Él.

    II. ¿Qué significa que el Padre poda las ramas?

    Jesús dice que el Padre limpia las ramas que ya dan fruto para que den más. La poda no es abandono, el Padre trabaja en sus hijos para que crezcan en obediencia. En el contexto, permanecer en Cristo incluye recibir su palabra y dejar que corrija nuestra vida.

    La corrección puede mostrarnos una actitud, una palabra o un hábito que debemos abandonar. Cuando la Palabra de Dios nos confronta, no tenemos que justificar lo que está mal ni desesperar como si el Padre nos hubiera rechazado. Podemos confesar nuestro pecado, recibir la corrección y obedecer. El fruto crece mientras el Padre obra en quienes pertenecen a Cristo.

    III. ¿Qué es el fruto que glorifica al Padre?

    Jesús explica que el Padre es glorificado cuando sus discípulos llevan mucho fruto y demuestran ser sus discípulos. El fruto no es una apariencia religiosa ni una colección de éxitos. Es una vida que, por la obra de Cristo, aprende a obedecerle y a amar como Él manda.

    Más adelante, Jesús habla de un fruto que permanece y recuerda a sus discípulos que Él los escogió y los puso para que lo llevaran. Esto guarda al que sigue a Jesús de dos errores: creer que el fruto nos salva, o pensar que da igual cómo vivimos. Somos salvos por gracia mediante la fe en Cristo, la vida transformada da testimonio de que dependemos de Él.

    Cristo es el centro

    Jesús no solo enseña acerca de la vid, Él es la vid de quien reciben vida sus discípulos. En la cruz entregó su vida por pecadores y resucitó. Nadie puede producir por sí mismo la vida que Dios demanda, necesitamos a Cristo. Si aún no confías en Él, arrepiéntete de tu pecado y cree en el Hijo de Dios. Si ya eres suyo, permanece en su Palabra y pídele ayuda para obedecerle. El fruto no te hace merecedor de Cristo, muestra la vida que recibes de Él.

    Lectura completa del pasaje

    Lee Juan 15 en Biblia TRC

    Leer Juan 15 completo en Biblia TRC

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  • Ver para creer

    Ver para creer

    🎧 Escucha un breve podcast basado en este devocional (5 min aprox.)

    «Entonces Jesús le dijo: Si no viereis señales y prodigios, no creeréis.»
    Juan 4:48 — RV60

    Introducción

    Un padre llega a Jesús con una petición urgente, su hijo está enfermo y puede morir. Jesús le responde: “Si no viereis señales y prodigios, no creeréis”. La frase puede parecer una reprensión dirigida solamente a aquel hombre, pero el verbo está en plural. En el contexto, Jesús también confronta a quienes le recibían porque habían visto las obras que hizo en Jerusalén.

    Juan 4:48 nos hace pensar en una fe que condiciona la confianza a lo que puede ver. Sin embargo, el relato no enseña que toda petición de ayuda revele incredulidad ni que los milagros carezcan de valor. Nos muestra que las señales deben llevarnos a Jesús y que su palabra merece confianza antes de que veamos el resultado.

    PORTADA: Ver para creer; cita de Juan 4:48 sobre formas abstractas azul y oro.

    Contexto

    Jesús había vuelto de Judea a Galilea y se encontraba en Caná, donde había convertido el agua en vino. Un oficial del rey, cuyo hijo estaba enfermo en Capernaúm, oyó que Jesús había llegado y fue a buscarlo. Le rogó que descendiera a sanar a su hijo antes de que muriera.

    ¿A quién se dirigió Jesús en Juan 4:48?

    Juan señala que muchos galileos recibieron a Jesús porque habían visto lo que hizo en Jerusalén. Entonces Jesús pronunció la advertencia del versículo 48. El plural nos ayuda a no convertirla en una acusación simplista contra el padre. Jesús pone al descubierto una manera de acercarse a Él que exige primero una demostración visible.

    El padre insiste: “Señor, desciende antes que mi hijo muera”. Jesús no baja con él; le dice: “Ve, tu hijo vive”. El hombre se marcha creyendo la palabra de Jesús. Durante el camino, sus siervos le anuncian que el niño vive y, al preguntar cuándo comenzó a mejorar, comprueba que fue a la misma hora en que Jesús habló. El relato termina diciendo que él creyó, junto con toda su casa.

    CONTEXTO: Juan 4:48, con el título sobre formas abstractas azul y oro.

    Tres razones para cambiar

    I. Jesús descubre la fe que exige señales

    Jesús no dice que toda señal sea inútil. En el Evangelio de Juan, las señales dan testimonio de quién es Él. El problema aparece cuando una persona exige ver algo extraordinario antes de estar dispuesta a creer lo que Jesús dice. Entonces la señal deja de apuntar al Señor y se convierte en una condición que nosotros le imponemos.

    El padre pide que Jesús vaya hasta su casa. Su petición nace de una situación dolorosa y el texto no nos autoriza a tratar su angustia como pecado. Pero Jesús aprovecha ese encuentro para hablar también a la gente que le rodea. La fe no consiste en pedir a Dios que cumpla nuestras condiciones para después decidir si confiaremos en Él. Nos llama a recibir a Jesús tal como se revela en su palabra.

    RAZÓN 1: Jesús descubre la fe que exige señales, Juan 4:48, sobre formas abstractas azul y oro.

    II. La palabra de Jesús puede recibirse antes de ver

    Jesús no acompaña al oficial ni le ofrece una demostración en el camino. Le dice: “Ve, tu hijo vive”. El padre vuelve a casa sin haber visto todavía a su hijo sano. Juan destaca su respuesta, creyó la palabra que Jesús le había dicho y se fue.

    ¿Qué enseña el oficial sobre creer antes de ver?

    Creer no significa cerrar los ojos a la realidad ni convencerse de que todo saldrá como uno desea. El hombre no sabía cómo terminaría el viaje, descansó en lo que Jesús le había dicho. La palabra del Señor es digna de confianza porque procede de quien tiene autoridad y no miente. Por eso, cuando aún no vemos el resultado de una obediencia, podemos seguir haciendo lo que Cristo manda y dejando en sus manos aquello que no controlamos.

    Para ampliar esta enseñanza, lee el devocional sobre la palabra de Cristo:

    RAZÓN 2: La palabra de Jesús puede recibirse antes de ver, Juan 4:48, en azul y oro.

    III. Las señales muestran quién es Jesús

    Los siervos encuentran al oficial y le comunican que su hijo vive. Al comprobar la hora, él reconoce que la sanidad ocurrió cuando Jesús pronunció esas palabras. El milagro confirma la autoridad de Cristo y conduce a su familia a creer. Juan lo llama la segunda señal que Jesús hizo al volver de Judea a Galilea.

    El relato no convierte la sanidad de aquel niño en una promesa de que todo enfermo será sanado ahora. Sí nos muestra quién es Jesús, el Hijo que tiene autoridad para dar vida y cuya palabra es verdadera. Juan 20:29-31 recoge otra palabra de Jesús a Tomás: “Bienaventurados los que no vieron, y creyeron”, y explica que las señales fueron escritas para que creamos que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y tengamos vida en su nombre. Las señales no terminan en el asombro, nos dirigen a confiar en Cristo.

    RAZÓN 3: Las señales muestran quién es Jesús, Juan 4:48, sobre formas abstractas azul y oro.

    ¿El oficial de Juan 4 es el centurión que pidió sanar a su criado?

    Los relatos deben distinguirse. Juan 4:46-54 habla de un oficial del rey cuyo hijo estaba enfermo en Capernaúm; el hombre fue a buscar a Jesús en Caná. Mateo 8:5-13 relata la petición de un centurión por su criado. Ambos muestran la autoridad de la palabra de Jesús, pero sus diferencias no permiten presentar sin explicación a los dos hombres como una misma persona. Juan no da el nombre del oficial.

    Cristo es el centro

    Nosotros no vimos a Jesús sanar al hijo del oficial ni le hemos visto con nuestros ojos. Hemos recibido el testimonio de los apóstoles acerca del Hijo de Dios, que murió por pecadores y resucitó. No tenemos que inventar una experiencia para acercarnos a Él, podemos arrepentirnos de nuestro pecado y confiar en Cristo, cuya palabra permanece y cuya obra salva.

    Si ya confías en Jesús, no midas su fidelidad únicamente por lo que puedes comprobar hoy. Sigue atendiendo a su palabra. Y si todavía no has creído, no esperes a imponerle una prueba a Dios, escucha el testimonio de Cristo y ven a Él creyendo, aunque aún no veas las señales, tan solo por quién es Él.

    Lectura completa del pasaje

    Leer Juan 4 en Biblia TRC

    Leer Juan 4 completo en Biblia TRC

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  • Poder, amor y dominio propio

    Poder, amor y dominio propio

    🎧 Escucha un breve podcast basado en este devocional (5 min aprox.)

    «Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio.»

    2 Timoteo 1:7 — RV60

    Introducción

    2 Timoteo 1:7 no es una frase de autoayuda, como tantas que circulan por las redes sociales, ni promete que el que espera en el Señor nunca sentirá temor. Pablo recuerda a Timoteo que Dios no lo dejó sometido a la cobardía, le dio su Espíritu, que capacita para servir con poder, amor y dominio propio. En el contexto, el joven pastor debía guardar fielmente el evangelio y no avergonzarse del testimonio de Cristo, aunque anunciarlo trajera sufrimiento. Este pasaje nos llama a no esconder a Cristo y a no confundir la valentía cristiana con tener una personalidad fuerte.

    Pablo escribe desde la prisión y anima a Timoteo a reavivar el don que había recibido. No le pide que dependa de su temperamento ni que finja ser invulnerable. Le recuerda quién lo sostiene y qué clase de vida produce el Espíritu Santo. El poder de Dios no elimina toda oposición, da fuerzas para permanecer fieles a Cristo en medio de ella.

    Portada vertical «Poder, amor y dominio propio» (2 Timoteo 1:7), en tipografía granate sobre papel marfil.

    Contexto

    ¿Qué significa 2 Timoteo 1:7?

    En los versículos anteriores, Pablo recuerda la fe sincera de Timoteo y la obra de Dios en su vida. Le dice que avive el don recibido, y enseguida explica por qué puede hacerlo. Dios no le ha dado un espíritu de cobardía, sino de poder, amor y dominio propio. El versículo siguiente concreta la situación, no debe avergonzarse del testimonio del Señor ni de Pablo, preso por causa de Cristo, sino participar de los sufrimientos por el evangelio según el poder de Dios.

    Por tanto, Pablo no está prometiendo una vida sin miedo, conflictos o sufrimiento. Está exhortando a Timoteo a no retroceder ante el evangelio. Y tampoco le manda producir ese valor por sí mismo. Dios lo salva y lo llama por gracia, gracia que se manifestó en Jesucristo, quien venció la muerte y sacó a luz la vida por medio del evangelio. El Espíritu Santo sostiene a los creyentes para servir a Cristo con fidelidad.

    Contexto de 2 Timoteo 1:7: Pablo exhorta a Timoteo a no retroceder ante el evangelio.

    Tres razones para cambiar

    I. Dios nos da poder para servir a Cristo

    El poder del que habla Pablo no es una capacidad para imponer nuestra voluntad ni una garantía de que todo saldrá como deseamos. En el contexto, es el poder de Dios para no avergonzarse del evangelio y perseverar en su servicio, incluso cuando hacerlo cuesta. Timoteo debía anunciar a Cristo, cuidar la enseñanza recibida y atender a la Iglesia. No tenía que cumplir esa responsabilidad confiando en su fuerza personal.

    Nosotros tampoco necesitamos fingir seguridad o esperar a sentirnos invencibles para obedecer. Podemos pedir ayuda, prepararnos en la Palabra y hablar de Cristo con humildad y claridad. El Espíritu Santo no nos promete que todos responderán bien, nos capacita para ser fieles a Jesús, también cuando encontramos oposición.

    Razón 1: Dios nos da poder para servir a Cristo (2 Timoteo 1:7).

    II. El poder de Dios nos enseña a amar

    Pablo une el poder con el amor. El servicio cristiano no se apoya en la dureza, el afán de imponerse ni el deseo de quedar por encima de los demás. Dios capacita a sus siervos para anunciar la verdad buscando el bien de las personas. El amor no oculta el evangelio para evitar una conversación incómoda, pero tampoco usa la verdad para humillar o herir por orgullo.

    Este amor se ve en la manera de hablar, escuchar, corregir y acompañar. Cuando servimos en la Iglesia o damos testimonio de Cristo, debemos preguntarnos si buscamos que otros conozcan la gracia de Dios o simplemente defender nuestra propia imagen. El Espíritu Santo forma en nosotros un amor que permanece fiel a la verdad y trata al prójimo con paciencia y respeto.

    Razón 2: el poder de Dios nos enseña a amar (2 Timoteo 1:7).

    III. El Espíritu nos forma para vivir con dominio propio

    El dominio propio es una vida ordenada y sobria delante de Dios. No significa que nunca sintamos temor o que siempre sepamos qué hacer. Significa que no dejamos que el miedo, la ira o el impulso gobiernen nuestras palabras y decisiones. En los versículos siguientes, Pablo llama a Timoteo a conservar la sana enseñanza y guardar lo que se le confió por el Espíritu Santo. La valentía cristiana camina junto con la fidelidad y la prudencia.

    Por eso, antes de responder bajo presión, podemos detenernos, recordar lo que Dios ha dicho y pedir sabiduría. Si hemos pecado, debemos reconocerlo, si nos falta conocimiento, podemos aprender; y si sufrimos por hacer lo correcto, podemos buscar el apoyo de la Iglesia y seguir confiando en Cristo. El dominio propio no es autosuficiencia, es fruto de la obra de Dios en quienes dependen de Él.

    Razón 3: el Espíritu nos forma para vivir con dominio propio (2 Timoteo 1:7).

    ¿Qué es el dominio propio según la Biblia?

    En 2 Timoteo 1:7, el dominio propio acompaña al poder y al amor que capacitan para servir fielmente. Supone actuar con sobriedad y prudencia, sin dejar que el impulso decida por nosotros. El versículo siguiente relaciona esa fortaleza con no avergonzarse del evangelio y perseverar incluso cuando hay sufrimiento.

    ¿Tener dominio propio significa reprimir todas las emociones?

    No exige fingir que no sentimos nada. Podemos reconocer el temor o la tristeza y, a la vez, aprender a responder con verdad y amor. Una aplicación concreta es detenerse antes de contestar con ira, escuchar y elegir palabras que no humillen. El propósito es una conducta fiel, no una apariencia de invulnerabilidad.

    Cristo es el centro

    Pablo no dirige a Timoteo hacia una versión más fuerte de sí mismo, sino hacia la gracia de Dios manifestada en Jesucristo. Dios salva y llama por su propósito y su gracia; Cristo venció la muerte y trajo vida por medio del evangelio. Por eso Pablo puede sufrir sin avergonzarse. Sabe en quién ha creído y confía en que Cristo guardará lo que le ha encomendado.

    El poder, el amor y el dominio propio no compran la salvación ni nos hacen merecedores del favor de Dios. Son parte de la obra del Espíritu en quienes han sido salvados por gracia. Si todavía no confías en Cristo, el evangelio te llama a arrepentirte y creer en Él, que murió por los pecadores y resucitó. Si ya le perteneces, no escondas su nombre, sirve con el poder que Dios da, ama a las personas y guarda con fidelidad el evangelio recibido.

    Puedes leer también cómo Cristo llamó a Pablo a llevar su nombre aun en medio del sufrimiento.

    Lectura completa del pasaje

    Leer 2 Timoteo 1 en Biblia TRC

    Leer 2 Timoteo 1 completo en Biblia TRC

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  • Solamente a corazones quebrantados

    Solamente a corazones quebrantados

    🎧 Escucha un breve podcast basado en este devocional (5 min aprox.)

    Cercano está el Señor a los quebrantados de corazón;
    Y salva a los contritos de espíritu.

    Salmos 34:18 — RV60 

    Introducción

    El salmista no presenta a un Dios que se aleja cuando una persona ya no puede sostenerse. Salmos 34:18 declara que el Señor está cerca de los quebrantados de corazón y salva a los contritos de espíritu. Esta palabra consuela a quien atraviesa una pérdida, una injusticia o una aflicción que le ha dejado sin fuerzas. También llama a quien reconoce su pecado y deja de justificarse delante de Dios.

    El quebranto del versículo no es una emoción que obligue a Dios a actuar, ni la tristeza compra su favor. La palabra “contrito” describe a quien ha sido humillado y reconoce su necesidad del Señor. El título “Solamente a corazones quebrantados” señala el consuelo especial que Dios ofrece al afligido y al humilde, no enseña que el Señor rechace al que todavía no sabe cómo acercarse a Él. La invitación del pasaje es acudir a Dios con sinceridad.

    Portada vertical de Solamente a corazones quebrantados, Salmos 34:18, con tipografía marrón sobre papel crema.

    Contexto

    El Salmo 34 alaba al Señor porque oye y libra a quienes claman a Él. En los versículos 17 y 18, el justo clama, el Señor escucha y está cerca del corazón quebrantado. A continuación, el salmo reconoce que el justo padece muchas aflicciones. Así, “estar cerca” no significa que el creyente nunca sufrirá, ni que cada problema se resolverá enseguida. Significa que el Señor no abandona a los suyos, oye su clamor y los salva.

    La cercanía de Dios no convierte todo dolor en culpa. Algunas heridas nacen de nuestros pecados, otras, de la maldad de otras personas o de las pruebas propias de vivir en un mundo caído. El pasaje no nos autoriza a acusar al afligido. Nos enseña a llevar el dolor y la culpa, cada uno según corresponda, delante del Dios que escucha y salva.

    Si estás pensando en cómo acudir a Dios con una carga que te pesa, puedes leer también “Demasiada carga”

    El Señor no abandona a los suyos, oye su clamor y los salva. Salmos 34:18.

    Tres razones para cambiar

    I. ¿Qué significa que Dios está cerca del corazón quebrantado?

    El versículo anterior dice que los justos claman y el Señor los oye. Después afirma que el Señor está cerca de los quebrantados de corazón. La cercanía de Dios no es una idea vacía, el salmista ha visto que el Señor escucha a quienes claman a Él y acude en su ayuda.

    Quizá hoy te cueste poner en palabras lo que te ocurre. No tienes que fingir fortaleza para hablar con Dios. Puedes presentarte delante de Él con tu dolor, pedir ayuda y buscar también el acompañamiento de otros creyentes. Si la aflicción viene de un pecado tuyo, no la escondas ni la excuses, confiésala al Señor y busca reparar el daño cuando sea posible. Si el daño te lo han hecho otros, puedes pedir protección, justicia y consuelo sin cargar con una culpa que no te corresponde.

    Dios conoce la diferencia entre quien sufre y quien hace sufrir. Su cercanía consuela al que está abatido, y su santidad no llama bueno a lo malo.

    Dios oye el clamor del afligido. Salmos 34:17–18.

    II. ¿Qué significa tener un espíritu contrito?

    Salmos 34:18 no dice solamente que Dios comprende el dolor, dice que salva a los contritos de espíritu. El contrito reconoce que no puede rescatarse a sí mismo. Cuando se trata del pecado, deja de defenderlo y vuelve al Señor con arrepentimiento. Cuando está atravesando una aflicción, reconoce su dependencia de Dios y clama por su ayuda.

    No hay que fabricar una tristeza intensa para merecer que Dios nos escuche. Tampoco basta con sentirse mal por las consecuencias de una decisión. La contrición verdadera toma en serio lo que Dios llama pecado y se vuelve a Él. El Señor salva por su gracia, no recibimos su favor como pago por nuestras lágrimas, méritos o esfuerzos.

    Por eso este versículo consuela al creyente que, arrepentido, vuelve a Dios y llama al que aún vive lejos de Él. No escondas tu pecado ni esperes a arreglarte antes de acudir al Señor. Ven a Cristo con fe. Él murió por pecadores y resucitó, en Él hay perdón y reconciliación con el Padre.

    El contrito necesita que Dios lo salve. Salmos 34:18.

    III. ¿Por qué el justo puede seguir sufriendo si Dios está cerca?

    El salmo no oculta que “muchas son las aflicciones del justo” (v. 19). La fe bíblica no obliga a negar la pérdida, el dolor ni la injusticia. Dios sostiene a los suyos en medio de pruebas reales y, en su sabiduría, los libra. Esa liberación no siempre llega cuando nosotros queremos ni adopta la forma que esperábamos. El cierre del salmo pone la esperanza en que el Señor redime el alma de sus siervos.

    El versículo 20 habla de los huesos del justo que Dios guarda. Juan cita esa afirmación al relatar la muerte de Jesús: “No será quebrado hueso suyo” (Juan 19:36, RV60). Esto no significa que Jesús escapara del sufrimiento, fue crucificado y murió. Significa que incluso en su muerte se cumplió la Escritura. El Hijo de Dios entró en el sufrimiento y cargó con el pecado de su pueblo y después resucitó. 

    En Cristo vemos que la aflicción no tiene la última palabra. El Señor no promete a sus hijos una vida sin lágrimas, pero sí una redención firme. Si estás quebrantado, clama a Dios. Si reconoces tu pecado, arrepiéntete y confía en Jesús. El Salvador recibe al que acude a Él y da esperanza que no depende de que todas las circunstancias cambien hoy.

    La aflicción no cancela la redención del Señor. Salmos 34:19–20 y Juan 19:36.

    Cristo es el centro

    Dios no salva al contrito porque su quebranto sea un mérito. Lo salva por su gracia, y esa gracia se ve con claridad en Jesucristo. Jesús conoció el rechazo y el sufrimiento, murió en la cruz por los pecados de su pueblo y resucitó. Por medio de Él, el culpable recibe perdón y el afligido puede acercarse al Padre.

    No conviertas tu dolor en una razón para alejarte de Dios. Ven a Cristo con lo que te pesa y con la verdad de tu pecado. El Señor está cerca de los quebrantados y redime a quienes ponen su confianza en su Hijo.

    Lectura completa del pasaje

    Leer Salmos 34 en Biblia TRC

    Leer Salmos 34 completo en Biblia TRC

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  • ¿Quieres ser testigo?

    ¿Quieres ser testigo?

    🎧 Escucha un breve podcast basado en este devocional (5 min aprox.)

    «Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra».

    Hechos 1:8 — RV60

    Introducción

    ¿Qué significa ser testigo de Cristo? En Hechos 1:8, Jesús resucitado respondió a sus discípulos prometiéndoles el poder del Espíritu Santo para dar testimonio de Él. No los envió a hablar de sus propias ideas, sino a anunciar quién es Jesús y lo que Dios había hecho por medio de su muerte y resurrección.

    La promesa señaló también el alcance de esa misión, empezaría en Jerusalén y llegaría hasta lo último de la tierra. Así avanzaría el evangelio, por el testimonio de los apóstoles, capacitados por el Espíritu Santo, y por la obra de la Iglesia que anuncia a Cristo.

    Portada vertical del devocional ¿Quieres ser testigo? basado en Hechos 1:8.

    Contexto

    Después de resucitar, Jesús estuvo con sus discípulos y les habló del reino de Dios. Ellos le preguntaron si restauraría entonces el reino a Israel. Jesús les respondió que los tiempos pertenecen a la autoridad del Padre. En lugar de darles una fecha, les habló de la tarea que tenían por delante, esperar la venida del Espíritu Santo y ser sus testigos.

    Los apóstoles habían visto al Señor resucitado. Su testimonio tenía un lugar único, anunciaban lo que habían visto y oído de Jesús. A partir de Jerusalén, el libro de Hechos muestra cómo el evangelio cruza fronteras y llega a pueblos distintos. La Iglesia sigue proclamando el mismo Cristo, apoyada en el testimonio apostólico que Dios nos ha dado en las Escrituras.

    La historia de Pablo nos ayuda a ver cómo Cristo llamó a un antiguo perseguidor para anunciar su nombre:

    El Espíritu Santo capacita a la Iglesia para ser testigo de Cristo, Hechos 1:8.

    Tres razones para cambiar

    I. El Espíritu Santo capacita

    ¿Qué significa recibir poder en Hechos 1:8?

    Jesús no les dijo a sus discípulos que dependieran de su valentía, preparación o fuerza de carácter. Les prometió poder cuando viniera sobre ellos el Espíritu Santo. El testimonio de los que siguen a Jesús no nace de la confianza en uno mismo, sino de la obra de Dios.

    Esta promesa se cumplió cuando el Espíritu Santo vino sobre los discípulos. Ellos comenzaron a anunciar con claridad que Jesús, crucificado y resucitado, es el Señor y el Cristo. El Espíritu no hizo que el mensaje dependiera de experiencias personales ni de palabras llamativas, dio testimonio de Cristo por medio de la predicación de los apóstoles.

    Hoy tampoco debemos confundir ser testigo con tener una personalidad atrevida o saber responder a cualquier pregunta. Podemos pedir ayuda, aprender de la Palabra y hablar con sencillez. El poder pertenece al Espíritu Santo, nuestro llamado es ser fieles al mensaje de Cristo.

    El poder para testificar pertenece al Espíritu Santo, no a nuestras fuerzas.

    II. ¿Qué significa ser testigo de Cristo hoy?

    Jesús dijo: «me seréis testigos». El centro no es nuestra historia, nuestra iglesia ni una promesa de que todo irá bien. El centro es Cristo, el Hijo de Dios, que murió por los pecadores y resucitó.

    Los apóstoles dieron testimonio de lo que habían visto. Nosotros no afirmamos haber visto a Jesús resucitado como ellos, recibimos su testimonio en la Escritura y anunciamos al mismo Salvador. Ser testigo de Cristo incluye hablar de su persona y su obra, y vivir de manera coherente con el evangelio. Una vida recta puede confirmar lo que decimos, pero no reemplaza la necesidad de anunciarlo.

    ¿Quieres ser testigo? Entonces no ocultes quién es Cristo ni cambies su mensaje para hacerlo más cómodo. Habla con verdad y amor, Jesús salva a pecadores, llama al arrepentimiento y recibe a quienes confían en Él.

    El testimonio cristiano tiene a Jesucristo como centro.

    III. ¿Tiene que viajar lejos todo creyente para cumplir Hechos 1:8?

    Jesús nombró Jerusalén, Judea, Samaria y “hasta lo último de la tierra”. La misión comenzaba cerca de ellos y no se detenía en sus fronteras. El evangelio debía alcanzar también a personas de otros pueblos.

    Esto no significa que cada creyente tenga que viajar lejos o cumplir la misma función. Significa que la Iglesia entera participa en la misión de dar a conocer a Cristo, algunos salen, otros sostienen, enseñan, oran y sirven y todos están llamados a no avergonzarse del evangelio. En el lugar donde Dios nos ha puesto, podemos hablar de Cristo a familiares, amigos y vecinos, y apoyar la obra de la Iglesia para que otros también lo conozcan.

    No tenemos que inventar un mensaje nuevo. Anunciamos que Jesús murió por nuestros pecados y resucitó, y llamamos a las personas a arrepentirse y creer en Él. El mismo Señor que envió a sus discípulos gobierna la misión de su Iglesia.

    El evangelio de Cristo se anuncia hasta lo último de la tierra.

    Cristo es el centro

    Jesús no solo envió a sus discípulos, Él mismo es el Salvador que ellos anunciaron. Murió en la cruz por pecadores y resucitó al tercer día. La Iglesia no ofrece una esperanza basada en su capacidad, sino en la obra terminada de Cristo.

    Si todavía no has confiado en Jesús, no te conformes con admirar a sus testigos. Ven a Cristo, reconoce tu pecado y cree que Dios levantó a Jesús de entre los muertos. Quien confía en Él recibe perdón y vida eterna. Y quienes ya le pertenecen pueden seguir dando testimonio, sostenidos por el Espíritu Santo y fieles a la Palabra.

    Lectura completa del pasaje

    Leer Hechos 1 en Biblia TRC

    Leer Hechos 1 completo en Biblia TRC

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