Sobre Jesús García Morcillo

Pastor y ministro de culto en Albacete (España), graduado en Teología por la FTUEBE y miembro del Colegio de Pastores de la UEBE. Prepara, redacta y revisa personalmente los devocionales de Tres Razones para Cambiar para explicar la Biblia, presentar a Jesucristo y aplicar la Palabra de Dios a la vida diaria.

Cómo se elaboran los devocionales · Conoce el ministerio

Jesús García Morcillo, pastor y autor de los devocionales

Autor: Jesús Morcillo

  • Imagen destacada del devocional «Aunque no entiendas cómo te ama», con referencia a Juan 11:5.

    Aunque no entiendas cómo te ama

    🎧 Escucha un breve podcast basado en este devocional (5 min aprox.)

    “Y amaba Jesús a Marta, a su hermana y a Lázaro.”

    Juan 11:5

    Introducción

    Marta y María enviaron un mensaje urgente a Jesús: “Señor, he aquí el que amas está enfermo”. Ellas sabían que Jesús amaba a Lázaro y esperaban que llegara rápidamente para sanarlo. Sin embargo, Jesús no fue cuando ellas esperaban. Permaneció dos días más en el lugar donde estaba y Lázaro murió.

    ¿Por qué Jesús tardó en ir a ver a Lázaro?

    Juan 11:5 afirma claramente que Jesús amaba a Marta, a María y a Lázaro. Por tanto, su demora no fue indiferencia, descuido ni falta de amor. El relato nos enseña cómo confiar en el amor de Jesús cuando no entendemos su manera de actuar. Cristo los amaba, aunque ellos no comprendían por qué no había llegado a tiempo.

    ¿Cómo confiar en el amor de Dios cuando no entendemos sus caminos?

    Nosotros también podemos interpretar el amor de Dios según lo que sucede. Si recibimos pronto lo que pedimos, pensamos que Dios nos ama. Si la respuesta tarda, la situación empeora o llega aquello que queríamos evitar, comenzamos a preguntarnos dónde está el Señor. Pero Juan 11:5 nos recuerda que el amor de Cristo no desaparece cuando sus caminos resultan incomprensibles.

    Portada vertical «Aunque no entiendas cómo te ama» (Juan 11:5).

    Contexto

    Lázaro estaba gravemente enfermo. Sus hermanas no exigieron nada a Jesús, simplemente le comunicaron: “Señor, he aquí el que amas está enfermo”. Confiaban en que el amor de Jesús lo movería a intervenir inmediatamente.

    La respuesta del Señor debió desconcertarlas. Jesús aseguró que aquella enfermedad serviría para la gloria de Dios, pero no salió enseguida hacia Betania. Juan presenta deliberadamente la tensión. Jesús los amaba y, precisamente por eso, permaneció dos días más donde estaba. Su demora formaba parte de su propósito de amor.

    Cuando finalmente llegó, Lázaro llevaba cuatro días en el sepulcro. Marta le dijo: “Señor, si hubieses estado aquí, mi hermano no habría muerto”. María repitió las mismas palabras. Ambas creían en el poder de Jesús, pero no podían comprender su tardanza.

    Cristo no había llegado tarde. Iba a revelar algo mayor que una sanidad. Él mismo es la resurrección y la vida. Lázaro saldría del sepulcro, las hermanas conocerían más profundamente al Señor y muchos creerían en Él.

    Jesús no siempre nos muestra su amor evitando el sufrimiento. También nos ama sosteniéndonos en él, enseñándonos a confiar y utilizando aquello que no comprendemos para mostrarnos quién es Él.

    Puedes ampliar esta enseñanza en el siguiente devocional:

    Lámina de contexto de «Aunque no entiendas cómo te ama» (Juan 11:5-6).

    Tres razones para cambiar

    I. Porque confundimos el amor de Dios con recibir lo que deseamos

    Queremos que el amor de Dios siga el camino que nosotros hemos trazado. Esperamos una respuesta determinada, en un momento concreto y de la manera que consideramos mejor. Cuando esto no sucede, aparece la duda: “Si Dios me ama, ¿por qué ha permitido esto?”.

    Nuestro problema es que juzgamos la fidelidad del Señor desde una visión muy limitada. Marta y María solamente podían ver la enfermedad, la ausencia de Jesús y la muerte de su hermano. Cristo contemplaba el propósito completo y sabía lo que iba a hacer.

    “Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová.”

    Isaías 55:8

    Dios no se equivoca cuando actúa de una manera distinta a la que esperábamos. Nosotros desconocemos muchas cosas, pero Él conoce el principio y el final. Nosotros vemos el dolor presente, Dios también ve el fruto que producirá, la fe que fortalecerá y la gloria de Cristo que será mostrada.

    Esto no significa que el sufrimiento deje de doler. Jesús no reprendió a las hermanas por llorar. Él mismo lloró ante el sepulcro de Lázaro. El Señor no es indiferente a nuestras lágrimas, pero tampoco permite que nuestro dolor gobierne sus decisiones. Su amor es más sabio que nuestros deseos.

    Lámina «Porque confundimos el amor de Dios con recibir lo que deseamos» (Isaías 55:8).

    II. Porque debemos aprender a confiar mientras esperamos

    Marta y María tuvieron que atravesar unos días en los que parecía que Jesús no respondía. No tenían ninguna explicación y la situación empeoraba. Aquella espera puso a prueba lo que creían acerca del Señor.

    Esperar no significa quedarse sin hacer nada ni fingir que no duele. Significa seguir confiando en el carácter de Dios cuando todavía no entendemos sus obras. Podemos orar, llorar, pedir ayuda y expresar sinceramente nuestra tristeza, pero sin acusar al Señor de habernos abandonado.

    “Aunque tardare, espéralo, porque sin duda vendrá, no tardará.”

    Habacuc 2:3

    La fe no exige conocer de antemano todo lo que Dios hará. Descansa en quién es Él. Juan 11:5 no dice que Marta, María y Lázaro entendieran a Jesús. Dice que Jesús los amaba. La seguridad no estaba en la comprensión de aquella familia, sino en el amor fiel de Cristo.

    Cuando el Señor parece guardar silencio, vuelve a su Palabra. Recuerda lo que ha prometido.

    Lámina «Porque debemos aprender a confiar mientras esperamos» (Habacuc 2:3).

    III. Porque la cruz demuestra el amor de Dios cuando las circunstancias parecen negarlo

    Jesús podía haber impedido la muerte de Lázaro, pero decidió revelar su gloria mediante una obra mayor. De manera semejante, el Padre podía haber librado a su Hijo de la cruz, pero entregó a Cristo para salvar a pecadores.

    “En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados.”

    1 Juan 4:10

    La prueba definitiva del amor de Dios no está en que nuestra vida sea fácil, sino en que Cristo murió por nuestros pecados y resucitó para darnos vida. Cuando no comprendas lo que ocurre, mira a la cruz. Allí quedó demostrado que Dios no es indiferente, que el pecado es verdaderamente grave y que su amor por los pecadores es inmenso.

    El mismo Jesús que lloró ante el sepulcro de Lázaro entregó su vida y venció a la muerte. Quienes confían en Él pueden atravesar pérdidas, enfermedades y esperas dolorosas con una esperanza que no depende de las circunstancias. Cristo tiene la última palabra, incluso delante de un sepulcro.

    Lámina «Porque la cruz demuestra el amor de Dios cuando las circunstancias parecen negarlo» (1 Juan 4:10).

    Cristo es el centro

    Jesús no se limitó a explicar a Marta por qué había tardado. Se presentó ante ella y declaró: “Yo soy la resurrección y la vida”. La respuesta más profunda para aquella mujer no era conocer todos los detalles del plan, sino conocer mejor a Cristo.

    Nosotros también queremos explicaciones. Algunas llegarán con el tiempo y otras quizá no las conoceremos en esta vida. Sin embargo, Dios nos ha dado algo mayor que una explicación, nos ha dado a su Hijo.

    Cristo cargó en la cruz con el pecado de su pueblo, soportó el juicio que merecíamos y resucitó victorioso. Por eso podemos confiar en Él cuando su manera de actuar nos desconcierta. Su amor no es una emoción cambiante ni una promesa vacía. Es un amor demostrado mediante su entrega.

    Si todavía no has confiado en Cristo, no necesitas entender cada circunstancia antes de acercarte a Él. Reconoce tu pecado, abandona la pretensión de dirigir tu vida sin Dios y cree en Jesucristo. Él llama a los pecadores al arrepentimiento y ofrece perdón y vida eterna.

    Y si conoces al Señor, no midas su amor por la rapidez con la que responde a tus oraciones. Mídelo mirando a la cruz. Aunque no comprendas lo que está haciendo, puedes descansar en que Cristo no llega tarde, no comete errores y no deja de amar a los suyos.

    Lectura completa del pasaje

    Leer Juan 11 en Biblia TRC

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  • Imagen destacada del devocional «Estaba escrito», con referencia a Lucas 24:46.

    Estaba escrito

    🎧 Escucha un breve podcast basado en este devocional (5 min aprox.)

    “Esto es lo que está escrito —les explicó—: que el Cristo padecerá y resucitará al tercer día.”

    Lucas 24:46 · NVI

    Introducción

    ¿Estaban anunciadas la muerte y la resurrección de Cristo?

    La cruz no fue un error que Dios tuvo que corregir con la resurrección. Jesús sabía que sufriría, moriría y resucitaría porque así estaba anunciado en la Palabra de Dios. En Lucas 24:46, Cristo se presentó vivo delante de sus discípulos y les explicó que todo cuanto había sucedido formaba parte del propósito de Dios para salvar a pecadores.

    Los discípulos habían visto la muerte de Jesús, pero todavía les costaba creer que había resucitado. Tenían las Escrituras y habían escuchado sus enseñanzas, pero el temor y la confusión les impedían comprender. Lucas 24:46 enseña a confiar en la muerte y resurrección de Cristo cuando dudamos del plan de Dios. El sufrimiento del Hijo y su victoria sobre la muerte estaban escritos antes de que sucedieran.

    Esto también responde a nuestras dudas. Cuando no entendemos lo que Dios está haciendo, podemos pensar que sus promesas han fallado. Sin embargo, la cruz y la tumba vacía demuestran que Dios cumple su Palabra, incluso cuando sus caminos parecen incomprensibles.

    Portada vertical «Estaba escrito» (Lucas 24:46).

    Contexto

    ¿Cómo mostró Jesús a sus discípulos que había resucitado?

    Después de resucitar, Jesús se apareció a sus discípulos. Ellos estaban sorprendidos y atemorizados, incluso llegaron a pensar que estaban viendo un espíritu. Cristo les mostró las manos y los pies, comió delante de ellos y les confirmó que verdaderamente había resucitado corporalmente.

    Entonces les abrió el entendimiento para que comprendieran las Escrituras. La Ley de Moisés, los Profetas y los Salmos anunciaban que el Mesías padecería y vencería la muerte. Jesús no estaba presentando una explicación improvisada. Les mostraba que toda la Palabra de Dios dirigía la mirada hacia Él.

    La muerte de Cristo no significó que sus enemigos hubieran derrotado el propósito de Dios. En la cruz, Jesús llevó el pecado de su pueblo y en la resurrección, Dios confirmó que su sacrificio había sido aceptado. Cristo vive y ofrece perdón y vida eterna a quienes se arrepienten y creen en Él.

    Puedes ampliar esta enseñanza en el siguiente devocional:

    Lámina de contexto de «Estaba escrito» (Lucas 24:46).

    Tres razones para cambiar

    I. Nos alejamos porque queremos seguir nuestro propio camino

    “Todos andábamos perdidos, como ovejas; cada uno seguía su propio camino, pero el Señor hizo recaer sobre él la iniquidad de todos nosotros.”

    Isaías 53:6 · NVI

    Nuestro problema no consiste únicamente en que algunas veces nos confundamos. La Biblia afirma que somos pecadores y que nos hemos apartado de Dios. Queremos dirigir nuestra vida, establecer nuestras propias normas y decidir lo que está bien sin someternos a la Palabra de Dios.

    Los discípulos tampoco entendieron lo sucedido porque interpretaban a Jesús según sus propias expectativas. Esperaban una victoria inmediata, pero no comprendían que el Mesías debía cargar primero con el pecado. Vieron la cruz como una derrota porque todavía no entendían lo que Dios había anunciado.

    Isaías profetizó que el Siervo del Señor cargaría con nuestra culpa. En la cruz, Cristo recibió el castigo que merecían pecadores como nosotros. Su sufrimiento no fue inútil ni accidental, el Señor hizo recaer sobre Él nuestra maldad.

    Necesitamos abandonar la idea de que podemos salvarnos siguiendo nuestro propio camino. Ninguna buena obra, religión o esfuerzo personal puede borrar nuestra culpa. Solamente Cristo puede reconciliarnos con Dios.

    Lámina «Nos alejamos porque queremos seguir nuestro propio camino» (Isaías 53:6).

    II. Debemos responder en la manera que Dios espera

    “Arrepiéntase y bautícese cada uno de ustedes en el nombre de Jesucristo para perdón de sus pecados —les contestó Pedro—, y recibirán el don del Espíritu Santo.”

    Hechos 2:38 · NVI

    La muerte y resurrección de Cristo exigen una respuesta. No basta con conocer la historia, celebrar determinadas fechas o admirar las enseñanzas de Jesús. Dios manda a todas las personas que se arrepientan y crean en su Hijo.

    Arrepentirse significa reconocer el pecado, abandonar la rebeldía y volvernos a Dios. La fe consiste en dejar de confiar en nosotros mismos y descansar en Cristo, quien murió y resucitó para salvar. El bautismo no compra el perdón, sino que confiesa públicamente que pertenecemos a Jesucristo.

    Esta llamada también alcanza a quienes llevan años dentro de una iglesia. Podemos conocer muchos versículos y, sin embargo, resistirnos a obedecerlos. Los discípulos necesitaron que Jesús les abriera el entendimiento. Nosotros necesitamos que el Espíritu Santo ilumine nuestra mente, confronte nuestro pecado y nos lleve a confiar en la Palabra de Dios.

    Cuando las circunstancias parezcan contradecir las promesas de Dios, no debemos construir nuestra esperanza sobre lo que vemos. Debemos volver a lo que está escrito y obedecer al Señor.

    Lámina «Debemos responder en la manera que Dios espera» (Hechos 2:38).

    III. La resurrección de Cristo garantiza nuestra esperanza

    “Lo cierto es que Cristo ha sido levantado de entre los muertos, como primicias de los que murieron.”

    1 Corintios 15:20 · NVI

    La esperanza cristiana no descansa en un recuerdo, sino en una persona viva. Jesucristo murió realmente, fue sepultado y resucitó corporalmente al tercer día. La tumba vacía anuncia que el pecado, la muerte y Satanás no tuvieron la última palabra.

    Pablo llama a Cristo “primicias” porque su resurrección garantiza la resurrección futura de quienes le pertenecen. Así como las primeras espigas anunciaban la llegada de toda la cosecha, Cristo resucitado asegura que los creyentes también vivirán con Él.

    Por eso podemos permanecer firmes cuando llegan el sufrimiento, la enfermedad, la pérdida o la proximidad de la muerte. No sabemos cómo se desarrollará cada etapa de nuestra vida, pero conocemos el final prometido por Dios. Cristo vive, su Palabra permanece y quienes confían en Él recibirán vida eterna.

    Lámina «La resurrección de Cristo garantiza nuestra esperanza» (1 Corintios 15:20).

    Cristo es el centro

    Toda la Biblia conduce a Cristo. Él es el Mesías anunciado, el Cordero que cargó con nuestra culpa y el Salvador que venció la muerte. En la cruz recibió voluntariamente el juicio que merecíamos, en la resurrección manifestó su victoria y abrió el camino hacia la vida eterna.

    Si vives bajo el peso de la culpa, no intentes ocultarla ni compensarla mediante tus esfuerzos. Confiesa tu pecado y acércate a Cristo. Su sacrificio es suficiente para perdonar y limpiar al pecador arrepentido.

    Si dudas porque no entiendes lo que Dios permite, mira nuevamente la cruz. Durante unas horas pareció que todo estaba perdido, pero Dios estaba cumpliendo su Palabra. Después llegó el tercer día y Cristo salió de la tumba.

    Jesús llama al pecador a arrepentirse, creer y seguirle. También llama al creyente cansado a recordar lo que está escrito. Nuestra seguridad no descansa en emociones cambiantes, sino en Cristo crucificado y resucitado.

    Lectura completa del pasaje

    Leer Lucas 24 en Biblia TRC

    Leer Lucas 24 completo en Biblia TRC

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    Devocionales relacionados

  • Imagen destacada del devocional «Ahora mis ojos te ven», con referencia a Job 42:5.

    Ahora mis ojos te ven

    🎧 Escucha un breve podcast basado en este devocional (5 min aprox.)

    “De oídas te había oído;
    Mas ahora mis ojos te ven.”

    Job 42:5

    Job conocía muchas verdades acerca de Dios. Había hablado de su poder, defendido su justicia y permanecido firme durante un sufrimiento difícil de comprender. Sin embargo, después de escuchar al Señor, reconoció que todavía necesitaba conocerlo mejor. Por eso declaró: «De oídas te había oído; mas ahora mis ojos te ven».

    ¿Qué enseña Job 42:5 sobre conocer a Dios?

    Job 42:5 expresa un conocimiento más profundo de Dios después de escuchar su respuesta. Job ya temía al Señor, como muestra el comienzo del libro; ahora reconoce con mayor humildad los límites de su entendimiento. El pasaje nos invita a crecer en confianza y adoración, sin despreciar lo aprendido ni afirmar que toda su fe anterior fuera falsa.

    ¿Qué significa «ahora mis ojos te ven»?

    El relato dice que Dios habló desde un torbellino (Job 38:1), sin describir una figura humana que Job contemplara. La expresión «mis ojos te ven» subraya que ahora reconoce al Señor de una manera más profunda. Sus ojos fueron abiertos para reconocer quién era el Señor y cuán limitado había sido su propio entendimiento. Dios no respondió todas sus preguntas, pero se dio a conocer. Y cuando Job contempló la grandeza de Dios, dejó de exigir explicaciones y se rindió ante Él.

    Portada vertical «Ahora mis ojos te ven» (Job 42:5).

    Contexto

    Job había perdido sus bienes, sus hijos y su salud. Sus amigos insistían en que aquel sufrimiento debía ser consecuencia de algún pecado oculto, mientras Job defendía su integridad y pedía una explicación. El problema no estaba en que Job fuera un hipócrita, sino en que había comenzado a hablar de asuntos que superaban su conocimiento.

    En los capítulos 38 al 41, Dios respondió mostrando su poder, sabiduría y gobierno sobre toda la creación. El Señor no entregó a Job una lista de razones, le mostró que podía confiar en Él aun cuando no comprendiera sus caminos.

    Job 42:5 no desprecia el conocimiento recibido por medio de la enseñanza. La fe viene por el oír la Palabra de Dios. Sin embargo, esa verdad escuchada debe llevarnos a reconocer personalmente al Señor, confiar en Él y someternos a su voluntad.

    Puedes ampliar esta enseñanza en el siguiente devocional:

    Lámina de contexto «Dios no dio explicaciones, mostró quién es» (Job 38–42).

    Tres razones para cambiar

    I. Podemos hablar de Dios mientras nuestro corazón permanece lejos

    “Dice, pues, el Señor: Porque este pueblo se acerca a mí con su boca, y con sus labios me honra, pero su corazón está lejos de mí.”

    Isaías 29:13

    Es posible aprender expresiones “evangélicamente correctas”, conocer las doctrinas e incluso enseñar a otros, mientras mantenemos nuestro corazón lejos de Dios. Podemos hablar mucho del Señor y, al mismo tiempo, resistirnos a obedecerlo cuando su voluntad contradice nuestros deseos.

    El conocimiento bíblico es bueno y necesario, pero no debe convertirse en un refugio para el orgullo. Si lo que sabemos no nos lleva a reconocer nuestro pecado, confiar en Dios y obedecer su Palabra, algo está fallando. No basta con haber oído hablar de Dios, necesitamos que la verdad recibida gobierne nuestra vida.

    Job tuvo que reconocer que había hablado sin comprender plenamente. Nosotros también necesitamos examinar si nuestra relación con Dios consiste solamente en información recibida o en una fe que produce arrepentimiento, obediencia y adoración.

    Lámina «Podemos hablar de Dios mientras nuestro corazón permanece lejos» (Isaías 29:13).

    II. Debemos perseverar en conocer al Señor

    “Y conoceremos, y proseguiremos en conocer al Señor; como el alba está dispuesta su salida, y vendrá a nosotros como la lluvia, como la lluvia tardía y temprana a la tierra.”

    Oseas 6:3

    Nunca llegamos a un punto en el que ya no necesitemos conocer mejor a Dios. No podemos abarcarlo con nuestra mente, pero Él se ha dado a conocer verdaderamente mediante su Palabra y, de manera plena, en su Hijo.

    Proseguir en conocer al Señor significa escuchar humildemente lo que ha dicho, abandonar nuestras ideas equivocadas y aceptar su corrección. También significa buscarlo en oración, obedecer aquello que ya entendemos y confiar en su carácter cuando todavía quedan preguntas sin respuesta.

    Job dejó de discutir y comenzó a escuchar. Ese es también nuestro camino, abrir la Biblia con un corazón dispuesto a ser corregido, consolado y dirigido por Dios. No buscamos solamente una respuesta para nuestros problemas, buscamos conocer al Señor en medio de ellos.

    Lámina «Debemos perseverar en conocer al Señor» (Oseas 6:3).

    III. En Cristo conocemos verdaderamente a Dios

    “A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer.”

    Juan 1:18

    Dios no ha permanecido escondido. Envió a su Hijo para mostrarnos quién es y para salvarnos de nuestro pecado. Quien quiere conocer al Padre debe mirar a Jesucristo, escuchar sus palabras y creer en su obra.

    Cristo muestra la justicia de Dios al cargar en la cruz el castigo que nosotros merecíamos. También muestra su amor al entregar voluntariamente su vida por pecadores. Su resurrección confirma que su sacrificio fue aceptado y que quienes confían en Él reciben perdón y vida eterna.

    Job pudo decir: «Ahora mis ojos te ven». Nosotros contemplamos con mayor claridad el carácter de Dios cuando miramos a Cristo. En Él encontramos una respuesta más grande que la explicación de nuestro sufrimiento, encontramos al Salvador que sufrió por nosotros y venció la muerte.

    Lámina «En Cristo conocemos verdaderamente a Dios» (Juan 1:18).

    ¿Job 42:5 significa que Job no tenía fe antes de sufrir?

    No. Desde Job 1:1 y 1:8, el relato lo presenta como un hombre íntegro que teme a Dios. Al final reconoce los límites de lo que había dicho y se humilla ante el Señor. Ese crecimiento no convierte toda su vida anterior en una fe falsa. Tampoco confirma la acusación de sus amigos: en Job 42:7, Dios los reprende por no haber hablado rectamente de Él. No debemos utilizar este pasaje para acusar de falta de fe a quien atraviesa una pérdida.

    Cristo es el centro

    Jesús no vino solamente para aumentar nuestros conocimientos acerca de Dios. Vino para reconciliarnos con el Padre. Nuestro pecado nos separa de Dios y oscurece nuestro entendimiento, pero Cristo murió y resucitó para conducir hasta Él a quienes se arrepienten y creen.

    Cuando sufrimos, queremos saber por qué ocurre lo que estamos viviendo. En ocasiones, Dios permite que conozcamos algunas razones, en otras, no las revela. Sin embargo, la cruz nos asegura que Dios no es indiferente a nuestro dolor. El Hijo de Dios padeció injustamente, llevó nuestros pecados y abrió para nosotros el camino hacia el Padre.

    Conocer verdaderamente a Dios no significa comprender todos sus caminos. Significa confiar en quién es Él, descansar en lo que Cristo ha hecho y someternos a su Palabra. Quien todavía vive lejos del Señor está llamado a abandonar su pecado y acudir a Jesucristo. Quien ya cree necesita seguir conociéndolo, porque ninguno de nosotros ha aprendido todavía todo lo que Dios quiere enseñarnos.

    Lectura completa del pasaje

    Leer Job 42 en Biblia TRC

    Leer Job 42 completo en Biblia TRC

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    Devocionales relacionados

  • Imagen destacada del devocional «No te preocupes», con referencia a Salmos 94:19.

    No te preocupes

    🎧 Escucha un breve podcast basado en este devocional (5 min aprox.)

    “Cuando en mí la angustia iba en aumento, tu consuelo llenaba mi alma de alegría.”

    Salmos 94:19 — NVI

    Existen pensamientos que comienzan como una pequeña inquietud y terminan ocupándolo todo. La incertidumbre del futuro pueden repetirse tantas veces en la mente que la preocupación llega a dirigir el día y quitar el sueño durante la noche.

    ¿Qué consuelo ofrece Salmo 94:19 ante la angustia?

    Salmos 94:19 habla precisamente de esa experiencia, cuando aumenta la angustia, las promesas de Dios ofrecen consuelo verdadero. El salmista reconoce que dentro de él se multiplicaron los pensamientos inquietantes, pero también afirma que el consuelo de Dios sostuvo y alegró su alma.

    Esta palabra está dirigida únicamente para quien vive sin fe, no sabe si Dios lo escuchará o lleva mucho tiempo intentando sostenerse con sus propias fuerzas. Dios se da a conocer mediante su Palabra y llama a toda persona a buscarlo. Su consuelo no es una técnica para pensar en positivo, está unido a quién es Dios, a lo que Él ha prometido y a la salvación que ofrece por medio de Jesucristo.

    Portada vertical «No te preocupes» (Salmos 94:19).

    Contexto

    ¿En qué situación se escribió el Salmo 94?

    El Salmo 94 fue escrito en un ambiente de injusticia. Personas arrogantes oprimían a los débiles y actuaban como si Dios no pudiera verlas. El escritor contemplaba aquella maldad y preguntaba cuánto tiempo permitiría el Señor esa situación. No era una preocupación imaginaria, existían motivos reales para sentir dolor e inquietud.

    Sin embargo, el salmista recordó que Dios escucha, ve, conoce los pensamientos y no abandona aquello que está en sus manos. Por eso pudo afirmar que, cuando las preocupaciones se multiplicaban dentro de él, el consuelo de Dios llenaba su alma de alegría. Las circunstancias seguían siendo difíciles, pero ya no eran la única voz que escuchaba.

    Las promesas de Dios no aseguran que nunca habrá enfermedad, pérdidas o días dolorosos. Aseguran algo mayor, Dios sigue gobernando, conoce nuestra necesidad, juzgará con justicia y recibe a quienes acuden a Él. La preocupación dice: «Todo depende de ti». La Palabra de Dios responde: «Puedes acudir al Señor».

    Puedes ampliar esta enseñanza en el siguiente devocional:

    Demasiada carga

    Lámina de contexto de «No te preocupes» (Salmos 94:19).

    Tres razones para cambiar

    I. La preocupación multiplica los problemas dentro de nosotros

    “La angustia abate el corazón del hombre, pero una palabra amable lo alegra.”

    Proverbios 12:25

    Una dificultad es suficiente para llenar la mente con muchas posibilidades: «¿Y si todo sale mal? ¿Y si no encuentro una solución? ¿Y si nadie me ayuda?». Quizá solamente una de esas cosas está ocurriendo, pero la imaginación comienza a sufrir por todas ellas.

    La preocupación promete prepararnos para el futuro, pero muchas veces nos hace padecer anticipadamente por situaciones que todavía no han sucedido. También revela nuestra dificultad para aceptar que no podemos controlarlo todo. Queremos conocer el resultado, asegurar el mañana y evitar cualquier dolor.

    Dios no ridiculiza esa angustia ni dice que el sufrimiento carece de importancia. Él conoce los pensamientos que nadie más escucha. Pero también nos advierte que la preocupación no puede ocupar el lugar que corresponde a Dios. Ninguna persona puede garantizarse el día de mañana, pero puede escuchar hoy la Palabra del Señor.

    Lámina «La preocupación multiplica los problemas dentro de nosotros» (Proverbios 12:25).

    II. Dios llama a todos a buscarlo

    “Busquen al Señor mientras se deje encontrar, llámenlo mientras esté cercano.”

    Isaías 55:6

    Dios no dice: Resuelve primero tu vida y después ven a mí. Su llamado es buscarlo ahora. Esto incluye a quien lleva años confiando en Él y a quien nunca ha orado con sinceridad. Incluye a quien conoce la Biblia y a quien todavía duda de que Dios exista.

    Buscar al Señor no consiste únicamente en pedirle que cambie las circunstancias. Significa reconocer que hemos vivido apartados de Él, confesar nuestro pecado y acudir a Cristo. Es dejar de tratar a Dios como un último recurso y escucharlo como Señor.

    Tal vez no puedas detener inmediatamente todos tus pensamientos, pero sí puedes decidir qué harás con ellos. Puedes seguir alimentándolos o llevarlos delante de Dios. Puedes confiar únicamente en tus cálculos o comenzar a escuchar sus promesas. Dios está cercano mediante su Palabra y llama al pecador a volverse a Él con arrepentimiento y fe.

    Lámina «Dios llama a todos a buscarlo» (Isaías 55:6).

    III. La mayor promesa de Dios se encuentra en Cristo

    “¿Quién condenará? Cristo Jesús es el que murió, e incluso resucitó, y está a la derecha de Dios e intercede por nosotros.”

    Romanos 8:34

    La preocupación más profunda del ser humano no debería ser solamente qué sucederá mañana, sino cómo comparecerá delante de Dios. Podemos encontrar soluciones temporales para algunos problemas y seguir separados de nuestro Creador por causa del pecado.

    Aquí resplandece la promesa del evangelio, Cristo murió por pecadores y resucitó. Quien acude a Él no encuentra una simple distracción para sus temores, sino perdón, reconciliación con Dios y vida eterna. Jesús no promete una existencia sin aflicciones, promete recibir, guardar y salvar a quienes confían en Él.

    Esta esperanza también alcanza a quien hoy no cree ni espera en el Señor. No se le pide que finja una fe que no tiene, sino que escuche lo que Dios ha dicho acerca de su Hijo. Puede acercarse, reconocer su incredulidad y pedir al Señor que le muestre la verdad de Cristo. La puerta no está cerrada. Dios continúa llamando por medio del evangelio.

    Lámina «La mayor promesa de Dios se encuentra en Cristo» (Romanos 8:34).

    Cristo es el centro

    Jesús conoció la angustia. Antes de la cruz oró en Getsemaní con profundo sufrimiento. No contempló el dolor desde lejos, fue despreciado, abandonado y crucificado. Cargó con el juicio que merecen nuestros pecados y resucitó venciendo la muerte.

    Por eso, el consuelo de Dios no son palabras vacías. Tiene un nombre, Jesucristo. En Él, Dios demuestra que no ha ignorado nuestra mayor necesidad. Si entregó a su Hijo para salvar a pecadores, podemos escuchar seriamente cada una de sus promesas.

    “No te preocupes” no significa que debas fingir que todo está bien. Significa que no tienes que enfrentarte solo a aquello que no puedes controlar. Ven a Cristo. Cuéntale al Señor lo que te angustia, reconoce tu pecado y cree en el Hijo de Dios. Quizá el problema no desaparezca hoy, pero puedes encontrar algo que la preocupación nunca podrá darte, paz con Dios, perdón y una esperanza que permanece más allá de las circunstancias.

    Lectura completa del pasaje

    Leer Salmos 94 en Biblia TRC

    Leer Salmos 94 completo en Biblia TRC

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    Si necesitas ayuda o consejo, puedes contactar con el pastor Jesús Morcillo, quien estará dispuesto a escucharte y orar contigo.

    Ministerio

    Tres razones para cambiar

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  • Imagen destacada del devocional «La dirección que tus hijos necesitan», con referencia a Proverbios 6:20.

    La dirección que tus hijos necesitan

    🎧 Escucha un breve podcast basado en este devocional (5 min aprox.)

    “Hijo mío, obedece el mandamiento de tu padre y no abandones la enseñanza de tu madre.”

    Proverbios 6:20, NVI

    ¿Qué dirección necesitan los hijos según Proverbios 6:20?

    Un hijo recibe muchas voces, amigos, pantallas, profesores, redes sociales y deseos que cambian cada día. En medio de esa confusión, Proverbios 6:20 muestra la importancia de un padre y una madre que, unidos en la sabiduría de Dios, dan dirección a sus hijos. No se trata solo de poner normas, se trata de enseñarles a conocer, temer y obedecer al Señor.

    La familia no fue diseñada por Dios para que los padres observen desde lejos cómo sus hijos encuentran su propio camino o que desde fuera se les dé dirección. El padre y la madre tienen el privilegio y la responsabilidad de llevar la Palabra de Dios al corazón de sus hijos. La dirección que tus hijos necesitan no nace de las modas ni del temor a equivocarse, sino de la verdad que Dios ha revelado.

    Portada vertical «La dirección que tus hijos necesitan» (Proverbios 6:20).

    Contexto

    ¿Qué responsabilidad comparten el padre y la madre?

    Proverbios recoge muchas enseñanzas de un padre a su hijo. En este versículo, el hijo es llamado a escuchar tanto el mandamiento de su padre como la enseñanza de su madre. Dios no presenta la autoridad del hogar como una lucha entre ambos, sino como una tarea compartida, formar a los hijos en su verdad.

    Esto no significa que cada hogar sea perfecto. Hay hogares con ausencia, heridas y decisiones dolorosas. Pero la voluntad de Dios permanece firme, que los hijos sean guiados hacia Cristo mediante padres que aman a Dios, se arrepienten cuando pecan y enseñan su Palabra.

    Puedes ampliar esta enseñanza en el siguiente devocional:

    No solo llevaron a Jesús al templo

    Lámina de contexto de «La dirección que tus hijos necesitan» (Proverbios 6:20).

    Tres razones para cambiar

    I. Porque el corazón de los hijos necesita dirección

    Los hijos no nacen sabiendo amar a Dios ni discernir el bien. También necesitan corrección, ejemplo, límites y palabras llenas de verdad. Cuando los padres abandonan esta responsabilidad, otras voces ocupan ese lugar.

    “Padres, no exasperen a sus hijos, para que no se desanimen.”

    Colosenses 3:21, NTV

    La dirección bíblica no humilla ni descarga el enojo sobre los hijos. Un padre y una madre deben corregir con paciencia, firmeza y amor. No se trata de dominarles, sino de cuidarles delante de Dios.

    Lámina «Porque el corazón de los hijos necesita dirección» (Colosenses 3:21).

    II. ¿Cómo enseñar la Palabra de Dios a los hijos en casa?

    Dios no mandó que su Palabra apareciera solo en reuniones o en momentos especiales o a la hora de comer. Él quiere que se escuche en la conversación diaria, en las decisiones y en la forma en que los padres enfrentan el pecado, el dolor y la alegría.

    “Repítelas una y otra vez a tus hijos. Habla de ellas en el hogar y cuando vayas por el camino, cuando te acuestes y cuando te levantes.”

    Deuteronomio 6:7, NTV

    Padre y madre, no podéis dar una dirección que no está gobernando vuestra propia vida. Vuestros hijos necesitan ver que oráis, que pedís perdón, que honráis la Palabra de Dios y que Cristo es realmente el Señor de vuestra casa.

    Lámina «Porque la Palabra de Dios debe estar presente en el hogar» (Deuteronomio 6:7).

    III. Porque Cristo es la esperanza de los hijos

    La meta no es criar hijos que solamente se comporten bien delante de los demás. Necesitan conocer a Cristo, reconocer su pecado y creer en Él para recibir salvación. La mejor herencia no es una vida cómoda, sino presentarles fielmente al Salvador.

    “Desde la niñez se te han enseñado las sagradas Escrituras, las cuales te han dado la sabiduría para recibir la salvación que viene por confiar en Cristo Jesús.”

    2 Timoteo 3:15, NTV

    Los padres siembran, enseñan y oran, pero solo Dios puede abrir el corazón. Por eso, la instrucción en el hogar debe ir acompañada de dependencia del Señor.

    Lámina «Porque Cristo es la esperanza de los hijos» (2 Timoteo 3:15).

    Cristo es el centro

    Jesucristo obedeció perfectamente al Padre. Él vino a salvar a padres y madres que han fallado, y a hijos que han desobedecido. En su cruz hay perdón para el pecado que ha dañado el hogar y gracia para comenzar de nuevo.

    Padre, no desesperes por tus errores, llévalos a Cristo. Madre, no cargues sola con el peso de cambiar el corazón de tus hijos, preséntalos delante del Señor. Hijos, escuchad la enseñanza que os dirige a Cristo y obedeced a vuestros padres en todo lo que no contradiga la Palabra de Dios.

    Lectura completa del pasaje

    Leer Proverbios 6 en Biblia TRC

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    Si necesitas ayuda o consejo, puedes contactar con el pastor Jesús Morcillo, quien estará dispuesto a escucharte y orar contigo.

    Ministerio

    Tres razones para cambiar

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