🎧 Escucha el resumen en audio de este devocional
“Mas el que se gloría, gloríese en el Señor; porque no es aprobado el que se alaba a sí mismo, sino aquel a quien Dios alaba.”
2 Co. 10:17-18
CONTEXTO
En este pasaje de 2 Corintios capítulo 10, el apóstol Pablo responde a una situación difícil dentro de la iglesia de Corinto. Algunos falsos maestros habían llegado cuestionando su autoridad apostólica. Estos hombres se recomendaban a sí mismos, presumían de sus logros y buscaban la aprobación humana.
Pablo, sin embargo, no entra en competir en el orgullo ni intenta exaltarse a sí mismo. Más bien establece un principio espiritual fundamental: la verdadera aprobación no proviene de los hombres, sino de Dios.
Por eso afirma que debemos gloriarnos solo en el Señor. Esta enseñanza confronta el orgullo natural del corazón humano y nos recuerda que todo lo que somos y tenemos proviene de la gracia de Dios.
Este devocional sobre gloriarnos solo en el Señor en 2 Corintios 10:17-18 nos ayuda a comprender que la vida cristiana madura cuando dejamos de buscar nuestra propia gloria y aprendemos a vivir para la gloria de Dios.
Por qué debemos gloriarnos solo en el Señor
Muchas personas se preguntan: ¿qué significa gloriarse en el Señor?
Significa reconocer que todo lo que somos, tenemos y hacemos proviene de Dios y debe apuntar a su gloria.
El apóstol Pablo enseña en este texto que el creyente necesita experimentar un cambio profundo en su manera de pensar y vivir.
TRES RAZONES PARA CAMBIAR
I. Cambiamos cuando dejamos de gloriarnos en nosotros mismos
El corazón humano tiene una tendencia natural hacia el orgullo. Nos gusta hablar de nuestros logros, capacidades y méritos. Pero el evangelio nos llama a abandonar esa forma de pensar.
Pablo cita el principio que aparece en Jeremías 9:24, donde Dios declara que la verdadera gloria del hombre está en conocer al Señor.
“Mas alábese en esto el que se hubiere de alabar: en entenderme y conocerme, que yo soy Jehová.”
Jer. 9:24
Cuando comprendemos esta verdad, dejamos de colocarnos en el centro y aprendemos a gloriarnos solo en el Señor.
II. Cambiamos cuando buscamos la aprobación de Dios y no la de los hombres
En 2 Corintios 10:18 Pablo afirma que no es aprobado el que se alaba a sí mismo, sino aquel a quien Dios aprueba.
Esta es una enseñanza profundamente contracultural. Vivimos en un mundo que busca reconocimiento, aplausos y validación constante.
Sin embargo, la vida cristiana madura cuando entendemos que la única aprobación que realmente importa es la del Señor.
El mismo principio aparece en Gálatas 1:10:
“Porque ¿busco ahora el favor de los hombres, o el de Dios? ¿O trato de agradar a los hombres?”
Cuando el creyente entiende esto, su motivación cambia. Ya no vive para impresionar a otros, sino para honrar a Cristo.
III. Cambiamos cuando entendemos que toda gloria pertenece a Cristo
El evangelio nos recuerda que nada de lo que somos proviene de nosotros mismos. Nuestra salvación, nuestra fe y nuestro crecimiento espiritual son obra de la gracia de Dios.
Por eso Pablo escribe en 1 Corintios 4:7:
“Porque ¿quién te distingue? ¿o qué tienes que no hayas recibido?”
Comprender esta verdad produce humildad y gratitud. El creyente aprende a gloriarse solo en el Señor porque reconoce que todo proviene de Él y todo debe regresar a su gloria.
CRISTO ES EL CENTRO
Este texto de 2 Corintios capítulo 10 finalmente nos dirige a Cristo.
Jesús es el ejemplo perfecto de una vida que glorifica al Padre. Aunque era el Hijo de Dios, no buscó su propia gloria, sino que vivió en perfecta obediencia y humildad hasta la cruz.
La Escritura dice:
“Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo.”
Fil. 2:9
En Cristo vemos el contraste con el orgullo humano. Él no solo nos salva, sino que transforma nuestro corazón para que dejemos de vivir para nuestra propia gloria.
Cuando entendemos el evangelio, aprendemos a gloriarnos solo en el Señor, porque toda nuestra esperanza, justicia y salvación se encuentran únicamente en Jesucristo.
PARA MEDITAR
¿Estoy buscando mi propia gloria o estoy aprendiendo a gloriarme solo en el Señor?
Lee el capítulo completo de 2 Corintios 10.
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