Sobre Jesús García Morcillo

Pastor y ministro de culto en Albacete (España), graduado en Teología por la FTUEBE y miembro del Colegio de Pastores de la UEBE. Prepara, redacta y revisa personalmente los devocionales de Tres Razones para Cambiar para explicar la Biblia, presentar a Jesucristo y aplicar la Palabra de Dios a la vida diaria.

Cómo se elaboran los devocionales · Conoce el ministerio

Jesús García Morcillo, pastor y autor de los devocionales

Autor: Jesús Morcillo

  • Imagen destacada del devocional «Alaba al Dios sabio y poderoso», con referencia a Daniel 2:20.

    Alaba al Dios sabio y poderoso

    🎧 Escucha un breve podcast basado en este devocional (5 min aprox.)

    “Y dijo: «Alabado sea el nombre de Dios por siempre y para siempre, porque a él pertenecen toda la sabiduría y todo el poder.»”

    Daniel 2:20

    INTRODUCCIÓN

    ¿Qué enseña Daniel 2:20 sobre la sabiduría y el poder de Dios?

    Daniel 2:20 enseña que toda la sabiduría y todo el poder pertenecen a Dios. No pertenecen a los gobernantes, a los expertos, a nuestras capacidades ni a los recursos que creemos controlar. Cuando no entiendes lo que ocurre, este versículo te llama a mirar al Señor que conoce plenamente lo que tú no alcanzas a comprender. La respuesta bíblica a la incertidumbre no es fingir seguridad, sino reconocer a Dios, pedirle sabiduría y descansar en en Él.

    Daniel no empezó celebrando porque las circunstancias hubieran sido fáciles. Estaba en Babilonia, lejos de Jerusalén, bajo la amenaza de muerte junto con los demás sabios del reino. El rey Nabucodonosor había exigido algo imposible, que le dijeran el sueño que había tenido y también su interpretación. Nadie podía hacerlo. Pero Dios reveló el misterio a Daniel durante la noche, y antes de presentarse ante el rey, Daniel se detuvo para alabarle.

    Portada vertical «Alaba al Dios sabio y poderoso» (Daniel 2:20).

    CONTEXTO

    ¿Cómo recibió Daniel la revelación del sueño del rey?

    El rey había recibido un sueño que le perturbaba, pero no quiso contarlo a sus sabios. Su orden mostró la impotencia de toda sabiduría humana, nadie puede revelar lo que permanece escondido en la mente de otra persona. Daniel y sus amigos buscaron misericordia del Dios del cielo, y el Señor reveló el misterio.

    Por eso Daniel no se atribuyó el mérito. No dijo que había encontrado la respuesta por ser más preparado que los demás. Adoró a Dios porque entendió que la sabiduría y el poder le pertenecen. Dios conoce el futuro, gobierna sobre los reyes y no pierde el control cuando nosotros no sabemos qué camino tomar.

    Puedes ampliar esta enseñanza en el siguiente devocional:

    Aunque otros deciden, Dios sigue gobernando

    Lámina de contexto de «Alaba al Dios sabio y poderoso» (Daniel 2:20).

    TRES RAZONES PARA CAMBIAR

    I. POR QUÉ OCURRE EL PROBLEMA

    Nuestro corazón quiere sentirse seguro porque tiene respuestas, recursos o experiencia. Nos inquietamos cuando no podemos prever lo que sucederá, porque descubrimos que no gobernamos nuestra vida como pensábamos. El problema no es solo que nos falte información; muchas veces queremos vivir como si no necesitáramos depender de Dios.

    “Esto dice el Señor: «Que el sabio no se jacte de su sabiduría, ni el poderoso de su poder, ni el rico de sus riquezas. Pero los que desean jactarse que se jacten solamente de esto: que en verdad me conocen y entienden que yo soy el Señor que demuestra amor inagotable y que trae justicia y rectitud a la tierra, y que me deleito en esas cosas. ¡Yo, el Señor, he hablado!»”

    Jeremías 9:23-24

    Dios no nos llama a despreciar el conocimiento ni a dejar de actuar con responsabilidad. Nos llama a no convertir nuestra sabiduría, fuerza o posesiones en nuestra confianza. Cuando esas cosas ocupan el lugar de Dios, el temor crece en cuanto fallan. Daniel nos recuerda que la verdadera seguridad comienza al reconocer quién es el Señor.

    Lámina «El problema es confiar en nosotros, no la falta de respuestas» (Jeremías 9:23-24).

    II. ¿Cómo pedir sabiduría a Dios cuando no sabemos qué hacer?

    Daniel no se paralizó ni trató de resolverlo todo por sí mismo. Junto con sus amigos, buscó la misericordia de Dios. También nosotros debemos llevar ante el Señor aquello que no comprendemos, una decisión familiar, una enfermedad, una preocupación económica, un conflicto o el futuro que parece cerrado.

    “Si necesitan sabiduría, pídansela a nuestro generoso Dios, y él se la dará; no los reprenderá por pedirla.”

    Santiago 1:5

    Pedir sabiduría no es pedir a Dios que confirme siempre nuestros planes. Es pedirle que nos enseñe a pensar conforme a su Palabra, a discernir lo que agrada a Cristo y a obedecer incluso cuando no tenemos todas las respuestas. Dios no desprecia al creyente que reconoce su necesidad. Él recibe a sus hijos cuando se acercan con fe.

    Lámina «Pide sabiduría y obedece» (Santiago 1:5).

    III. ¿Podemos confiar en Dios sin conocer el futuro?

    La confianza en Dios no significa que conoceremos de antemano todo lo que sucederá. Significa que podemos descansar en Aquel que sí lo conoce. Daniel pudo comparecer ante el rey porque el Dios del cielo había revelado el misterio y seguía teniendo el poder sobre aquella situación.

    “Sin embargo, para los que Dios llamó a la salvación, tanto judíos como gentiles, Cristo es el poder de Dios y la sabiduría de Dios.”

    1 Corintios 1:24

    La mayor prueba de la sabiduría y el poder de Dios no fue solo revelar el sueño de un rey. Dios envió a su Hijo al mundo para salvar pecadores por medio de la cruz. Lo que el mundo consideró debilidad fue el camino perfecto por el que Cristo venció el pecado, la muerte y al diablo. En Jesús encontramos perdón, dirección, esperanza y una salvación que no depende de nuestra capacidad.

    Lámina «En Cristo encontramos el poder y la sabiduría de Dios» (1 Corintios 1:24).

    CRISTO ES EL CENTRO

    Cristo no es solamente un buen ejemplo de confianza. Él es la sabiduría y el poder de Dios para salvar a quienes creen. En la cruz llevó nuestra culpa; en su resurrección venció la muerte; y ahora reina sobre todo. Si has vivido apoyado en tu propia prudencia, arrepiente de ese orgullo y ven a Cristo. Él perdona y recibe al que se humilla ante Él.

    Si eres creyente, no vivas dominado por el temor de no saberlo todo. Cristo sabe lo que necesitas, conoce el camino y permanece contigo. Obedece la Palabra de Dios que ya tienes delante, ora por sabiduría y descansa en el Señor. No necesitas controlar el futuro para confiar en el Dios que gobierna el futuro.

    LECTURA COMPLETA DEL PASAJE

    Leer Daniel 2 en Biblia TRC

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    DEVOCIONALES RELACIONADOS

    1. Dios obrando de una manera admirable
    2. Confiar en Dios y no en la fuerza humana en Salmo 20:7
    3. Dios se dio a conocer en Cristo
  • Imagen destacada del devocional «Fortaleza en el día de la angustia», con referencia a Nahúm 1:7.

    Fortaleza en el día de la angustia

    🎧 Escucha un breve podcast basado en este devocional (5 min aprox.)

    “Bueno es Jehová, fortaleza en el día de la angustia; y conoce a los que en él confían.”

    Nahúm 1:7

    INTRODUCCIÓN

    La angustia tiene una manera particular de mostrarnos dónde estamos apoyando realmente nuestra vida. Mientras todo marcha bien podemos sentirnos fuertes, capaces de controlar las circunstancias y seguros de nuestros recursos. Pero basta una enfermedad, una noticia inesperada, un problema familiar, una preocupación económica o una situación que no sabemos resolver para descubrir lo frágiles que somos.

    ¿Qué promete Nahúm 1:7 en el día de la angustia?

    Nahúm 1:7 nos enseña cómo confiar en Dios en el día de la angustia. El profeta no dice que quienes confían en el Señor estarán libres de días difíciles. Dice algo mucho más necesario, cuando llegue ese día, Dios mismo será su fortaleza. El versículo comienza recordándonos quién es Él: «Bueno es Jehová». Después declara lo que hace: es «fortaleza en el día de la angustia». Y finalmente añade algo profundamente personal: «conoce a los que en él confían». Nuestra seguridad no está en que podamos evitar la angustia, sino en conocer al Dios que permanece fiel cuando la angustia llega.

    Portada vertical «Fortaleza en el día de la angustia» (Nahúm 1:7).

    CONTEXTO

    ¿En qué contexto anunció Nahúm la bondad y justicia de Dios?

    Nahúm profetizó contra Nínive, capital del imperio asirio, una potencia conocida por su violencia y crueldad. El mensaje del profeta anuncia que Dios no permanecerá indiferente ante el pecado y que llegará el momento de su juicio. Por eso el primer capítulo muestra al Señor como Dios santo, poderoso y justo, capaz de ejecutar su juicio contra quienes persisten en rebelarse contra Él.

    En medio de ese anuncio aparece Nahúm 1:7, y el contraste es muy importante. El Dios que juzga justamente el pecado es también bueno con aquellos que buscan refugio en Él. El texto no pretende decir simplemente que Dios puede ayudarnos a sentirnos mejor cuando sufrimos, sino que Él continúa siendo bueno y digno de confianza incluso cuando las circunstancias parecen amenazadoras. Su carácter no cambia porque nuestra situación cambie.

    Cuando Nahúm declara que Jehová es «fortaleza en el día de la angustia», tampoco promete que ese día nunca llegará. La Biblia no presenta la vida del creyente como una existencia protegida de toda enfermedad, pérdida, temor o incertidumbre. Lo que sí afirma es que cuando llegue la angustia, Dios no dejará de ser refugio para los suyos. Por eso necesitamos aprender a mirar primero quién es Dios antes de dejarnos dominar por aquello que está ocurriendo.

    Puedes ampliar esta enseñanza en el siguiente devocional:

    Confiar en Dios y no en la fuerza humana en Salmo 20:7

    TRES RAZONES PARA CAMBIAR

    I. PORQUE LA ANGUSTIA DESCUBRE DÓNDE ESTAMOS APOYANDO NUESTRA VIDA

    Cuando todo funciona como esperamos, podemos afirmar con facilidad que confiamos en Dios. Sin embargo, cuando surge un problema serio, nuestro corazón comienza a revelar dónde busca realmente seguridad. Entonces pensamos qué podemos hacer, a quién podemos llamar, cuánto dinero tenemos, qué recursos están disponibles o cómo recuperar cuanto antes el control de la situación. No hay nada incorrecto en actuar responsablemente, pero existe una diferencia entre utilizar los medios que Dios nos da y convertir esos medios en nuestra verdadera fortaleza.

    La angustia también puede llevarnos a dar vueltas continuamente al mismo problema. Intentamos prever todas las posibilidades, imaginamos lo peor y terminamos cargando hoy con situaciones que quizá nunca lleguen mañana. En ese punto no solamente estamos sufriendo por lo que ocurre, sino también por todo aquello que nuestra mente teme que pudiera ocurrir.

    David conoció esa lucha y la expresó con sinceridad:

    “¿Hasta cuándo pondré consejos en mi alma, con tristezas en mi corazón cada día? ¿Hasta cuándo será enaltecido mi enemigo sobre mí?”

    Salmos 13:2

    La Biblia no presenta a los creyentes como personas incapaces de sentir tristeza, temor o cansancio. David conoció esas emociones, pero no hizo de ellas su refugio. La angustia puede descubrir nuestra fragilidad, pero también puede servir para mostrarnos que no fuimos creados para sostener nuestra vida mediante nuestras propias fuerzas. Necesitamos volver a Dios y recordar que nuestra seguridad no depende de nuestra capacidad para controlar cada circunstancia.

    Por eso Nahúm comienza diciendo: «Bueno es Jehová». Antes de preguntarnos cómo terminará el problema, necesitamos recordar quién es Dios. Nuestras circunstancias pueden cambiar en pocas horas y nuestras fuerzas pueden agotarse, pero el Señor permanece siendo el mismo. Podemos desconocer lo que sucederá mañana, pero Dios no ha perdido el gobierno de nuestra vida ni de aquello que nos preocupa. La angustia, por tanto, puede convertirse en una ocasión para abandonar la falsa seguridad de nuestros propios recursos y volver a descansar en Él.

    Lámina «PORQUE LA ANGUSTIA DESCUBRE DÓNDE ESTAMOS APOYANDO NUESTRA VIDA» (Salmos 13:2).

    II. ¿Cómo orar a Dios en momentos de angustia?

    Nahúm no dice solamente que Dios posee fuerza suficiente para ayudarnos, sino que Él mismo es «fortaleza en el día de la angustia». Nuestra esperanza no consiste únicamente en pedirle que cambie nuestras circunstancias, sino en encontrar en Él el refugio que necesitamos mientras atravesamos aquello que todavía no podemos cambiar.

    El salmista expresa esta respuesta con claridad:

    “Esperad en él en todo tiempo, oh pueblos; Derramad delante de él vuestro corazón; Dios es nuestro refugio. Selah”

    Salmos 62:8

    Este texto une dos acciones que necesitamos mantener juntas, derramar nuestro corazón delante de Dios y esperar en Él. Podemos presentarle nuestras preocupaciones sin aparentar una fortaleza que no tenemos. Podemos hablarle de aquello que nos produce miedo, de nuestras dudas, de nuestro cansancio y de las situaciones que no sabemos resolver. Dios no nos exige que escondamos nuestra debilidad antes de acudir a Él.

    Sin embargo, la oración no consiste solamente en contarle a Dios lo que nos preocupa para después continuar viviendo como si todo dependiera de nosotros. El salmista también dice: «Esperad en él en todo tiempo». Confiar significa entregar al Señor aquello que no podemos controlar mientras obedecemos fielmente en aquello que sí nos corresponde hacer. Quizá hoy no podamos cambiar una enfermedad, modificar inmediatamente una situación familiar o conocer el desenlace de un problema, pero podemos seguir orando, obedeciendo y descansando en Dios.

    Esta confianza tampoco significa pasividad. Si hay que actuar, actuamos, si debemos pedir consejo, lo hacemos; si necesitamos corregir algo, lo corregimos. Pero mientras utilizamos responsablemente los medios que Dios pone a nuestro alcance, nuestra confianza permanece en Él y no en esos medios. Esa es la diferencia entre actuar desde la fe y actuar dominados por el temor.

    Lámina «PORQUE DIOS NOS LLAMA A DERRAMAR NUESTRO CORAZÓN DELANTE DE ÉL» (Salmos 62:8).

    III. ¿Qué dijo Jesús sobre la angustia y la paz?

    Nahúm habla del «día de la angustia», lo cual nos recuerda que confiar en Dios no significa vivir sin dificultades. Jesucristo tampoco prometió a sus discípulos que quedarían libres de toda aflicción. Al contrario, les habló con claridad acerca de lo que encontrarían en este mundo y también les mostró dónde debían buscar la paz.

    Jesús dijo:

    “Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo.”

    Juan 16:33

    Cristo coloca nuestra paz en una Persona: «en mí tengáis paz». Esto significa que nuestra paz no depende de que todos los problemas desaparezcan ni de que cada oración reciba inmediatamente la respuesta que esperábamos. El creyente puede atravesar una dificultad real y continuar descansando en Cristo porque su esperanza no está unida al comportamiento de las circunstancias, sino a la obra y al gobierno de su Salvador.

    Jesús también afirma que ha vencido al mundo. Cristo murió por nuestros pecados, resucitó de entre los muertos y reina. Por tanto, aquello que hoy amenaza nuestra tranquilidad no puede destronar a Cristo ni frustrar el propósito de Dios. Podemos sentirnos débiles, llorar, tener preguntas y atravesar períodos de incertidumbre sin abandonar la fe, porque nuestra esperanza descansa en Aquel que ya ha vencido.

    Nahúm añade que Dios «conoce a los que en él confían». Esa expresión muestra que el Señor no conoce solamente nuestras circunstancias de manera general, sino que conoce personalmente a los suyos. Él sabe qué nos preocupa, qué tememos, qué no sabemos explicar y qué necesidades tendremos antes de que nosotros mismos las conozcamos. Por eso el creyente no atraviesa el día de la angustia como alguien abandonado, sino como alguien conocido por Dios y sostenido por Cristo.

    Lámina «PORQUE NUESTRA PAZ ESTÁ EN CRISTO Y NO EN LA AUSENCIA DE PROBLEMAS» (Juan 16:33).

    CRISTO ES EL CENTRO

    Nahúm 1 no solamente habla de consuelo, sino también del juicio justo de Dios contra el pecado. Esto nos obliga a plantearnos una pregunta más profunda, si Dios es santo y nosotros somos pecadores, ¿cómo podemos encontrar refugio en Él? La respuesta no está en nuestros méritos, en nuestras buenas obras ni en nuestra capacidad para presentarnos como personas suficientemente buenas delante de Dios.

    Nuestra verdadera necesidad no es solamente recibir ayuda para soportar nuestras dificultades, sino ser reconciliados con Dios. Hemos pecado contra Él, hemos buscado muchas veces nuestra seguridad lejos de su voluntad y hemos querido gobernar nuestra vida sin someternos a su Palabra. Sin embargo, Dios envió a su Hijo para salvar a pecadores. Jesucristo vivió en perfecta obediencia al Padre, murió en la cruz cargando con el pecado de su pueblo y resucitó victorioso. Quienes se arrepienten y confían en Él reciben perdón y son reconciliados con Dios.

    Por eso Cristo es nuestro refugio en un sentido mucho más profundo que cualquier alivio temporal. En Él encontramos paz con Dios, perdón, esperanza y vida eterna. Cuando llega la angustia, el creyente no necesita convencerse de que es suficientemente fuerte, sino recordar que pertenece a Cristo y que su Salvador sigue reinando. Puede que la circunstancia difícil continúe y puede que Dios no responda en el momento o de la manera que esperaba, pero eso no significa que haya dejado de ser bueno ni que haya abandonado a los suyos.

    Nahúm 1:7 nos permite afrontar la angustia desde tres certezas que deben permanecer unidas dentro de nuestra confianza: Dios es bueno, Dios es fortaleza en el día de la angustia y Dios conoce a quienes confían en Él. Estas verdades no eliminan automáticamente nuestros problemas, pero cambian el lugar desde el cual los enfrentamos. Ya no necesitamos descansar en nuestra capacidad para controlar el futuro, sino en el Dios que gobierna el futuro y que nos ha dado a Cristo como Salvador y esperanza.

    LECTURA COMPLETA DEL PASAJE

    Leer Nahúm 1 en Biblia TRC

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    Ministerio
    Tres razones para cambiar

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    1. Confiar en Dios y no en la fuerza humana en Salmo 20:7
    2. Demasiada carga
    3. Una alegría que no se viene abajo en Isaías 26:4
  • Imagen destacada del devocional «Lo que Cristo te ha confiado no debes cambiarlo», con referencia a 2 Timoteo 2:2.

    Lo que Cristo te ha confiado no debes cambiarlo

    🎧 Escucha un breve podcast basado en este devocional (5 min aprox.)

    “Ahora enséñales estas verdades a otras personas dignas de confianza, quienes podrán enseñárselas a otros.”

    2 Timoteo 2:2

    INTRODUCCIÓN

    En una conversación de iglesia puede sonar una frase muy convincente y, sin embargo, no proceder de la Palabra de Dios. Puede hablar de éxito, de bienestar o de promesas que Dios no ha hecho. Si nadie abre la Biblia para comprobarlo, el error se repite y termina formando a otros.

    ¿Cómo transmitir fielmente el evangelio según 2 Timoteo 2:2?

    2 Timoteo 2:2 muestra cómo transmitir fielmente el evangelio cuando necesitamos formar discípulos firmes en Cristo. Pablo recuerda a Timoteo que la verdad que había recibido no era una idea personal que pudiera modificar a su gusto. Debía encargarla a personas fieles que, a su vez, pudieran enseñarla a otros. Dios no ha dado a la Iglesia libertad para inventar el mensaje, nos ha confiado su Palabra para que la guardemos, la vivamos y la comuniquemos.

    No basta con no guardar la fe para nosotros mismos. También debemos procurar no mezclar el evangelio con enseñanzas falsas. Lo que enseñamos sobre Dios, Cristo, el pecado, la salvación y la obediencia importa profundamente, porque afecta a quienes nos escuchan.

    Portada vertical «Lo que Cristo te ha confiado no debes cambiarlo» (2 Timoteo 2:2).

    CONTEXTO

    ¿Cuáles son las cuatro generaciones de discípulos en 2 Timoteo 2:2?

    Pablo escribe esta carta desde la prisión. Sabe que su muerte se acerca y exhorta a Timoteo a continuar sirviendo con firmeza. En aquellos días había falsos maestros, oposición al evangelio y creyentes que podían desanimarse. Timoteo no necesitaba una estrategia nueva; necesitaba permanecer en la gracia que Cristo Jesús da y conservar la enseñanza apostólica.

    La orden de 2 Timoteo 2:2 presenta una cadena de fidelidad. Pablo había enseñado a Timoteo delante de muchos testigos. Timoteo debía enseñar esas mismas verdades a personas dignas de confianza. Ellas, después, debían enseñarlas a otros. Así crece la Iglesia, no mediante mensajes inventados, sino mediante la Palabra de Dios transmitida fielmente.

    El peligro de apartarse de esa Palabra sigue presente. Puedes ampliar esta enseñanza en el siguiente devocional:

    Confusión espiritual, según 2 Timoteo 4:3-4

    Lámina de contexto de «Lo que Cristo te ha confiado no debes cambiarlo» (2 Timoteo 2:2).

    TRES RAZONES PARA CAMBIAR

    I. POR QUÉ OCURRE EL PROBLEMA

    El problema comienza cuando el corazón humano prefiere tener el control. Nos cuesta aceptar que Dios es quien habla y que nosotros debemos escuchar. Por eso podemos elegir las partes de la Biblia que nos resultan agradables y dejar de lado las que nos confrontan. Queremos hablar de amor, pero no de pecado; de bendición, pero no de arrepentimiento, de Cristo como ayuda, pero no de Cristo como Señor.

    Jesús denunció este pecado en los líderes religiosos. Ellos conservaban muchas prácticas, pero habían permitido que sus propias tradiciones ocuparan el lugar del mandamiento de Dios. También nosotros debemos examinarnos: ¿estamos enseñando lo que Dios ha dicho o lo que nos parece más cómodo?

    “Pues ustedes no obedecen el mandamiento de Dios y, en cambio, siguen sus propias tradiciones.”

    Marcos 7:8

    No formarás discípulos fieles a Cristo si les das solamente tus opiniones. La Iglesia necesita maestros, padres y creyentes que se sometan primero ellos mismos a la Escritura.

    Lámina «No cambies la Palabra por lo que te resulta cómodo» (Marcos 7:8).

    II. CÓMO ACTUAR

    La respuesta no es callar por miedo a equivocarnos, sino volver una y otra vez a la Palabra de Dios. Debemos leerla con atención, escucharla con humildad, comprobar lo que oímos y enseñar lo que realmente dice. El arrepentimiento incluye dejar de tratar nuestras ideas como si fueran la voz de Dios.

    Pablo enseña que quien sirve debe mantener un firme compromiso con el mensaje fiel. Esto requiere trabajo, oración y disposición para ser corregidos. También requiere amor por aquellos a quienes enseñamos. No les servimos cuando les decimos solo lo que desean oír, les servimos cuando les mostramos a Cristo en las Escrituras.

    “Debe tener un fuerte compromiso con el mensaje fiel tal como fue enseñado; así podrá animar a otros con la sana enseñanza y demostrar a los que se oponen en qué están equivocados.”

    Tito 1:9

    Quizá Dios te ha dado la responsabilidad de enseñar a tus hijos, acompañar a un creyente nuevo, dirigir un estudio bíblico o aconsejar a alguien que sufre. No necesitas inventar algo llamativo. Abre la Biblia, explica la verdad con sencillez y ora para que el Espíritu Santo la aplique al corazón.

    Lámina «Vuelve a la Palabra y enseña lo que Dios dice» (Tito 1:9).

    III. QUÉ OCURRE CUANDO CONFIAMOS

    El creyente no guarda la verdad por su propia fuerza. Dios no nos deja solos ante el error, la confusión o la presión de agradar a otros. El Espíritu Santo mora en quienes pertenecen a Cristo y les capacita para conservar el buen depósito del evangelio.

    Esto no promete que no habrá dificultades. Puede haber rechazo cuando la Iglesia se mantiene fiel a la Palabra. Pero Cristo es suficiente para sostener a los suyos. Cuando confiamos en Él, aprendemos a perseverar sin modificar el mensaje y a enseñar con paciencia, amor y valentía.

    “Mediante el poder del Espíritu Santo, quien vive en nosotros, cuida con sumo cuidado la preciosa enseñanza que se te confió.”

    2 Timoteo 1:14

    La esperanza no descansa en nuestra capacidad para formar a otros, sino en Cristo, que edifica su Iglesia. Él usa su Palabra para salvar, corregir y hacer crecer a su pueblo.

    Lámina «El Espíritu Santo te capacita para guardar el evangelio» (2 Timoteo 1:14).

    CRISTO ES EL CENTRO

    Jesucristo es el mensaje que hemos recibido y debemos transmitir. Él es el Hijo de Dios hecho hombre, el único Salvador de los pecadores. En la cruz llevó el castigo que merecíamos por haber rechazado la voz de Dios y haber seguido nuestros propios caminos. Resucitó al tercer día y llama a todos a arrepentirse de sus pecados y a creer en Él.

    No anunciamos una religión hecha de normas humanas. Anunciamos a Cristo crucificado y resucitado. El que se sabe perdonado por Él no quiere usar la Biblia para imponerse sobre otros ni para crear seguidores de sí mismo. Quiere que otros conozcan, amen y obedezcan al Señor Jesús.

    Si has recibido el evangelio, no lo escondas ni lo cambies. Descansa en Cristo, aprende de su Palabra y pide al Espíritu Santo que te ayude a transmitir con fidelidad lo que Dios ha dicho.

    LECTURA COMPLETA DEL PASAJE

    Leer 2 Timoteo 2 en Biblia TRC

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    Tres razones para cambiar

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    1. Poniendo palabras en boca de Dios
    2. Vivir de toda palabra de Dios
    3. Todo cambia, la palabra de Cristo permanece
  • Imagen destacada del devocional «Lo que sobrevive no siempre es bueno», con referencia a Salmos 92:7.

    Lo que sobrevive no siempre es bueno

    🎧 Escucha un breve podcast basado en este devocional (5 min aprox.)

    “aunque los malvados broten como maleza
    y los malhechores florezcan,
    serán destruidos para siempre.”

    Salmos 92:7

    INTRODUCCIÓN

    En España tenemos un refrán muy conocido: «hierba mala nunca muere». Lo decimos normalmente en tono de broma para referirnos a alguien que parece resistirlo todo. Sin embargo, resulta curioso que después vivamos en una sociedad que admira precisamente esa capacidad de sobrevivir. Se celebra al fuerte, al que aguanta, al que se impone, al que permanece cuando otros caen. Como si seguir en pie demostrara automáticamente que uno está haciendo las cosas bien.

    ¿Qué enseña Salmo 92:7 sobre la prosperidad de los malvados?

    Pero Salmos 92:7 rompe esa manera de pensar. El salmista reconoce que los malvados pueden brotar, crecer y hasta florecer. Es decir, pueden prosperar, conseguir lo que quieren y permanecer durante mucho tiempo. Sin embargo, Dios advierte que ese florecimiento no demuestra que tengan su aprobación. Cuando el mal parece prosperar, Salmos 92:7 enseña que sobrevivir no demuestra tener razón; necesitamos aprender a mirar la vida según la Palabra de Dios y no según el éxito visible.

    ¿Demuestran los buenos resultados que algo agrada a Dios?

    Ahí está nuestra dificultad. Hemos aprendido a medir lo bueno por los resultados: si funciona, será bueno; si prospera, estará bien; si alguien consigue imponerse, habrá hecho lo correcto. Pero Dios no mide como nosotros.

    Portada vertical «Lo que sobrevive no siempre es bueno» (Salmos 92:7).

    CONTEXTO

    El Salmo 92 comienza dando gracias al Señor y proclamando su fidelidad. El salmista contempla las obras de Dios y reconoce que sus pensamientos son profundos. Entonces introduce una realidad que puede resultar desconcertante: los malvados también crecen. No todo el que florece pertenece al Señor, y no todo crecimiento procede de su aprobación.

    La imagen es muy clara. La maleza puede crecer deprisa, extenderse y ocupar mucho terreno. Durante un tiempo parece incluso más fuerte que otras plantas. Pero su abundancia no cambia lo que es. Del mismo modo, una persona puede prosperar viviendo lejos de Dios; una empresa puede enriquecerse haciendo lo injusto; una conducta pecaminosa puede convertirse en socialmente aceptable; una mentira puede repetirse durante años y seguir siendo mentira.

    Nuestra sociedad suele decir: «Ha sobrevivido, por algo será», «ha llegado arriba», «nadie ha podido con él». Dios nos enseña a hacer otra pregunta: ¿agrada esto al Señor?

    Este mismo conflicto aparece cuando miramos la prosperidad de quienes viven sin tener en cuenta a Dios. Puedes ampliar esta enseñanza en el siguiente devocional:

    ¿Les tienes envidia?

    El problema no es que una persona sea fuerte o perseverante. La Biblia valora la perseverancia. El problema comienza cuando convertimos la supervivencia, el éxito o el poder en medidas de bondad. No todo lo que permanece merece permanecer. No todo lo que triunfa agrada a Dios.

    Lámina de contexto de «Lo que sobrevive no siempre es bueno» (Salmos 92:7).

    TRES RAZONES PARA CAMBIAR

    I. POR QUÉ OCURRE EL PROBLEMA

    Nuestro corazón tiene una enorme facilidad para llamar bueno a aquello que nos beneficia, nos gusta o consigue resultados. Si una conducta proporciona placer, aceptación, dinero, influencia o poder, pronto encontramos argumentos para justificarla. Y cuando toda una sociedad comienza a hacerlo, incluso aquello que Dios llama pecado puede terminar presentándose como virtud.

    Isaías denunció precisamente esta inversión de valores:

    “¡Qué aflicción para los que dicen
    que lo malo es bueno y lo bueno es malo,
    que la oscuridad es luz y la luz es oscuridad,
    que lo amargo es dulce y lo dulce es amargo!”

    Isaías 5:20

    Ese es uno de los peligros más serios del pecado: no solamente hacemos lo malo, sino que podemos terminar cambiándole el nombre. Ya no hablamos de orgullo, sino de autoestima; no hablamos de avaricia, sino de ambición; no hablamos de engaño, sino de saber moverse; no hablamos de egoísmo, sino de mirar por uno mismo.

    Y si además esa conducta funciona, prospera y consigue resultados, parece recibir una confirmación adicional.

    Pero el éxito nunca convierte el pecado en obediencia.

    La pregunta del creyente no puede ser solamente: «¿Me está funcionando?». Debemos preguntarnos: «¿Esto es bueno delante de Dios?»

    Lámina «El éxito nunca convierte el pecado en obediencia» (Isaías 5:20).

    II. ¿Cómo discernir lo que agrada a Dios?

    El creyente necesita aprender a juzgar la realidad mediante la Palabra de Dios y no mediante los aplausos de la sociedad. Pablo lo expresa de una forma sencilla:

    “Averigüen bien lo que agrada al Señor.”

    Efesios 5:10

    No dice: averigüen lo que funciona. Tampoco dice: averigüen lo que hace la mayoría, lo que está de moda o lo que os permitirá llegar más lejos.

    Dice: lo que agrada al Señor.

    Esto cambia nuestras decisiones. Puede haber caminos muy rentables que no debemos recorrer. Puede haber relaciones que todo el mundo considera normales y que Dios nos llama a abandonar. Puede haber formas de hablar, negociar, trabajar o tratar a otros que producen resultados, pero no honran a Cristo.

    Por eso necesitamos la Palabra de Dios. Ella corrige nuestra manera de valorar las cosas. El Espíritu Santo utiliza esa Palabra para mostrarnos el pecado, llevarnos al arrepentimiento y enseñarnos a obedecer a Cristo.

    Quizá hoy necesites dejar de justificar algo únicamente porque hasta ahora «te ha funcionado». Que no hayas sufrido todavía sus consecuencias no significa que Dios lo apruebe.

    Lámina «Mide por lo que agrada al Señor, no por aplausos» (Efesios 5:10).

    III. QUÉ OCURRE CUANDO CONFIAMOS

    Aquí aparece una diferencia fundamental entre el mal en el Salmo y el creyente en Cristo. El mal puede durar mucho tiempo, pero no dura para siempre. Cristo, en cambio, posee una vida que ni siquiera la muerte puede destruir.

    Jesús dijo:

    “Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí vivirá aun después de haber muerto.”

    Juan 11:25

    La esperanza cristiana no consiste en aprender a sobrevivir como podamos. Tampoco consiste en convertirnos en personas tan fuertes que nadie pueda derribarnos.

    Nuestra esperanza es Cristo.

    Puedes perder una posición y seguir teniendo a Cristo. Puedes perder dinero y seguir teniendo a Cristo. Puedes atravesar enfermedad, oposición, fracaso e incluso la muerte, y seguir perteneciendo a Cristo.

    Eso cambia completamente la pregunta.

    El mundo pregunta: «¿Quién conseguirá sobrevivir?».

    El Evangelio pregunta: «¿A quién perteneces?»

    Porque aquel que está unido a Cristo tiene una vida que la muerte no puede destruir.

    Lámina «El mal no dura para siempre; Cristo sí» (Juan 11:25).

    CRISTO ES EL CENTRO

    Jesús no vino a enseñarnos simplemente a ser más resistentes. Vino a salvar pecadores.

    Cristo no prosperó según los criterios con los que muchas veces medimos el éxito. Fue despreciado, rechazado, traicionado y crucificado. A los ojos de muchos, parecía que sus enemigos habían vencido. Pero precisamente en aquella cruz estaba cumpliendo el propósito de Dios para nuestra salvación.

    Al tercer día resucitó.

    Y ahí queda destruida nuestra manera superficial de medir las cosas.

    Los que parecían vencedores quedaron delante del Cristo resucitado. El que parecía derrotado venció a la muerte.

    Por eso no necesitas convertirte en «hierba mala» para sobrevivir. No necesitas endurecerte, imponerte ni hacer cualquier cosa para permanecer en pie. Necesitas a Cristo.

    Él murió por nuestros pecados y resucitó. Él perdona al que se arrepiente y cree. Él transforma nuestra manera de vivir y nos enseña que hay algo mucho más importante que sobrevivir: permanecer fieles al Señor.

    Tal vez alguien haga lo malo durante muchos años y parezca salirse con la suya. No lo envidies.

    Tal vez tú hagas lo correcto y durante un tiempo parezca que pierdes. No abandones al Señor.

    La pregunta final no será quién consiguió mantenerse más tiempo en pie, sino quién estaba reconciliado con Dios por medio de Cristo.

    La maleza también florece.

    Pero solo Cristo da vida eterna.

    LECTURA COMPLETA DEL PASAJE

    Leer Salmos 92 en Biblia TRC

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    Tres razones para cambiar

    DEVOCIONALES RELACIONADOS

    1. ¿Les tienes envidia?
    2. Salmo 37:4 — Deléitate en el Señor
    3. Confiar en Dios y no en la fuerza humana en Salmo 20:7
  • Imagen destacada del devocional «Tememos a las personas más que a Dios», con referencia a Isaías 51:12.

    Tememos a las personas más que a Dios

    🎧 Escucha un breve podcast basado en este devocional (5 min aprox.)

    “Yo, sí, yo soy quien te consuela. Entonces, ¿por qué les temes a simples seres humanos que se marchitan como la hierba y desaparecen?”

    Isaías 51:12

    INTRODUCCIÓN

    Una opinión puede condicionarnos más de lo que queremos reconocer. Callamos para evitar problemas, cambiamos una decisión para no decepcionar a alguien, buscamos aprobación antes de obedecer a Dios o pasamos horas preocupados por lo que una persona pueda pensar, decir o hacer contra nosotros. El temor al hombre puede llegar a ocupar un lugar que solamente corresponde al Señor.

    ¿Qué enseña Isaías 51:12 sobre el temor a las personas?

    Isaías 51:12 confronta precisamente ese temor. Dios pregunta a su pueblo por qué teme a seres humanos que son pasajeros como la hierba, mientras olvida al Señor que puede consolarlo. El problema no consiste en reconocer que otras personas pueden herirnos o causarnos dificultades. El problema comienza cuando su poder se vuelve tan grande ante nuestros ojos que dejamos de mirar quién es Dios. Isaías 51:12 nos enseña cómo vencer el temor a las personas recordando quién es Dios y descansando en su cuidado.

    Portada vertical «Tememos a las personas más que a Dios» (Isaías 51:12).

    CONTEXTO

    Isaías 51 habla a un pueblo que necesitaba consuelo. Jerusalén había conocido aflicción, juicio y amenaza, pero Dios llama repetidamente a su pueblo a escucharle. El Señor les recuerda de dónde los había sacado, lo que había prometido y quién era Él. La respuesta al temor no comienza mirando al enemigo, sino recordando al Dios que permanece fiel.

    ¿Por qué Dios dice «yo soy quien te consuela»?

    Por eso las palabras del versículo 12 son tan directas: “Yo, sí, yo soy quien te consuela”. Dios pone frente a frente dos realidades. Por un lado está el Señor, eterno, poderoso y fiel. Por otro, el ser humano, que se marchita como la hierba. Cuando olvidamos esta diferencia, las personas pueden parecernos enormes y Dios puede terminar ocupando un lugar demasiado pequeño en nuestros pensamientos.

    El versículo siguiente lleva todavía más lejos la reprensión, el temor había crecido porque el pueblo había olvidado al Señor, su Creador. Ese es el corazón del problema. No siempre dejamos de creer que Dios existe; muchas veces simplemente vivimos durante unas horas, unos días o incluso años como si la opinión, la amenaza o el rechazo de una persona tuviera más peso que la presencia de Dios.

    Puedes ampliar esta enseñanza en el siguiente devocional:

    Confiar en Dios y no en la fuerza humana en Salmo 20:7

    Lámina de contexto de «Tememos a las personas más que a Dios» (Isaías 51:12).

    TRES RAZONES PARA CAMBIAR

    I. PORQUE EL TEMOR A LAS PERSONAS PUEDE TERMINAR GOBERNANDO NUESTRAS DECISIONES

    El temor al hombre no siempre aparece como pánico. Puede esconderse detrás de nuestra necesidad de agradar, de evitar una conversación necesaria, de recibir reconocimiento o de no quedar mal delante de otros. Podemos saber perfectamente lo que Dios dice y, sin embargo, terminar preguntándonos primero: “¿Qué pensarán de mí?”.

    Ese temor se convierte en un problema cuando determina nuestra obediencia. Si sabemos que debemos hablar con verdad pero callamos por miedo, el temor está gobernando. Si sabemos que debemos apartarnos del pecado pero continuamos porque queremos ser aceptados, el temor está gobernando. Si nuestra paz depende continuamente de la aprobación de otros, hemos entregado a las personas un poder que no les corresponde.

    La Palabra de Dios lo expresa con claridad:

    “El temor del hombre pondrá lazo;
    Mas el que confía en Jehová será exaltado.”

    Proverbios 29:25

    Un lazo atrapa. Eso hace el temor al hombre. Nos hace medir nuestras palabras, nuestra obediencia e incluso nuestra identidad por la reacción de otras personas.

    Isaías 51:12 rompe ese engaño recordándonos algo muy sencillo, las personas son personas. Pueden tener autoridad, influencia e incluso capacidad para hacernos daño, pero siguen siendo criaturas limitadas. No son Dios. No gobiernan nuestra vida. No tienen la última palabra.

    Necesitamos preguntarnos con sinceridad: ¿hay alguna persona cuya opinión temo más que desobedecer al Señor?

    Lámina «PORQUE EL TEMOR A LAS PERSONAS PUEDE TERMINAR GOBERNANDO NUESTRAS DECISIONES» (Proverbios 29:25).

    II. ¿Cómo dejar de temer a las personas sin despreciarlas?

    La solución al temor al hombre no consiste en volvernos arrogantes, insensibles o despreocupados por los demás. La Biblia no nos enseña a decir: “No me importa nadie”. Nos enseña algo mucho mejor, colocar a cada persona en su lugar justo y reconocer a Dios como Señor.

    Jesús habló con enorme claridad acerca de esto:

    “Y no temáis a los que matan el cuerpo, mas el alma no pueden matar; temed más bien a aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno.”

    Mateo 10:28

    Cristo no niega que los hombres puedan hacernos daño. Precisamente reconoce que pueden llegar incluso a matar el cuerpo. Sin embargo, establece un límite: hasta ahí llega su poder. Por encima de todos está Dios.

    Esto cambia nuestra manera de actuar. Cuando llega el momento de escoger entre agradar a una persona y obedecer al Señor, obedecemos al Señor. Cuando decir la verdad puede costarnos aceptación, decimos la verdad con amor. Cuando nuestra fidelidad a Cristo provoca rechazo, no respondemos con orgullo ni agresividad, pero tampoco escondemos nuestra fe.

    Quizá hoy tu temor tenga un nombre concreto. Puede ser un jefe, un familiar, un amigo, alguien con autoridad o simplemente ese grupo de personas cuya aprobación necesitas continuamente. Lleva ese temor delante de Dios. Reconócelo. Pide perdón si te ha llevado a desobedecer y vuelve a colocar tu confianza donde debe estar.

    No necesitas convertirte en una persona que no siente miedo. Necesitas aprender a obedecer a Dios incluso cuando lo sientes.

    Lámina «PORQUE DIOS NOS LLAMA A TEMERLE A ÉL Y OBEDECER SU PALABRA» (Mateo 10:28).

    III. PORQUE EL SEÑOR ES NUESTRO AYUDADOR Y NO NOS ABANDONA

    Isaías 51:12 no comienza con una reprimenda, sino con consuelo: “Yo, sí, yo soy quien te consuela”.

    Esto es importante. Dios no simplemente dice: “Deja de tener miedo”. Antes recuerda a su pueblo quién está con ellos. La seguridad del creyente no nace de repetir que todo saldrá bien, sino de saber quién es el Señor y descansar en su fidelidad.

    Por eso podemos decir:

    “El Señor es mi ayudador; no temeré
    Lo que me pueda hacer el hombre.”

    Hebreos 13:6

    Observa el orden. Primero: “El Señor es mi ayudador”. Después: “no temeré”. La confianza no nace de negar el peligro, sino de conocer al Dios que está con nosotros.

    Puede que una persona te rechace. Puede que alguien hable injustamente de ti. Puede que obedecer a Cristo tenga consecuencias. Dios nunca ha prometido que seguirle nos librará de toda oposición humana. Lo que sí ha prometido es que los suyos nunca estarán fuera de sus manos.

    Cuando esta verdad gobierna el corazón, la opinión de las personas deja de ser nuestro juez. Podemos escuchar consejos, reconocer nuestros errores, pedir perdón cuando sea necesario y recibir corrección con humildad, pero ya no necesitamos vivir esclavizados por la aprobación humana.

    Nuestro descanso está en Dios.

    Lámina «PORQUE EL SEÑOR ES NUESTRO AYUDADOR Y NO NOS ABANDONA» (Hebreos 13:6).

    CRISTO ES EL CENTRO

    Jesucristo conoció como nadie el rechazo de los hombres. Fue despreciado, acusado falsamente, abandonado y condenado. Las autoridades religiosas se levantaron contra Él, Pilato cedió ante la presión de la multitud y quienes gritaban pedían su crucifixión. Sin embargo, Cristo no cambió su misión para conseguir la aprobación de los hombres.

    Él obedeció perfectamente al Padre.

    Nosotros no lo hemos hecho. Muchas veces hemos callado cuando debíamos hablar, hemos cedido cuando debíamos permanecer firmes y hemos buscado más la aprobación humana que la gloria de Dios. Por eso nuestra esperanza no puede estar en convertirnos simplemente en personas más valientes. Necesitamos un Salvador.

    Cristo llevó en la cruz el pecado de quienes hemos temido más al hombre que a Dios. Murió por pecadores y resucitó venciendo la muerte. En Él encontramos perdón por nuestras cobardías y gracia para comenzar de nuevo.

    Además, Cristo nos muestra hasta dónde puede llegar realmente el poder humano. Los hombres pudieron llevarlo a la cruz, pero no pudieron impedir su resurrección. La tumba no tuvo la última palabra. Dios la tuvo.

    Por eso el creyente puede mirar a las personas sin despreciarlas y sin temerlas como si fueran soberanas. Podemos amarlas, servirlas, respetarlas y, cuando corresponda, someternos a la autoridad que Dios ha establecido. Pero solamente Cristo es Señor.

    Cuando el miedo vuelva, recuerda Isaías 51:12. Pregúntate quién está delante de ti y después recuerda quién está por encima de esa persona.

    “Yo, sí, yo soy quien te consuela.”

    El hombre se marchita como la hierba. Cristo permanece para siempre.

    LECTURA COMPLETA DEL PASAJE

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