Devocional diario en la Palabra de Dios


Rogad al Señor de la mies

🎧 Escucha un breve podcast basado en este devocional (5 min aprox.)

“La mies, ciertamente, es mucha, pero son pocos los obreros. Por tanto, rogad al Señor de la mies que envíe obreros a su mies.”
Lucas 10:2

Jesús está enviando a setenta discípulos delante de Él, a los lugares donde Él mismo iba a ir. No los envía a construir su propio reino, ni a buscar reconocimiento, ni a depender de sus fuerzas. Los envía como mensajeros del Reino de Dios.

La imagen de la mies habla de una cosecha. Hay almas necesitadas, hay personas que deben escuchar el evangelio, hay un campo preparado delante de los ojos de Dios. Pero Jesús también señala una realidad dolorosa: los obreros son pocos.

La respuesta de Cristo no es primero organizar más actividad, ni lamentarse, ni caer en desesperación. Su mandato es claro: “rogad al Señor de la mies”. La misión empieza de rodillas, reconociendo que la obra pertenece a Dios.

Este llamado se conecta con la misión que Cristo entregó a su Iglesia. También puedes leer este devocional relacionado: Paz en Cristo y misión del creyente.

La mies es mucha, pero la obra sigue siendo del Señor

Tres razones para cambiar

I. Porque podemos ver la necesidad y olvidar al Dueño de la mies

El problema no es solo que haya mucha necesidad. El problema es que muchas veces miramos la necesidad sin mirar primero a Dios. Vemos la mies, vemos la falta de obreros, vemos la urgencia, pero el corazón puede llenarse de ansiedad, queja o desánimo.

Jesús no niega la realidad. La mies es mucha. El pecado ha dañado el corazón humano. Hay ceguera espiritual, incredulidad, dolor y muerte. Pero Cristo nos recuerda que la mies tiene Señor. No es nuestra obra. No es nuestro campo. No es nuestra gloria.

Cuando olvidamos esto, servimos con miedo, con orgullo o con agotamiento. Pero cuando recordamos que Dios es el Señor de la mies, la carga vuelve a su lugar correcto: sobre sus manos.

“Alzad vuestros ojos y mirad los campos, porque ya están blancos para la siega.”
Juan 4:35

El Señor nos abre los ojos para ver la necesidad, pero también nos llama a mirar con fe. La mies es mucha, sí. Pero Dios no ha perdido el control.

II. Porque la primera respuesta del creyente debe ser orar

Jesús dice: “rogad”. Antes de enviar, antes de correr, antes de hablar, antes de planear, la Iglesia debe orar. Esto no significa pasividad. Significa dependencia.

La oración reconoce que solo Dios puede levantar obreros verdaderos. Solo Dios llama. Solo Dios capacita. Solo Dios abre puertas. Solo Dios convence de pecado. Solo Dios salva por medio de Cristo.

A veces queremos resolver la falta de obreros con presión, con culpa o con estrategias humanas. Pero Cristo nos lleva a algo más profundo: pedir al Señor que envíe obreros. Obreros humildes, fieles, llenos de amor por el evangelio, sometidos a la Palabra y dispuestos a servir sin buscar su propia gloria.

“Orad sin cesar.”
1 Tesalonicenses 5:17

Esta oración también nos confronta. Porque cuando oramos: “Señor, envía obreros”, debemos estar dispuestos a decir: “Señor, aquí estoy. Haz tu voluntad conmigo”.

III. Porque cuando confiamos en Cristo, servimos con esperanza

Jesús no llama a su Iglesia a servir desde la desesperación, sino desde la confianza. La mies es mucha, los obreros son pocos, pero Cristo es suficiente. Él es el Salvador. Él es quien dio su vida por los pecadores. Él es quien resucitó. Él es quien edifica su Iglesia.

Servimos porque Cristo nos amó primero. Anunciamos el evangelio porque Él vino a buscar y salvar lo que se había perdido. Oramos por obreros porque creemos que Dios sigue obrando. No trabajamos para ganar el favor de Dios, sino porque ya hemos recibido gracia en Cristo.

Cuando confiamos en Él, la carga no desaparece, pero cambia. Ya no es una carga de ansiedad, sino de amor. Ya no servimos para demostrar algo, sino para obedecer al Señor. Ya no miramos la escasez como derrota, sino como llamado a depender más de Dios.

“Por tanto, id y haced discípulos a todas las naciones…”
Mateo 28:19

Cristo no solo manda a ir. Cristo promete estar con los suyos. Por eso la Iglesia puede orar, servir, evangelizar y perseverar con esperanza.

Cristo es el centro

Cristo vio la mies como nadie la ha visto. Él vio multitudes perdidas, ovejas sin pastor, corazones esclavos del pecado y personas cansadas bajo el peso de su culpa. Y no se quedó lejos. Vino al mundo. Tomó forma de siervo. Predicó el Reino. Llamó al arrepentimiento. Murió en la cruz por pecadores y resucitó para dar vida eterna.

Él es el Señor de la mies. La obra no descansa sobre nuestra capacidad, sino sobre su autoridad. Él llama, salva, envía y sostiene. Cuando el creyente se siente pequeño ante tanta necesidad, debe mirar a Cristo. Cuando la Iglesia se siente débil, debe rogar al Señor. Cuando faltan obreros, no debemos rendirnos; debemos orar con fe y obedecer con humildad.

Cristo también nos llama al arrepentimiento. Tal vez hemos visto la mies y hemos cerrado los ojos. Tal vez hemos orado poco. Tal vez hemos servido con queja. Tal vez hemos vivido demasiado centrados en nosotros mismos. Hoy el Señor nos llama a volver a Él, a confiar en su gracia y a vivir disponibles para su obra.

Lectura completa del pasaje

Puedes leer el capítulo completo aquí.

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Si necesitas ayuda o consejo, puedes contactar con el pastor Jesús Morcillo, quien estará dispuesto a escucharte y orar contigo.

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