Sobre Jesús García Morcillo

Pastor y ministro de culto en Albacete (España), graduado en Teología por la FTUEBE y miembro del Colegio de Pastores de la UEBE. Prepara, redacta y revisa personalmente los devocionales de Tres Razones para Cambiar para explicar la Biblia, presentar a Jesucristo y aplicar la Palabra de Dios a la vida diaria.

Cómo se elaboran los devocionales · Conoce el ministerio

Jesús García Morcillo, pastor y autor de los devocionales

Autor: Jesús Morcillo

  • Imagen destacada del devocional «Lo que sobrevive no siempre es bueno», con referencia a Salmos 92:7.

    Lo que sobrevive no siempre es bueno

    🎧 Escucha un breve podcast basado en este devocional (5 min aprox.)

    “aunque los malvados broten como maleza
    y los malhechores florezcan,
    serán destruidos para siempre.”

    Salmos 92:7

    INTRODUCCIÓN

    En España tenemos un refrán muy conocido: «hierba mala nunca muere». Lo decimos normalmente en tono de broma para referirnos a alguien que parece resistirlo todo. Sin embargo, resulta curioso que después vivamos en una sociedad que admira precisamente esa capacidad de sobrevivir. Se celebra al fuerte, al que aguanta, al que se impone, al que permanece cuando otros caen. Como si seguir en pie demostrara automáticamente que uno está haciendo las cosas bien.

    ¿Qué enseña Salmo 92:7 sobre la prosperidad de los malvados?

    Pero Salmos 92:7 rompe esa manera de pensar. El salmista reconoce que los malvados pueden brotar, crecer y hasta florecer. Es decir, pueden prosperar, conseguir lo que quieren y permanecer durante mucho tiempo. Sin embargo, Dios advierte que ese florecimiento no demuestra que tengan su aprobación. Cuando el mal parece prosperar, Salmos 92:7 enseña que sobrevivir no demuestra tener razón; necesitamos aprender a mirar la vida según la Palabra de Dios y no según el éxito visible.

    ¿Demuestran los buenos resultados que algo agrada a Dios?

    Ahí está nuestra dificultad. Hemos aprendido a medir lo bueno por los resultados: si funciona, será bueno; si prospera, estará bien; si alguien consigue imponerse, habrá hecho lo correcto. Pero Dios no mide como nosotros.

    Portada vertical «Lo que sobrevive no siempre es bueno» (Salmos 92:7).

    CONTEXTO

    El Salmo 92 comienza dando gracias al Señor y proclamando su fidelidad. El salmista contempla las obras de Dios y reconoce que sus pensamientos son profundos. Entonces introduce una realidad que puede resultar desconcertante: los malvados también crecen. No todo el que florece pertenece al Señor, y no todo crecimiento procede de su aprobación.

    La imagen es muy clara. La maleza puede crecer deprisa, extenderse y ocupar mucho terreno. Durante un tiempo parece incluso más fuerte que otras plantas. Pero su abundancia no cambia lo que es. Del mismo modo, una persona puede prosperar viviendo lejos de Dios; una empresa puede enriquecerse haciendo lo injusto; una conducta pecaminosa puede convertirse en socialmente aceptable; una mentira puede repetirse durante años y seguir siendo mentira.

    Nuestra sociedad suele decir: «Ha sobrevivido, por algo será», «ha llegado arriba», «nadie ha podido con él». Dios nos enseña a hacer otra pregunta: ¿agrada esto al Señor?

    Este mismo conflicto aparece cuando miramos la prosperidad de quienes viven sin tener en cuenta a Dios. Puedes ampliar esta enseñanza en el siguiente devocional:

    ¿Les tienes envidia?

    El problema no es que una persona sea fuerte o perseverante. La Biblia valora la perseverancia. El problema comienza cuando convertimos la supervivencia, el éxito o el poder en medidas de bondad. No todo lo que permanece merece permanecer. No todo lo que triunfa agrada a Dios.

    Lámina de contexto de «Lo que sobrevive no siempre es bueno» (Salmos 92:7).

    TRES RAZONES PARA CAMBIAR

    I. POR QUÉ OCURRE EL PROBLEMA

    Nuestro corazón tiene una enorme facilidad para llamar bueno a aquello que nos beneficia, nos gusta o consigue resultados. Si una conducta proporciona placer, aceptación, dinero, influencia o poder, pronto encontramos argumentos para justificarla. Y cuando toda una sociedad comienza a hacerlo, incluso aquello que Dios llama pecado puede terminar presentándose como virtud.

    Isaías denunció precisamente esta inversión de valores:

    “¡Qué aflicción para los que dicen
    que lo malo es bueno y lo bueno es malo,
    que la oscuridad es luz y la luz es oscuridad,
    que lo amargo es dulce y lo dulce es amargo!”

    Isaías 5:20

    Ese es uno de los peligros más serios del pecado: no solamente hacemos lo malo, sino que podemos terminar cambiándole el nombre. Ya no hablamos de orgullo, sino de autoestima; no hablamos de avaricia, sino de ambición; no hablamos de engaño, sino de saber moverse; no hablamos de egoísmo, sino de mirar por uno mismo.

    Y si además esa conducta funciona, prospera y consigue resultados, parece recibir una confirmación adicional.

    Pero el éxito nunca convierte el pecado en obediencia.

    La pregunta del creyente no puede ser solamente: «¿Me está funcionando?». Debemos preguntarnos: «¿Esto es bueno delante de Dios?»

    Lámina «El éxito nunca convierte el pecado en obediencia» (Isaías 5:20).

    II. ¿Cómo discernir lo que agrada a Dios?

    El creyente necesita aprender a juzgar la realidad mediante la Palabra de Dios y no mediante los aplausos de la sociedad. Pablo lo expresa de una forma sencilla:

    “Averigüen bien lo que agrada al Señor.”

    Efesios 5:10

    No dice: averigüen lo que funciona. Tampoco dice: averigüen lo que hace la mayoría, lo que está de moda o lo que os permitirá llegar más lejos.

    Dice: lo que agrada al Señor.

    Esto cambia nuestras decisiones. Puede haber caminos muy rentables que no debemos recorrer. Puede haber relaciones que todo el mundo considera normales y que Dios nos llama a abandonar. Puede haber formas de hablar, negociar, trabajar o tratar a otros que producen resultados, pero no honran a Cristo.

    Por eso necesitamos la Palabra de Dios. Ella corrige nuestra manera de valorar las cosas. El Espíritu Santo utiliza esa Palabra para mostrarnos el pecado, llevarnos al arrepentimiento y enseñarnos a obedecer a Cristo.

    Quizá hoy necesites dejar de justificar algo únicamente porque hasta ahora «te ha funcionado». Que no hayas sufrido todavía sus consecuencias no significa que Dios lo apruebe.

    Lámina «Mide por lo que agrada al Señor, no por aplausos» (Efesios 5:10).

    III. QUÉ OCURRE CUANDO CONFIAMOS

    Aquí aparece una diferencia fundamental entre el mal en el Salmo y el creyente en Cristo. El mal puede durar mucho tiempo, pero no dura para siempre. Cristo, en cambio, posee una vida que ni siquiera la muerte puede destruir.

    Jesús dijo:

    “Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí vivirá aun después de haber muerto.”

    Juan 11:25

    La esperanza cristiana no consiste en aprender a sobrevivir como podamos. Tampoco consiste en convertirnos en personas tan fuertes que nadie pueda derribarnos.

    Nuestra esperanza es Cristo.

    Puedes perder una posición y seguir teniendo a Cristo. Puedes perder dinero y seguir teniendo a Cristo. Puedes atravesar enfermedad, oposición, fracaso e incluso la muerte, y seguir perteneciendo a Cristo.

    Eso cambia completamente la pregunta.

    El mundo pregunta: «¿Quién conseguirá sobrevivir?».

    El Evangelio pregunta: «¿A quién perteneces?»

    Porque aquel que está unido a Cristo tiene una vida que la muerte no puede destruir.

    Lámina «El mal no dura para siempre; Cristo sí» (Juan 11:25).

    CRISTO ES EL CENTRO

    Jesús no vino a enseñarnos simplemente a ser más resistentes. Vino a salvar pecadores.

    Cristo no prosperó según los criterios con los que muchas veces medimos el éxito. Fue despreciado, rechazado, traicionado y crucificado. A los ojos de muchos, parecía que sus enemigos habían vencido. Pero precisamente en aquella cruz estaba cumpliendo el propósito de Dios para nuestra salvación.

    Al tercer día resucitó.

    Y ahí queda destruida nuestra manera superficial de medir las cosas.

    Los que parecían vencedores quedaron delante del Cristo resucitado. El que parecía derrotado venció a la muerte.

    Por eso no necesitas convertirte en «hierba mala» para sobrevivir. No necesitas endurecerte, imponerte ni hacer cualquier cosa para permanecer en pie. Necesitas a Cristo.

    Él murió por nuestros pecados y resucitó. Él perdona al que se arrepiente y cree. Él transforma nuestra manera de vivir y nos enseña que hay algo mucho más importante que sobrevivir: permanecer fieles al Señor.

    Tal vez alguien haga lo malo durante muchos años y parezca salirse con la suya. No lo envidies.

    Tal vez tú hagas lo correcto y durante un tiempo parezca que pierdes. No abandones al Señor.

    La pregunta final no será quién consiguió mantenerse más tiempo en pie, sino quién estaba reconciliado con Dios por medio de Cristo.

    La maleza también florece.

    Pero solo Cristo da vida eterna.

    LECTURA COMPLETA DEL PASAJE

    Leer Salmos 92 en Biblia TRC

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    1. ¿Les tienes envidia?
    2. Salmo 37:4 — Deléitate en el Señor
    3. Confiar en Dios y no en la fuerza humana en Salmo 20:7
  • Imagen destacada del devocional «Tememos a las personas más que a Dios», con referencia a Isaías 51:12.

    Tememos a las personas más que a Dios

    🎧 Escucha un breve podcast basado en este devocional (5 min aprox.)

    “Yo, sí, yo soy quien te consuela. Entonces, ¿por qué les temes a simples seres humanos que se marchitan como la hierba y desaparecen?”

    Isaías 51:12

    INTRODUCCIÓN

    Una opinión puede condicionarnos más de lo que queremos reconocer. Callamos para evitar problemas, cambiamos una decisión para no decepcionar a alguien, buscamos aprobación antes de obedecer a Dios o pasamos horas preocupados por lo que una persona pueda pensar, decir o hacer contra nosotros. El temor al hombre puede llegar a ocupar un lugar que solamente corresponde al Señor.

    ¿Qué enseña Isaías 51:12 sobre el temor a las personas?

    Isaías 51:12 confronta precisamente ese temor. Dios pregunta a su pueblo por qué teme a seres humanos que son pasajeros como la hierba, mientras olvida al Señor que puede consolarlo. El problema no consiste en reconocer que otras personas pueden herirnos o causarnos dificultades. El problema comienza cuando su poder se vuelve tan grande ante nuestros ojos que dejamos de mirar quién es Dios. Isaías 51:12 nos enseña cómo vencer el temor a las personas recordando quién es Dios y descansando en su cuidado.

    Portada vertical «Tememos a las personas más que a Dios» (Isaías 51:12).

    CONTEXTO

    Isaías 51 habla a un pueblo que necesitaba consuelo. Jerusalén había conocido aflicción, juicio y amenaza, pero Dios llama repetidamente a su pueblo a escucharle. El Señor les recuerda de dónde los había sacado, lo que había prometido y quién era Él. La respuesta al temor no comienza mirando al enemigo, sino recordando al Dios que permanece fiel.

    ¿Por qué Dios dice «yo soy quien te consuela»?

    Por eso las palabras del versículo 12 son tan directas: “Yo, sí, yo soy quien te consuela”. Dios pone frente a frente dos realidades. Por un lado está el Señor, eterno, poderoso y fiel. Por otro, el ser humano, que se marchita como la hierba. Cuando olvidamos esta diferencia, las personas pueden parecernos enormes y Dios puede terminar ocupando un lugar demasiado pequeño en nuestros pensamientos.

    El versículo siguiente lleva todavía más lejos la reprensión, el temor había crecido porque el pueblo había olvidado al Señor, su Creador. Ese es el corazón del problema. No siempre dejamos de creer que Dios existe; muchas veces simplemente vivimos durante unas horas, unos días o incluso años como si la opinión, la amenaza o el rechazo de una persona tuviera más peso que la presencia de Dios.

    Puedes ampliar esta enseñanza en el siguiente devocional:

    Confiar en Dios y no en la fuerza humana en Salmo 20:7

    Lámina de contexto de «Tememos a las personas más que a Dios» (Isaías 51:12).

    TRES RAZONES PARA CAMBIAR

    I. PORQUE EL TEMOR A LAS PERSONAS PUEDE TERMINAR GOBERNANDO NUESTRAS DECISIONES

    El temor al hombre no siempre aparece como pánico. Puede esconderse detrás de nuestra necesidad de agradar, de evitar una conversación necesaria, de recibir reconocimiento o de no quedar mal delante de otros. Podemos saber perfectamente lo que Dios dice y, sin embargo, terminar preguntándonos primero: “¿Qué pensarán de mí?”.

    Ese temor se convierte en un problema cuando determina nuestra obediencia. Si sabemos que debemos hablar con verdad pero callamos por miedo, el temor está gobernando. Si sabemos que debemos apartarnos del pecado pero continuamos porque queremos ser aceptados, el temor está gobernando. Si nuestra paz depende continuamente de la aprobación de otros, hemos entregado a las personas un poder que no les corresponde.

    La Palabra de Dios lo expresa con claridad:

    “El temor del hombre pondrá lazo;
    Mas el que confía en Jehová será exaltado.”

    Proverbios 29:25

    Un lazo atrapa. Eso hace el temor al hombre. Nos hace medir nuestras palabras, nuestra obediencia e incluso nuestra identidad por la reacción de otras personas.

    Isaías 51:12 rompe ese engaño recordándonos algo muy sencillo, las personas son personas. Pueden tener autoridad, influencia e incluso capacidad para hacernos daño, pero siguen siendo criaturas limitadas. No son Dios. No gobiernan nuestra vida. No tienen la última palabra.

    Necesitamos preguntarnos con sinceridad: ¿hay alguna persona cuya opinión temo más que desobedecer al Señor?

    Lámina «PORQUE EL TEMOR A LAS PERSONAS PUEDE TERMINAR GOBERNANDO NUESTRAS DECISIONES» (Proverbios 29:25).

    II. ¿Cómo dejar de temer a las personas sin despreciarlas?

    La solución al temor al hombre no consiste en volvernos arrogantes, insensibles o despreocupados por los demás. La Biblia no nos enseña a decir: “No me importa nadie”. Nos enseña algo mucho mejor, colocar a cada persona en su lugar justo y reconocer a Dios como Señor.

    Jesús habló con enorme claridad acerca de esto:

    “Y no temáis a los que matan el cuerpo, mas el alma no pueden matar; temed más bien a aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno.”

    Mateo 10:28

    Cristo no niega que los hombres puedan hacernos daño. Precisamente reconoce que pueden llegar incluso a matar el cuerpo. Sin embargo, establece un límite: hasta ahí llega su poder. Por encima de todos está Dios.

    Esto cambia nuestra manera de actuar. Cuando llega el momento de escoger entre agradar a una persona y obedecer al Señor, obedecemos al Señor. Cuando decir la verdad puede costarnos aceptación, decimos la verdad con amor. Cuando nuestra fidelidad a Cristo provoca rechazo, no respondemos con orgullo ni agresividad, pero tampoco escondemos nuestra fe.

    Quizá hoy tu temor tenga un nombre concreto. Puede ser un jefe, un familiar, un amigo, alguien con autoridad o simplemente ese grupo de personas cuya aprobación necesitas continuamente. Lleva ese temor delante de Dios. Reconócelo. Pide perdón si te ha llevado a desobedecer y vuelve a colocar tu confianza donde debe estar.

    No necesitas convertirte en una persona que no siente miedo. Necesitas aprender a obedecer a Dios incluso cuando lo sientes.

    Lámina «PORQUE DIOS NOS LLAMA A TEMERLE A ÉL Y OBEDECER SU PALABRA» (Mateo 10:28).

    III. PORQUE EL SEÑOR ES NUESTRO AYUDADOR Y NO NOS ABANDONA

    Isaías 51:12 no comienza con una reprimenda, sino con consuelo: “Yo, sí, yo soy quien te consuela”.

    Esto es importante. Dios no simplemente dice: “Deja de tener miedo”. Antes recuerda a su pueblo quién está con ellos. La seguridad del creyente no nace de repetir que todo saldrá bien, sino de saber quién es el Señor y descansar en su fidelidad.

    Por eso podemos decir:

    “El Señor es mi ayudador; no temeré
    Lo que me pueda hacer el hombre.”

    Hebreos 13:6

    Observa el orden. Primero: “El Señor es mi ayudador”. Después: “no temeré”. La confianza no nace de negar el peligro, sino de conocer al Dios que está con nosotros.

    Puede que una persona te rechace. Puede que alguien hable injustamente de ti. Puede que obedecer a Cristo tenga consecuencias. Dios nunca ha prometido que seguirle nos librará de toda oposición humana. Lo que sí ha prometido es que los suyos nunca estarán fuera de sus manos.

    Cuando esta verdad gobierna el corazón, la opinión de las personas deja de ser nuestro juez. Podemos escuchar consejos, reconocer nuestros errores, pedir perdón cuando sea necesario y recibir corrección con humildad, pero ya no necesitamos vivir esclavizados por la aprobación humana.

    Nuestro descanso está en Dios.

    Lámina «PORQUE EL SEÑOR ES NUESTRO AYUDADOR Y NO NOS ABANDONA» (Hebreos 13:6).

    CRISTO ES EL CENTRO

    Jesucristo conoció como nadie el rechazo de los hombres. Fue despreciado, acusado falsamente, abandonado y condenado. Las autoridades religiosas se levantaron contra Él, Pilato cedió ante la presión de la multitud y quienes gritaban pedían su crucifixión. Sin embargo, Cristo no cambió su misión para conseguir la aprobación de los hombres.

    Él obedeció perfectamente al Padre.

    Nosotros no lo hemos hecho. Muchas veces hemos callado cuando debíamos hablar, hemos cedido cuando debíamos permanecer firmes y hemos buscado más la aprobación humana que la gloria de Dios. Por eso nuestra esperanza no puede estar en convertirnos simplemente en personas más valientes. Necesitamos un Salvador.

    Cristo llevó en la cruz el pecado de quienes hemos temido más al hombre que a Dios. Murió por pecadores y resucitó venciendo la muerte. En Él encontramos perdón por nuestras cobardías y gracia para comenzar de nuevo.

    Además, Cristo nos muestra hasta dónde puede llegar realmente el poder humano. Los hombres pudieron llevarlo a la cruz, pero no pudieron impedir su resurrección. La tumba no tuvo la última palabra. Dios la tuvo.

    Por eso el creyente puede mirar a las personas sin despreciarlas y sin temerlas como si fueran soberanas. Podemos amarlas, servirlas, respetarlas y, cuando corresponda, someternos a la autoridad que Dios ha establecido. Pero solamente Cristo es Señor.

    Cuando el miedo vuelva, recuerda Isaías 51:12. Pregúntate quién está delante de ti y después recuerda quién está por encima de esa persona.

    “Yo, sí, yo soy quien te consuela.”

    El hombre se marchita como la hierba. Cristo permanece para siempre.

    LECTURA COMPLETA DEL PASAJE

    Leer Isaías 51 en Biblia TRC

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    Ministerio
    Tres razones para cambiar

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  • Imagen destacada del devocional «Abre las puertas al Rey de gloria», con referencia a Salmos 24:9.

    Abre las puertas al Rey de gloria

    🎧 Escucha un breve podcast basado en este devocional (5 min aprox.)

    “¡Ábranse, portones antiguos! Ábranse, puertas antiguas, y dejen que entre el Rey de gloria.”

    Salmos 24:9

    INTRODUCCIÓN

    ¿Qué significa abrir las puertas al Rey de gloria?

    Salmos 24:9 contiene una orden solemne, las puertas deben abrirse porque llega el Rey de gloria. No se anuncia la llegada de alguien que viene a pedir permiso, sino la entrada del Señor, Aquel a quien pertenece la tierra y todo lo que hay en ella. El significado de Salmos 24:9 está unido a esta verdad: Dios es Rey, tiene autoridad y merece ser recibido y reconocido como tal.

    Sin embargo, precisamente ahí aparece nuestro problema. Nos resulta fácil buscar a Dios cuando necesitamos ayuda, protección o consuelo, pero otra cosa es reconocer su derecho a gobernarnos. Queremos que Dios abra puertas delante de nosotros, mientras nosotros podemos mantener cerradas algunas puertas delante de Él. Salmos 24:9 nos llama a dejar de resistir el gobierno de Dios y reconocer al Rey de gloria. La pregunta, por tanto, no es solamente qué significaban aquellas puertas en el Salmo, sino qué hacemos nosotros delante del Rey. ¿Nos rendimos ante Él o seguimos intentando gobernar nuestra vida sin someternos a su Palabra?

    Portada vertical «Abre las puertas al Rey de gloria» (Salmos 24:9).

    CONTEXTO

    El Salmo 24 comienza mucho antes de hablar de puertas. David declara que la tierra, el mundo y quienes lo habitan pertenecen al Señor. Después pregunta quién puede subir al monte del Señor y permanecer en su lugar santo. La respuesta habla de manos limpias, corazón puro y una vida que no se entrega a la falsedad.

    ¿Quién es el Rey de gloria en el Salmo 24?

    Entonces llegamos a la parte final del Salmo. Aparece la imagen solemne de unas puertas que deben levantarse para recibir al Rey de gloria. El énfasis no está principalmente en las puertas, sino en quién está llegando. El Salmo responde: es el Señor fuerte y poderoso.

    Por eso debemos tener cuidado de no convertir inmediatamente esas puertas en una simple imagen sentimental del corazón. Primero debemos escuchar lo que el Salmo proclama: Dios es el Rey de gloria. Él es santo, poderoso y soberano. Todo le pertenece y nadie puede reclamar independencia delante de Él.

    Esta verdad cambia también nuestra manera de vivir. No somos propietarios absolutos de nuestra vida. Pertenecemos a Dios y necesitamos aprender a confiar en Él en lugar de sostenernos en nuestra propia fuerza.

    Puedes ampliar esta enseñanza en el siguiente devocional:

    Confiar en Dios y no en la fuerza humana en Salmo 20:7

    Lámina de contexto de «Abre las puertas al Rey de gloria» (Salmos 24:9).

    TRES RAZONES PARA CAMBIAR

    I. PORQUE QUEREMOS LOS BENEFICIOS DEL REY SIN SOMETERNOS AL REY

    Nuestro problema no consiste solamente en que hacemos cosas equivocadas. El pecado afecta a nuestra relación con Dios. Queremos ocupar un lugar que no nos corresponde y dirigir nuestra vida como si fuéramos nuestros propios señores.

    Podemos incluso reconocer que Dios existe, acudir a Él cuando tenemos problemas y agradecerle aquello que recibimos, pero resistirnos cuando su Palabra contradice nuestros deseos. Queremos que Dios bendiga nuestros planes, pero no siempre queremos preguntarnos si nuestros planes le agradan.

    La Escritura describe así el problema del corazón humano:

    “Es cierto, ellos conocieron a Dios pero no quisieron adorarlo como Dios ni darle gracias.”

    Romanos 1:21

    Este es un diagnóstico incómodo, pero necesario. El pecado no consiste únicamente en quebrantar unas normas. Consiste también en negarnos a darle a Dios el lugar que le corresponde.

    Salmos 24:9 nos coloca delante del Rey de gloria. Y delante de un Rey no podemos comportarnos como si nosotros ocupáramos el trono.

    Quizá el conflicto aparece en una decisión que ya hemos tomado sin consultar la Palabra de Dios, en una relación que sabemos que debemos ordenar, en un pecado que seguimos justificando o en una parte de nuestra vida que queremos controlar completamente. Podemos pedir que Dios nos ayude mientras, al mismo tiempo, nos resistimos a que Dios nos gobierne.

    Por eso necesitamos algo más profundo que solucionar nuestros problemas. Necesitamos reconocer nuevamente quién es el Rey.

    Lámina «PORQUE QUEREMOS LOS BENEFICIOS DEL REY SIN SOMETERNOS AL REY» (Salmos 24:9).

    II. PORQUE ABRIR LAS PUERTAS SIGNIFICA RENUNCIAR A GOBERNARNOS A NOSOTROS MISMOS

    Reconocer a Cristo como Señor tiene consecuencias concretas. Jesús nunca presentó el discipulado como una forma de añadir ayuda espiritual a una vida que continuamos dirigiendo nosotros.

    Su llamado fue mucho más claro:

    “Entonces dijo a la multitud: «Si alguno de ustedes quiere ser mi seguidor, tiene que abandonar su propia manera de vivir, tomar su cruz cada día y seguirme».”

    Lucas 9:23

    Seguir a Cristo significa dejar de colocarnos en el centro. No quiere decir que el creyente alcance una obediencia perfecta, sino que ya no desea vivir deliberadamente resistiendo el gobierno de Cristo.

    Por eso abrir las puertas al Rey de gloria tiene una aplicación muy concreta. Debemos preguntarnos dónde estamos resistiendo hoy la Palabra de Dios.

    Puede ser necesario perdonar. Puede haber un pecado que confesar y abandonar. Quizá necesitamos pedir perdón a alguien. Tal vez Dios está poniendo delante de nosotros una responsabilidad que llevamos tiempo evitando. O quizá hemos convertido nuestros planes, dinero, comodidad o reconocimiento en algo que defendemos incluso cuando nos aparta de la obediencia.

    La respuesta bíblica no consiste en negociar con Dios hasta encontrar una obediencia que nos resulte cómoda. Consiste en arrepentirnos, creer y obedecer.

    No hacemos esto para conseguir que Cristo nos ame. Lo hacemos porque hemos comprendido quién es Él. El Rey de gloria merece nuestra confianza y nuestra obediencia.

    Lámina «PORQUE ABRIR LAS PUERTAS SIGNIFICA RENUNCIAR A GOBERNARNOS A NOSOTROS MISMOS» (Salmos 24:9).

    III. PORQUE EL REY DE GLORIA ES TAMBIÉN NUESTRO SALVADOR

    Si solamente contempláramos la santidad y autoridad de Dios, tendríamos motivos para temblar. El Salmo ya ha preguntado quién puede estar delante del Señor, y nosotros sabemos que nuestro corazón no es limpio por naturaleza.

    Aquí aparece nuestra necesidad más profunda.

    No podemos abrirnos camino hasta Dios mediante nuestros méritos. Necesitamos que Dios nos rescate. Y eso es precisamente lo que encontramos en Cristo.

    “Pues él nos rescató del reino de la oscuridad y nos trasladó al reino de su Hijo amado, quien compró nuestra libertad y perdonó nuestros pecados.”

    Colosenses 1:13-14

    Observa el lenguaje: reino, Hijo, rescate, libertad y perdón.

    El evangelio no consiste en que nosotros conseguimos convertirnos en ciudadanos dignos del Reino. Dios rescata a pecadores y los lleva al reino de su Hijo.

    Cristo murió por pecadores y resucitó. Nuestra esperanza no descansa en haber abierto perfectamente todas las puertas de nuestra vida, sino en la obra perfecta del Hijo de Dios. Él perdona al que se arrepiente y cree, sostiene al débil y transforma progresivamente a quienes le pertenecen.

    Por eso someternos a Cristo no significa caer en manos de un tirano. Significa vivir bajo el gobierno del Rey que entregó su vida para salvar a su pueblo.

    Podemos dejar de defender nuestro pequeño reino porque hemos conocido al verdadero Rey.

    Lámina «PORQUE EL REY DE GLORIA ES TAMBIÉN NUESTRO SALVADOR» (Salmos 24:9).

    ¿Por qué se llama «Jehová de los ejércitos» al Rey de gloria?

    Salmo 24:8 lo presenta como el Señor fuerte y poderoso en batalla, y el versículo 10 lo llama «Jehová de los ejércitos». El título proclama su poder y autoridad: el Rey que llega no depende de que las puertas le concedan grandeza. El salmo dirige la adoración hacia Dios; no convierte a una persona, una nación o un ejército humano en el Rey de gloria. Su aplicación cristiana debe mantener esa diferencia.

    CRISTO ES EL CENTRO

    La pregunta que se repite al final del Salmo 24 es decisiva: “¿Quién es el Rey de gloria?”

    Al leer toda la Escritura, nuestra mirada termina dirigiéndose hacia Cristo. Jesús es el Hijo de Dios que vino a este mundo, fue rechazado por los hombres, murió en la cruz y resucitó. Aquel que fue humillado es también el Señor exaltado.

    Cristo no vino simplemente para ayudarnos a conseguir una vida más cómoda. Vino a salvar pecadores y formar un pueblo que viva bajo su gobierno.

    Por eso existe una diferencia enorme entre acudir a Jesús solamente cuando necesitamos algo y reconocer verdaderamente a Cristo como Señor. Podemos querer que sane nuestras heridas, calme nuestros temores, resuelva nuestros problemas familiares o nos ayude en una dificultad y, sin embargo, resistir su Palabra cuando nos llama al arrepentimiento.

    El evangelio nos lleva más lejos.

    Cristo murió precisamente por aquello que intentamos esconder. En la cruz cargó con el pecado de su pueblo. Resucitó venciendo la muerte y ahora podemos acercarnos a Dios confiando en Él.

    Por eso hoy no necesitas esconderte del Rey.

    Necesitas rendirte ante Él.

    Tal vez sabes perfectamente qué área de tu vida estás intentando mantener bajo tu propio gobierno. No necesitas justificarla ni prometer que algún día cambiarás. Puedes llevarla hoy delante de Cristo, confesar tus errores, pedir su perdón y comenzar a obedecer su Palabra.

    Abre las puertas al Rey de gloria.

    No porque Cristo necesite que nosotros le concedamos autoridad. Él ya es Señor. Hazlo porque necesitas dejar de vivir como si el trono te perteneciera.

    El Rey de gloria es también el Salvador de pecadores.

    LECTURA COMPLETA DEL PASAJE

    Leer Salmos 24 en Biblia TRC

    COMPÁRTELO

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  • Imagen destacada del devocional «Cuando llevamos problemas a nuestra propia casa», con referencia a Proverbios 11:29.

    Cuando llevamos problemas a nuestra propia casa

    🎧 Escucha un breve podcast basado en este devocional (5 min aprox.)

    “Los que traen problemas a su familia heredan el viento. El necio será sirviente del sabio.”

    Proverbios 11:29

    INTRODUCCIÓN

    Es posible trabajar mucho por nuestra familia, preocuparnos por ella e incluso decir que todo lo hacemos por su bien y, al mismo tiempo, estar introduciendo en casa aquello que termina dañándola. Una palabra hiriente, el orgullo que nunca reconoce una falta, decisiones egoístas, el deseo de imponer nuestra voluntad o una forma de vivir en la que siempre tienen que ceder los demás pueden convertir el hogar en un lugar difícil.

    ¿Qué significa heredar el viento según Proverbios 11:29?

    Proverbios 11:29 advierte precisamente de esto: «Los que traen problemas a su familia heredan el viento». El significado de Proverbios 11:29 no se limita a una mala decisión económica ni a una discusión familiar concreta. Salomón señala una manera necia de vivir cuyas consecuencias alcanzan a quienes tenemos más cerca. Quien perjudica su propia casa cree que está ganando algo, pero finalmente «hereda el viento»: termina con las manos vacías. Por eso este texto nos obliga a preguntarnos no solamente qué recibimos de nuestra familia, sino qué estamos llevando nosotros a ella.

    La buena noticia es que Dios no se limita a mostrarnos el problema. Su Palabra nos lleva hasta Cristo, quien perdona al pecador, cambia el corazón y nos enseña a vivir con una sabiduría diferente.

    Portada vertical «Cuando llevamos problemas a nuestra propia casa» (Proverbios 11:29).

    CONTEXTO

    ¿A quiénes puede afectar la necedad según Proverbios 11:29?

    Proverbios 11 reúne numerosas comparaciones entre el justo y el malvado, entre la sabiduría y la necedad, entre aquello que parece beneficioso durante un tiempo y aquello que verdaderamente permanece. En este contexto, el versículo 29 presenta una consecuencia especialmente seria, la necedad nunca afecta únicamente a quien la practica. Puede alcanzar a todo el hogar.

    La expresión «heredan el viento» describe el resultado vacío de esa manera de vivir. Quien intenta conseguir lo que quiere a costa de los demás puede creer durante un tiempo que está venciendo, pero termina perdiendo aquello que verdaderamente importa. Una casa puede tener bienes, comodidad y apariencia de estabilidad mientras sus relaciones se deterioran por el orgullo, la dureza, la avaricia o la falta de perdón.

    Este mismo asunto aparece de manera muy concreta en otro devocional publicado: Gritos llenos de pan
    Ese devocional parte precisamente de Proverbios 17:1 y trata la paz en casa frente a las contiendas familiares.

    Lámina de contexto de «Cuando llevamos problemas a nuestra propia casa» (Proverbios 11:29).

    TRES RAZONES PARA CAMBIAR

    I. POR QUÉ OCURRE EL PROBLEMA

    Los conflictos familiares pueden tener causas diferentes, pero la Biblia no permite que nos excuse­mos diciendo que todo se debe al carácter del otro. Muchas peleas comienzan mucho antes de que alguien levante la voz. Comienzan en un corazón que desea controlar, recibir, imponerse, tener razón o conseguir aquello que quiere.

    “¿Qué es lo que causa las disputas y las peleas entre ustedes? ¿Acaso no surgen de los malos deseos que combaten en su interior?”

    Santiago 4:1

    Santiago dirige nuestra mirada hacia dentro. Antes de preguntar por qué mi cónyuge, mis hijos, mis padres o mis hermanos actúan como actúan, la Palabra de Dios me llama a examinar mis propios deseos. Hay discusiones que aparentemente comenzaron por dinero, horarios, tareas, decisiones o comentarios, pero debajo puede existir orgullo, egoísmo, impaciencia o deseo de controlar.

    Proverbios 11:29 llama necio precisamente al que no reconoce esto. El necio siempre encuentra un culpable fuera de sí mismo. El sabio escucha la Palabra de Dios y permite que Dios le muestre primero su propio error. Allí comienza el cambio verdadero, no justificándonos, sino reconociendo delante de Dios aquello que estamos aportando al problema.

    Lámina «El conflicto empieza dentro del corazón» (Santiago 4:1).

    II. ¿Cómo responder cuando hemos hecho daño a nuestra familia?

    Reconocer que estamos haciendo daño no es suficiente. Dios nos llama a responder de una manera diferente. En una familia no podremos controlar las palabras, decisiones o actitudes de todos, pero sí somos responsables delante de Dios de cómo respondemos nosotros.

    “La respuesta amable desvía el enojo, pero las palabras ásperas encienden los ánimos.”

    Proverbios 15:1

    La sabiduría bíblica no consiste en ganar todas las discusiones, sino en aprender a hablar y actuar bajo el gobierno de Dios. Una respuesta amable no significa negar la verdad ni permitir el pecado. Significa decir la verdad sin utilizarla como arma, corregir sin humillar y buscar la reconciliación en lugar de alimentar el enfrentamiento.

    Quizá hoy necesites hacer algo muy sencillo y muy difícil a la vez, pedir perdón sin añadir después un «pero tú también». Tal vez necesites callar una respuesta que solamente aumentaría el conflicto. Puede que tengas que reconocer delante de tu familia que has actuado con orgullo, dureza o egoísmo.

    El arrepentimiento verdadero no consiste en lamentar solamente las consecuencias. Consiste en llamar pecado a lo que Dios llama pecado y comenzar a caminar en obediencia.

    Lámina «Responde bajo el gobierno de Dios» (Proverbios 15:1).

    III. QUÉ OCURRE CUANDO CONFIAMOS

    Aquí podría aparecer una carga difícil: «He cometido demasiados errores», «he herido a mi familia» o «ya no puedo reparar todo lo ocurrido». Proverbios 11:29 es una advertencia seria, pero la respuesta de Dios al pecador arrepentido no termina en la condenación.

    “Él mismo cargó nuestros pecados sobre su cuerpo en la cruz, para que nosotros podamos estar muertos al pecado y vivir para lo que es recto.”

    1 Pedro 2:24

    Cristo no vino solamente a enseñarnos a ser personas más agradables dentro de casa. Él llevó nuestros pecados sobre la cruz. Allí están también nuestro orgullo, nuestras palabras crueles, nuestro egoísmo, nuestra impaciencia y todo aquello con lo que hemos herido a otros.

    Eso significa que el creyente no tiene que esconder su pecado para proteger su imagen. Puede reconocerlo porque su esperanza no está en demostrar que siempre actuó bien, sino en Cristo. Y precisamente porque Cristo ha cargado con nuestro pecado, ahora somos llamados a «vivir para lo que es recto».

    Tal vez no puedas borrar una palabra pronunciada hace años ni cambiar decisiones del pasado. Pero por la gracia de Dios puedes arrepentirte hoy, pedir perdón, comenzar a obedecer y confiar en que Cristo sigue transformando a quienes se acercan a Él.

    Lámina «En Cristo puedes comenzar de nuevo» (1 Pedro 2:24).

    CRISTO ES EL CENTRO

    Jesucristo conoció perfectamente lo que significa vivir entre pecadores y, sin embargo, nunca llevó pecado a quienes estaban a su alrededor. No respondió al desprecio con desprecio ni utilizó su poder para imponerse egoístamente. Vivió en perfecta obediencia al Padre y amó hasta entregar su propia vida.

    Nosotros no podemos presentarnos delante de Dios diciendo: «He sido un buen esposo», «he sido una buena madre», «he sido un buen hijo» o «yo no he provocado los problemas». Todos necesitamos la justicia de otro. Necesitamos a Cristo.

    En la cruz, el Hijo de Dios cargó con la culpa de pecadores. Allí encontramos perdón para aquello que hemos hecho y gracia para comenzar a vivir de otra manera. Cristo no solamente perdona al que ha llevado problemas a su casa; también cambia su corazón para que deje de vivir como antes.

    Por eso, si este proverbio te confronta, no intentes defenderte. Acércate a Dios. Reconoce aquello en lo que has pecado. Pide perdón a quienes hayas herido cuando corresponda. No esperes a que todos los demás cambien primero.

    La sabiduría comienza cuando dejamos de justificarnos y nos sometemos a Cristo. Él puede enseñarnos a hablar de otra manera, a servir en lugar de exigir, a perdonar porque hemos sido perdonados y a buscar el bien de quienes Dios ha puesto a nuestro lado.

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  • Imagen destacada del devocional «¿Eclipsado?», con referencia a Salmos 19:1.

    ¿Eclipsado?

    🎧 Escucha un breve podcast basado en este devocional (5 min aprox.)

    “Los cielos proclaman la gloria de Dios y el firmamento despliega la destreza de sus manos.”

    Salmos 19:1

    INTRODUCCIÓN

    Hoy miércoles 12 de agosto, millones de personas levantarán la cabeza hacia el cielo. En una franja de España, la Luna llegará a cubrir completamente el Sol durante unos instantes, en muchos otros lugares la ocultación será casi total. Habrá cámaras, desplazamientos, gafas especiales y personas buscando el mejor lugar desde el que contemplar algo que probablemente recordarán durante años.

    ¿Qué significa que los cielos cuentan la gloria de Dios?

    Pero Salmos 19:1 nos invita a mirar un poco más lejos. El eclipse solar y la gloria de Dios según Salmos 19:1 nos plantean una pregunta sencilla: ¿sabemos contemplar la creación sin olvidar al Creador? El cielo puede maravillarnos y, aun así, nuestro corazón quedarse únicamente con el fenómeno. David miró hacia arriba y vio mucho más, vio una creación que proclama la gloria de Dios.

    Portada vertical «¿Eclipsado?» (Salmos 19:1).

    CONTEXTO

    ¿Cómo nos conduce el Salmo 19 de la creación a la Palabra de Dios?

    El Salmo 19 comienza contemplando los cielos, pero no termina allí. David ve que la creación da testimonio de Dios y después dirige su atención a la Palabra del Señor, que muestra al hombre cómo debe vivir. Finalmente termina examinando su propio corazón delante de Dios. El movimiento del salmo es importante, de los cielos al Creador, del Creador a su Palabra y de su Palabra a nuestro corazón.

    Eso es precisamente lo que necesitamos hacer ante algo tan extraordinario como un eclipse. No basta con decir: «Qué impresionante». La creación no fue hecha para detener nuestra mirada en sí misma. Nos está señalando a Aquel que la hizo.

    Puedes ampliar esta enseñanza en el siguiente devocional:

    No pueden borrar su huella

    La creación habla, pero no puede salvarnos. Puede mostrarnos que Dios existe y que somos criaturas suyas, pero necesitamos que Dios nos hable por su Palabra y nos conduzca a Cristo, porque nuestro problema no consiste solamente en desconocer cómo funciona el universo. Nuestro verdadero problema es que somos pecadores que necesitamos reconciliarnos con nuestro Creador.

    Lámina de contexto de «¿Eclipsado?» (Salmos 19:1).

    TRES RAZONES PARA CAMBIAR

    I. PODEMOS ADMIRAR LO CREADO Y OLVIDAR A QUIEN LO CREÓ

    Un eclipse puede despertar admiración incluso en alguien que nunca piensa en Dios. Podemos estudiar la trayectoria de la Luna, calcular porcentajes de ocultación, preparar cámaras y maravillarnos ante la precisión de todo lo que sucede. Nada de eso es malo. El problema comienza cuando conocemos cada detalle de la creación y no queremos reconocer al Creador.

    “Los dioses de las otras naciones no son más que ídolos, ¡pero el Señor hizo los cielos!”

    Salmos 96:5

    El pecado siempre intenta desplazar a Dios del centro. A veces lo hace mediante un ídolo evidente, otras veces simplemente nos enseña a disfrutar de los dones de Dios sin darle gracias al que los concede. Podemos maravillarnos ante el Sol y no adorar a quien hizo el Sol. Podemos emocionarnos ante el universo y continuar viviendo como si Dios no tuviera autoridad sobre nuestra vida.

    El eclipse debería hacernos pequeños. No controlamos el cielo. No hacemos avanzar la Luna ni sostenemos el Sol. Estamos contemplando una obra que nos recuerda nuestra condición de criaturas y la grandeza del Dios que gobierna lo que nosotros solamente podemos observar.

    Lámina «PODEMOS ADMIRAR LO CREADO Y OLVIDAR A QUIEN LO CREÓ» (Salmos 96:5).

    II. DEJA QUE TU ASOMBRO TERMINE EN ALABANZA

    La respuesta bíblica no consiste en despreciar la ciencia ni dejar de disfrutar de la creación. Consiste en llegar hasta donde la creación quiere conducirnos, al reconocimiento, la gratitud y la alabanza a Dios.

    “¡Alábenlo, sol y luna! ¡Alábenlo, todas las estrellas brillantes!”

    Salmos 148:3

    Hoy podemos levantar los ojos al cielo y disfrutar de algo excepcional. Pero mientras otros solamente hablan del porcentaje de ocultación o de cuánto durará la oscuridad, el creyente puede recordar: «Mi Padre hizo todo esto».

    La fe cambia nuestra manera de contemplar el mundo. El cielo deja de ser solamente algo hermoso y se convierte en una razón para dar gracias. La precisión del universo nos recuerda que Dios no actúa con confusión. La inmensidad del cielo nos recuerda que nosotros no somos el centro. Y nuestra pequeñez no debe producir desesperación, porque el Dios que gobierna estrellas y planetas conoce también nuestro nombre, nuestras necesidades y nuestras cargas.

    No adores el espectáculo. Adora a Dios.

    Lámina «DEJA QUE TU ASOMBRO TERMINE EN ALABANZA» (Salmos 148:3).

    III. EL CRISTO QUE TE SALVA ES TAMBIÉN QUIEN SOSTIENE LA CREACIÓN

    Aquí el evangelio lleva nuestra mirada todavía más lejos. El Nuevo Testamento no presenta a Cristo solamente como Maestro, profeta o ejemplo moral. Nos muestra al Hijo eterno de Dios, Señor sobre toda la creación.

    “Él ya existía antes de todas las cosas y mantiene unida toda la creación.”

    Colosenses 1:17

    El Sol que hoy veremos desaparecer parcialmente detrás de la Luna continúa bajo el gobierno de Cristo. Nada se ha salido de control. El universo no está abandonado a sí mismo. Cristo sostiene la creación.

    Y ese mismo Cristo vino a buscar y salvar pecadores.

    Esto transforma también nuestros temores cotidianos. Quizá hoy mires el eclipse mientras llevas dentro una preocupación que nadie conoce. Tal vez tu problema familiar, tu enfermedad, tu incertidumbre o aquello que estás esperando te parezca mucho más grande que cualquier otra cosa. Recuerda entonces quién es Cristo. Aquel que sostiene la creación es también el Salvador en cuyas manos puedes descansar.

    Lámina «EL CRISTO QUE TE SALVA ES TAMBIÉN QUIEN SOSTIENE LA CREACIÓN» (Colosenses 1:17).

    CRISTO ES EL CENTRO

    Los cielos cuentan la gloria de Dios, pero el evangelio nos muestra esa gloria de una manera todavía más cercana, Dios envió a su Hijo.

    Cristo entró en nuestra historia, tomó nuestra humanidad, vivió sin pecado y murió en la cruz por pecadores. Resucitó y reina. No necesitas encontrar a Dios observando señales extraordinarias en el cielo. Dios ha hablado claramente en su Hijo y llama a todo hombre a arrepentirse y confiar en Cristo.

    Por eso hoy, cuando el Sol vaya oscureciéndose durante unos minutos, recuerda algo que permanece cuando el espectáculo termina, Cristo sigue reinando.

    Cuando el eclipse haya pasado, cuando las personas hayan guardado sus gafas y cuando el Sol vuelva a verse con normalidad, la gloria de Dios continuará proclamándose en los cielos. Y la invitación del evangelio continuará siendo la misma: deja de vivir como si tú fueras el centro. Reconoce a tu Creador, arrepiéntete de tu pecado y descansa en Cristo.

    La creación es impresionante.

    Pero Cristo es Señor de la creación.

    LECTURA COMPLETA DEL PASAJE

    Puedes leer el capítulo completo aquí:

    Leer SALMOS 19 en Biblia TRC

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