🎧 Escucha un breve podcast basado en este devocional (5 min aprox.)
“Si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo.”
Romanos 10:9
Introducción
Hay personas que no rechazan a Cristo porque hayan examinado su Palabra, sino porque han sido heridas por quienes decían conocerla. Tal vez alguien les engañó, les falló, les robó, les decepcionó o les mostró una religión sin amor, sin verdad y sin fruto. Y entonces levantaron una defensa: “No quiero saber nada de Dios”.
Pero la gran pregunta sigue en pie: ¿esa excusa servirá delante del Señor? Cuando hablamos de excusas para no creer en Jesús, cómo ser salvo según Romanos 10:9 nos lleva al centro del evangelio: no somos llamados a mirar primero a los hombres, sino a Cristo, el Señor resucitado.

Contexto
Romanos 10 forma parte de una explicación profunda del apóstol Pablo sobre la justicia de Dios, la fe y la salvación. Pablo muestra que nadie puede salvarse por sus propias obras, ni por su religión, ni por su esfuerzo, ni por su herencia espiritual. La salvación se recibe por la fe en Cristo.
Justo antes de Romanos 10:9, Pablo dice que la palabra está cerca, en la boca y en el corazón. Puedes leer un devocional relacionado aquí: Su Palabra está cerca. No se trata de una salvación lejana, escondida o imposible. Dios ha hablado claramente por medio del evangelio.
Romanos 10:9 nos enseña que la fe verdadera no es solo una emoción privada. Creer en el corazón que Dios levantó a Jesús de los muertos implica descansar en la obra completa de Cristo. Confesar con la boca que Jesús es el Señor implica reconocer su autoridad, rendirse a Él y no avergonzarse de su nombre.
Cristo murió por nuestros pecados y resucitó para nuestra justificación. Por eso el problema del hombre no se resuelve señalando la hipocresía de otros, sino viniendo personalmente al Salvador.

Ninguna excusa puede ocupar el lugar de Cristo
Tres razones para cambiar
I. Porque mirar solo el pecado de otros puede esconder nuestro propio pecado
Es verdad que muchos han sido heridos por personas religiosas. Es verdad que hay quienes usan el nombre de Cristo y viven de manera contraria a Cristo. Eso es grave. Dios no lo pasa por alto.
Pero el pecado de otros no borra nuestra responsabilidad delante de Dios. La hipocresía de un falso cristiano no cambia la santidad de Cristo. La infidelidad de un hombre no anula la fidelidad del Señor.
El corazón humano busca excusas para no arrepentirse. A veces decimos: “No creo por culpa de otros”, cuando en realidad no queremos rendirnos a Dios. Pero delante del trono de Cristo, no podremos presentar las faltas ajenas como defensa por nuestra incredulidad.
“De manera que cada uno de nosotros dará a Dios cuenta de sí.”
Romanos 14:12
La pregunta no será: “¿Quién te decepcionó?”. La pregunta será: “¿Qué hiciste con Cristo?”.

II. Porque la respuesta de Dios no es una religión vacía, sino Jesucristo resucitado
Romanos 10:9 no dice: “Si encuentras cristianos perfectos, serás salvo”. Tampoco dice: “Si nunca fuiste herido por religiosos, serás salvo”. Dice que si confiesas con tu boca que Jesús es el Señor y crees en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo.
La fe salvadora mira a Cristo. Mira su cruz. Mira su sangre derramada. Mira su tumba vacía. Mira al Hijo de Dios que no engañó, no robó, no falló, no manipuló, no abusó de nadie, no mintió jamás.
Él es el testigo fiel y verdadero. Él es el único mediador entre Dios y los hombres. Él es el Salvador suficiente.
“Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre.”
1 Timoteo 2:5
Por eso debes hacer algo más que criticar la hipocresía. Debes venir a Cristo. Debes arrepentirte de tu pecado. Debes creer en Él. Debes confesarle como Señor.

III. Porque el que cree en Cristo pasa de muerte a vida
El evangelio no solo confronta nuestras excusas; también ofrece una promesa gloriosa. “Serás salvo”. No dice: “Quizá Dios te reciba”. No dice: “Tal vez alcance la misericordia para ti”. Dice: “Serás salvo”.
El que cree en Cristo recibe perdón. Recibe vida eterna. Recibe paz con Dios. Recibe una nueva esperanza. Ya no vive escondido detrás de sus heridas, sus argumentos o sus decepciones. Ahora vive mirando al Salvador.
Cristo no defrauda. Los hombres pueden fallar, pero Cristo no falla. Los hombres pueden manchar el nombre cristiano con su pecado, pero Cristo sigue siendo santo, fiel y verdadero.
“De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida.”
Juan 5:24
Esa es la seguridad del creyente: no descansa en la perfección de otros, sino en la obra perfecta de Cristo.

Cristo es el centro
Jesús no vino a fundar una apariencia religiosa. Vino a salvar pecadores. Murió en la cruz cargando la culpa de todos los que creen en Él. Resucitó de entre los muertos, venciendo el pecado, la muerte y la condenación.
Si alguien te hirió usando el nombre de Cristo, eso fue pecado. Pero no confundas a Cristo con el pecado de los hombres. No rechaces al Salvador por culpa de quienes no vivieron como discípulos fieles.
Cristo te llama hoy a dejar tus excusas. Te llama al arrepentimiento. Te llama a la fe. Te llama a confesar que Él es el Señor. No hay salvación en tu argumento, en tu dolor, en tu orgullo ni en tu decepción. Hay salvación en Cristo.
Ven a Él. Cree en Él. Confiesa su nombre. Él nunca defrauda a los que vienen a sus pies.
Lectura completa del pasaje
Puedes leer el capítulo completo aquí.
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Si necesitas ayuda o consejo, puedes contactar con el pastor Jesús Morcillo, quien estará dispuesto a escucharte y orar contigo.
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