Devocional diario en la Palabra de Dios


Cuando los enemigos se levantan, Dios sostiene a los suyos

🎧 Escucha un breve podcast basado en este devocional (5 min aprox.)

“Cuando se juntaron contra mí los malvados, mis adversarios y mis enemigos, para comer mis carnes, ellos tropezaron y cayeron.”
Salmos 27:2

Introducción

Son tantas las ocasiones que no solamente sentimos presión, sino oposición. Personas, circunstancias, acusaciones, temores o luchas parecen juntarse contra nosotros. Nos sentimos rodeados, cansados, amenazados. Y entonces uno se pregunta: “Señor, ¿qué hago cuando parece que todo viene contra mí?”.

La Biblia no ignora esa realidad. Salmos 27:2 nos muestra qué significa confiar en Dios cuando los enemigos de todo tipo se levantan contra nosotros. David no habla desde una vida cómoda, sino desde la experiencia de quien ha visto peligro, maldad y amenaza; pero también ha visto la mano fiel del Señor.

Contexto

El Salmo 27 es una declaración de confianza en medio de la adversidad. David habla de enemigos, ejército, guerra, angustia y temor. Pero no comienza mirando a sus adversarios, sino mirando al Señor: “Jehová es mi luz y mi salvación; ¿de quién temeré?”.

Salmos 27:2 enseña que los enemigos pueden levantarse, pero no tienen la última palabra. Los malvados se juntan para destruir, pero tropiezan y caen porque Dios guarda a los suyos. Esto no significa que el creyente nunca sufrirá, sino que su vida está en manos del Señor.

David no confía en su fuerza, en su estrategia ni en su valentía. Confía en Dios. Y esto nos recuerda otro devocional publicado: Confiar en Dios y no en la fuerza humana. La fe verdadera descansa en el poder del Señor, no en la capacidad del hombre.

Este salmo también apunta a Cristo. Él fue rodeado por enemigos, acusado injustamente, entregado por pecadores y clavado en una cruz. Pero sus enemigos no vencieron. En la cruz parecía que Cristo caía, pero allí estaba venciendo al pecado, a la muerte y al diablo. Y al tercer día resucitó. Por eso el creyente puede descansar, nuestra seguridad final está en Cristo.

Dios no abandona a los suyos cuando la maldad se levanta

TRES RAZONES PARA CAMBIAR

I. Porque el miedo crece cuando miramos más al enemigo que al Señor

El problema no es solamente que haya enemigos fuera. Muchas veces el problema está dentro del corazón, porque el temor gobierna, y la imaginación se dispara, la fe se debilita y empezamos a vivir como si Dios no estuviera presente.

David ve enemigos reales. No los niega. Pero tampoco les entrega el trono de su corazón. Él sabe que los malvados pueden juntarse, pero también sabe que Dios está por encima de ellos.

“Jehová es mi luz y mi salvación; ¿de quién temeré?
Jehová es la fortaleza de mi vida; ¿de quién he de atemorizarme?”
Salmo 27:1

Cuando el creyente olvida quién es Dios, el miedo se vuelve más grande que la promesa. Pero cuando el corazón vuelve a mirar al Señor, la fe recuerda: mi vida no está en manos de mis enemigos, sino en manos de Dios.

II. Porque debemos responder con fe, oración y obediencia

David no responde con venganza, desesperación ni autosuficiencia. Su respuesta es buscar al Señor. Esto es muy importante. Cuando alguien se levanta contra nosotros, la carne quiere defenderse con orgullo, devolver mal por mal o encerrarse en amargura.

Pero la Palabra nos llama a confiar, orar, esperar y obedecer. No significa quedarnos pasivos ante la injusticia, sino no dejar que el pecado gobierne nuestra respuesta.

“Espera a Jehová;
Esfuérzate, y aliéntese tu corazón;
Sí, espera a Jehová.”
Salmo 27:14

La fe no dice: “No pasa nada”. La fe dice: “Dios está conmigo en medio de esto”. Por eso el creyente puede orar, pedir sabiduría, actuar con rectitud y dejar el juicio final en manos del Señor.

III. Porque en Cristo la caída del enemigo no es nuestra venganza, sino nuestra esperanza

Salmos 27:2 dice que los adversarios “tropezaron y cayeron”. Esto no debe alimentar un corazón vengativo. Debe llevarnos a descansar en la justicia de Dios. El Señor sabe defender a los suyos. Él sabe poner límite a la maldad. Él sabe sostener al débil.

Y en Cristo vemos la victoria más grande. Los enemigos de nuestra alma eran más fuertes que nosotros: el pecado, la culpa, la muerte y Satanás. Nosotros no podíamos vencerlos. Pero Cristo vino, murió por nuestros pecados y resucitó para darnos vida.

“Mas gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo.”
1 Corintios 15:57

Cuando confiamos en Cristo, no vivimos buscando destruir a otros. Vivimos descansando en Aquel que ya venció. Él nos consuela, nos corrige, nos llama al arrepentimiento, nos guarda de responder con pecado y nos enseña a caminar en fe.

Cristo es el centro

Cristo sabe lo que es ser rodeado por enemigos. Fue despreciado, acusado falsamente y entregado a la muerte. Pero no respondió con pecado. Se entregó en obediencia al Padre para salvar a pecadores como nosotros.

Cuando tú sientes que la maldad se junta contra ti, mira a Cristo. Él no promete una vida sin oposición, pero sí promete su presencia, su gracia y su victoria. En Él hay perdón para tu pecado, descanso para tu alma y esperanza para perseverar.

Cristo no solo te defiende de lo que viene de fuera. También trata con lo que hay dentro: el miedo, la incredulidad, la ira, el deseo de venganza y la falta de fe. Él te llama a venir a Él, confiar en Él y obedecer su Palabra.

Lectura completa del pasaje

Puedes leer el capítulo completo aquí.

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Si necesitas ayuda o consejo, puedes contactar con el pastor Jesús Morcillo, quien estará dispuesto a escucharte y orar contigo.

Ministerio
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