"Jesús... anduvo haciendo bienes y samando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él." Hechos 10:38

Devocional diario en la Palabra de Dios


Jesús sigue siendo poderoso para libertar al oprimido

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“Jesús… anduvo haciendo bienes y sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él.”

Hechos 10:38

INTRODUCCIÓN

Tenía un amigo que decía que hay muchos que visten traje y corbata, pero cuando rascas un poco se ven sus miserias. Personas que sonríen delante de los demás, pero al llegar a casa sienten que una carga oscura vuelve a caer sobre su corazón. Viven atrapadas por el temor, la culpa, la amargura, pensamientos que las atormentan o parecen más fuertes que ellas.

Hechos 10:38 nos muestra cómo encontrar libertad cuando sentimos opresión, debemos mirar a Jesús. Él no pasó indiferente ante el sufrimiento humano. Anduvo haciendo bienes, sanando y libertando a quienes estaban oprimidos por el diablo. Y el mismo Cristo que obró entonces sigue teniendo autoridad para salvar, sostener y transformar.

Jesús sigue siendo poderoso para libertar al oprimido "Jesús... anduvo haciendo bienes y sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él." Hechos 10:38

CONTEXTO

Estas palabras fueron pronunciadas por Pedro en casa de Cornelio. Dios estaba mostrando que el evangelio no era solamente para el pueblo judío, sino también para los que no eran de este pueblo, a los gentiles. Pedro resumió el ministerio de Jesús anunciando quién era Él, lo que había hecho, su muerte y su resurrección.

Cuando Pedro dijo que Dios ungió a Jesús con el Espíritu Santo y con poder, no estaba presentando a un simple hombre bondadoso. Estaba anunciando al Hijo de Dios, enviado por el Padre y lleno del Espíritu Santo, que vino a destruir las obras del diablo y a rescatar a los pecadores.

El texto también deja claro que existe una verdadera lucha espiritual. El diablo oprime, engaña, acusa y busca apartar al ser humano de Dios. Pero no tiene la última palabra. Jesucristo posee toda autoridad.

Pedro continuó predicando que todo aquel que cree en Cristo recibe perdón de pecados. Puedes profundizar en esta verdad en Culpa y pecado: cómo recibir perdón según Hechos 10:43.

Contexto: Jesús vino a destruir las obras del diablo y a rescatar a los pecadores. Pedro anunció en casa de Cornelio al Hijo de Dios, ungido por el Padre y lleno del Espíritu Santo.

HECHOS 10:38: JESÚS TIENE AUTORIDAD SOBRE TODA OPRESIÓN

Este versículo no nos llama a vivir obsesionados con las tinieblas. Nos llama a mirar a Cristo. La respuesta bíblica ante la opresión espiritual no consiste en alimentar el miedo, sino en acercarnos al Señor con arrepentimiento, fe, oración y obediencia a su Palabra.

TRES RAZONES PARA CAMBIAR

I. La opresión busca alejarnos de la verdad de Dios

El diablo trabaja por medio de la mentira. Desde el principio ha intentado poner en duda la Palabra de Dios, presentar el pecado como algo deseable y hacer creer al ser humano que puede vivir lejos de su Creador.

Muchas personas permanecen atadas porque han aceptado mentiras: “Dios no me perdonará”, “nunca podré cambiar”, “mi pecado es más fuerte que la gracia”, “estoy completamente solo” o “ya no existe esperanza para mí”.

También debemos reconocer nuestra responsabilidad. No toda angustia procede directamente de una acción demoníaca. En ocasiones sufrimos por nuestras decisiones, por pecados no confesados, por heridas profundas o por vivir lejos de la obediencia a Dios. Por eso necesitamos discernimiento bíblico, no superstición.

La opresión pierde fuerza cuando la mentira es expuesta por la verdad de la Palabra.

“Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres.”

Juan 8:32

No escondas aquello que te está dominando. Llévalo delante de Dios. Confiesa, rechaza la mentira y permite que la Palabra examine tu corazón.

Razón 1: La opresión busca alejarnos de la verdad de Dios. El diablo usa mentiras para acusar, confundir y desesperar. La Palabra expone la mentira.

II. Debemos acudir a Cristo

Hechos 10:38 no dice que Jesús se limitaba a hablar acerca de la libertad. Dice que anduvo haciendo bienes y sanando a los oprimidos. Cristo se acercaba a quienes sufrían y manifestaba la autoridad del reino de Dios.

La respuesta correcta no es intentar luchar con nuestras propias fuerzas. Necesitamos correr a Jesús. Él nos llama a arrepentirnos, abandonar el pecado y confiar en su poder salvador.

Acudir a Cristo también significa permanecer en los medios que Dios ha provisto, leer la Escritura, orar, congregarnos, buscar el consejo de creyentes maduros y caminar en obediencia. La fe verdadera no busca fórmulas mágicas; descansa en la persona y en la obra del Hijo de Dios.

“Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros.”

Santiago 4:7

Mira conmigo el orden: primero debemos someternos a Dios. No podemos resistir al enemigo mientras protegemos aquello que desagrada al Señor. La libertad comienza cuando dejamos de justificar nuestros deseos desordenados y rendimos nuestra vida a Cristo.

Razón 2: Debemos acudir a Cristo con arrepentimiento No luches con tus fuerzas. abandona el pecado y permanece en su Palabra.

III. Cuando confiamos en Cristo encontramos libertad y esperanza

Jesús no vino solamente para aliviar temporalmente el sufrimiento. Vino para vencer la raíz más profunda de nuestra esclavitud: el pecado. En la cruz cargó con la culpa de su pueblo, venció a los poderes de las tinieblas y, por medio de su resurrección, declaró su victoria.

Esto no significa que el creyente nunca tendrá luchas, tentaciones o días de angustia. Significa que ya no pertenece al dominio de las tinieblas. Ahora pertenece a Cristo. Puede luchar desde la victoria del Salvador y no desde la desesperación.

“El cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo.”

Colosenses 1:13

Cuando confiamos en Cristo, nuestra esperanza no descansa en lo que sentimos, sino en lo que Él ha hecho. Aunque la batalla sea intensa, el Señor no abandona a los suyos. Su gracia sostiene, su Palabra ilumina y su Espíritu Santo fortalece.

Razón 3: Cuando confiamos en Cristo encontramos libertad y esperanza. Cristo venció el pecado y las tinieblas. Su gracia sostiene, su Palabra ilumina y su Espíritu Santo fortalece.

CRISTO ES EL CENTRO

Jesús anduvo haciendo bienes porque su corazón es compasivo y santo. Se acercó al quebrantado, tocó al que otros rechazaban, levantó al caído y anunció libertad a los cautivos. Pero su obra principal no fue solamente sanar cuerpos. Cristo vino a entregar su vida para salvar pecadores.

En la cruz, Jesús enfrentó el juicio que nosotros merecíamos. Murió por nuestros pecados y resucitó venciendo a la muerte. Por eso puede perdonar al culpable, limpiar al contaminado y libertar al esclavo.

Tal vez llevas mucho tiempo peleando en tus propias fuerzas. Tal vez has intentado ocultar tu condición, controlar tus pensamientos o vencer un pecado sin confesarlo. Cristo te llama a salir de la oscuridad. No te llama para avergonzarte, sino para salvarte y transformarte.

Ven a Él con sinceridad. Reconoce tu pecado. Cree en su evangelio. Descansa en su obra terminada y obedece su Palabra. El Hijo de Dios es más poderoso que aquello que hoy te oprime.

LECTURA COMPLETA DEL PASAJE

Puedes leer el capítulo completo aquí.

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