Por tanto, si tenéis juicios sobre cosas de esta vida, ¿ponéis para Juzgar a los que son de menor estima en la iglesia? 1 Corintios 6:4

Devocional diario en la Palabra de Dios


La Iglesia necesita discernimiento, no criterios mundanos

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“Por tanto, si tenéis juicios sobre cosas de esta vida, ¿ponéis para juzgar a los que son de menor estima en la iglesia?”

1 Corintios 6:4

Introducción

Una congregación tiene que resolver un asunto delicado. Hay opiniones distintas, intereses personales y voces que reclaman tener el mismo peso en la decisión. En ese momento aparece una pregunta necesaria: ¿debe decidirse todo simplemente contando manos levantadas, o debe buscarse el juicio de creyentes maduros, fieles a la Palabra y responsables delante de Dios?

La pregunta sobre si la iglesia es una democracia según 1 Corintios 6:4 no puede responderse copiando los modelos del mundo. La Iglesia pertenece a Cristo. Él es su cabeza, su Palabra es la autoridad y el Espíritu Santo reparte diferentes dones para la edificación del cuerpo.

La Iglesia necesita discernimiento, no criterios mundanos Por tanto, si tenéis juicios sobre cosas de esta vida, ¿ponéis para Juzgar a los que son de menor estima en la iglesia?

Contexto

La iglesia de Corinto estaba llevando sus conflictos ante tribunales paganos. Hermanos en la fe se denunciaban unos a otros delante de personas que no conocían a Cristo. Pablo reprende esta conducta porque revelaba división, orgullo, falta de amor y poca madurez espiritual.

El apóstol no está diciendo que los jueces civiles carezcan de toda autoridad. En otros lugares, la Escritura enseña que las autoridades civiles han sido establecidas por Dios. El problema aquí era que creyentes incapaces de resolver sus diferencias dentro de la comunidad estaban exponiendo el nombre de Cristo por asuntos que debían tratarse con sabiduría espiritual.

Pablo les recuerda que en la iglesia debía haber personas sabias capaces de juzgar entre hermanos. No todos tenían la misma madurez, el mismo conocimiento ni la misma responsabilidad. La Iglesia es un cuerpo en el que cada miembro importa, pero no todos ejercen la misma función.

Esto también nos ayuda a comprender que la autoridad espiritual debe estar sometida a Cristo. No pertenece al más popular, al más ruidoso ni al que consigue más apoyos. La verdadera autoridad sirve, cuida, enseña y responde ante el Señor. Esta verdad se relaciona con la autoridad de Cristo que purifica, porque ninguna estructura eclesial es sana cuando desplaza al Señor de su lugar.

Contexto: Corinto juzgaba como el mundo. Llevaban sus conflictos a tribunales paganos. Faltaba amor, madurez y sabiduría espiritual.

Cristo gobierna su Iglesia por medio de su Palabra

La Iglesia no es una organización humana que pueda gobernarse ignorando a su fundador. Cristo la compró con su sangre. Él es su cabeza y nadie tiene derecho a ocupar su lugar.

Esto no significa que los miembros carezcan de valor, dignidad o responsabilidad. Todo creyente verdadero pertenece al cuerpo y ha recibido gracia para servir. Pero igualdad en dignidad no significa igualdad de función, madurez, don o autoridad.

TRES RAZONES PARA CAMBIAR

I. Confundimos igualdad de valor con igualdad de responsabilidad

Ante Dios no existen creyentes de primera y de segunda categoría. Todos los que han sido salvados están unidos a Cristo por la fe. Todos necesitan la misma gracia, el mismo perdón y la misma sangre del Cordero.

Sin embargo, la Escritura no enseña que todos estén preparados para asumir las mismas responsabilidades. Un recién convertido no debe ocupar inmediatamente una posición de gobierno espiritual. Una persona sin dominio propio, sin doctrina sana o sin buen testimonio no debe dirigir a la congregación.

El problema aparece cuando trasladamos a la Iglesia una idea mundana de igualdad: “Como todos valemos lo mismo, todos debemos decidir sobre todo y ocupar cualquier lugar”. La Biblia no enseña eso. Dios da distintos dones, llama a distintos ministerios y exige condiciones espirituales a quienes han de pastorear, enseñar o gobernar.

“Además escoge tú de entre todo el pueblo varones de virtud, temerosos de Dios, varones de verdad, que aborrezcan la avaricia.”

Éxodo 18:21

El carácter importa. La doctrina importa. La madurez importa. La fidelidad importa. No porque algunos sean más amados por Dios, sino porque una mayor responsabilidad exige una mayor rendición de cuentas.

Razon 1: Igualdad en valor, no en función. + Todos somos iguales ante Dios: Misma gracia, misma salvación. Pero no todos tienen la misma madurez, don o responsabilidad.

II. Debemos reconocer y respetar el orden establecido por Dios

La respuesta bíblica no es entregar el gobierno de la Iglesia a una élite orgullosa. Tampoco es convertir cada decisión espiritual en una lucha de opiniones. La respuesta es reconocer el orden de Cristo, examinarlo todo a la luz de la Palabra y confiar responsabilidades a creyentes maduros y probados.

Los pastores no son dueños de la Iglesia. Los ancianos no pueden gobernar según sus caprichos. Los líderes no están por encima de la corrección bíblica. Su autoridad es real, pero está limitada por la Palabra y debe ejercerse como servicio.

La congregación también tiene responsabilidad. Debe examinar la enseñanza, cuidar la unidad, participar en la misión, servir con sus dones y rechazar aquello que contradice el evangelio. Pero no todas las funciones son intercambiables ni todos poseen el mismo grado de discernimiento.

“Obedeced a vuestros pastores, y sujetaos a ellos; porque ellos velan por vuestras almas, como quienes han de dar cuenta.”

Hebreos 13:17

Los líderes darán cuenta a Dios. Por eso la autoridad espiritual no es un privilegio para alimentar el orgullo, sino una carga santa que debe ejercerse con temor, humildad y amor.

Razón 2: Respeta el orden de Cristo. La autoridad bíblica no es capricho ni lucha de opiniones. Cristo confía responsabilidades a creyentes maduros que darán cuenta.

III. Cuando Cristo ocupa el centro, la autoridad se convierte en servicio

Cuando una iglesia adopta los métodos del mundo, la autoridad se convierte fácilmente en lucha por el poder. Unos buscan controlar, otros formar bandos y otros imponer su opinión. Así nacen las divisiones, los resentimientos y la desconfianza.

Pero cuando confiamos en Cristo y obedecemos su Palabra, el liderazgo deja de ser una competición. El pastor sirve. Los ancianos cuidan. Los maestros enseñan. Los diáconos atienden necesidades. Los miembros participan, oran, disciernen y usan sus dones para edificar.

“Apacentad la grey de Dios que está entre vosotros, cuidando de ella, no por fuerza, sino voluntariamente; no por ganancia deshonesta, sino con ánimo pronto; no como teniendo señorío sobre los que están a vuestro cuidado, sino siendo ejemplos de la grey.”

1 Pedro 5:2-3

La autoridad bíblica nunca debe parecerse al autoritarismo. El autoritarismo exige obediencia para engrandecer al hombre. La autoridad pastoral llama a obedecer a Cristo y procura el bien de las almas.

Una iglesia sana no pregunta solamente quién tiene derecho a hablar. También pregunta quién conoce la Palabra, quién ha demostrado madurez, quién sirve con humildad y quién está dispuesto a responder delante de Dios.

Razón 3: Cuando Cristo manda, la autoridad sirve sin Cristo, el poder divide. Con Cristo, los líderes cuidan y la iglesia edifica. La autoridad bíblica no domina: sirve.

CRISTO ES EL CENTRO

Jesucristo no llegó para obtener poder mediante votos humanos. Él vino con la autoridad del Hijo de Dios y usó esa autoridad para salvar pecadores, servir a los débiles y entregar su vida en la cruz.

Cristo es la cabeza de la Iglesia. Los pastores no ocupan su trono. Las mayorías no pueden cambiar su Palabra. Ninguna tradición humana puede corregir al Señor. Toda decisión eclesial debe someterse a lo que Él ha dicho.

Al mismo tiempo, Cristo confronta a los líderes orgullosos. Quien usa su posición para controlar, humillar o servirse de las ovejas debe arrepentirse. El Señor no entregó su vida para que algunos conviertan la congregación en su propiedad.

Cristo también confronta al miembro que rechaza toda autoridad porque desea vivir sin corrección. La madurez cristiana no consiste en hacer siempre lo que uno quiere, sino en someterse humildemente a la Palabra de Dios.

En la cruz vemos la forma perfecta de autoridad, el Rey se entrega por su pueblo. En la resurrección vemos su victoria y su derecho a gobernar. Por eso la Iglesia descansa en Él, obedece su voz y busca líderes que reflejen su carácter.

LECTURA COMPLETA DEL PASAJE

Puedes leer el capítulo completo aquí.

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Si necesitas ayuda o consejo, puedes contactar con el pastor Jesús Morcillo, quien estará dispuesto a escucharte y orar contigo.

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