Devocional diario en la Palabra de Dios


¿No dirán que estáis locos?

🎧 Escucha un breve podcast basado en este devocional (5 min aprox.)

“Si, pues, toda la iglesia se reúne en un solo lugar, y todos hablan con lenguas, y entran indoctos o incrédulos, ¿no dirán que estáis locos?”
1 Corintios 14:23

Introducción

A veces la iglesia se acostumbra tanto a su propio lenguaje, a sus formas, a sus expresiones y a su ambiente, que deja de preguntarse cómo está siendo vista por quienes están fuera. Lo que para nosotros parece normal dentro del culto, para una persona que no conoce a Cristo puede sonar extraño, confuso o incluso ridículo. Y entonces ocurre algo doloroso: creemos que estamos acercando a otros al evangelio, pero quizá estamos poniendo delante de ellos una barrera innecesaria.

Por eso necesitamos preguntarnos con humildad qué significa 1 Corintios 14:23 cuando nuestra forma religiosa aleja a los incrédulos y Dios nos llama a comunicar el evangelio con claridad. Pablo no está enseñando a esconder la fe ni a avergonzarnos de Cristo. Está enseñando a la iglesia a amar tanto la verdad, y a amar tanto a los que están fuera, que procure hablar de manera comprensible, ordenada y edificante.

Contexto

En 1 Corintios 14, Pablo corrige el desorden en la iglesia de Corinto. Había dones espirituales, había manifestaciones, había palabras, había entusiasmo; pero no siempre había edificación. Y cuando una reunión se llenaba de expresiones que nadie entendía, el resultado no era la gloria de Dios, sino la confusión de los oyentes.

Pablo no niega la obra del Espíritu Santo. Al contrario, la ordena bajo el propósito de Dios. El Espíritu no vino para producir espectáculo, confusión o vanidad religiosa. Vino para exaltar a Cristo, edificar a la Iglesia y convencer al pecador de su necesidad de salvación.

El problema no era solo hablar. El problema era hablar sin pensar en el que escucha. Por eso Pablo se preocupa por las personas que entran, miran, oyen y tratan de entender. La iglesia debe preguntarse: ¿lo que estamos haciendo ayuda a que vean a Cristo, o solo ven nuestra rareza?

Esto no significa rebajar el evangelio. La cruz siempre será tropiezo para el orgullo humano. Pero una cosa es que alguien tropiece con Cristo, y otra muy distinta es que tropiece con nuestra falta de sabiduría. Como vimos también en el devocional Paz en Cristo y misión del creyente, el Señor nos envía al mundo con una paz que nace de Él y con una misión que debe reflejar su carácter.

Comunicar a Cristo con claridad también es obediencia

La iglesia no está llamada a vivir encerrada en una burbuja religiosa. Tampoco está llamada a copiar al mundo. Está llamada a ser fiel a Cristo, a vivir en santidad y a hablar de tal manera que el evangelio pueda ser entendido.

Tres razones para cambiar

I. Porque podemos confundir nuestra costumbre con fidelidad

Hay prácticas que dentro de la intimidad de la iglesia pueden tener un lugar, un sentido y un contexto. Pero fuera de ahí pueden resultar incomprensibles. El peligro está en pensar que toda crítica viene necesariamente por causa del evangelio. A veces sí. Pero otras veces la crítica viene porque no hemos sabido comunicar, porque hemos expuesto lo íntimo sin sabiduría, o porque hemos convertido nuestras formas en algo más visible que Cristo.

El corazón religioso puede engañarse. Puede pensar: “Si se burlan, es porque persigo la verdad”. Pero Pablo nos obliga a hacernos una pregunta más humilde: ¿entienden lo que estamos diciendo? ¿Estamos edificando? ¿Estamos mostrando a Cristo o solo nuestra subcultura?

“Pero si yo ignoro el valor de las palabras, seré como extranjero para el que habla, y el que habla será como extranjero para mí.”
1 Corintios 14:11

Cuando ignoramos el valor de las palabras, levantamos muros. Hablamos, pero no comunicamos. Cantamos, pero no explicamos. Gritamos, pero no alumbramos. Y el incrédulo no se acerca al evangelio, sino que se aleja pensando que la fe cristiana es una locura sin sentido.

II. Porque debemos hablar con sabiduría a los de afuera

La respuesta no es callarnos. La respuesta tampoco es avergonzarnos de Cristo. La respuesta es hablar mejor, servir mejor, explicar mejor, amar mejor. No se trata de maquillar el evangelio, sino de quitar de en medio lo que estorba innecesariamente.

El creyente debe aprender a distinguir entre el escándalo de la cruz y el escándalo de la imprudencia. La cruz confronta el pecado, llama al arrepentimiento y humilla el orgullo humano. Pero nuestra falta de orden, nuestra jerga religiosa, nuestra exposición imprudente o nuestra manera extraña de actuar en público no tienen poder para salvar a nadie.

“Andad sabiamente para con los de afuera, redimiendo el tiempo. Sea vuestra palabra siempre con gracia, sazonada con sal, para que sepáis cómo debéis responder a cada uno.”
Colosenses 4:5-6

Dios nos llama a andar sabiamente “con los de afuera”. Eso incluye pensar en el contexto. Incluye cuidar cómo hablamos, cómo grabamos, cómo publicamos, cómo evangelizamos y cómo presentamos públicamente aquello que pertenece a la vida de la Iglesia.

No todo debe ser retransmitido. No todo debe ser expuesto. No todo debe ser convertido en contenido. Hay lágrimas que necesitan cuidado pastoral, no una cámara. Hay momentos de oración que requieren intimidad, no un directo. Hay formas de culto que necesitan explicación, no exhibición.

III. Porque cuando Cristo es presentado con claridad, Dios puede tocar el corazón

Pablo no quería apagar la vida espiritual de la iglesia. Quería que esa vida espiritual fuera verdaderamente edificante. Cuando la Palabra se comunica con claridad, el incrédulo puede ser confrontado. No por la rareza del ambiente, sino por la verdad de Dios. No por el ruido religioso, sino por la presencia santa del Señor obrando por su Palabra.

“Pero si todos profetizan, y entra algún incrédulo o indocto, por todos es convencido, por todos es juzgado; lo oculto de su corazón se hace manifiesto; y así, postrándose sobre el rostro, adorará a Dios, declarando que verdaderamente Dios está entre vosotros.”
1 Corintios 14:24-25

Ese es el fruto que debemos desear: que las personas no digan “estáis locos”, sino “verdaderamente Dios está entre vosotros”. Que no salgan burlándose de nuestras formas, sino confrontadas por la Palabra. Que no recuerden una escena extraña, sino la santidad de Dios, la gravedad del pecado y la gracia de Cristo.

Cuando confiamos en el Señor, no necesitamos fabricar espectáculo. No necesitamos llamar la atención sobre nosotros. Nos basta con predicar a Cristo, vivir con humildad, servir con amor y hablar con claridad.

Cristo es el centro

Cristo no vino al mundo para confundirnos, sino para revelarnos al Padre. El Hijo eterno se hizo carne. Dios se acercó a nosotros de una manera comprensible, visible y real. La Palabra no quedó lejana, escondida o envuelta en un lenguaje inaccesible. La Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros.

“Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros, y vimos su gloria.”
Juan 1:14

Cristo se acercó sin dejar de ser santo. Habló con pecadores sin participar de su pecado. Usó palabras sencillas sin rebajar la verdad. Llamó al arrepentimiento sin perder compasión. Confrontó a los religiosos, recibió a los quebrantados, abrió los ojos de los ciegos y dio vida a los muertos.

Por eso la Iglesia debe mirar a Cristo. Él es nuestro mensaje y también nuestro modelo. No buscamos agradar al mundo, pero tampoco debemos estorbar el evangelio con orgullo, torpeza o falta de amor. Predicamos a Cristo crucificado y resucitado. Llamamos al pecado por su nombre. Anunciamos salvación por gracia mediante la fe. Pero lo hacemos con claridad, con mansedumbre, con reverencia y con sabiduría.

Cristo no necesita que hagamos espectáculo. Cristo debe ser anunciado. Y cuando Él es anunciado fielmente, el Espíritu Santo puede abrir el corazón, traer convicción de pecado, conceder arrepentimiento y llevar al pecador a la fe.

Para meditar

¿Estoy ayudando a que otros vean a Cristo con claridad, o estoy poniendo delante de ellos mis costumbres religiosas, mi lenguaje y mis formas como un obstáculo innecesario?

Lectura completa del pasaje

Puedes leer el capítulo completo aquí:
https://www.biblegateway.com/passage/?search=1+Corintios+14&version=RVR1960

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Si necesitas ayuda o consejo, puedes contactar con el pastor Jesús Morcillo, quien estará dispuesto a escucharte y orar contigo.

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