🎧 Escucha un breve podcast basado en este devocional (5 min aprox.)
“Tener esperanza te dará valentía. Estarás protegido y descansarás seguro.”
Job 11:18
Introducción
El miedo al futuro puede robarnos el descanso antes de que haya ocurrido nada. Cerramos los ojos, pero la mente sigue trabajando. Pensamos en lo que podría salir mal, en las puertas que podrían cerrarse y en las fuerzas que quizá no tendremos mañana.
Job 11:18 habla de esperanza, valentía, protección y descanso. Sin embargo, para comprender correctamente este versículo debemos leerlo dentro de su contexto. Job 11:18 y su explicación sobre cómo vencer el miedo al futuro no pueden separarse del resto del libro ni convertirse en una promesa fácil de una vida sin sufrimiento. La verdadera esperanza no nace de imaginar que todo saldrá como deseamos, sino de confiar en el Dios que permanece fiel aun cuando no entendemos lo que está haciendo.

Contexto
Estas palabras fueron pronunciadas por Zofar, uno de los amigos de Job. Job había perdido a sus hijos, sus bienes y su salud. En medio de aquel profundo dolor, sus amigos llegaron con la intención de consolarlo, pero terminaron acusándolo. Pensaban que un sufrimiento tan grande tenía que ser consecuencia directa de algún pecado oculto.
Zofar afirmó que, si Job corregía su vida, podría volver a mirar al futuro con esperanza y descansar seguro. Algunas de sus palabras expresan verdades que aparecen en otros lugares de la Biblia, la esperanza en Dios fortalece, el arrepentimiento es necesario y el Señor puede dar descanso. Sin embargo, Zofar aplicó esas verdades de forma equivocada, porque juzgó a Job sin conocer lo que Dios estaba haciendo.
Por eso no debemos leer Job 11:18 como una promesa automática: “Si haces todo bien, no sufrirás”. El propio libro demuestra que un hombre o una mujer puede caminar con Dios y atravesar pruebas muy dolorosas. Nuestra seguridad no consiste en evitar todo sufrimiento, sino en pertenecer al Señor en medio de él.
Esta misma necesidad de escuchar a Dios cuando no comprendemos lo que sucede aparece en el devocional Cuando Dios habla y el corazón no entiende.

TRES RAZONES PARA CAMBIAR
I. El temor crece cuando el corazón solo mira las circunstancias
Cuando el futuro parece incierto, el corazón comienza a hablar consigo mismo. Imagina peligros, anticipa pérdidas y termina tratando como reales cosas que todavía no han sucedido.
El problema no siempre está en las circunstancias, sino en el lugar hacia el que dirigimos la mirada. Si solo contemplamos nuestra debilidad, tendremos razones para temer. Si solo miramos los recursos humanos, pronto descubriremos que son insuficientes.
El salmista no escondió su abatimiento. Reconoció que su alma estaba inquieta, pero también le ordenó que volviera a esperar en Dios:
“¿Por qué te abates, oh alma mía,
Y te turbas dentro de mí?
Espera en Dios; porque aún he de alabarle,
Salvación mía y Dios mío.”Salmo 42:5
La fe no consiste en fingir que estamos fuertes. Consiste en llevar nuestra debilidad delante de Dios. El creyente puede reconocer: “Tengo miedo, estoy cansado y no sé qué ocurrirá”, pero no debe detenerse ahí. También debe decirle a su corazón: “Espera en Dios”.
No alimentes continuamente aquello que te asusta. Abre la Palabra de Dios. Ora con sinceridad. Recuerda cómo el Señor te ha sostenido anteriormente. El temor mira lo que podría ocurrir; la fe mira al Dios que ya ha prometido permanecer con los suyos.

II. La esperanza aumenta cuando confiamos en el Dios de esperanza
La esperanza bíblica no es pensamiento positivo. Tampoco consiste en repetir que todo terminará bien según nuestros deseos. La esperanza cristiana descansa en el carácter de Dios, en sus promesas y en la obra del Espíritu Santo.
Pablo escribió:
“Y el Dios de esperanza os llene de todo gozo y paz en el creer, para que abundéis en esperanza por el poder del Espíritu Santo.”
Romanos 15:13
Observa que el gozo y la paz aparecen en el creer. El creyente no espera porque controle el futuro, sino porque conoce al Dios que gobierna el futuro. No sabemos todo lo que sucederá mañana, pero sabemos quién es el Señor.
Cuando el miedo te domine, no necesitas fabricar valentía. Necesitas volver a creer. Confiesa tu incredulidad, entrega tus preocupaciones al Señor y pide al Espíritu Santo que fortalezca tu confianza en la Palabra de Dios.
Puede que las circunstancias no cambien inmediatamente. Puede que la respuesta tarde. Puede que todavía tengas que caminar por un valle difícil. Pero Dios puede darte paz antes de cambiar tu situación. Puede darte fuerzas para obedecer cuando todavía no ves la salida.
La valentía cristiana no es ausencia de temor. Es obedecer a Dios a pesar del temor, porque confiamos en que Él no abandona a sus hijos.

III. Descansamos seguros porque nuestra esperanza está puesta en Cristo
Nuestra seguridad no descansa en que seamos capaces de mantenerlo todo bajo control. Tampoco en que nuestra fe sea siempre fuerte. Descansamos porque Cristo ha hecho por nosotros lo que jamás podríamos hacer.
Jesucristo cargó con nuestros pecados en la cruz. Recibió el juicio que nosotros merecíamos, murió y resucitó. Quien se arrepiente y cree en Él ha sido reconciliado con Dios. Esa salvación no depende de que mañana sea un día fácil.
La carta a los Hebreos describe esta esperanza como un ancla:
“La cual tenemos como segura y firme ancla del alma, y que penetra hasta dentro del velo.”
Hebreos 6:19
Un ancla no elimina la tormenta, pero impide que el barco sea arrastrado. Cristo es el ancla del creyente. Nuestro corazón puede ser sacudido, pero nuestra salvación permanece firme porque depende de Él.
Job deseaba encontrar a alguien que pudiera ponerse entre Dios y él. El evangelio revela que ese mediador es Jesucristo. El Hijo de Dios conoce el sufrimiento, escucha el clamor de los suyos e intercede por ellos.
Por eso puedes mirar hacia el futuro con esperanza. No porque tengas garantizada una vida sin lágrimas, sino porque ninguna prueba podrá separar de Cristo a quienes han confiado en Él.

Cristo es el centro
Las palabras de Zofar podían hacer pensar que Job recuperaría la seguridad si lograba corregirse suficientemente. Pero el evangelio nos enseña algo mucho más profundo, no somos aceptados por Dios porque consigamos ordenar perfectamente nuestra vida.
Somos recibidos por gracia mediante la fe en Jesucristo.
Cristo no se acercó a quienes tenían todo resuelto. Llamó a pecadores, recibió a personas quebrantadas y dio descanso a quienes acudieron a Él. En la cruz llevó nuestra culpa, y en su resurrección abrió para nosotros una esperanza que la muerte no puede destruir.
Esto también nos reprende. No podemos afirmar que esperamos en Cristo mientras vivimos deliberadamente lejos de su Palabra. La esperanza verdadera produce arrepentimiento, obediencia y perseverancia. Quien descansa en Cristo deja de apoyarse en sí mismo y aprende a seguir al Señor cada día.
Mira a Cristo cuando el futuro te asuste. Mira a Cristo cuando tus fuerzas disminuyan. Mira a Cristo cuando no comprendas lo que Dios permite. Tu seguridad no está en conocer todos los detalles del camino, sino en pertenecer al Buen Pastor que camina contigo.
Lectura completa del pasaje
Puedes leer el capítulo completo aquí.
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