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“Al oírlas, muchos de sus discípulos dijeron: Dura es esta palabra; ¿quién la puede oír?”
Juan 6:60 — RV60
Introducción
Un domingo escuchas que todo irá bien. El siguiente, que vas a alcanzar tus sueños. Después, que debes creer más en ti y no dejar que nadie apague tus promesas. Los mensajes cambian de título, pero siempre producen lo mismo, todos salen animados y dicen amén a todo, pero nadie escucha una llamada clara al arrepentimiento. Conviene preguntarse qué está ofreciendo esa predicación y qué partes de la Biblia está dejando fuera.
Juan 6:60 presenta una reacción muy diferente ante las palabras de Jesús, muchos de sus discípulos dijeron que su enseñanza era dura. El peligro de una predicación motivacional que no confronta el pecado se hace evidente al considerar Juan 6:60. Jesús anunciaba la verdad acerca de sí mismo y de nuestra necesidad de recibir vida de Él, aunque sus palabras provocaran rechazo. Una iglesia debe tener cuidado cuando agradar a todos se convierte en el criterio que decide qué se predica y qué se calla.

Contexto
En Juan 6, Jesús alimenta a una multitud y después se presenta como el pan de vida. Los que habían recibido alimento necesitaban comprender que su mayor necesidad era la vida eterna que solo el Hijo podía dar. Jesús anuncia su entrega por la vida del mundo y enseña que venir a Él depende de la acción del Padre. Su mensaje confrontaba las expectativas de quienes buscaban sus beneficios sin creer verdaderamente en Él.
Muchos de sus discípulos consideraron difícil de aceptar aquella enseñanza. El relato muestra su murmuración, la incredulidad de algunos y, finalmente, el abandono de muchos. Jesús conocía esa reacción y mantuvo la verdad de lo que enseñaba. Su fidelidad al Padre tenía prioridad sobre la aprobación de la multitud.
Este pasaje no es un sermón genérico sobre comportarse mejor, su centro es la persona de Jesús y la necesidad de creer en Él. Precisamente por eso ofrece un contraste importante. Una predicación que sigue a Cristo debe explicar fielmente lo que Él enseña, incluso cuando contradice las expectativas de sus oyentes. El problema aparece cuando se selecciona el contenido para que la congregación siempre se sienta bien y nunca tenga que enfrentarse a la verdad acerca de su pecado.
Puedes ampliar esta enseñanza en el siguiente devocional:
Nos ha acercado

Tres razones para cambiar
I. El ánimo puede ocultar el pecado
Una enseñanza puede hablar de esperanza, oportunidades y superación mientras guarda silencio sobre la culpa delante de Dios. Puede utilizar versículos y mencionar a Jesús, pero presentar al Señor únicamente como quien ayuda a lograr nuestros deseos. Cuando eso ocurre de manera habitual, la congregación recibe una tranquilidad que la enseñanza bíblica no ha justificado.
“Y curan la herida de mi pueblo con liviandad, diciendo: Paz, paz; y no hay paz.”
Jeremías 6:14 — RV60
Jeremías denuncia a quienes anunciaban paz mientras el pueblo permanecía en una situación que requería arrepentimiento. Trataban superficialmente una herida grave. Esa advertencia nos ayuda a reconocer el peligro de asegurar bienestar sin explicar el pecado, el juicio de Dios y la necesidad de reconciliación con Él.
Si desde el púlpito nunca se llama pecado a lo que Dios llama pecado, si nunca se anuncia la necesidad de arrepentirse y si toda aplicación termina en una promesa de éxito y de bien, hay razones para examinar esa enseñanza. Una persona puede salir muy animada y seguir sin comprender que necesita a Cristo como Salvador. La impresión agradable que deja un mensaje no demuestra que haya anunciado fielmente el evangelio.

II. La iglesia necesita toda la Palabra
Los pastores tienen la responsabilidad de explicar la Escritura con fidelidad. Eso incluye enseñar el amor de Dios, su santidad, su juicio, el perdón en Cristo y la vida de obediencia a la que llama a su pueblo. Cuando se omiten continuamente las verdades que podrían incomodar, la congregación recibe una enseñanza incompleta y una imagen deformada de Dios.
“porque no he rehuido anunciaros todo el consejo de Dios.”
Hechos 20:27 — RV60
Pablo podía decir esto a los ancianos de Éfeso porque su ministerio había anunciado lo que necesitaban conocer. La tarea pastoral exige valor para tratar los asuntos que el texto presenta y amor para hacerlo buscando el bien de las personas. El predicador debe dejar que la Escritura gobierne su mensaje, en lugar de recortarla para asegurar una respuesta favorable.
Una iglesia necesita examinar lo que se enseña de manera habitual. ¿Se explica el pasaje en su contexto? ¿Se anuncia quién es Cristo y qué hizo para salvarnos? ¿Se habla del arrepentimiento, la fe y la santidad? ¿Se corrigen ideas y conductas que contradicen la Biblia? Estas preguntas ayudan a distinguir una predicación fiel de una sucesión de discursos agradables con referencias bíblicas por aquí y por allá.
El tono también debe corresponder al cuidado pastoral. Confrontar bíblicamente exige claridad, paciencia y amor. La fidelidad se reconoce por lo que se enseña y por su correspondencia con la Escritura, no por los gritos, las humillaciones o la capacidad de provocar malestar.

III. La gracia ofrece salvación verdadera
La iglesia no tiene que elegir entre predicar con fidelidad y ofrecer esperanza. El evangelio contiene un consuelo mucho mayor que una promesa de que las circunstancias mejorarán. Anuncia que Jesucristo salva a pecadores, perdona su culpa y les concede una nueva vida. Para comprender la grandeza de esa gracia, necesitamos conocer la necesidad de la que nos rescata.
“Porque la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres,”
Tito 2:11 — RV60
En los versículos siguientes, Pablo explica que esa misma gracia nos enseña a renunciar a la impiedad y a vivir para Dios. El perdón y la santidad pertenecen al mismo mensaje. La gracia alcanza a personas de toda condición y las llama a confiar en Cristo y a vivir bajo su gobierno.
Una predicación fiel puede llevarnos a reconocer con dolor nuestro pecado y, en el mismo mensaje, mostrarnos la suficiencia del Salvador. Puede advertir al que está endurecido y consolar al que viene arrepentido. Su fruto se ve cuando Cristo es conocido, el evangelio es creído y la congregación aprende a obedecer al Señor.

Cristo es el centro
Jesús vino a salvar a pecadores. En Juan 6 se presenta como el pan de vida y anuncia su entrega por el mundo. En la cruz llevó el juicio que nuestro pecado merece, resucitó y ofrece vida eterna a quienes creen en Él. Una predicación que reduce su obra a ayudarnos a sentirnos mejor deja fuera nuestra necesidad de perdón y la grandeza de su salvación.
La cruz nos permite hablar con claridad del pecado y con esperanza del perdón. Allí vemos cuánto costó nuestra reconciliación con Dios. Cristo recibe al pecador arrepentido, y el Espíritu Santo obra para que crea la Palabra y aprenda a vivir conforme a ella. Esta es la esperanza que la iglesia necesita escuchar y anunciar.
Ten cuidado con una predicación que, domingo tras domingo, solo promete bienestar y evita cualquier verdad que pueda incomodar. Examina su contenido a la luz de la Escritura. Busca que Cristo sea anunciado fielmente, que el pecado sea tratado con seriedad y que la gracia de Dios se presente en toda su riqueza. La iglesia necesita una predicación que la ayude a conocer al Señor, confiar en Él y vivir para su gloria.
Lectura completa del pasaje
Puedes leer el capítulo completo aquí:
Leer Juan 6 en Biblia TRC
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