🎧 Escucha un breve podcast basado en este devocional (5 min aprox.)
“Me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a este crucificado.”
1 Corintios 2:2
Introducción
A veces el corazón se llena de muchas cosas: preocupaciones, opiniones, cansancio, culpa, deseos de agradar a otros, necesidad de demostrar algo, incluso actividad religiosa. Y sin darnos cuenta, Cristo deja de estar en el centro. Seguimos hablando de Dios, seguimos haciendo cosas, pero el alma se enfría porque ha apartado la mirada de la cruz.
Por eso 1 Corintios 2:2 nos da una explicación para volver a Cristo crucificado cuando la fe se enfría. Pablo no quiso impresionar a la iglesia con sabiduría humana. No quiso levantar su nombre. No quiso entretener a los oyentes. Se propuso una cosa: que el mensaje, la esperanza y la vida estuvieran centrados en Jesucristo, y en este crucificado.
Contexto
Pablo escribe a una iglesia en Corinto que tenía muchos dones, pero también muchos problemas. Había divisiones, orgullo, inmadurez y una fuerte atracción por la sabiduría humana. Algunos valoraban más la elocuencia, la apariencia y la influencia que la sencillez del evangelio.
En ese contexto, Pablo recuerda cómo llegó a ellos: no con palabras grandilocuentes, sino anunciando a Cristo crucificado. La cruz parecía locura para muchos, pero para los que son salvos es poder de Dios. El centro de la fe cristiana no es nuestra fuerza, nuestra inteligencia ni nuestra capacidad de cambiar. El centro es Cristo, el Hijo de Dios, entregado por nuestros pecados y resucitado para nuestra salvación.
Cuando olvidamos esto, podemos caer en una religión de apariencia. Pero el evangelio nos trae de nuevo al lugar correcto: no somos salvos por nuestras obras, sino por la misericordia de Dios. Sobre esto también puedes leer el devocional No por obras de justicia, sino por su misericordia:
1 Corintios 2:2, volver a Cristo crucificado cuando la fe se enfría
Tres razones para cambiar
I. Porque el corazón se desvía fácilmente del centro
El problema no es solo que nos distraemos. El problema es que nuestro corazón tiende a buscar gloria en otra parte. Queremos reconocimiento, seguridad, control, respuestas rápidas y una vida sin cruz. A veces queremos un cristianismo cómodo, pero Pablo nos lleva al centro: Cristo crucificado.
La cruz nos muestra la gravedad del pecado. Si Cristo tuvo que morir, entonces nuestro pecado no es pequeño. Pero también nos muestra la grandeza del amor de Dios. Si Cristo murió por nosotros, entonces la gracia es más grande que nuestra culpa.
“Porque la palabra de la cruz es locura a los que se pierden; pero a los que se salvan, esto es, a nosotros, es poder de Dios.”
1 Corintios 1:18
Volver a la cruz nos humilla. Nos quita el orgullo. Nos recuerda que no podemos salvarnos a nosotros mismos. Y nos levanta, porque allí vemos que Dios no abandonó al pecador, sino que entregó a su Hijo para salvarlo.
II. Porque debemos vivir mirando a Cristo, no a nosotros mismos
Pablo dice: “me propuse”. No fue una emoción pasajera. Fue una decisión intencionada. En medio de una cultura que admiraba la sabiduría humana, él decidió predicar a Cristo. En medio de una iglesia tentada al orgullo, decidió no alimentar el ego de nadie. En medio de muchas voces, decidió poner la cruz en el centro.
Nosotros también necesitamos proponernos esto. No vivir pendientes de la aprobación de los demás. No medir nuestra vida espiritual por apariencia. No edificar sobre emociones, capacidades o méritos. Debemos volver a Cristo en arrepentimiento, fe y obediencia.
“Pero lejos esté de mí gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo me es crucificado a mí, y yo al mundo.”
Gálatas 6:14
Cuando miramos a Cristo crucificado, aprendemos a morir al orgullo, al pecado y a la autosuficiencia. Ya no vivimos para demostrar quiénes somos. Vivimos para mostrar quién es Él.
III. Porque en Cristo crucificado encontramos perdón, firmeza y esperanza
La cruz no solo reprende nuestro pecado; también consuela al corazón quebrantado. Allí vemos que Cristo cargó con nuestra culpa. Allí vemos que la salvación no descansa en nuestra fuerza, sino en su obra perfecta. Allí vemos que Dios puede perdonar, restaurar y sostener al que viene a Él con fe.
Si estás cansado, mira a Cristo. Si estás luchando con culpa, mira a Cristo. Si te has enfriado, mira a Cristo. Si has querido vivir para ti mismo, vuelve a Cristo. Él no es una idea religiosa; Él es el Salvador vivo que llama al pecador al arrepentimiento y al creyente a perseverar.
“Puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios.”
Hebreos 12:2
Cuando Cristo vuelve a ser el centro, el alma encuentra dirección. No desaparecen todas las luchas, pero cambia el fundamento. Ya no caminamos apoyados en nosotros mismos, sino en Aquel que murió y resucitó por nosotros.
Cristo es el centro
Cristo no vino solo a darnos un ejemplo moral. Vino a salvar pecadores. El Hijo de Dios tomó nuestra condición, obedeció perfectamente al Padre y fue a la cruz cargando con el pecado de su pueblo. Allí sufrió lo que nosotros merecíamos, para darnos perdón, reconciliación y vida eterna.
Por eso, cuando el corazón se enfría, la respuesta no es mirar más hacia dentro como si allí estuviera la fuerza. La respuesta es mirar a Cristo crucificado. Él responde a nuestra culpa con perdón. Responde a nuestra debilidad con gracia. Responde a nuestro orgullo llamándonos al arrepentimiento. Responde a nuestra confusión llevándonos otra vez a la Palabra de Dios.
Descansar en Cristo no significa vivir sin obediencia. Significa obedecer desde la fe, no desde la autosuficiencia. Significa vivir agradecidos, rendidos y sostenidos por la gracia. El creyente cambia cuando deja de ponerse a sí mismo en el centro y vuelve a decir: mi esperanza, mi mensaje, mi vida y mi gloria están en Jesucristo, y en este crucificado.
Para meditar
¿Está Cristo crucificado en el centro de tu fe, de tus decisiones y de tu manera de vivir, o has permitido que otras cosas ocupen su lugar?
Lectura completa del pasaje
Puedes leer el capítulo completo aquí:
https://www.biblegateway.com/passage/?search=1+Corintios+2&version=RVR1960
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