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“Yo los he amado a ustedes tanto como el Padre me ha amado a mí. Permanezcan en mi amor.”
Juan 15:9, NTV
Juan 15:9 enseña cómo permanecer en el amor de Cristo cuando dudas de que Dios te ame. No se trata de producir sentimientos religiosos ni de demostrar que merecemos ser recibidos por Dios. Se trata de confiar en Cristo, obedecerle y descansar en la seguridad de que su amor sostiene a quienes son suyos.

Contexto
Estas palabras fueron pronunciadas la noche antes de la cruz. Jesús sabía que sus discípulos serían zarandeados por el temor, la culpa y la confusión. Sin embargo, no les dejó una lista de méritos para conservar su amor. Les habló de permanecer en Él, como las ramas permanecen unidas a la vid.
El amor del Padre hacia el Hijo es eterno, perfecto y santo. Cristo afirma algo asombroso, con ese amor recibe a los suyos. No debemos mirar primero la fuerza de nuestra fe, sino a Cristo, que murió por pecadores y resucitó para darles vida.
Puedes ampliar esta enseñanza en el siguiente devocional:
AMOR POR EL CUAL SOMOS AMADOS EN 1 JUAN 4:19

I. POR QUÉ OLVIDAMOS SU AMOR
Nuestro corazón suele medir el amor de Dios según las circunstancias o nuestro propio rendimiento. Si todo parece ir bien, pensamos que Dios nos ama; si fallamos o sufrimos, dudamos de Él. Pero esa forma de pensar coloca nuestros ojos en nosotros mismos.
“Ciertamente, yo soy la vid; ustedes son las ramas. Los que permanecen en mí y yo en ellos producirán mucho fruto porque, separados de mí, no pueden hacer nada.”
Juan 15:5, NTV
El problema no se resuelve esforzándonos separados de Cristo. Necesitamos volver a Él, reconocer nuestra debilidad y dejar de buscar vida en nuestras fuerzas. El creyente no permanece en Cristo porque sea fuerte, sino porque Cristo le sostiene.

II. CÓMO PERMANECER EN SU AMOR
Permanecer en el amor de Cristo no significa vivir pasivamente. Jesús nos llama a confiarle nuestra vida y a obedecer su Palabra. La obediencia no compra su amor; responde agradecida al amor que ya hemos recibido.
“Cuando obedecen mis mandamientos, permanecen en mi amor, así como yo obedezco los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor.”
Juan 15:10, NTV
Cuando Cristo nos corrige, no nos está expulsando de su amor. Nos llama a dejar el pecado que nos daña y a caminar por el camino de vida. Obedecerle puede costarnos, pero nunca nos llevará lejos de su cuidado. Su voluntad no es una carga cruel, sino el camino del Buen Pastor para sus ovejas.

III. QUÉ OCURRE CUANDO CONFIAMOS
La seguridad del creyente no descansa en que siempre se siente firme, sino en el amor de Cristo. Ese amor no es superficial ni cambiante. Él nos lleva a echar raíces profundas en su gracia, incluso cuando no entendemos todo lo que ocurre.
“Que sus raíces se profundicen en el amor de Dios y los mantengan fuertes. Y que tengan el poder para entender… cuán ancho, largo, alto y profundo es su amor.”
Efesios 3:17–18, NTV
El Espíritu Santo fortalece a la Iglesia para conocer cada vez más el amor de Cristo. No promete una vida sin luchas, pero sí la presencia de Cristo en medio de ellas. Quien permanece en Él puede seguir adelante con esperanza, porque el amor del Salvador no depende de un día bueno ni se rompe por una noche difícil.

Cristo es el centro
Jesús no nos pide permanecer en un amor que Él no haya demostrado. En la cruz, el Hijo de Dios cargó con el pecado de su pueblo y recibió el castigo que nosotros merecíamos. Allí vemos que su amor es santo, no ignora nuestro pecado, sino que lo vence mediante su sacrificio.
Si has vivido lejos de Cristo, no intentes arreglarte primero para acercarte a Él. Ven con arrepentimiento y fe. Él recibe a los que acuden a Él. Y si eres creyente, cuando caigas no huyas de Cristo: vuelve a su Palabra, confiesa tu pecado y permanece en el amor que Él te ha dado.
Lectura completa del pasaje
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