🎧 Escucha un breve podcast basado en este devocional (5 min aprox.)
“Por tanto, si tu hermano peca contra ti, ve y repréndele estando tú y él solos; si te oyere, has ganado a tu hermano.”
Mateo 18:15
INTRODUCCIÓN
Hay heridas que no se resuelven con una discusión. La persona ofendida deja de explicar, se distancia y continúa tratando bien al otro, pero ya ha decidido que no habrá vuelta atrás. Parece más fácil desaparecer que hablar otra vez; sin embargo, Jesús nos muestra un camino distinto.
Mateo 18:15 enseña cómo afrontar una ofensa sin alejarse en silencio, habla con tu hermano en amor y busca restaurarlo por la gracia de Cristo y su perdón. El Señor no nos manda negar el daño, justificar el pecado ni sostener una relación falsa. Nos llama a buscar la verdad con el deseo de ganar al hermano, no de vencerlo.

CONTEXTO
Jesús pronunció estas palabras mientras enseñaba a sus discípulos cómo debían vivir unos con otros. En Mateo 18 habla de la humildad, del cuidado de quien tropieza y del amor del pastor que busca a la oveja perdida. Por eso, cuando un hermano peca contra nosotros, el primer paso no es comentarlo con otros ni guardar resentimiento: es ir a hablar con él.
El propósito de esa conversación es precioso: “si te oyere, has ganado a tu hermano”. Cristo no quiere que el pecado destruya la comunión ni que el orgullo cierre la puerta a la reconciliación. Este mandato se refiere a las ofensas entre hermanos; nunca obliga a una persona a exponerse de nuevo a violencia, amenazas o abuso. En esos casos, la protección y la búsqueda de ayuda son necesarias.
Puedes ampliar esta enseñanza en el siguiente devocional:
Restaurar al que ha caído

TRES RAZONES PARA CAMBIAR
I. Porque el silencio también puede esconder orgullo
“¿De dónde vienen las guerras y los pleitos entre vosotros? ¿No es de vuestras pasiones, las cuales combaten en vuestros miembros?”
Santiago 4:1
Cuando alguien nos falla, podemos sufrir de verdad. Pero también debemos preguntarnos qué está ocurriendo en nuestro propio corazón. A veces no hablamos porque queremos que la otra persona adivine nuestro dolor; otras veces, porque no queremos escuchar una explicación ni reconocer nuestra parte.
Santiago nos recuerda que los conflictos revelan deseos que luchan dentro de nosotros. Queremos tener razón, controlar la situación o proteger nuestro orgullo. El pecado del otro no nos autoriza a responder con frialdad. Cristo nos llama a llevar la herida delante de Dios y a no usar el silencio como una forma de castigo.

II. Porque la verdad debe decirse con amor
“Sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo.”
Efesios 4:15
Jesús dice: “Ve”. No dice: “Haz como si nada hubiera pasado”. Tampoco dice: “Cuéntalo a todos”. Hablar con la persona es difícil, pero es el camino de la obediencia. Debemos hacerlo con palabras claras, sin exagerar, sin humillar y sin buscar una pelea.
Decir la verdad en amor significa explicar la falta con respeto y escuchar con humildad. Puede que descubramos un malentendido; puede que el otro reconozca su pecado; puede que nosotros mismos necesitemos pedir perdón. El propósito no es ganar una discusión, sino que Cristo gobierne de nuevo la relación.

III. Porque Cristo nos perdonó para que vivamos de otra manera
“Quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados.”
1 Pedro 2:24
En la cruz vemos que el pecado es serio. Cristo tuvo que cargar con nuestra culpa para salvarnos. Pero también vemos que su misericordia es mayor que nuestro pecado. Él no se alejó de nosotros cuando vivíamos rebeldes contra Dios; vino a buscarnos y dio su vida para perdonarnos.
Esto no significa que toda relación será restaurada de inmediato. Puede que la otra persona no escuche, no se arrepienta o no quiera cambiar. Pero quien ha sido perdonado por Cristo puede obedecer sin guardar rencor. Puede hablar con verdad, poner límites cuando sea necesario y dejar el resultado en las manos del Señor.

CRISTO ES EL CENTRO
Jesús vino a buscar a pecadores que no podían volver por sí mismos a Dios. Él nos mostró nuestro pecado, llevó nuestra culpa en la cruz y resucitó para darnos una vida nueva. Su perdón no nos hace débiles; nos libera del orgullo, de la venganza y de la necesidad de hacer pagar al otro.
LECTURA COMPLETA DEL PASAJE
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