Devocional diario en la Palabra de Dios


Lo que sobrevive no siempre es bueno

🎧 Escucha un breve podcast basado en este devocional (5 min aprox.)

“aunque los malvados broten como maleza
y los malhechores florezcan,
serán destruidos para siempre.”

Salmos 92:7

INTRODUCCIÓN

En España tenemos un refrán muy conocido: «hierba mala nunca muere». Lo decimos normalmente en tono de broma para referirnos a alguien que parece resistirlo todo. Sin embargo, resulta curioso que después vivamos en una sociedad que admira precisamente esa capacidad de sobrevivir. Se celebra al fuerte, al que aguanta, al que se impone, al que permanece cuando otros caen. Como si seguir en pie demostrara automáticamente que uno está haciendo las cosas bien.

Pero Salmos 92:7 rompe esa manera de pensar. El salmista reconoce que los malvados pueden brotar, crecer y hasta florecer. Es decir, pueden prosperar, conseguir lo que quieren y permanecer durante mucho tiempo. Sin embargo, Dios advierte que ese florecimiento no demuestra que tengan su aprobación. Cuando el mal parece prosperar, Salmos 92:7 enseña que sobrevivir no demuestra tener razón; necesitamos aprender a mirar la vida según la Palabra de Dios y no según el éxito visible.

Ahí está nuestra dificultad. Hemos aprendido a medir lo bueno por los resultados: si funciona, será bueno; si prospera, estará bien; si alguien consigue imponerse, habrá hecho lo correcto. Pero Dios no mide como nosotros.

CONTEXTO

El Salmo 92 comienza dando gracias al Señor y proclamando su fidelidad. El salmista contempla las obras de Dios y reconoce que sus pensamientos son profundos. Entonces introduce una realidad que puede resultar desconcertante: los malvados también crecen. No todo el que florece pertenece al Señor, y no todo crecimiento procede de su aprobación.

La imagen es muy clara. La maleza puede crecer deprisa, extenderse y ocupar mucho terreno. Durante un tiempo parece incluso más fuerte que otras plantas. Pero su abundancia no cambia lo que es. Del mismo modo, una persona puede prosperar viviendo lejos de Dios; una empresa puede enriquecerse haciendo lo injusto; una conducta pecaminosa puede convertirse en socialmente aceptable; una mentira puede repetirse durante años y seguir siendo mentira.

Nuestra sociedad suele decir: «Ha sobrevivido, por algo será», «ha llegado arriba», «nadie ha podido con él». Dios nos enseña a hacer otra pregunta: ¿agrada esto al Señor?

Este mismo conflicto aparece cuando miramos la prosperidad de quienes viven sin tener en cuenta a Dios. Puedes ampliar esta enseñanza en el siguiente devocional:

¿Les tienes envidia?

El problema no es que una persona sea fuerte o perseverante. La Biblia valora la perseverancia. El problema comienza cuando convertimos la supervivencia, el éxito o el poder en medidas de bondad. No todo lo que permanece merece permanecer. No todo lo que triunfa agrada a Dios.

TRES RAZONES PARA CAMBIAR

I. POR QUÉ OCURRE EL PROBLEMA

Nuestro corazón tiene una enorme facilidad para llamar bueno a aquello que nos beneficia, nos gusta o consigue resultados. Si una conducta proporciona placer, aceptación, dinero, influencia o poder, pronto encontramos argumentos para justificarla. Y cuando toda una sociedad comienza a hacerlo, incluso aquello que Dios llama pecado puede terminar presentándose como virtud.

Isaías denunció precisamente esta inversión de valores:

“¡Qué aflicción para los que dicen
que lo malo es bueno y lo bueno es malo,
que la oscuridad es luz y la luz es oscuridad,
que lo amargo es dulce y lo dulce es amargo!”

Isaías 5:20

Ese es uno de los peligros más serios del pecado: no solamente hacemos lo malo, sino que podemos terminar cambiándole el nombre. Ya no hablamos de orgullo, sino de autoestima; no hablamos de avaricia, sino de ambición; no hablamos de engaño, sino de saber moverse; no hablamos de egoísmo, sino de mirar por uno mismo.

Y si además esa conducta funciona, prospera y consigue resultados, parece recibir una confirmación adicional.

Pero el éxito nunca convierte el pecado en obediencia.

La pregunta del creyente no puede ser solamente: «¿Me está funcionando?». Debemos preguntarnos: «¿Esto es bueno delante de Dios?»

II. CÓMO ACTUAR

El creyente necesita aprender a juzgar la realidad mediante la Palabra de Dios y no mediante los aplausos de la sociedad. Pablo lo expresa de una forma sencilla:

“Averigüen bien lo que agrada al Señor.”

Efesios 5:10

No dice: averigüen lo que funciona. Tampoco dice: averigüen lo que hace la mayoría, lo que está de moda o lo que os permitirá llegar más lejos.

Dice: lo que agrada al Señor.

Esto cambia nuestras decisiones. Puede haber caminos muy rentables que no debemos recorrer. Puede haber relaciones que todo el mundo considera normales y que Dios nos llama a abandonar. Puede haber formas de hablar, negociar, trabajar o tratar a otros que producen resultados, pero no honran a Cristo.

Por eso necesitamos la Palabra de Dios. Ella corrige nuestra manera de valorar las cosas. El Espíritu Santo utiliza esa Palabra para mostrarnos el pecado, llevarnos al arrepentimiento y enseñarnos a obedecer a Cristo.

Quizá hoy necesites dejar de justificar algo únicamente porque hasta ahora «te ha funcionado». Que no hayas sufrido todavía sus consecuencias no significa que Dios lo apruebe.

III. QUÉ OCURRE CUANDO CONFIAMOS

Aquí aparece una diferencia fundamental entre el mal en el Salmo y el creyente en Cristo. El mal puede durar mucho tiempo, pero no dura para siempre. Cristo, en cambio, posee una vida que ni siquiera la muerte puede destruir.

Jesús dijo:

“Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí vivirá aun después de haber muerto.”

Juan 11:25

La esperanza cristiana no consiste en aprender a sobrevivir como podamos. Tampoco consiste en convertirnos en personas tan fuertes que nadie pueda derribarnos.

Nuestra esperanza es Cristo.

Puedes perder una posición y seguir teniendo a Cristo. Puedes perder dinero y seguir teniendo a Cristo. Puedes atravesar enfermedad, oposición, fracaso e incluso la muerte, y seguir perteneciendo a Cristo.

Eso cambia completamente la pregunta.

El mundo pregunta: «¿Quién conseguirá sobrevivir?».

El Evangelio pregunta: «¿A quién perteneces?»

Porque aquel que está unido a Cristo tiene una vida que la muerte no puede destruir.

CRISTO ES EL CENTRO

Jesús no vino a enseñarnos simplemente a ser más resistentes. Vino a salvar pecadores.

Cristo no prosperó según los criterios con los que muchas veces medimos el éxito. Fue despreciado, rechazado, traicionado y crucificado. A los ojos de muchos, parecía que sus enemigos habían vencido. Pero precisamente en aquella cruz estaba cumpliendo el propósito de Dios para nuestra salvación.

Al tercer día resucitó.

Y ahí queda destruida nuestra manera superficial de medir las cosas.

Los que parecían vencedores quedaron delante del Cristo resucitado. El que parecía derrotado venció a la muerte.

Por eso no necesitas convertirte en «hierba mala» para sobrevivir. No necesitas endurecerte, imponerte ni hacer cualquier cosa para permanecer en pie. Necesitas a Cristo.

Él murió por nuestros pecados y resucitó. Él perdona al que se arrepiente y cree. Él transforma nuestra manera de vivir y nos enseña que hay algo mucho más importante que sobrevivir: permanecer fieles al Señor.

Tal vez alguien haga lo malo durante muchos años y parezca salirse con la suya. No lo envidies.

Tal vez tú hagas lo correcto y durante un tiempo parezca que pierdes. No abandones al Señor.

La pregunta final no será quién consiguió mantenerse más tiempo en pie, sino quién estaba reconciliado con Dios por medio de Cristo.

La maleza también florece.

Pero solo Cristo da vida eterna.

LECTURA COMPLETA DEL PASAJE

Leer Salmos 92 en Biblia TRC

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