Devocional diario en la Palabra de Dios


El Espíritu Santo no nos aparta de Cristo

🎧 Escucha un breve podcast basado en este devocional (5 min aprox.).

“Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir. Él me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber.”

Juan 16:13-14

Introducción

No todo lo que se atribuye al Espíritu Santo procede realmente de Él. Se puede hablar mucho de su obra, repetir constantemente su nombre y, sin embargo, presentar enseñanzas que apartan la mirada de Cristo, sustituyen la Palabra de Dios por experiencias personales y conducen a prácticas extrañas.

Por eso necesitamos preguntarnos cómo discernir la obra del Espíritu Santo según Juan 16:13-14. Jesús dio una respuesta clara, el Espíritu de verdad guía conforme a la verdad y glorifica al Hijo. No vino para ocupar el lugar de Cristo, contradecir sus palabras o entretener a la Iglesia con experiencias sorprendentes. Vino para mostrarnos la gloria de Cristo y hacernos comprender lo que Él ha enseñado.

Contexto

Estas palabras fueron pronunciadas por Jesús durante la última cena, pocas horas antes de ser arrestado y crucificado. Los discípulos estaban turbados porque el Señor les había anunciado que pronto dejaría de estar físicamente con ellos.

Cristo no los dejaría solos. El Padre enviaría al Espíritu Santo, llamado en este pasaje “el Espíritu de verdad”. Él recordaría las palabras de Jesús, guiaría a los apóstoles en la verdad y les permitiría comprender plenamente la obra de Cristo después de su muerte y resurrección.

Cuando Jesús dice que el Espíritu Santo “no hablará por su propia cuenta”, no está enseñando que el Espíritu sea inferior. El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son un solo Dios. Jesús está mostrando la perfecta unidad de su obra, el Espíritu no trae un mensaje diferente, independiente o contrario al evangelio. Él toma lo que pertenece a Cristo y lo da a conocer.

Por eso la verdadera obra del Espíritu Santo siempre nos lleva a contemplar al Hijo, amar su Palabra, confiar en su sacrificio y obedecer sus mandamientos.

Esto también se relaciona con el devocional El Espíritu señala al Hijo amado, donde vemos que desde el bautismo de Jesús el Espíritu Santo dirigió la atención hacia Cristo.

I. Podemos confundir la obra del Espíritu Santo con nuestras propias emociones

El corazón humano puede engañarse. Podemos sentir una emoción intensa, experimentar una fuerte impresión o quedar sorprendidos por una determinada práctica y concluir rápidamente: “Esto viene del Espíritu Santo”.

Pero la intensidad de una experiencia no demuestra su origen. Tampoco lo demuestra la popularidad de quien la dirige, el número de personas reunidas o las palabras espirituales que se empleen.

El Espíritu Santo nunca conduce a despreciar la Palabra de Dios, minimizar el pecado, exaltar a una persona o presentar un camino de salvación diferente. Tampoco busca que la atención quede puesta en manifestaciones extrañas mientras Cristo permanece en segundo plano.

La prueba principal no es cuánto hemos sentido, sino qué lugar ocupa Jesús.

“Por tanto, os hago saber que nadie que hable por el Espíritu de Dios llama anatema a Jesús; y nadie puede llamar a Jesús Señor, sino por el Espíritu Santo.”

1 Corintios 12:3

El Espíritu Santo produce una confesión verdadera acerca de Cristo. Nos muestra que Jesús es el Señor, el Hijo de Dios, el único Salvador y el Rey al que debemos obedecer.

Cuando una enseñanza utiliza el nombre del Espíritu Santo, pero disminuye la gloria de Cristo, debemos rechazarla. Cuando hace depender la salvación de experiencias, ritos, palabras especiales o supuestas revelaciones, se está alejando del evangelio.

II. Debemos examinar toda enseñanza mediante la Palabra de Dios

El creyente no está llamado a aceptar todo lo que escucha. Debemos escuchar con humildad, pero también examinar con cuidado.

Esto no significa vivir con sospecha permanente ni pensar que nosotros nunca podemos equivocarnos. Significa reconocer que la Palabra de Dios tiene la autoridad final. La Biblia juzga nuestras experiencias; nuestras experiencias no juzgan la Biblia.

“Y éstos eran más nobles que los que estaban en Tesalónica, pues recibieron la palabra con toda solicitud, escudriñando cada día las Escrituras para ver si estas cosas eran así.”

Hechos 17:11

Los creyentes de Berea escucharon atentamente a Pablo, pero comprobaron su enseñanza mediante las Escrituras. No consideraron aquella comprobación como una falta de respeto. Era una expresión de amor a la verdad.

Debemos hacer lo mismo cuando alguien afirma haber recibido una palabra especial de Dios, presenta una práctica nueva o atribuye determinada enseñanza al Espíritu Santo.

Preguntemos: ¿concuerda con la Escritura? ¿Exalta a Cristo? ¿Presenta fielmente el evangelio? ¿Conduce al arrepentimiento, a la santidad y a la obediencia? ¿Produce humildad o alimenta el orgullo? ¿Fortalece a la Iglesia o crea confusión y división?

El Espíritu Santo fue quien inspiró la Palabra de Dios. Nunca guiará al creyente contra lo que Él mismo ha revelado en ella.

III. Cuando el Espíritu Santo obra, nos hace mirar a Cristo y parecernos a Él

La obra del Espíritu Santo no consiste solamente en producir momentos intensos. Él transforma la vida del creyente.

Nos convence de pecado. Nos lleva al arrepentimiento. Nos muestra la suficiencia de la cruz. Nos ayuda a comprender la Palabra. Nos fortalece para obedecer. Produce amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre y dominio propio.

Su propósito no es que presumamos de tener experiencias superiores, sino que seamos conformados a la imagen de Cristo.

“Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor.”

2 Corintios 3:18

El Espíritu Santo abre nuestros ojos para ver la gloria de Cristo. Mientras miramos al Señor en su Palabra, Él transforma nuestro carácter.

Nos hace más humildes, porque contemplamos al Hijo que se humilló. Nos enseña a servir, porque Cristo vino para servir. Nos conduce a perdonar, porque hemos sido perdonados. Nos mueve a luchar contra el pecado, porque Cristo murió para librarnos de su dominio.

La evidencia de su obra no es que una persona hable constantemente de sí misma, de sus dones o de sus experiencias. La evidencia es una vida que confiesa a Cristo, se somete a su Palabra y produce fruto para la gloria de Dios.

Cristo es el centro

Jesucristo no vino solamente para mostrarnos un buen ejemplo. Vino para salvar a pecadores.

Vivió en perfecta obediencia al Padre. Nunca buscó su propia gloria. Nunca engañó, manipuló ni prometió algo que no pudiera cumplir. Después llevó nuestros pecados en la cruz y recibió la condenación que nosotros merecíamos.

Al tercer día resucitó y fue exaltado a la diestra del Padre. Desde allí envió al Espíritu Santo sobre su Iglesia.

El Espíritu Santo no vino para sustituir a Cristo. Vino porque Cristo murió, resucitó y reina. Él aplica en nosotros la salvación ganada por el Hijo. Nos da vida, nos une a Cristo, nos asegura que pertenecemos a Dios y nos enseña a clamar: “Abba, Padre”.

Por eso, cuando alguien habla del Espíritu Santo sin llevarnos a la cruz, algo está fallando. Cuando se promete poder sin arrepentimiento, prosperidad sin obediencia o experiencias sin verdad, no se está presentando fielmente su obra.

El Espíritu Santo nos lleva a reconocer nuestro pecado y a descansar en Cristo. Nos enseña que no podemos salvarnos mediante nuestras fuerzas, méritos o experiencias. Nuestra esperanza está únicamente en el Hijo de Dios, que murió y resucitó por nosotros.

No busques experiencias para sentirte superior. Busca conocer más a Cristo. No corras detrás de cualquier novedad. Permanece en su Palabra. No apagues la obra del Espíritu Santo, pero tampoco atribuyas al Espíritu lo que nace del error, del orgullo o de la emoción humana.

El Espíritu de verdad nunca se avergüenza de Cristo. Él lo glorifica. Él nos lleva a confiar en el Hijo, obedecer su Palabra y vivir para la gloria de Dios.

Lectura completa del pasaje

Puedes leer el capítulo completo aquí.

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Si necesitas ayuda o consejo, puedes contactar con el pastor Jesús Morcillo, quien estará dispuesto a escucharte y orar contigo.

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