🎧 Escucha un breve podcast basado en este devocional (5 min aprox.)
“A éstos ciertamente olor de muerte para muerte, y a aquéllos olor de vida para vida.”
2 Corintios 2:16
Introducción
La Palabra de Dios no produce el mismo efecto en quien la escucha. Una persona escucha el evangelio y llora, se arrepiente, vuelve a Cristo y reconoce su pecado. Otra escucha lo mismo, en el mismo lugar, con la misma Biblia abierta, y se endurece más, se justifica más y se aleja más.
Esto nos lleva a una pregunta seria, corazón endurecido ante el evangelio, cómo responder a Cristo según 2 Corintios 2:15-16. Porque el problema no está en la Palabra de Dios. El problema está en el corazón con el que escuchamos esa Palabra.

Contexto
Pablo está hablando del ministerio del evangelio. Él compara la predicación de Cristo con un olor que se esparce. Para los que son salvos, ese mensaje es vida. Para los que se pierden, ese mismo mensaje expone su rechazo, su incredulidad y su condenación.
No hay dos evangelios. Hay un solo Cristo, una sola cruz, una sola salvación, una sola Palabra. Pero el corazón del hombre responde de maneras distintas. El mismo sol que derrite la cera endurece el barro. Y el mismo evangelio que quebranta a algunos corazones, endurece a otros.
Por eso debemos tener cuidado. No basta con oír. No basta con estar cerca de la Biblia. No basta con conocer palabras cristianas. Judas estuvo cerca de Cristo y aun así vendió al Señor. Sobre este peligro puedes leer también el devocional El peligro de rechazar a Cristo.
Cristo no vino solo a informar nuestra mente. Cristo vino a salvar pecadores, a llamar al arrepentimiento, a dar vida nueva, a romper nuestra dureza y a llevarnos al Padre.

¿Por qué el mismo evangelio quebranta a unos y endurece a otros?
I. Porque el corazón humano puede resistir la voz de Dios
El problema no es que Dios no hable. El problema es que muchas veces el hombre no quiere escuchar. La Palabra confronta, muestra el pecado, derriba excusas y nos pone delante de Dios tal como somos.
Cuando el corazón quiere seguir gobernándose a sí mismo, el evangelio molesta. La cruz humilla al orgulloso, porque le dice: “No puedes salvarte. No eres justo. Necesitas gracia. Necesitas a Cristo”.
“Si oyereis hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones.”
Hebreos 3:15
Por eso, no juegues con la dureza del corazón. Uno puede acostumbrarse a escuchar y escuchar, devocionales, consejos y textos bíblicos, y aun así seguir resistiendo al Señor. Esa es una situación peligrosa.
El evangelio no debe dejarte igual. O te humilla delante de Cristo, o terminarás defendiéndote contra Él.

II. Porque debemos responder con arrepentimiento y fe
La respuesta correcta al evangelio no es discutir con Dios. No es justificarnos. No es decir: “Eso es para otro”. La respuesta correcta es venir a Cristo, confesar el pecado, creer en su obra y rendirnos a su Palabra.
El evangelio no viene para acariciar nuestro orgullo. Viene para salvarnos. Y para salvarnos, primero nos muestra que estamos perdidos sin Cristo.
“Arrepentíos, y creed en el evangelio.”
Marcos 1:15
Cuando la Palabra te confronte, no huyas. Cuando te muestre pecado, no tapes la herida. Cuando Cristo te llame, no retrases la obediencia.
Dobla tus rodillas. Habla con Dios. Dile: “Señor, no quiero un corazón duro. No quiero oír tu Palabra y seguir igual. Dame arrepentimiento. Dame fe. Llévame a Cristo”.

III. Porque cuando confiamos en Cristo, el evangelio se convierte en vida
Para el creyente, el evangelio no es una amenaza vacía. Es vida. Es perdón. Es esperanza. Es reconciliación con Dios. Es la noticia bendita de que Cristo murió por nuestros pecados y resucitó para darnos vida eterna.
El mismo mensaje que condena al que rechaza a Cristo, consuela al que corre hacia Él. La cruz que humilla al orgulloso levanta al quebrantado. La sangre de Cristo limpia al pecador que viene con fe.
“De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna.”
Juan 5:24
Cuando Cristo quebranta el corazón, no lo hace para destruirte, sino para salvarte. No te muestra tu pecado para dejarte sin esperanza, sino para llevarte a su gracia. No te llama al arrepentimiento para aplastarte, sino para darte vida.

Cristo es el centro
Cristo es el verdadero mensaje del evangelio. No predicamos una idea. No predicamos una emoción. No predicamos una religión vacía. Predicamos a Cristo crucificado y resucitado.
Él tomó el lugar de pecadores. Él cargó con la culpa. Él sufrió la ira de Dios por los suyos. Él venció la muerte. Él llama hoy a hombres y mujeres a arrepentirse y creer.
Si tu corazón se ha endurecido, mira a Cristo. No te quedes mirando tu frialdad como si ahí estuviera la solución. La solución está en el Hijo de Dios. Él puede ablandar lo que tú no puedes cambiar. Él puede dar vida donde solo había muerte. Él puede hacer sensible un corazón que se había vuelto como piedra.
Pero no endurezcas más tu alma. No desprecies su voz. Hoy es día de volver al Señor.
Para meditar
¿Qué está produciendo el evangelio en tu corazón: arrepentimiento humilde delante de Cristo, o resistencia silenciosa contra su Palabra?
Lectura completa del pasaje
Puedes leer el capítulo completo aquí.
Compártelo
Si conoces a alguien que necesita esta palabra, compártela.
Si necesitas ayuda o consejo, puedes contactar con el pastor Jesús Morcillo, quien estará dispuesto a escucharte y orar contigo.
Ministerio
Tres razones para cambiar

