Dice el Señor: Yo estoy contra los profetas que endulzan sus lenguas y dicen: «¡Él lo ha dicho!»". Jeremías 23:31

Devocional diario en la Palabra de Dios


Poniendo palabras en boca de Dios

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“Dice el Señor: Yo estoy contra los profetas que endulzan sus lenguas y dicen: «¡Él lo ha dicho!».”

Jeremías 23:31

Introducción

No todo el que dice hablar de parte de Dios ha sido enviado por Dios. Una voz puede sonar segura, espiritual y convincente, y aun así conducir al pueblo por un camino equivocado.

Jeremías 23:31 nos enseña cómo discernir falsas profecías y permanecer en la verdad de Dios. El problema no está solamente en quienes se levantan para hablar falsamente. También está en un corazón dispuesto a escuchar aquello que le agrada, pero que no quiere someterse a la Palabra de Dios.

Necesitamos aprender a distinguir entre lo que Dios realmente ha dicho y lo que una persona afirma en su nombre.

Poniendo palabras en boca de Dios Jeremías 23:31

Contexto

Jeremías ejerció su ministerio en una época de profunda rebelión espiritual. El pueblo de Judá se había apartado del Señor, pero muchos profetas anunciaban paz, seguridad y bienestar. Hablaban como si todo estuviera bien, aunque la nación persistía en el pecado y se acercaba el juicio de Dios.

Estos hombres no confrontaban al pueblo. Endulzaban sus palabras. Decían lo que la gente quería escuchar y presentaban sus propios pensamientos como si fueran un mensaje recibido del cielo.

Dios declaró que estaba contra ellos porque utilizaban su nombre para dar autoridad a palabras que Él nunca había pronunciado.

Este pasaje nos recuerda que escuchar a Dios no consiste en perseguir mensajes novedosos, sino en recibir con humildad lo que Él ya ha revelado. El creyente necesita conocer la Escritura, meditar en ella y someter cada enseñanza a su verdad. También puede resultar de ayuda esta reflexión sobre la necesidad de escuchar a Dios.

Cristo es la revelación perfecta del Padre. Él no habló para agradar a los hombres ni utilizó el nombre de Dios para buscar reconocimiento. Todo lo que dijo procedía del Padre y estaba lleno de gracia y de verdad.

Contexto: No toda voz viene de Dios. Judá vivía en rebelión, mientras falsos profetas anunciaban paz.

Cómo discernir falsas profecías según Jeremías 23:31

I. El engaño aparece cuando el hombre prefiere una palabra agradable a una palabra verdadera

Los falsos profetas endulzaban sus lenguas. Sus mensajes resultaban agradables porque evitaban hablar del pecado, del arrepentimiento y del juicio de Dios.

El corazón humano sigue teniendo la misma inclinación. Queremos escuchar que todo irá bien, que nuestras decisiones son correctas y que Dios aprobará cualquier camino que escojamos. Nos cuesta recibir una palabra que confronte nuestro orgullo, descubra nuestro pecado o nos llame a cambiar.

Por eso, el problema de la falsa enseñanza no comienza únicamente en la boca de quien habla. También encuentra terreno fértil en el corazón de quien solamente desea escuchar aquello que confirma sus propios deseos.

“Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias.”

2 Timoteo 4:3

La verdad de Dios consuela, pero también corrige. Da esperanza, pero también llama al arrepentimiento. Nos muestra la gracia, pero nunca convierte la gracia en una excusa para permanecer en el pecado.

No debemos preguntarnos únicamente: “¿Me gusta lo que estoy escuchando?”. Debemos preguntarnos: “¿Es esto fiel a la Palabra de Dios?”.

Razón 1: Lo agradable no siempre es verdad. La mentira encuentra terreno fértil cuando solo queremos oír lo que confirma nuestros deseos. 2 Timoteo 4:3

II. Debemos examinar cada mensaje a la luz de la Escritura

Jeremías 23:31 denuncia a quienes decían: “Él lo ha dicho”, cuando Dios no había hablado. Utilizaban el nombre del Señor para dar autoridad a sus propias ideas.

Esto debe producir en nosotros un santo temor. Nadie debería hablar con ligereza en nombre de Dios. No podemos convertir nuestros sentimientos, deseos, sueños o impresiones personales en mandamientos.

Cuando alguien asegura que Dios ha dicho algo, esa afirmación debe ser examinada mediante la Escritura. El Espíritu Santo nunca contradice la Palabra que Él mismo inspiró.

“Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios.”

1 Juan 4:1

El creyente no está llamado a ser desconfiado de todo, pero sí a ser bíblicamente cuidadoso. Debemos leer la Palabra, orar, escuchar la enseñanza de una iglesia fiel y comprobar si aquello que recibimos honra a Cristo y concuerda con el evangelio.

No aceptes un mensaje solo porque ha sido presentado con emoción, autoridad o lenguaje espiritual. Examínalo. Una enseñanza verdadera nunca tendrá miedo de ser confrontada con la Biblia.

Razón 2: Examina cada mensaje. Emoción, autoridad y lenguaje espiritual no bastan. Todo debe ser probado a la luz de la Escritura. 1 Juan 4:1

III. Cuando permanecemos en Cristo, su verdad guarda nuestro corazón

El propósito del discernimiento no es hacernos orgullosos ni convertirnos en jueces severos de todos los demás. Dios quiere guardarnos del engaño y afirmarnos en Cristo.

Jesús dijo que sus ovejas oyen su voz y le siguen. La seguridad del creyente no se encuentra en conocer todas las voces falsas, sino en conocer cada vez mejor la voz del buen Pastor.

“Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen.”

Juan 10:27

Cuanto más conocemos a Cristo en la Escritura, más claramente reconocemos aquello que no corresponde con su carácter, su evangelio y su voluntad.

Cristo no alimenta nuestro orgullo. Nos llama a negarnos a nosotros mismos. Cristo no minimiza el pecado. Nos llama al arrepentimiento. Cristo no promete una vida sin sufrimientos. Nos asegura su presencia y su gracia en medio de ellos.

Permanecer en Cristo nos da estabilidad. Ya no tenemos que correr detrás de cada nueva palabra ni depender de personas que afirman poseer una revelación especial. Tenemos al Hijo, tenemos su evangelio y tenemos la Palabra de Dios.

Razón 3: Conoce la voz del pastor. Cuanto más permaneces en Cristo y en su Palabra, más claramente reconoces el engaño. Juan 10:27

Cristo es el centro

Jesucristo es la Palabra hecha carne. Él mostró perfectamente quién es Dios y habló con absoluta fidelidad. Nunca engañó, nunca manipuló y nunca buscó agradar a los hombres mediante palabras vacías.

Cristo también cargó en la cruz con el pecado de nuestra incredulidad, de nuestro orgullo y de nuestra facilidad para seguir voces equivocadas. Murió por pecadores y resucitó para dar una vida nueva a quienes confían en Él.

Cuando hemos seguido una enseñanza falsa, debemos volver a Cristo. Cuando hemos puesto palabras en boca de Dios, debemos arrepentirnos. Cuando hemos preferido una mentira agradable antes que una verdad que corrige, debemos confesarlo delante del Señor.

Cristo recibe al que se acerca arrepentido. Él perdona, restaura y guía por medio de su Espíritu Santo.

No descanses en una experiencia, en una emoción o en la seguridad con la que alguien habla. Descansa en Jesucristo y permanece en su Palabra. Él es el camino, la verdad y la vida.

Lectura completa del pasaje

Puedes leer el capítulo completo aquí.

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Si necesitas ayuda o consejo, puedes contactar con el pastor Jesús Morcillo, quien estará dispuesto a escucharte y orar contigo.

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