Devocional diario en la Palabra de Dios


Contentos con lo que tenemos porque Dios no nos dejará

🎧 Escucha un breve podcast basado en este devocional (5 min aprox.)

“Sean vuestras costumbres sin avaricia, contentos con lo que tenéis ahora; porque él dijo: No te desampararé, ni te dejaré.”

Hebreos 13:5

INTRODUCCIÓN

Siempre parece faltar algo. Un poco más de dinero, una casa mejor, otro coche, unas vacaciones distintas, más seguridad para el futuro. Y cuando conseguimos aquello que pensábamos que necesitábamos, aparece una nueva necesidad ocupando su lugar.

Hebreos 13:5 nos enseña cómo vencer la avaricia y vivir contentos, pero no lo hace diciéndonos que debemos conformarnos porque no queda otra. Dios nos da una razón mucho más profunda: podemos estar contentos con lo que tenemos porque Él ha prometido estar con nosotros.

El verdadero descanso del creyente no está en cuánto posee, sino en saber quién está con él.

CONTEXTO

La carta a los Hebreos termina con instrucciones muy prácticas para la vida cristiana. Después de presentar durante toda la carta la grandeza de Cristo, su sacerdocio, su sacrificio perfecto y la seguridad que tenemos por medio de Él, el escritor muestra cómo debe vivir quien pertenece al Señor.

Hebreos 13 habla del amor fraternal, la hospitalidad, el matrimonio, el dinero, la obediencia y la perseverancia.

Cuando llega al versículo 5, une dos cosas que muchas veces nosotros separamos: la avaricia y la confianza en Dios.

No dice únicamente: “No seáis avaros”.

Añade:

“contentos con lo que tenéis ahora”

Y después explica por qué:

“No te desampararé, ni te dejaré.”

El contentamiento no consiste en repetirnos que tenemos suficiente. Consiste en creer que Dios es suficiente y que no abandonará a los que son suyos.

Esto conecta directamente con otro devocional de Tres Razones para Cambiar: Predicamos confianza pero vivimos como si Dios no bastara.

Podemos decir que confiamos en Dios y, al mismo tiempo, vivir consumidos por conseguir más. Hebreos 13:5 nos obliga a mirar el corazón.

I. LA AVARICIA PROMETE UNA SEGURIDAD QUE NUNCA PUEDE DAR

La avaricia no siempre se presenta diciendo: “Quiero ser rico”.

Puede hablar de una manera mucho más respetable:

“Necesito un poco más para estar tranquilo.”

“Cuando consiga esto, descansaré.”

“Cuando tenga suficiente dinero ahorrado, dejaré de preocuparme.”

El problema es que nunca sabemos exactamente cuánto significa “suficiente”.

El corazón siempre puede pedir un poco más.

Jesús advirtió:

“Mirad, y guardaos de toda avaricia; porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee.”

Lucas 12:15

Nuestra vida no depende de nuestras posesiones. Podemos tener poco y pertenecer a Cristo. Podemos tener mucho y vivir lejos de Él. Podemos disponer de muchas cosas y seguir teniendo un corazón vacío.

La avaricia es peligrosa precisamente porque intenta colocar nuestra seguridad donde solamente Dios debe estar. El dinero puede resolver necesidades reales. Puede alimentar a nuestra familia, pagar una vivienda, ayudar a otros y sostener la obra del Señor. La Biblia no condena tener recursos.

Lo que condena es amar aquello que tenemos y confiar en ello.

Por eso debemos preguntarnos con sinceridad: ¿qué perdería hoy que me haría pensar que ya no puedo estar bien? La respuesta puede mostrarnos dónde estamos buscando nuestra seguridad.

II. EL CONTENTAMIENTO SE APRENDE CONFIANDO EN DIOS

El Señor no nos llama a una vida de abandono, irresponsabilidad o falta de previsión. La Biblia enseña a trabajar, administrar, cuidar de la familia y ser generosos. Pero ninguna de esas responsabilidades exige vivir dominados por el deseo de tener más.

Pablo escribió:

“Pero gran ganancia es la piedad acompañada de contentamiento.”

1 Timoteo 6:6

El mundo nos dice que la ganancia consiste en conseguir más. La Palabra de Dios dice que la verdadera ganancia es vivir para Dios con un corazón contento.

Eso no significa que nunca podamos mejorar nuestra situación. Tampoco significa que esté mal prosperar en nuestro trabajo. Significa que nuestra paz no puede depender de ello.

Puedes pedir al Señor que provea una necesidad y, mientras esperas, seguir confiando en Él. Puedes trabajar para mejorar tu situación económica sin convertir el dinero en tu dios.

Puedes agradecer lo que tienes sin vivir comparándote continuamente con los demás. El contentamiento empieza cuando dejamos de mirar continuamente lo que nos falta y reconocemos lo que Dios ya nos ha dado. Y, por encima de todo, Dios nos ha dado a su Hijo.

III. EN CRISTO TENEMOS UNA RIQUEZA QUE EL DINERO NO PUEDE COMPRAR

La respuesta definitiva a la avaricia no consiste simplemente en proponernos querer menos cosas. Necesitamos mirar a Cristo.

Pablo escribe:

“Porque ya conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos.”

2 Corintios 8:9

Cristo no vino para enseñarnos a conseguir todas las cosas que deseamos. Vino para darnos algo infinitamente mayor, reconciliación con Dios.

El Hijo de Dios se humilló, tomó forma de siervo, caminó entre pecadores y entregó su vida en la cruz. Allí llevó el pecado de su pueblo y recibió el castigo que nosotros merecíamos. Después resucitó.

Por medio de Cristo tenemos perdón, adopción, acceso al Padre y vida eterna. Entonces podemos mirar nuestras posesiones desde otra perspectiva.

Tal vez hoy no tengas todo lo que deseas. Pero si perteneces a Cristo, no estás abandonado.

Quizá atravieses una situación económica difícil. Pero Cristo sigue siendo tu Salvador.

Cristo permanece.

Y precisamente por eso Hebreos 13:5 no termina hablando de nuestras posesiones, sino de la presencia de Dios:

“No te desampararé, ni te dejaré.”

Ahí descansa el creyente.

CRISTO ES EL CENTRO

La avaricia nos hace mirar continuamente hacia lo que todavía no tenemos. Cristo nos hace mirar hacia lo que Dios ya nos ha dado en Él.

Cuando el corazón dice: “Necesito más para estar seguro”, el evangelio nos recuerda que nuestra mayor necesidad ya ha sido atendida en la cruz.

Necesitábamos perdón, y Cristo derramó su sangre. Necesitábamos reconciliación con Dios, y Cristo abrió el camino. Necesitábamos vida, y Cristo resucitó.

Necesitábamos un Salvador que no nos abandonara, y Cristo prometió estar con los suyos.

Por eso el contentamiento no nace de bajar nuestras expectativas hasta resignarnos. Nace de levantar nuestros ojos hacia Cristo.

Confía en Él. Da gracias por lo que tienes. Administra fielmente lo que Dios ha puesto en tus manos. Sé generoso. Pero no vivas como si tu seguridad dependiera de acumular más. Tu Padre sabe lo que necesitas.

Y el Dios que entregó a su propio Hijo no ha dejado de cuidar de los suyos.

LECTURA COMPLETA DEL PASAJE

Puedes leer el capítulo completo aquí

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Si necesitas ayuda o consejo, puedes contactar con el pastor Jesús Morcillo, quien estará dispuesto a escucharte y orar contigo.

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