haz memoria, no invalides tu pacto con nosotros. Jeremías 14:21

Devocional diario en la Palabra de Dios


Y si solo te queda clamar al Dios del pacto

🎧 Escucha un breve podcast basado en este devocional (5 min aprox.)

“Por amor de tu nombre, no nos deseches ni deshonres tu glorioso trono; haz memoria, no invalides tu pacto con nosotros.”

Jeremías 14:21

Introducción

La oración se vuelve especialmente difícil cuando llevamos tiempo clamando y la situación no cambia. Pedimos ayuda, buscamos una respuesta y, sin embargo, el cielo parece permanecer en silencio. Entonces aparecen preguntas que pesan: ¿Dios me ha abandonado?

Cuando Dios parece no responder, Jeremías 14:21 nos enseña a clamar al pacto del Señor. El profeta no se apoya en los méritos del pueblo ni intenta esconder su pecado. Se acerca a Dios apelando a su nombre, a su gloria y a la fidelidad de su pacto.

Portada del devocional «Y si solo nos queda clamar al Dios del pacto», basado en Jeremías 14:21.

Contexto

Jeremías pronunció estas palabras durante una sequía devastadora en Judá. La tierra estaba agrietada, los animales no encontraban alimento y el pueblo sufría las consecuencias de haberse alejado de Dios. No era solamente una crisis natural. También era una señal del juicio del Señor sobre una nación que persistía en la idolatría y la desobediencia.

En el capítulo, Jeremías reconoce el pecado del pueblo:

“Aunque nuestras iniquidades testifican contra nosotros, oh Jehová, actúa por amor de tu nombre; porque nuestras rebeliones se han multiplicado, contra ti hemos pecado.”

Jeremías 14:7

El profeta no justifica a Judá. Confiesa que han pecado contra Dios. Sin embargo, también sabe que la única esperanza del pueblo está en el carácter fiel del Señor.

La oración de Jeremías se parece al clamor de quien espera en medio del dolor. Otro devocional relacionado puede ayudarte a profundizar en esta actitud: Esperar en silencio la salvación del Señor en Jeremías.

Jeremías pide que Dios recuerde su pacto. No está insinuando que el Señor sea olvidadizo. Está rogando que Dios actúe conforme a la palabra que Él mismo ha dado. La esperanza no está en la fidelidad humana, sino en la fidelidad de Dios.

Contexto: La sequía revelaba el pecado. Judá sufría una sequía devastadora; era juicio por su rebelión.

I. Nuestro pecado nos deja sin argumentos propios

El pueblo había quebrantado el pacto, había seguido a otros dioses y había rechazado repetidamente la Palabra del Señor.

Cuando atravesamos una crisis, podemos caer en la tentación de exigirle a Dios una respuesta. Pensamos que nuestra conducta o nuestras buenas intenciones nos dan derecho a reclamar. Pero delante de Dios ninguno de nosotros puede sostenerse por sus propios méritos.

El pecado nos deja sin argumentos. Necesitamos misericordia.

“Si mirares a los pecados, ¿quién, oh Señor, podrá mantenerse? Pero en ti hay perdón, para que seas reverenciado.”

Salmo 130:3-4

Reconocer nuestro error no significa perder toda esperanza. Significa abandonar la autosuficiencia y acudir al único lugar donde existe verdadero perdón.

Tal vez llevas tiempo pidiendo una respuesta, pero también necesitas examinar tu corazón. No toda prueba es consecuencia directa de un pecado concreto, pero toda prueba puede revelar orgullo, incredulidad, amargura o deseos que han ocupado el lugar de Dios.

No escondas lo que el Señor ya conoce. Confiesa tu pecado. Abandona tus excusas. Vuelve a Dios con un corazón arrepentido.

Razón 1: El pecado nos deja sin argumentos. No nos sostienen los méritos; necesitamos misericordia.

II. Debemos clamar por amor al nombre de Dios

Jeremías ora: “Por amor de tu nombre”. Esta expresión cambia el centro de la oración. El profeta no pide solamente que termine la sequía. Pide que Dios actúe para que su nombre no sea deshonrado.

Muchas de nuestras oraciones están centradas exclusivamente en el alivio: “Señor, quita este problema, cambia esta circunstancia, haz que deje de doler”. Dios nos permite expresar nuestra angustia, pero también quiere llevarnos a una oración más profunda: “Señor, glorifica tu nombre en medio de esta situación”.

Eso significa pedir que Cristo sea visto en nuestra manera de sufrir, esperar y obedecer. Significa desear la gloria de Dios incluso antes que nuestra comodidad.

“No a nosotros, oh Jehová, no a nosotros, sino a tu nombre da gloria, por tu misericordia, por tu verdad.”

Salmo 115:1

Cuando Dios parece no responder, Jeremías 14:21 nos recuerda que todavía podemos acercarnos a Él. Podemos pedirle que obre conforme a su carácter, su misericordia y su verdad.

Clamar al Señor por amor a su nombre no es una fórmula para obligar a Dios. Es someter nuestros deseos a su voluntad. Es reconocer que Él sabe cómo defender su gloria mejor que nosotros y que siempre actuará con justicia.

Razón 2: Clama por amor a su nombre. No busques solo alivio; pide que Dios glorifique su nombre.

III. Cuando confiamos en su pacto, encontramos esperanza en Cristo

Jeremías pide: “Haz memoria, no invalides tu pacto con nosotros”. El pueblo había sido infiel, pero Dios no había dejado de ser fiel a su carácter.

Nosotros también hemos quebrantado la Palabra de Dios. Hemos pecado de pensamiento, palabra y acción. Por eso nuestra esperanza no puede descansar en la firmeza de nuestro compromiso, sino en Cristo, el Mediador del nuevo pacto.

“Así que, por eso es mediador de un nuevo pacto, para que interviniendo muerte para la remisión de las transgresiones que había bajo el primer pacto, los llamados reciban la promesa de la herencia eterna.”

Hebreos 9:15

Cristo tomó sobre sí el juicio que merecían nuestros pecados. Derramó su sangre, murió en la cruz y resucitó para reconciliarnos con Dios. En Él encontramos una promesa más firme que nuestras emociones y más segura que nuestras circunstancias.

Confiar en el pacto de Dios no significa que recibiremos inmediatamente todo lo que pedimos. Significa que, unidos a Cristo, sabemos que Dios no nos desechará. Puede corregirnos, disciplinarnos y llevarnos por caminos dolorosos, pero no abandonará a quienes han sido recibidos por medio de su Hijo.

La circunstancia puede tardar en cambiar. La respuesta puede ser distinta de la que esperabas. Sin embargo, el creyente puede descansar porque la fidelidad de Dios no depende de lo que ve hoy.

Razón 3: En Cristo, su pacto sigue firme. Nuestra esperanza está en el Mediador del nuevo pacto.

Cristo es el centro

Jesucristo es la respuesta definitiva al temor de ser desechados por Dios.

En la cruz, el Hijo de Dios cargó con nuestro pecado. Sufrió el abandono y el juicio que nosotros merecíamos. Por eso, quienes se arrepienten y creen en Él son perdonados, reconciliados y recibidos como hijos.

Cristo no vino solamente para mejorar nuestras circunstancias. Vino para salvarnos del pecado, darnos un corazón nuevo y llevarnos de regreso al Padre. Su sangre es la garantía del nuevo pacto.

Cuando tu corazón tema que Dios te ha olvidado, mira a Cristo. Cuando la culpa te diga que no puedes acercarte, mira a Cristo. Cuando la espera se haga larga, recuerda que el Padre ya mostró su amor entregando a su propio Hijo.

Pero esta verdad también nos llama al arrepentimiento. No podemos invocar el pacto mientras permanecemos voluntariamente aferrados al pecado. Cristo recibe al pecador arrepentido, perdona al que confiesa y transforma al que se rinde a su señorío.

Deja de defenderte. Deja de apoyarte en tus propios méritos. Acude al Señor con humildad y fe. Puedes aprender más sobre el pacto sellado por Cristo en La Cena del Señor y el nuevo pacto en Lucas 22:19-20.

Dios sigue siendo fiel. Su trono no ha perdido gloria. Su nombre continúa siendo santo. Su pacto en Cristo permanece firme.

Lectura completa del pasaje

Puedes leer el capítulo completo aquí.

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