Devocional diario en la Palabra de Dios


¿Se olvidaron de ti?

🎧 Escucha un breve podcast basado en este devocional (5 min aprox.)

“Asimismo, he visto a los malvados sepultados con honores; en cambio, los que frecuentaban el lugar santo fueron luego olvidados en la ciudad donde habían actuado con rectitud. Esto también es vanidad.”
Eclesiastés 8:10

Introducción

Duele ver cómo algunos que sirvieron durante años con fidelidad, lágrimas, oración y constancia son olvidados con facilidad. Duele más cuando, al mismo tiempo, se honra a quienes solo supieron aparentar, buscar sitio, levantar una imagen o moverse bien delante de los hombres.

Ese dolor no es nuevo. La Palabra de Dios ya lo muestra con claridad. Ser olvidado después de servir fielmente tiene una respuesta bíblica según Eclesiastés 8:10, delante de los hombres puede haber injusticia, memoria corta y honores mal repartidos; pero delante de Dios nada queda oculto, nada fiel se pierde y nada hecho para Cristo cae en vacío.

Contexto

Eclesiastés mira la vida “debajo del sol”, es decir, la vida observada en este mundo caído, donde muchas cosas parecen torcidas, injustas y difíciles de entender. Salomón contempla una realidad amarga, los malvados reciben honores aun en su sepultura, mientras que los que frecuentaban el lugar santo y habían obrado con rectitud son olvidados en la misma ciudad donde sirvieron.

No está justificando esa injusticia. La está denunciando como vanidad. Es decir, como algo vacío, pasajero, torcido, incapaz de dar verdadero sentido al alma.

Esto también puede pasar en la iglesia local. Personas fieles sirven sin ruido, sostienen cargas, oran, visitan, limpian, enseñan, acompañan, perdonan, perseveran. Y después son olvidadas. Mientras tanto, otros reciben aplausos por apariencia, carisma o posición. Por eso conviene recordar algo que ya se trató en el devocional Sirves o aportas, el servicio no puede medirse por reconocimiento humano, sino por fidelidad delante del Señor.

Cristo también fue despreciado por los hombres. El Hijo de Dios vino a los suyos, sirvió con perfecta rectitud, hizo siempre la voluntad del Padre, y aun así fue rechazado. Pero el Padre no lo olvidó. Lo resucitó, lo exaltó y le dio un nombre sobre todo nombre. Por eso el creyente no descansa en la memoria de los hombres, sino en la fidelidad de Dios.

Cuando los hombres olvidan, Dios sigue viendo

Tres razones para cambiar

I. Porque nuestro corazón sufre cuando busca justicia en la memoria de los hombres

El problema no es solo que otros olviden. El problema también está en lo que ese olvido despierta en nosotros: tristeza, amargura, comparación, cansancio, deseo de ser reconocidos, o incluso ganas de dejar de servir.

Cuando vemos que los que aparentan son honrados y los fieles son olvidados, el corazón puede decir: “¿Para qué sirvió todo?”. Pero esa pregunta necesita ser llevada delante de Dios, porque el servicio hecho para el Señor nunca depende del aplauso humano.

“Porque Dios no es injusto para olvidar vuestra obra y el trabajo de amor que habéis mostrado hacia su nombre, habiendo servido a los santos y sirviéndoles aún.”
Hebreos 6:10

Los hombres pueden olvidar nombres, años, esfuerzos y lágrimas. Dios no. La iglesia local puede fallar en honrar bien. Dios no falla. La gente puede dejarse impresionar por la apariencia. Dios pesa el corazón.

La vanidad que denuncia Eclesiastés 8:10 nos llama a despertar, no pongas tu esperanza en ser recordado por la ciudad, por el grupo, por el cargo o por quienes se beneficiaron de tu servicio. Pon tu esperanza en el Dios que ve lo secreto.

II. Porque debemos servir a Cristo sin caer en la amargura ni en la apariencia

La respuesta no es retirarse herido, endurecerse ni murmurar contra todos. Tampoco es competir por reconocimiento. La respuesta es volver a Cristo, examinar el corazón y servir con humildad.

Quien sirve para ser visto terminará esclavo de la opinión de los hombres. Quien sirve a Cristo puede seguir siendo fiel aunque nadie lo mencione.

“Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo; no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros.”
Filipenses 2:3-4

Esto reprende a los que solo aparentan, pero también guarda al que ha servido fielmente. Porque el dolor de ser olvidado puede convertirse en orgullo herido si no lo llevamos a la cruz.

Cristo nos llama a una obediencia limpia. A servir sin teatralidad. A no alimentar la queja. A no despreciar a la iglesia por las heridas recibidas. A no dejar que la injusticia de otros ensucie nuestra fidelidad.

El Señor sabe quién sirve por amor y quién sirve por imagen. Él sabe quién carga en silencio y quién busca ser visto. Él sabe quién estuvo cuando nadie miraba.

III. Porque en Cristo el servicio escondido tiene recompensa eterna

El mundo recuerda mal. La iglesia, muchas veces, también. Pero el Padre ve en lo secreto. Y esa verdad debe consolar profundamente al siervo cansado.

“Para que sea tu limosna en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público.”
Mateo 6:4

El servicio fiel no se pierde porque no haya placa, mención, despedida, homenaje ni aplauso. No se pierde porque nadie te llame. No se pierde porque otros ocupen el lugar y se olviden de lo que sembraste. Si fue hecho para Cristo, está delante de Dios.

Esto no significa que la iglesia deba ser ingrata. La iglesia debe aprender a honrar bien, cuidar bien y recordar con gratitud a los que han servido con fidelidad. Pero el descanso final del creyente no está en ser honrado por la iglesia, sino en ser recibido por Cristo.

Un día el Señor dirá la última palabra. Y esa palabra será más importante que todas las voces humanas.

Cristo es el centro

Cristo fue el Siervo fiel que los hombres no honraron como debían. Fue despreciado, rechazado, acusado injustamente y llevado a la cruz. Él no aparentó santidad: Él es santo. No buscó gloria humana: vivió para la gloria del Padre. No sirvió para ser aplaudido: dio su vida por pecadores.

En la cruz, Cristo cargó también con nuestro orgullo, nuestra amargura, nuestra necesidad de aprobación y nuestras heridas mal llevadas. Él murió y resucitó para salvarnos, limpiarnos y enseñarnos a vivir delante de Dios, no delante de los hombres.

Si has sido olvidado después de servir, mira a Cristo. Él entiende el desprecio. Él conoce la ingratitud. Él sabe lo que es amar y no ser recibido. Pero también te llama a no dejar que esa herida gobierne tu alma.

Descansa en Él. Arrepiéntete si el dolor se ha convertido en resentimiento. Persevera si el Señor aún te llama a servir. Y recuerda esto, los hombres pueden olvidar al siervo, pero Cristo no olvida el servicio hecho para su nombre.

Lectura completa del pasaje

Puedes leer el capítulo completo aquí.

Compártelo

Si conoces a alguien que necesita esta palabra, compártela.

Si necesitas ayuda o consejo, puedes contactar con el pastor Jesús Morcillo, quien estará dispuesto a escucharte y orar contigo.

Ministerio
Tres razones para cambiar

Devocionales relacionados: