Devocional diario en la Palabra de Dios


Sigue salvando a los desobedientes

🎧 Escucha un breve podcast basado en este devocional (5 min aprox.).

“Y aunque era Hijo, por lo que padeció aprendió la obediencia; y habiendo sido perfeccionado, vino a ser autor de eterna salvación para todos los que le obedecen”
Hebreos 5:8-9

Introducción

Sabemos lo que Dios dice, pero nuestro corazón se resiste. Queremos hacer nuestra voluntad, justificar nuestro pecado, aplazar el arrepentimiento o vivir como si Cristo no tuviera autoridad sobre nosotros. Y entonces aparece la culpa, el cansancio espiritual y esa pregunta profunda: ¿cómo puede Dios salvar a alguien tan desobediente como yo?

Por eso necesitamos mirar qué significa Hebreos 5:8-9 cuando luchamos con la desobediencia y necesitamos salvación en Cristo. Este texto no nos lleva a mirarnos primero a nosotros, sino al Hijo de Dios. Él obedeció perfectamente donde nosotros fallamos, padeció por pecadores como nosotros y vino a ser autor de eterna salvación para todos los que le obedecen.

Contexto

La carta a los Hebreos presenta a Cristo como superior a todo: superior a los ángeles, superior a Moisés, superior al sacerdocio antiguo y superior a los sacrificios de la ley. El pueblo necesitaba un sacerdote que pudiera acercarse a Dios en favor de ellos. Pero los sacerdotes humanos también eran pecadores y necesitaban sacrificios por sí mismos.

Hebreos 5 nos muestra a Cristo como el Sumo Sacerdote perfecto. Él no tomó para sí esa gloria, sino que fue constituido por el Padre. Y aunque era el Hijo eterno de Dios, entró en nuestra humanidad, padeció, lloró, sufrió y obedeció hasta el final. Cuando el texto dice que “aprendió la obediencia”, no significa que antes fuera desobediente. Significa que vivió la obediencia en carne humana, en medio del sufrimiento, hasta la cruz.

Y cuando dice que fue “perfeccionado”, no está diciendo que Cristo tuviera pecado o defecto. Está diciendo que fue llevado hasta la consumación de su obra como Salvador. Su obediencia perfecta lo llevó a ofrecerse a sí mismo para expiar los pecados de hombres desobedientes y pecadores como nosotros. ¡Esta salvación es un regalo! ¡Dios la da a todo el que cree en Jesús como su Salvador!

Esto se conecta con otros pasajes que nos muestran la obra sustitutoria de Cristo. Puedes leer también el devocional Herido por nuestras rebeliones, donde vemos que el Hijo fue quebrantado por nuestros pecados para traernos paz con Dios.

Cristo obedeció donde nosotros desobedecimos

Tres razones para cambiar

I. Porque nuestra desobediencia revela que necesitamos un Salvador

El problema del ser humano no es solamente que comete errores. El problema es más profundo: nuestro corazón se aparta de Dios. Queremos dirigir nuestra vida sin someternos a su Palabra. Queremos recibir sus bendiciones sin rendirle nuestra voluntad. Queremos salvación, pero muchas veces no queremos obediencia.

Hebreos 5:8-9 nos humilla, porque nos muestra que la salvación no nació de nuestra obediencia, sino de la obediencia perfecta de Cristo. Nosotros somos los desobedientes. Él es el Hijo obediente. Nosotros merecíamos juicio. Él cargó con el sufrimiento. Nosotros fallamos delante de Dios. Él se ofreció a sí mismo para salvarnos.

“Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados”
Isaías 53:5

Esta verdad debe llevarnos al arrepentimiento. No podemos tratar el pecado como algo pequeño cuando el Hijo de Dios padeció por él. La cruz nos muestra cuánto nos ama Dios, pero también nos muestra cuán grave es nuestra desobediencia.

II. Porque la fe verdadera se rinde a Cristo y aprende a obedecer

Hebreos dice que Cristo vino a ser autor de eterna salvación “para todos los que le obedecen”. Esto no significa que somos salvos por nuestras obras, como si pudiéramos pagarle a Dios. La salvación es por gracia, por medio de la fe. Pero la fe verdadera no se queda indiferente ante la voz de Cristo.

El que cree en Cristo empieza a rendirse a Cristo. No perfectamente, pero sí verdaderamente. La obediencia no compra la salvación; la obediencia muestra que hemos sido alcanzados por el Salvador. Cuando Cristo salva, también transforma. Cuando perdona, también llama. Cuando nos recibe por gracia, también nos enseña a vivir para la gloria de Dios.

“Si me amáis, guardad mis mandamientos”
Juan 14:15

Por eso, no endurezcamos el corazón. No usemos la gracia como excusa para seguir igual. Cristo no murió para dejarnos esclavos del pecado. Murió y resucitó para hacernos suyos. Ven a Él con fe, confiesa tu pecado, obedece su Palabra y descansa en su gracia.

III. Porque en Cristo hay eterna salvación para el que viene a Él

La esperanza del creyente no está en su fuerza, ni en su constancia, ni en su capacidad de arreglar su vida. Nuestra esperanza está en Cristo, el autor de eterna salvación. Él no ofrece una ayuda temporal solamente. Él salva eternamente. Él perdona completamente. Él sostiene fielmente. Él intercede por los suyos.

Cuando el corazón se siente acusado por la culpa, Cristo responde con su sangre. Cuando el creyente se siente débil para obedecer, Cristo responde con su gracia. Cuando Satanás señala nuestro pecado, Cristo presenta su obra perfecta delante del Padre. No descansamos en una obediencia nuestra, sino en la obediencia del Hijo.

“Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos”
Hechos 4:12

Así que no huyas de Dios por tu pecado. Corre a Cristo. No escondas tu desobediencia. Tráela a la luz. No te conformes con saber doctrina. Rinde tu vida al Señor. Él es Salvador, pero también es Señor. Y su gracia no solo perdona: también cambia.

Cristo es el centro

Cristo es el Hijo eterno que entró en nuestra humanidad. No vino como espectador del sufrimiento humano. Vino a obedecer en nuestro lugar, a padecer por nuestros pecados y a ofrecerse a sí mismo como sacrificio perfecto. Él no fue a la cruz por pecadores obedientes, sino por desobedientes que necesitaban misericordia.

En la cruz, Jesús cargó con nuestra culpa. Su obediencia perfecta respondió a nuestra rebelión. Su sangre abrió el camino al perdón. Su resurrección confirma que el Padre aceptó su obra. Por eso el creyente no vive intentando salvarse a sí mismo, sino descansando en Cristo y caminando en obediencia por amor a Él.

Cristo no te llama a maquillar tu pecado. Te llama a arrepentirte. Cristo no te llama a confiar en tus méritos. Te llama a creer. Cristo no te llama a una obediencia fría y religiosa. Te llama a seguirle como Salvador y Señor, sostenido por su gracia y guiado por su Palabra.

Lectura completa del pasaje

Puedes leer el capítulo completo aquí.

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Si necesitas ayuda o consejo, puedes contactar con el pastor Jesús Morcillo, quien estará dispuesto a escucharte y orar contigo.

Ministerio
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