🎧 Escucha un breve podcast basado en este devocional (5 min aprox.)
“Y Jesús le dijo: Vete, tu fe te ha salvado. Y en seguida recobró la vista, y seguía a Jesús en el camino.”
Marcos 10:52
Introducción
Hay cosas que nos han ayudado a sobrevivir en nuestra vida. Hábitos, excusas, relaciones, seguridades humanas, formas de defendernos, maneras de escapar del dolor. Fueron como un bastón para un ciego: no daban vista, pero ayudaban a seguir avanzando sin ver.
Pero el día que Cristo abre los ojos, el corazón empieza a soltar lo que antes parecía indispensable. Por eso necesitamos preguntarnos qué significa Marcos 10:50: Suelta lo que crees que te sostiene para venir a Cristo. Porque no todo lo que nos ayudó a caminar cuando no entendíamos debe acompañarnos cuando el Señor nos llama a seguirle.
Contexto
Marcos 10 nos presenta a Bartimeo, un hombre ciego, mendigo, sentado junto al camino. No podía ver, no podía valerse por sí mismo, y dependía de la misericordia de otros. Pero cuando oyó que Jesús pasaba, clamó: “Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí”.
Muchos querían callarlo. Pero él gritaba más. La esperanza no se rinde cuando otros no entienden nuestra necesidad. Bartimeo entendió que su única esperanza no estaba en su capa, ni en su lugar junto al camino, ni en las limosnas, sino en Cristo.
Cuando Jesús lo llamó, Bartimeo arrojó su capa, se levantó y fue a Él. Esa capa quizá era su abrigo, su señal de mendigo, su pequeña seguridad. Pero ante la voz de Cristo, lo dejó. Porque cuando el Salvador llama, lo que antes parecía sostenernos pierde su lugar.
Esto nos recuerda que la salvación no es mejorar un poco nuestra oscuridad, sino recibir vida nueva en Cristo. Como también vemos en el devocional De muertos a vivos en Cristo, el Señor no maquilla nuestra condición: nos da vida por su gracia.
¿Qué debes soltar cuando Cristo te llama?
Tres razones para cambiar
I. Porque podemos acostumbrarnos a vivir apoyados en lo que no nos sana
Bartimeo tenía una capa, tenía un lugar, tenía una rutina. Pero seguía ciego. Así también el pecado puede darnos falsas muletas. Nos acostumbramos a justificar el enojo, la incredulidad, la amargura, la doble vida, la autosuficiencia o el miedo.
El problema no es solo lo que usamos para apoyarnos. El problema es que muchas veces preferimos seguir controlando nuestra ceguera antes que venir rendidos a Cristo.
“Hay camino que al hombre le parece derecho; pero su fin es camino de muerte.”
Proverbios 14:12
Hay cosas que parecen ayudarnos, pero nos mantienen lejos del Señor. Nos consuelan por un momento, pero no salvan. Nos distraen, pero no sanan. Nos sostienen en pie, pero no nos dan vista.
Por eso Cristo no solo quiere aliviar tu carga. Cristo quiere abrir tus ojos, perdonar tu pecado y llevarte a caminar con Él.
II. Porque la voz de Cristo exige una respuesta de fe
Bartimeo no se quedó sentado cuando Jesús lo llamó. Se levantó. Vino a Cristo. Dejó aquello que lo identificaba con su antigua condición. La fe no es solo admirar a Jesús desde lejos. La fe se levanta cuando Cristo llama.
“Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.”
Mateo 11:28
Venir a Cristo implica arrepentimiento. Implica decir: “Señor, ya no quiero seguir apoyándome en lo que me mantiene lejos de ti”. Implica soltar el orgullo, la excusa, las máscaras, el pecado oculto, la dependencia humana, la mentira que nos protegía.
No vienes a Cristo porque ya ves perfectamente. Vienes porque sabes que solo Él puede darte vista. No vienes porque eres fuerte. Vienes porque Él es misericordioso.
III. Porque cuando Cristo salva, nos pone en el camino correcto
Jesús le dijo a Bartimeo: “Tu fe te ha salvado”. Y en seguida recobró la vista. Pero el texto no termina diciendo que volvió a su rincón. Dice que seguía a Jesús en el camino.
La gracia de Cristo no nos devuelve a la misma vida de antes. Nos levanta para seguirle.
“El que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida.”
Juan 8:12
Cuando Cristo abre los ojos, cambia también la dirección. Ya no caminamos detrás de nuestras antiguas seguridades. Ya no vivimos para proteger nuestra ceguera. Ahora seguimos al Hijo de Dios, que murió por nuestros pecados, resucitó para darnos vida y nos llama a obedecerle.
El que antes dependía de una capa, ahora sigue al Salvador. El que antes estaba sentado junto al camino, ahora camina con Cristo.
Cristo es el centro
Cristo no pasó de largo ante Bartimeo, lo lo hace contigo hoy. Se detuvo. Lo llamó. Lo escuchó. Lo sanó. Así es el corazón del Salvador con los que claman a Él de verdad.
Jesús no vino solo a darnos ánimo. Vino a salvar pecadores. En la cruz cargó con nuestra culpa, nuestra ceguera espiritual, nuestra rebeldía y nuestra miseria. Allí murió por los que no podían salvarse a sí mismos. Y resucitó para dar vida nueva a todos los que creen en Él.
Por eso, si hay algo que te sostuvo mientras estabas lejos de Dios, no lo abraces como si fuera tu salvación. Cristo es mejor. Cristo es suficiente. Cristo no te llama para quitarte algo bueno y dejarte vacío. Te llama para darte vida, perdón, dirección y descanso en Él.
El día que un ciego recupere la visión, lo primero que tirará será el bastón que tanto le ayudó. Y el día que Cristo abre tus ojos, empiezas a soltar todo lo que ocupaba el lugar que solo Él debe tener.
Para meditar
¿Qué estás conservando como seguridad, aunque Cristo ya te está llamando a soltarlo para seguirle con fe y obediencia?
Lectura completa del pasaje
Puedes leer el capítulo completo aquí: Capítulo completo.
Compártelo
Si conoces a alguien que necesita esta palabra, compártela.
Si necesitas ayuda o consejo, puedes contactar con el pastor Jesús Morcillo, quien estará dispuesto a escucharte y orar contigo.
Ministerio
Tres razones para cambiar

